Buscando el Paraíso en un Sueño - Capítulo 1
Enero 13, 2008 por jeshuamorbus
Capítulo 1: ¿Dónde estamos?
En un lugar de Escocia, esto es, muy al norte…
Anerues miró al frente y vio que la casa de su tío Leo estaba a la vista. Ésta era una casa de aspecto rústico, muy grande para el lugar en dónde estaba, en medio de las montañas. Desde ese lugar apenas se percibían las siluetas de los edificios de la ciudad que se veía a lo lejos. El grupo que llegaba estaba formado por cinco chicos de unos diecisiete años de edad.
-Ya falta poco –avisó a sus compañeros.
-¡Menos mal! ¡Ya tengo los pies helados de tanto caminar! –se quejó Zoé. Ésta era la única chica del grupo. No sería la más dura del grupo pero era muy buena amiga de sus amigos.
-No eres la única –dijo Lou. Éste era un chico de origen chino y probablemente la persona más inteligente que conocía Anerues. -¿No había otra manera de llegar hasta aquí arriba?
-Todo esfuerzo tiene sus recompensas –dijo Anerues. –Este lugar está totalmente abandonado en medio de ninguna parte por lo que nadie nos molestará por aquí. Ahora tenemos toda una semana por delante para olvidarnos un poco del internado.
-El lugar tiene buena pinta para esquiar –dijo Jack, un chico muy corpulento.
-Mejor dormir un poco antes de pensar en hacer un poco de ejercicio –dijo Amadeo, el bajito y apocado del grupo, pero con más carácter del que aparentaba tener. –Llevamos todo el santo día de un lado para otro y encima hace un frío del carajo. Yo no me levanto en todo el día.
Mientras se acercaban a la casa no se fijaron que en el suelo empezaba a formare una extraña niebla. Tan sólo se fijaban en el peso de sus mochilas y en lo bien que lo iban a pasar esas vacaciones. Pero para cuando se hubieran dado cuenta, alguien, desde “otro lugar” estaba terminando un ritual. Y se dieron cuenta cuando escucharon el resonar de una especie de rasgar monstruoso, cuyo tronar retumbaba en las paredes de las montañas, y vieron con horror que el suelo desaparecía bajo sus pies. Aquí empezó todo para ellos.
Anerues despertó un rato después, tumbado sobre la hierba. Se incorporó dolorido y miró a su alrededor, totalmente extrañado de lo que veía: Ya no estaba en una empinada y helada cuesta de camino hacia una casa rústica sino en medio de una llanura de hierbas altas desde la que se veía una ciudad y el mar a lo lejos. Miró al cielo, por donde se supone que había llegado y vio “algo”. Y digo “algo” porque no tenía la menor idea de lo que estaba viendo en realidad. A unos seis o siete metros sobre él había… ¿Un cielo sobre otro? ¿Un agujero en medio de ninguna parte? ¿La boca de un monstruo enorme? Todas esas definiciones valían pero no decían que podía ser esa cosa.
Cuando bajó la vista vio que los demás se levantaban.
-¿Estáis bien? –preguntó Anerues.
-Servidor está bien –dijo Jack.
-He tenido mejores caídas –dijo Lou. -¿Qué ha pasado?
-Creo que hemos caído por allá arriba –dijo Anerues señalando la “cosa” –pero…
Todos alzaron la vista y todos se espantaron al ver el agujero.
-¿Dónde estamos? –preguntó Zoé asustada nada más verlo.
-No tengo la menor idea –respondió Anerues. –Deberíamos ir a preguntar a la ciudad ¿No creéis?
Los cinco se pusieron en marcha sin más dilación. En menos de un cuarto de hora llegaron a la ciudad, justo cuando empezaba a ponerse el sol pero cuando llegaron vieron con temor y sorpresa que en esa ciudad no había ni un alma.
-¿Dónde está todo el mundo? –preguntó Lou después de un rato buscando. -¿Qué está pasando aquí?
-Diga lo que diga, no serviría de nada porque yo tampoco sé lo que está pasando –dijo Anerues. –Si no hay nadie que nos vaya a ayudar a volver por donde venimos quizá tengamos que quedarnos algún tiempo por aquí. De momento, busquemos un lugar donde descansar esta noche.
