Cajón de Sastre: Akashia, prólogo
Enero 27, 2008 por jeshuamorbus
Era una inmensidad oscura e irrealmente apabullante. Y en medio de ese gran vacío, miles de naves avanzaban en una dirección que sólo la nave insignia conocía.
Todas esas fragatas, todas esas lanchas, exploradoras, fragatas, acorazados y lanzaderas… todas se dirigían sin descanso hacia el final del camino para la mayor parte de ellas.
La nave insignia, Ultema, se encontraba cercana a la punta de esa enorme expedición. En su puente, el gran señor de los Hakha, dirigía las operaciones con tranquilidad, como si ignorara el peligro al que se estaba acercando, como si La-Be no fuese más que un simple carguero más a asaltar.
Cinco operarios estaban cerca de él, tres pilotando la enorme nave y otros dos coordinando las comunicaciones del resto de la flota hacia ese punto con suma tranquilidad. Y eso, aún a pesar de de la fama que tenía su señor: Ninguno de sus subordinados directos solía sobrevivir a sus grandes batallas, “los desafíos” de su gran amo. Para variar, estos cinco aceptaban con resignación lo que pudiera ocurrirles.
El almirante de toda esa flota observaba la inmensidad con tranquilidad ahora que podía: No pasaría ni medio día antes de que el caos se adueñara de sus tropas. Mirando más allá de la negra y virtual Umbra era capaz de ver las pocas criaturas y despojos que se atrevían a acercarse a la expedición, las pequeñas escaramuzas entre esas horrendas criaturas y las esferas. Las grandes esferas donde todo lo vivo se desarrollaba y que dejaba caer en este irreal vacío sus despojos. Despojos que malvivían, despojos que crecían devorándose unos a otros. Infectos monstruos que a cada nueva victoria añadían más fuerza a sus cuerpos…
Las esferas serían una visión estremecedoramente bella para cualquier humano Pero para el almirante eran tan comunes como las cucarachas. Tenía en mente cosas más importantes en las que pensar ates que caer obnubilado ante la belleza de los mundos.
Como por ejemplo conseguir hacerse un poco más fuerte cada día. Aunque para ello tuviera que seguir destruyendo a más y más divinidades de altísimo nivel… al fin de al cabo, si eliminaba a los más fuertes, él sería más fuerte… al menos relativamente hablando: Se quitaba a los molestos de en medio como quien aplasta una mosca.
Mientras el señor de los Hakha dirigía las operaciones, una pequeña presencia entró en el puente. Con más curiosidad que seriedad, molestó a uno de los pilotos que, por su propia seguridad, no osaron levantarle la voz a esa señorita de lindo (aunque estrafalario) atuendo, de aspecto decimonónico y oscuro… casi parecía que, en lugar de ser la lugarteniente de confianza del amo Kaijin fuese una simple muñequita de porcelana. Aunque no por ello era menos poderosa: Seguía siendo capaz de hacer lo mismo que una fragata ligera sin esforzarse mucho más que poniéndose todas esas capas de tela alrededor de su pequeño cuerpo.
Sin embargo, fue a su entrada cuando ya se pudo ver al enemigo a lo lejos: Contra la luz de una de las esferas, se podían ver cientos de pequeños puntitos negros, sombras que se recortaban en esa luz y que mostraban las siluetas de cientos de naves similares a las de esta expedición.
El almirante Kaijin sonrió. La pequeña Alice dejó de molestar al sufrido piloto. Y todo se dispuso al combate: Con una simple orden de “iniciar preparativos para la batalla”, todas las naves dejaron su formación de crucero y se arrebujaron en cinco frentes de batalla, cada uno de los cuales englobaba al menos siete acorazados y toda una formación de naves más pequeñas.
Dispuestas así las cosas, el almirante hizo que se adelantara una pequeña formación de exploración. Ésta fue rauda hacia el objetivo y, como supuso Kaijin, no tardaron en ser completamente desintegradas. La-Be iba en serio…
Aunque, por desgracia para él, Kaijin también: Con un gesto indicó a la pequeña Alice que fuera a su puesto a la espera de órdenes. Ella, sin más, salió del puente de mando y desapareció en el pasillo.
