Fuentes web
Entradas
Comentarios

Goth – Capítulo 8

Todo camino lleva a un final

Todo final marca siempre algún nuevo principio

Haciendo caso omiso de la senda que seguimos, meramente existimos

 

-¡Señorito Abraham! ¡Estese quieto, por favor! -Si existía una tarea exasperante en mi trabajo como profesor era, precisamente, cuidar de que los niños de menos de ocho años se estuvieran quietos mientras trataba de enseñarles a escribir en condiciones.

El ruido de la ciudad, sin embargo, también me distraía a mí. Me costaba mantenerme concentrado después de tanto tiempo en medio de un pueblo inundado en el silencio como el que había abandonado un mes atrás. ¿Razones para abandonar ese lugar que me resultaba tan paradisíaco? Una, y muy simple: Terminación del contrato. Como buen demonio que era el señor Marken, seguía a rajatabla los contratos que firmaba y el mío no era una excepción.

Continuar leyendo »

La chica, tras otear su objetivo desde una esquina oscura del tejado de una casa, se asomó un poco y, con eterna paciencia y atención, observó con cuidado que no había nadie a la vista. Una vez verificada la inexistencia de peligro, salió por completo de su escondrijo, saltó dentro del edificio, cogió unas ropas que había a la vista y, de la misma manera que entró, salió a toda prisa.

Tras esconderse en otro tejado, se cambió de ropa lo más rápido que supo y, tras pelearse un buen rato con esos extraños cierres que tenían esas telas, se vio vestida con una falda y una especie de rara camisa, ambas pardas. Tuvo suerte de encontrar un par de polainas con los que calentar sus ya heladas piernas aunque, por desgracia sus sandalias ya no daban para mucho más.

Tras terminar de cambiarse, determinó que su aspecto no difería demasiado de la apariencia que lucían los demás viandantes de esa ciudad por lo que no tardó en dejarse ver a nivel de calle: Saltó del tejado y frenó su caída con la ayuda del aire. Nadie pareció darse cuenta de este hecho y ella aprovechó para confundirse con la multitud. Trató de encontrar un camino por ese extraño lugar mientras pasaba desapercibida a ojos de todos.

Zenny&Mine

Continuar leyendo »

Quería hundirse, desaparecer. Dominado por la desesperanza, no quería saber nada del futuro y se obsesionaba con vivir el presente en un falsamente placentero hedonismo.

No tenía que dirigir su mirada muy atrás para recordar cuán optimista era cuando su realidad era la paz, la miel, la gloria y la ambrosía. ¡Qué ilusiones más manidas! ¡Ahora que se enfrentaba a auténticos dilemas sólo deseaba rendirse! ¡El que prestaba sus oídos a los problemas ajenos estaba en medio de una debacle similar a la suya!

Y, por desgracia, no consentiría que nadie le ayudara. No iba a alzar la voz para pedir consejo, no se quejaría de nada y, mucho menos, iba a aceptar que nadie se moviera por él puesto que suyo y sólo suyo era el problema.

Pero, incluso él sabía que su actitud era estúpida e irracional, incoherente con su forma de ser pero, por su carácter, no deseaba que sus angustias se convirtieran en piedras en el camino de los demás. Tampoco deseaba su lástima, despreciaba su condescendencia y evitaba sus palabras de ánimo.

Sólo quería desaparecer. Y, a pesar de todo, sentía que aún era necesario. Esta contradicción eternizaba su problema. No tenía el valor de dar el último paso a causa de la pesada cadena que lo unía con el mundo de la luz. Existir y dejar de ser… estaría pasando por la tormenta más fuerte que su alma había soportado pero, en medio de la desesperación brillaba la débil luz del futuro.

No podía abrazar su máscara. No podía ser un Lobo. Permanecería como un simple humano más hasta que las negras nubes de su desolación borraran el último rastro de su brillante futuro.

Nunca antes.

Continuar leyendo »

Me desperté temprano pero no antes que mi anfitriona a la cual me encontré hablando con el dueño de la casa mientras éste me miraba sin ocultar su desconfianza hacia mí.

-¿En medio de la noche y sin avisar? –preguntó él, tenso, mientras me desperezaba. –¿Estás segura de que no está con Tansa? -agotado a la vez que nervioso, no dejaba de lanzarme miradas acusatorias.

-Completamente segura –afirmó la otra. –Aparte de que está siendo perseguida, me ha traído gran cantidad de documentos acerca de los sucesos acaecidos estos días. Sea quien sea, sé que es de fiar y que, seguro, nos resultará ser de utilidad.