Los cinco estaban turbados por la situación pero intentaron no aparentarlo. Después de buscar un buen rato se encontraron con unos grandes almacenes.
-Es un buen lugar, ¿no creéis? –dijo Jack.
-No sé –dijeron Lou y Zoé inseguros por la situación.
-No os preocupéis. La ciudad está desierta.
-Si no hay ningún lugar mejor, lo idóneo será ir allá –dijo Anerues. –Mañana pensaremos mejor en lo que está pasando.
Después de buscarse un sitio en la sección de colchonería, Anerues se echó y se durmió intranquilo. ¿Qué les había pasado? Cuanto más lo pensaba, menos sacaba en claro, sobre todo cuando recordaba esa cosa del cielo. Sin embargo, acabó cediendo al sueño. Y en él, soñó. Soñó que estaba en esa misma ciudad, preparado para ir a dar un paseo. Caminó por las calles de esa ciudad desierta mirando con interés todo lo que veía: Era ciudad moderna, sin duda pero con apariencia antigua, como si el tiempo se hubiera detenido. Después de un rato de paseo se dio cuenta de que sí que había gente en ese lugar: Vio a un grupo de cinco personas agrupadas, como si estuvieran buscando algo. Cuando le vieron, se giraron de inmediato y fueron hacia él. Anerues se fijó entonces en ellos: Parecían humanos pero era como si les faltara algo a todos ellos: Un brazo, una pierna, la cara… estaban incompletos y parecía que buscaban lo que les faltaba en él.
Anerues escapó inmediatamente pero al poco se encontró con un grupo aún más nutrido que el anterior. Miró bien a su alrededor y vio claramente como todo el lugar estaba lleno de esos seres incompletos por lo que empezó a sentirse asustado. Esos seres iban lentos pero eran tantos en tantos lugares que era difícil evitarlos.
Un buen rato después Anerues consiguió salir de la ciudad y se encontró con la llanura que había visto al llegar allí. Vio que en medio de ella había un espejo de cuerpo entero. Esto lo alegró sobremanera así que empezó a correr hacia él, sabiendo que estaba salvado pero de repente surgieron esos seres de Dios sabrá dónde y lograron cogerlo. Anerues empezó a gritar desesperado pues notaba como intentaban arrancarle algo, no sabía qué, pero algo que le dolía a horrores perder.
“¡Dejadla! ¡No la toquéis!” gritó desesperado. “¡Dijuana!” y justo entonces despertó bañado en sudor.
Anerues no pudo conciliar el sueño otra vez. Desde pequeño siempre le había tenido un respeto casi reverencial a los sueños pues de ellos tenía la creencia de que siempre decían algo. Esos seres incompletos ¿serían algo de ese mundo que él no conocía? Recordó perfectamente el miedo que le causo el verlos y el dolor… Esos seres querían completarse quitándole algo ¿Pero qué?
Al amanecer, los cinco se reunieron en el bar del edificio y robaron un poco de comida al ver que nadie les iba a amonestar por ello. Mientras desayunaban, Anerues hizo una serie de apuntes en su “diario onírico”.
Anerues tenía la costumbre de apuntar siempre lo que soñaba en ese diario pues decía que le ayudaba a recordar mejor sus sueños. Además, escribir en él le relajaba bastante, cosa que en ese momento necesitaba más que nada, al igual que todo el grupo.
-¿Dónde creéis que podemos estar ahora? –preguntó Jack. –Parece que hayamos sido transportados a otro lugar casi por ensalmo.
-“Transportados”… ni que estuviéramos en una película de ciencia ficción –murmuró Amadeo. –Puede que haya sido algo peor, sino esta ciudad estaría llena de gente, como sería lo normal.
-He estado pensando –dijo Zoé para romper el incómodo silencio que se había formado en ese edificio. –¿No creéis que toda esta ciudad está vacía por que la gente ha huido rápidamente de algo? En varios documentales sobre guerras he visto cosas parecidas a esto.