La-Be, una vez comprobada la posición de las naves de los Hakha, hizo virar a las suyas para comenzar un ataque directo… los Hakha eran muchos, sí… pero parecían siete lobos frente a una marabunta de miles de naves. Mientras que la flota de Kaijin no sobrepasaba los cien efectivos, las de La-Be cubrían todo el vacío hasta donde alcanzaba la vista. Y todas esas naves ya tenían preparadas sus armas ante la ofensiva de los piratas de la Umbra.
Así, los primeros rayos cruzaron ese virtual vacío en dirección hacia los atacantes. Y, para sorpresa de las huestes de La-Be la mayor parte de los disparos salieron despedidos en toda clase de direcciones dejando las naves Hakha completamente intactas.
-¡Muy bien, tropa! –gritó Kaijin a toda la flota. –¡Hagámoslo rápido y hagámoslo bien!
Las siete formaciones, en forma de falange, se lanzaron contra las huestes de La-Be al tiempo que esquivaban de manera irreal la tormenta de disparos que caían sobre ellas. Aún teniendo una cierta capacidad para reflejar los disparos que recibían, las naves tuvieron que hacer maniobras de evasión… maniobras magistralmente realizadas por cada uno de los capitanes de cada acorazado, que guiaban sus enormes naves casi como si fueran simples cazas.
Y, cuando el fuego pesado se encontró en medio de las inmóviles formaciones de los La-Be, la verdadera batalla comenzó: Las huestes de la-Be, incapaces de disparar contra los rapidísimos acorazados de Kaijin so peligro de dar a sus propias naves, se vieron compelidas a retirarse y dividirse… pero su reacción fue demasiado lenta: Una vez ya habían virado, los grandes cañones de los acorazados Hakha estaban disparando…
Una auténtica masacre fue su primera descarga, una masacre que más adelante las lanzaderas se encargaron de rematar con una salida masiva de cazas y lanzadores de minas…
-¡Que nadie pueda ser capaz de volver navegar en este lugar! –ordenó Kaijin mientras veía el caos que comenzaba a formarse a su alrededor. –¡Y que ninguno escape para volver a por nosotros!
Dicho y hecho, los lanzadores de minas, naves de pequeño tamaño pero inmensa cola en la que llevaban literalmente miles de pequeñas bombas, se alejaron de las formaciones enemigas y las comenzaron a rodear con cientos de explosivos que se cruzaron en las trayectorias de las naves enemigas que, sin remedio, o chocaban contra ellas o bien eran fustigados hasta la destrucción por los cazas Hakha.
Una segunda andanada de disparos prorrumpió el campo de batalla e iluminó esa profunda oscuridad con tanta fuerza que los capitanes de las naves de La-Be sufrieron una ceguera temporal… temporal puesto que los cegados eran mayormente los que acabaron muertos segundos después.
La-Be no dio el brazo a torcer de todas maneras: Hábilmente reorganizó a sus tropas bajo el fuego enemigo y aún a pesar de que las rápidas formaciones no dejaban de fustigarles. Aún con todos esos problemas, consiguió hacer que toda la flota se organizara en esfera alrededor de las tres naves insignia. A partir de ese momento tendría que andarse con pies de plomo si quería atajar la ofensiva de alguna manera y que todo no acabara en una simple victoria pírrica: Ya le bastaba con haber subestimado una vez a su enemigo. Ahora era el momento de contraatacar…
Pero, lejos de sorprenderse por la nueva formación, los Hakha volvieron al ataque, evidentemente, de la manera más suicida imaginable… la formación en falange era altamente efectiva con las formaciones Hakha puesto que, gracias a sus defensas, podían penetrar sin dificultad en toda clase de formaciones defensivas enemigas y mantenerlas divididas mientras unas pocas naves se ocupaban convenientemente de acabar con las naves insignia desde las cuales se mandaban las órdenes al resto de tropas.
