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Por la calle de arriba a mano derecha sigue existiendo www.morbitorio.com. Echadle un ojo aunque sea más de lo mismo.

Nueva semana, nueva entrega de ¡No lo leas!, revista en la que publico Los hilos del titiritero.

¡No lo leas! Número 11

E informo de que mis obligaciones académicas (aka, exámenes) han concluido (no preguntéis por éxitos…). Por lo tanto, no pasarán tres días antes de que recibáis una nueva entrega de alguna de mis historias, como debe ser habitualmente.

Agradezco la paciencia que los que aún continuáis viniendo seguís mostrando. Haré lo posible para no decepcionaros.

No olvidéis que sigue existiendo www.morbitorio.com.

Ahora, en un formato que no come tanta memoria como en anteriores números de la revista, os paso el número 10 de ¡No lo leas! y, de paso, el quinto capítulo de la historia de Mógel.

¡No lo leas! – Número 10

Espero que este capítulo sea de vuestro agrado.

Hasta más leer.

Escuchando: Flash (no he encontrado la canción suelta, por desgracia)

No se olviden de pasar por www.morbitorio.com.

Otro lunes, otro pedazo de la vida de Mógel y el ladrón.

¡No lo leas! – Número 9

Sólo es una niña pero, a la vez, una caja de sorpresas…

Escuchando: Canción Zunesca

Esta historia y un buen resumen del carácter de su autor en www.morbitorio.com

-Se hace tarde y no tengo tiempo que perder. Vámonos.

Dicho y hecho. Cuando Fran hablaba, todos asentíamos. Sus decisiones eran nuestras decisiones, y cualquier atisbo de crítica se perdía en la vorágine de miedo que nos encadenaba a él. Por supuesto, había excepciones. Una de ellas era Marga, sobre todo si estaba de caballo hasta las cejas.

-No, no, no… No se dice vámonos. Eso no existe.

-¿Ah, no? – replicó indiferente Fran.

-Pues no, ¡nada de eso! Se dice… se dice… ¡se dice vayámonos!

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Adelante, pulsad en este link:

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Ha llegado el lunes: Nueva entrega de la resvista ¡No lo leas! y, con ella, un nuevo episodio de la historia de la niña y el ladrón.

¡No lo leas! – Número 8

Espero que la historia que he escrito os agrade así como espero que no os centréis sólo en la mía para fijaros en las virtudes de todas las demás.

Hasta más leer.

Escuchando: Plain in Asia

Girad la cabeza hacia www.morbitorio.com.

Un gran estruendo que se reflejó en las espaciadas y rotas paredes de la cúpula interrumpió mi silencioso sueño. Alcé la mirada y conocí la causa: Tormenta.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que un ruido me desvelara? No lo sabía. Mis largos sueños me llevaban tan lejos de mi realidad que siempre perdía el más común hilo de la realidad. Alcé mi mano derecha y la puse ante mis ojos: Una capa de polvo y arena secos como el desierto se desprendió de ella. Por la fuerza de la tormenta, intuí que eran las primeras lluvias del otoño mas, ¿de qué año?

No pensé en ello porque nunca me fijaba en semejantes banalidades y volví a cerrar los ojos a la espera de que mi destino llegara a mí en esa cúpula abandonada.

Ante mí, sabía que las paredes estaban derruidas y recorridas por enredaderas y musgos; el suelo, lleno de escombros y cada vez más horadados por las plantas que también escalaban por mis piernas desnudas; el agua chorreaba por pequeños torrentes que nacían de las aberturas en el techo y que revitalizaban a las plantas en esta época del año y yo, hombre paciente, me encontraba delante de una estatua que resistía los envites del tiempo tanto como yo.

Yo sueño, siempre sueño porque tal es mi decisión. No molesto a nadie, no alzo la voz a ninguna persona más que no sea yo y vivo lejos de todo aquel a quien mi desganado modo de vivir pueda molestar.

Como inmortal que soy, hace tiempo que ya no sé qué hacer con mi inacabable vida. Probé a vivir y me aburrí. Probé a amar y el tiempo me arrebató mis amantes. Probé a odiar y descubrí que el odio es más mutuo de lo que jamás habría deseado. Intenté huir y no logré nada. Al final, sólo me quedaba rendirme; esperar a que algún gran juez decidiera golpear su martillo sobre mi alma, condenándome a algo que ya no poseía: A hacer efectivo mi destino. Que sea seguir viviendo o que signifique morir es algo que no me importa.