-Es posible –dijo Lou. –Lo raro es que a pesar que no parezca que ha pasado nada, ya habéis visto la cantidad de polvo que hay sobre los muebles, la gente no vuelve.
-Yo creo que por prudencia, lo mejor sería marcharse rápidamente de aquí para buscar ayuda en otra parte –dijo Anerues. –Quizá en algún pueblo o ciudad cercana sepan lo que ha pasado y tal vez puedan ayudarnos a volver al lugar de donde venimos.
Dicho y hecho, los cinco se levantaron, cogieron sus mochilas y salieron a la calle pero nada más salir se encontraron con algo muy extraño: Había una especie de forma oscura delante de la puerta de los grandes almacenes. Parecía una especie de sombra amórfica y con volumen. Cuando salieron del edificio, ésta empezó a moverse hacia ellos, lenta pero sin pausa.
-¿Qué es eso? –preguntó Lou.
Anerues se acordó de inmediato de su sueño. Pensó que tal vez le estaría avisando de esa cosa.
-No lo sé –dijo Anerues. –Pero creo que esa cosa es la que hizo que la gente de esta ciudad huyera dejándoselo todo atrás –casi de inmediato aparecieron dos formas más –y creo que no hay sólo una.
En menos de un minuto ya empezaba a haber una aglomeración importante de esas formas por lo que el grupo salió corriendo despavorido.
-¡Seguidme! –gritó Anerues, pensando en el sueño que había tenido. –Quizá podamos despistarlos en la llanura por la que llegamos aquí.
Nadie le discutió la idea y todos le siguieron. Anerues tomó el mismo camino que había tomado en sueños y vio con alegría que ese era el camino más conveniente para despistar a aquellas formas. Después de una larga carrera se encontraron en la llanura. Anerues empezó a buscar con la mirada aquel espejo que había visto en sueños pero no consiguió verlo. Extrañado pero sin tiempo para pensar pues las formas estaban a punto de alcanzarles, siguió buscando, quedándose rezagado en el grupo.
-¿¡Qué haces!? –le gritó Amadeo. -¡Corre!
-Un momen… –Anerues interrumpió su respuesta pues, al mirar a contraluz, algo le había tapado de la luz del sol naciente: Había logrado dar con el “espejo”: Era un agujero como el que había en el cielo sólo que mucho más pequeño. Tras él se podía ver un prado también pero en este caso era hierba corta y además nevado. –¡Seguidme, por aquí! –exclamó lanzándose a correr para saltar dentro.
Cuando cruzó el “espejo”, se encontró en el claro de un bosque de coníferas, en medio de la nieve. Al poco le siguieron los demás que se sorprendieron tanto como el primero.
-Mejor que corramos –advirtió Anerues. –Puede que nos sigan más allá del agujero.
Nadie le dijo nada y empezaron a correr, alejándose lo más rápidamente posible del agujero. Cuando ya no pudieron dar un paso más, pararon a descansar ocultos dentro del bosque.
-¿Qué eran esas cosas? –preguntó Lou nada más parar.
-Seres incompletos que buscaban completarse con nosotros –dijo Anerues entre respiraciones.
-¿Cómo? ¿De qué hablas? –preguntó Amadeo escéptico.
-Ya sé que os pareceré un pesado con este tema pero lo he soñado.
-¡Por favor! ¡No empecemos con este tema otra vez!
-¡Es cierto! Los vi, a esos seres, vi cual era el mejor camino para escapar y vi ese agujero. Todo lo vi, he incluso llegué a ver qué te pasaba cuando esos bichos te tocaban. ¡Hicimos bien escapando, os lo aseguro pues jamás había sentido un dolor tan intenso, a pesar de que tan sólo era un sueño!
-Bueno, de acuerdo, eso nos ayudó a escapar pero sigue sin decirnos donde estamos.
-Falso –dijo Anerues sintiendo un mareo de vergüenza. –Ya no estamos en casa. Estamos en otro mundo.
-¿¡Pero qué chorradas dices!? –gritaron Lou y Amadeo al mismo tiempo.