-En fin, como digas… –replicó el otro, renqueante, mientras se giraba de vuelta a su habitación. –Siéntete en casa y todo eso -sin añadir una palabra más, se volvió a su habitación y cerró la puerta con tanta desgana como poca fuerza.

Renko dormida

Continuar leyendo »

Ya se estaba ocultando el sol tras los montes Envero cuando una carreta llegó a las puertas de la ciudad de Naukon. Su ocupante, encapuchado de pies a cabeza, parecía que llevaba prisa. Llevaba abundante carga y parecía que había tenido problemas con los bandidos a juzgar por el mal estado que acusaba su carreta. Al verlo en esa tesitura, los guardas apenas hicieron medio registro y le dejaron entrar sin muchas cortapisas.

El buhonero agradeció el gesto y entró rápidamente a ocultarse entre las calles y callejas de Naukon. Tan pronto como llegó a los barrios bajos del oeste de la ciudad, pudo respirar un poco. Si bien ese lugar no era lo más seguro, al menos sí que estaba oculto. Poco le importaba en ese momento que le robaran el cargamento: Tenía otras cosas en mente antes que fijarse en las cuatro cuatro fruslerías baratas que llevaba en su carro.

Keshat

Continuar leyendo »

Allí estaba otra vez, como siempre inalcanzable. Esta vez lo que me separaba de ella era una alambrada, una que, por más que tratara de encontrar un camino para rodearla, no me llevaría ante su presencia sin obstáculos.

Nunca pudimos llegar a tocarnos, jamás logramos dirigirnos una sola palabra sin que miles de impedimentos se cruzaran en nuestro camino pero lo que siempre pudimos conocer de la otra parte era su imagen.

Continuar leyendo »

Tras más de seis horas de documentación intensa, Hansen y yo nos retiramos a descansar un poco a nuestras habitaciones para tratar de asimilar lo leído.

Él se había dedicado a comparar lo leído en la carpeta con cualquier otra información que marcara algún parecido con alguna religión extraña para nosotros, mientras yo revisaba los detalles más materiales de cada muerte. Por suerte, mis compañeros caídos habían apuntado muchos detalles que se fueron completando unos a otros. El trabajo de mis seis antecesores había servido para mucho y ahora podía ver más claramente la extensión de las redes de esos locos. Se limitaban a ejecutar a sus víctimas en la zona circundante al centro oeste de Londres, alrededor del barrio de Marylebone, lugar en el que trabajaba Theodoros. Todos los caídos describían su preocupación al verse vigilados y perseguidos cuanto más se introducían en sus casos. Todos ellos escribieron sus propios diarios, cuyas experiencias me sonaban más cercanas a una frenética pesadilla que a la normal y acelerada vida de un periodista.

Continuar leyendo »

Cuando llegó la noche, vigilé por última vez la calle y preparé mi pequeña mochila. Iba a salir ligera de equipaje a ocultarme a algún lugar seguro. Aparte de la casa de Robinson, éste me había dado alguna dirección de casas seguras desde las que poder continuar mis investigaciones de una manera menos arriesgada, así como me había dado permiso para no presentarme por el trabajo hasta que acabara todo ese asunto.

Evidentemente no creía que eso fuesen unas agradables vacaciones pues no iba a dejar de investigar por la ciudad a ese hombre que había matado a Theodoros.

Una vez abajo, delante de la puerta, escuché un golpecillo por parte de Theodoros que me avisó de que la calle estaba despejada así que, sin dudar, salí y corrí en dirección contraria a la del policía que patrullaba por allí. No tardé en perderme entre las callejas de la zona comercial y caminé rápidamente hacia mi destino: Una pequeña librería cercana a Hyde Park.

escanear0008

Continuar leyendo »

Goth – Capítulo 7

¿Qué es la verdad?

Sólo lo que tú quieres entender como tal

-Este lugar es algo que no debiera preocuparle hasta este punto, señor Dickinson -desde el ataque, no pasaron ni dos días hasta que el amo de la casa, Marken Vorgel, volviera a toda prisa para comprobar en qué estado estaban sus hijas, su bienamada aldea y sus posesiones (en este orden). Una vez terminó con las comprobaciones pertinentes, de preocuparse hasta lo indecible por la salud de sus hijas así como hasta del último miembro del servicio, acudió a mí para felicitarme tras todas las buenas palabras que las gentes del lugar me habían dirigido. Sin embargo, se encontró con mi pregunta.

Continuar leyendo »

Entradas antiguas »