Sentí cómo el sueño, ese gran amigo en lo eterno, alcanzaba mi alma y me sumía en su siempre acogedor seno, aquel en el que nunca dudaba en hundirme para sentir el calor de lo virtual e imposible. Yo, cobarde inmortal que no es capaz de apreciar el regalo de vivir, considera mayor presente la existencia del abismo del sueño.

Todo lo bueno, todo lo malo, todo siempre está por llegar.

Heme aquí que me hallo en medio de un mes especialmente aburrido y que, espero, no os dé tantos problemas a vosotros, lectores míos. Por falta de tiempo, sólo puedo escribir estas piezas cortas sin demasiado sentido a causa del sistema utilizado para su escritura. Espero que no me lo tengáis demasiado en cuenta.

Esperando que os haya gustado imaginar una arquitectura del abandono tal cual me suele gustar a mí, me despido hasta más leer.

Escuchando: Love & Joy

Nuevo lunes, nueva entrega de ¡No lo leas!, revista literara online en la que participo y, con ella, nuevo episodio de la historia que aporto: Los hilos del titiritero.

¡No lo leas! – Número 7

Siento la falta de actualizaciones pero no temáis: No será otro hiato de tres meses como el año pasado.

Esperando que os agraden las diversas lecturas que la revista ofrece, me despido hasta más leer.

Escuchando: An ordeal from God

Desde hace algunas semanas, un grupo de escritores ha estado llevando un proyecto de revista literaria cuyo nombre es ¡No lo leas!. Tras solicitar la entrada en el grupo, me han acabado por aceptar en el mismo.

Ergo, aquí está la primera entrega de una de mis historias:

Los hilos del titiritero (entre otras historias).

Sólo espero que la historia del ladrón y la niña sea de vuestro agrado.

Escuchando: Mary, la maga – Versión: Caja de música

P.D.: Lo siento si no he actualizado demasiado en los últimos días y si, en este mes, no termino de entregar mis historias a tiempo. Cosas así ocurren en esta infausta temporada que es enero y febrero…

Hay folletos turísticos disponibles si me siguen a esta dirección.

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Gracias.

-¿Me estará engañando el olfato…? –preguntó Aedi tras pasar más de seis horas en silencio, montada detrás de Mine, mientras continuaban atravesando el pantano. –Huelo… algo delicioso a lo lejos…

Mine alzó la nariz, lo mismo que el guía de la expedición. La oculla no pareció notar nada pero lo que era Zenny, sí, que cogió las bridas de su caballo y lo guió con rapidez a través del fango que habían estado atravesando esos tres días. Y, para cuando quisieron darse cuenta, el suelo que pisaban ya no era el inestable y húmedo de todo ese tiempo olvidable sino un camino de grava endurecida, elevado y, lo mejor de todo, seco. Entre las brumas que les rodeaban, se podían avistar algunas luces a lo lejos, un alivio para los presentes que ya pensaban que tendrían que pasar la noche a la intemperie por tercera jornada consecutiva en ese hediondo pantano.

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No dejen de visitar la tienda de souve… digo,

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Como otras tantas veces, iba observando el paisaje con atención mientras Leopold continuaba conduciendo. Pero esta vez mi mirada no se extasiaba como en cualquier otra ocasión con todo lo que era capaz de ver más allá de las ventanillas del coche. Al fin de al cabo, quería que esta fuese la última vez que viera estos verdes paisajes.

Leopold parecía algo nervioso. Conducía tenso y no dejaba de echar furtivas miradas hacia el espejo retrovisor… cosa que no me extrañaba. Era la primera vez que le hablaba de esa manera tan fría, con esa formalidad en la que mi madre me había educado. Pero no le había mostrado mis lado más formal porque lo odiara ni porque creyera que se lo mereciera tan sólo por ser un simple chófer: Debía ser tal y como mi madre me había enseñado para que nadie en toda mi casa pensara ni por asomo que él me había ayudado a escapar.

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