-En mi sueño vi que ese agujero era un espejo. Cuando crucé el agujero, se me vino a la cabeza cierto paralelismo con otra historia: “Alicia a través del espejo”. En esa historia pasaba lo mismo que nos pasó a nosotros: Pasamos de un mundo a otro. Y por mucho que me lo neguéis, lo que pasó en esa ciudad es difícil de creer que hubiera pasado en nuestro mundo, sino hubiéramos oído hablar del asunto.
-Entonces, ¿dónde estamos?
-Eso aún no lo sé. Mejor que busquemos algún lugar dónde podamos enterarnos de… ¿Qué es… eso? –dijo interrumpiéndose y señalando al horizonte.
Los otros cuatro se volvieron a mirar a donde señalaba y lo vieron: A través de una intensa niebla se podía ver un agujero como el que acababan de atravesar pero de dimensiones TITÁNICAS.
-¿Qué demonios está pasando aquí?
Después de recuperarse del susto se pusieron en camino por lo que parecía un camino. Estuvieron andando durante más de dos horas hasta que llegaron a un pequeño pueblo. Éste tenía la apariencia de ser una pequeña colonia minera pero, como en el mundo anterior, parecía desierto.
-¿Habrá pasado lo mismo aquí que en la ciudad? –preguntó Jack.
-No sé… –dijo Anerues. –Dividámonos a ver si hay alguien por aquí. Si alguno de vosotros ve uno de esos monstruos, que grite.
Así los cinco se dividieron. Anerues se fijó en que el pueblo tenía marcas de pisadas y ruedas en las calles lo que le hizo pensar que el lugar no llevaba demasiado tiempo abandonado. Sin embargo, esto no lo alegró en absoluto pues eso podría ser señal de que aquellos monstruos aún estaban por ahí.
Fue hacia una casa y entró. Vio como algunos cristales de las ventanas estaban rotos desde fuera lo cual le puso nervioso, sin embargo no perdió la compostura y subió hacia el piso de arriba. Se encontró con que todas las ventanas del piso superior estaban destrozadas de mala manera, como si hubieran irrumpido de manera muy violenta poco tiempo ha. Vio como las habitaciones tenían todo el mobiliario destrozado, camas, armarios, espejos… incluso le había parecido haber visto manchas de sangre.
De repente, escuchó un ruido en la habitación de al lado. Temeroso, por si acaso y sin nada mejor con que defenderse, cogió un tablón. Empezó a andar en silencio hacia la puerta de al lado y abrió con cuidado la puerta Y ahí vio a una mujer desnuda sobre la cama de esa habitación en la penumbra, mirándole. Nada más verla se puso de espaldas más rojo que un tomate. Pero más se sorprendió cuando la oyó hablar:
-Anerues… estoy… ¿me puedes ver?
-¿Quién es usted? –preguntó él avergonzado, sin darse la vuelta. –¿Cómo sabe mi nombre?
-¿No me reconoces? No seas así…
-Nunca la he visto, señora. Vístase por favor –dicho lo cual se dispuso a bajar las escaleras pero cuando se encontró a la mitad del camino hacia abajo notó como le asaltaba ese increíble dolor que sintió cuando esos monstruos le tocaron. Empezó a mirar en todas direcciones para encontrarlos y así saber por donde no debía ir pero no vio nada. Al poco escuchó los pasos de esa mujer en el pasillo y a cada instante empezó a sentirse mejor. Cuando la volvió a ver en la parte alta de las escaleras, la sensación de dolor casi había desaparecido por completo.
-No temas –dijo ella. –Aquí no están esos seres.
Anerues se fijó un poco más en ella: Iba vestida con una manta que había cogido del piso de arriba y era gris… No, la manta no, ella era gris, toda su piel lo era. Tenía el pelo largo, grandes y dorados labios destacaban en su cara y ésta y su pelo estaban recorridos por un gran número de trazos dorados.
-¿Quién es usted? –volvió a preguntar él.
-Aún no tengo nombre. Tú podrías… –antes de terminar la frase escucharon gritar a Zoé afuera. Anerues salió corriendo y miró a su alrededor a ver si lograba encontrar a esos monstruos. Sin embargo vio una estampa muy distinta: Vio a Zoé correr totalmente espantada huyendo de un monstruo mezcla de gato gigante, lobo y reptil. Era como un lobo sin pelo con cabeza felina y con el cuerpo lleno de placas óseas de color gris, como si estuviera acorazado. Su aspecto era bastante feroz.
-¡Pero Zoé! –decía el animal. –¡No huyas, por favor!
Cuando ella vio a Anerues en la casa, corrió hacia él y cerró la puerta tras de sí nada más entrar sin fijarse en esa mujer tan extraña.
-¡Zoé! ¡No me rechaces, por favor! –se escuchó desde fuera.
-¿¡Qué eres tú!? –gritó ella. –¿De qué me conoces? ¿Y cómo es que puedes hablar?
-Yo… yo formo parte de ti. Eso es todo lo que sé.
-Déjame ver –dijo la mujer gris abriendo la puerta y saliendo.
Cuando Zoé la vio, se sorprendió por su estrafalario aspecto.
-¿Quién es ésa? –preguntó Zoé a Anerues mientras la otra observaba al animal.
-No lo sé. Acabo de verla allá arriba y según parece, también conoce mi nombre.
-Podéis salir –dijo la otra dejando la puerta abierta. –Es como yo.
-¿Es como tú? ¿A qué te refieres?
-Él forma parte de Zoé –dijo señalando a ese animal –y yo formo parte de ti.
-¿Qué tontería es…? –y, otra vez, fue interrumpido por un grito de terror, esta vez de Lou. Al poco vieron como éste llegaba estando perseguido por una especie de serpiente voladora más grande que su pierna pero cuando vio al animal que había perseguido a Zoé se dio la vuelta para resbalar y caerse en la nieve.
-Vamos, Lou –dijo la serpiente posándose sobre su pecho. Anerues se fijó más en ella y vio que se parecía mucho a esos dragones chinos que había visto dibujados más de una vez. –No voy a hacerte daño, soy amigo, ¿lo ves? No te hago daño.
-¿Qué está pasando aquí? –gritó alguien en la calle. Los tres (mejor dicho, los seis) se giraron hacia un hombre vestido con pieles para cubrirse del frío y con un rifle en la mano. Sobre el hombro llevaba una lechuza. –¿Qué son esos seres?
La lechuza levantó el vuelo y se acercó a ellos. Ésta miró con interés a los tres nuevos del grupo para acabar diciendo, para sorpresa de Lou, Zoé y Anerues:
-Son daimonions, no hay de qué preocuparse.
El hombre bajó el rifle y preguntó:
-¿Qué ha pasado aquí?
-Perdone –dijo Lou algo nervioso todavía, -¿qué ha dicho que son?
El hombre les miró con cara de sorpresa.
-¿Qué qué son? Pues daimonions, así de simple.
-¿Y qué es un daimonion? –preguntaron los seis a la vez.
-¿Para qué me preguntáis tonterías como ésas?
-Es que acabamos de llegar de un lugar como ése de allá y… –dijo Anerues señalando el horizonte.
El hombre se giró, miró el agujero en el cielo y se volvió extrañado hacia ellos.
-¿De allá? ¿De ese coso?
-¿Eso pasa a menudo?
-No, es la primera vez que veo algo como esto por aquí. Hace cosa de día y pico se escuchó un sonido gigantesco venir del norte y cuando nos dimos cuenta teníamos eso ahí. ¿No sabréis lo que es?
-No tenemos ni idea. Cuando nos dimos cuenta, estábamos en otro mundo desierto pero lleno de unos seres espantosos, escapamos y llegamos aquí. Y ahora, para colmo, nos llegan estos ¿daimonions, dijo? y… en fin, que no nos enteramos de nada.
-¿Es que de donde venís no hay daimonions?
-Ya le hemos dicho que no tenemos ni idea de qué es eso de los daimonions.
-Menudo asunto… –dijo llevándose la mano a la cabeza. –Los daimonions son…
-¿Qué está pasando por aquí? –preguntó Amadeo que acababa de llegar, con paso tranquilo y con un animal de pelaje negro y de tamaño mediano a sus pies.
-Ésos de ahí son como yo –dijo el animalillo.
-¿Pero cuántos sois? –preguntó el hombre.
-Falta uno –dijo Zoé. –Supongo que no tardará en pasar por aquí.
-Mejor voy a buscarlo –dijo Anerues poniéndose en marcha dejando atrás al grupo para que, de repente sintiera esa sensación de nauseas que había sentido antes.
-¡Pero serás loco! –exclamó el hombre. -¿A quién se le ocurre dejar a su daimonion atrás?
-Quizá a alguien que no tiene ni idea de qué es un daimonion. ¿De qué va todo esto?
-Pasad adentro –dijo el hombre. –Estaremos mejor ahí adentro.
Los diez (personas y daimonions) entraron y se pusieron cómodos en la cocina.
-Se me ha olvidado presentarme –dijo el hombre. –Me llamo Adam Cashner, soy el cura de este pueblo y ésta de aquí es Sophía, mi daimonion. ¿Y vosotros sois?
-Yo me llamo Anerues Altro y ésta no sé como se llama.
-Shen Lou y tres cuartos de lo mismo.
-Amadeo Lota –y acariciando a su daimonion –y ésta es Goppler.
-¿Te ha dicho ella su nombre? –preguntó Adam.
-No. Me dijo que le pusiera un nombre y así lo hice. Como es un glotón… no, perdón, glotona la llamé Goppler. ¿Es eso importante?
-No, no, somos las personas las que debemos darle un nombre a nuestros daimonions. ¿Y usted, señorita?
-Me llamo Zoé Batiste –dijo algo más relajada y aceptando el contacto de su daimonion. –Yo, por no saber, no sé siquiera qué clase de animal es éste.
-Pues mira tú, yo tampoco sé qué animal es.
-Es un Cu-Sith –dijo la mujer-daimonion. –En la tradición celta son unos animales fieles a las hadas a quienes ayudan y protegen.
-¿Cómo lo sabes? –preguntó Anerues.
-Tú no eras el único que estaba leyendo el “Compendio de leyendas” aquella vez en la biblioteca.
-¿Es que tú…?
-Si vas a preguntar si estaba delante –interrumpió Adam, –sí que estaba. Los daimonions están con nosotros desde que nacemos hasta que morimos y siempre están con nosotros. Según parece, en el lugar de donde venís no se puede ver a los daimonions ¿cierto?
-¡Ya se lo he dicho un montón de veces! ¡No! –exclamó Anerues exasperado.
-Tranquilo, joven, tranquilo, ya veo que ese punto ha quedado bastante claro. De momento pienso que sería buena idea que les fuerais dando nombres a vuestros daimonions, así podré hablar con ellos con más facilidad.
Los tres que tenían daimonion sin nombre empezaron a cavilar un poco para que al rato Lou dijera:
-¡Ya sé! Tú te llamarás Riong Fu.
-“Dragón viento” en chino… no me suena mal –dijo la dragona.
-Hmmm… yo creo que llamaré al mío Ku-Te –dijo Zoé.
-¿Qué quiere decir? –preguntó el Cu-Sith.
-No lo sé, me suena bonito, nada más. ¿Y tú, Anerues? ¿Cómo la llamarás?
Anerues caviló un rato y al poco dijo el primer nombre que se le vino a la cabeza:
-Dijuana. Recuerdo que te llamé en sueños, supongo.
-Pues Dijuana seré.
-Deberías ir a vestirla –dijo Adam. –Los daimonion con forma humana no vienen con ropa. Sube arriba y en la habitación del fondo a la derecha encontrarás una habitación donde hay un armario con ropa adecuada para ella siempre y cuando las criaturas del abismo no lo hayan destruido todo.
Anerues decidió ahorrarse la pregunta para acompañar a Dijuana al piso de arriba. Una vez arriba, vio como la sala estaba totalmente pulverizada y como la ropa que le había mencionado Adam estaba hecha trizas así que le pasó su mochila a Dijuana, cerró la puerta de la habitación y esperó a que estuviera vestida con algo de su ropa.
-Esto… ¿tú siempre…? –dijo Anerues mientras esperaba, algo inseguro por la situación.
-Siempre he estado contigo –dijo desde el otro lado de la puerta. –Todos los días de tu vida no me he separado un solo instante de ti. Me alegra que ahora me puedas escuchar y ver de verdad. Ahora podré tocarte de verdad y ver cómo eres consciente de ello, eso es lo que más ilusión me hace ahora.
Anerues enrojeció de vergüenza. Eso si que iba a ser una anécdota interesante que contar a sus nietos.
Dos minutos después Dijuana salió vestida con unos pantalones de pana gruesa bastante caliente y un jersey blanco de lana con motivos estriados. En una esquina de la habitación encontraron unas botas que habían sobrevivido así que se las puso, a pesar de que le quedaban algo grandes. Cuando bajaron se encontraron sólo con Amadeo que estaba jugando inocentemente con Glopper.
-Los demás han salido a buscar a Jack –dijo nada más verlos. –Yo me quedo aquí, por si pasa por aquí.
Anerues y Dijuana salieron para buscar a Jack pero nada más salir lo vieron. O mejor dicho, vieron a su ENORME daimonion: Era una especie de pájaro de unos tres metros de altura y de plumaje pardo. Parecía una mezcla entre águila, por el plumaje y buitre, por el pico. Alrededor de él estaban Jack y los demás, totalmente anonadados por la inmensa talla del ave.
-¡Por Dios santo todopoderoso! –gritó Adam, atrayendo a Amadeo. -¿¡Qué infiernos es eso!?
-No es tan mala –dijo Jack. –No sé lo que es, tampoco sé cómo puede hablar y aunque dé mucho miedo al principio, es muy cariñosa.
-¿Qué clase de animal es ése? –preguntó Lou.
-Es un pájaro Roc –dijo Dijuana. –Aparecen descritos en las historias de Simbad.
-¿Ése es su daimonion? –preguntó Adam.
-No lo sé. En eso usted es más ducho que nosotros.
-Es un daimonion, no hay duda –dijo Sophía. –Eso sí, es el más grande que he visto en toda mi vida. Ni siquiera los daimonion oso que he visto le llegan a superar.
-¿Daimonion? ¿Qué es eso? –preguntó Jack, algo extrañado por ver a una lechuza hablar.
-Eso, eso, ¿qué son? –dijo Zoé. –Todavía no nos lo ha explicado.
-Bueno, ahora que estamos reunidos –dijo Adam, -tan sólo puedo deciros lo que sé: Los daimonions son seres que nos acompañan desde el mismo momento de nuestro nacimiento. Compartimos con ellos sentimientos, dolores y alegrías, nos ayudamos mutuamente, nos aconsejamos, nos consolamos, nos queremos… El daimonion siempre quiere lo mejor para su persona y la persona hace lo propio con el daimonion. Nadie es capaz de separarse de su daimonion sin morir (aparte de ser algo terriblemente doloroso), tened esto siempre muy presente. Sólo una cosa más: Existe una regla no escrita que prohíbe terminantemente tocar el daimonion de otra persona ¿entendido?
-Ya, muy interesante, pero sigue sin haber respondido a nuestra pregunta.
-Jovencita, preguntar qué es un daimonion es casi como preguntar por qué la sangre es roja: Yo no puedo responder a eso. En fin, supongo que será mejor que vayamos a la iglesia con el resto del pueblo. Probablemente ya estén preocupados porque no vuelvo –dicho lo cual se puso en marcha hacia el edificio más grande del pueblo.
En fin, hela aquí, la primera parte de este larguísimo fan fic acerca de “La Materia Oscura” de Philip Pullman. Para regocijo de los que ya conozcan la trilogía en la que se basa, no está basada en la película sino que bebe directamente de la fuente original, concretamente, a partir del segundo tomo de la trilogía. Tomad esta historia como un viaje “paralelo” al de Lyra Belaqcua y Will Parry.
Espero que os gusten los viajes de Anerues, Amadeo, Zoé, Lou y Jack.