Sin embargo, las huestes de La-Be no se amedrentaron. De hecho, ni siquiera las naves más cercanas trataron de esquivar a los lanzados de los Hakha: Contuvieron la formación a vida o muerte… y a muerte fue: Los locos que se quedaron allí quietos fueron atropellados sin piedad. Pero, o a La-Be no se le ocurría otra cosa o sabía que eso realmente sería efectivo: Ultema, en primerísima línea de batalla, había sufrido daños cuando ningún ataque anterior hizo ningún efecto visible en los enemigos…
El almirante Hakha torció levemente el gesto cuando la nave entera se sacudió con gran estruendo al tiempo que su timonel anunciaba los daños tartamudeando como siempre. Una larga lista de daños leves pero daños al fin de al cabo: Kaijin ya sabía qué estrategia usaría La-Be a partir de ese momento así que más le valía golpear duramente antes de que pudiera hacerle un daño serio.
-¡A todas las naves! –gritó al tiempo que se levantaba. –¡Estrategia D! ¡Vamos a tener un montón de malditos kamikazes en un par de minutos así que os quiero ver machacando a todo dios antes de que les dé tiempo a hacerlo!
Decenas de mensajes de confirmación sonaron en esa sala mientras el almirante ascendía al segundo piso de la sala de mando, lugar donde se encontraba la verdadera fuente de poder de la nave Ultema: El módulo F-E.
Desde ese punto, la visión alrededor de la nave era aún más clara que desde abajo. Alrededor de la nave Kaijin era capaz de ver cómo sus formaciones acataban sus órdenes sin dudar mientras las naves de La-Be iban girando sus proas hacia sus enemigos. Desde ese momento, Kaijin tendría poco más de dos minutos para ejecutar el primer disparo del F-E.
En comparación con todas las demás naves de la armada Hakha, la nave insignia era ahora la más lenta de todas. No era cosa de elección sino de necesidad: El módulo F-E estaba tragándose gran parte de la producción energética del generador de a bordo. Los motores iban a menos de la cuarta parte de su cadencia normal y los escudos apenas eran capaces de desviar balas sólidas pero, teniendo en cuenta que las naves de Kaijin estaban distrayendo a todas las demás, no necesitaba velocidad. Además, tampoco era necesario tener un buen escudo: Las malditas naves de las huestes eran ya mortales de necesidad atacando tan a lo suicida…
Por suerte para él, hizo la elección adecuada en el momento adecuado: El módulo F-E estuvo completamente cargado en el tiempo necesario, de hecho, ahora hasta tenía tiempo para apuntar con calma a las tres únicas naves que aún no se habían movido…
“Serán idiotas…” se dijo Kaijin en un hilo de voz al ver la arrogancia de los mandos de La-Be. “¿Mandan a la muerte a todas sus tropas y ellos no mueven un dedo?” con un suspiro de enfado dirigió los posicionadores de absorción al punto donde pudiera hacer más daño. Cuando introdujo las tres coordenadas de posición, alzó la voz: –¡Alice! ¡Pasamos a fase oscura! ¡Te toca defender este armatoste! –Ninguna respuesta recibió de la callada chica… igualmente, Kaijin se fió de que haría su trabajo y comenzó a abrir los seguros de disparo. –Os vais a sentir un poco apretaditos… –y pulsó el gatillo principal…
Súbitamente, toda luz que despedían las llamas de las naves abatidas, las luces de posicionamiento de todos los vehículos… incluso la luz de la esfera más cercana comenzó a confluir hacia un punto que se encontraba justo entre las naves insignia enemigas. Eso fue la señal del principio del fin de las naves de La-Be.
El final se manifestó como una enorme fuerza que atrajo hacia el interior del espacio entre las tres naves insignia cuanto había a su alcance hasta el punto de comprimirlo todo en un espacio mínimo… primero fueron las mismas tres naves insignia que quedaron reducidas a la nada cuando esa enorme fuerza implosiva las hizo concentrarse en un punto mínimo: Las antes enormísimas estructuras móviles y porta-cazas se convirtieron en un miserable grano de arena. Pero eso no acabó ahí: Los cazas, fragatas y destructores que se encontraban a su alrededor, fueron igualmente absorbidos hasta el punto de acabar con el mismo tratamiento que sus naves comandantes…
Nadie pudo hacer nada. Nadie fue capaz de parar semejante ola de destrucción… sólo los cazas de las huestes de La-Be más alejados pudieron salvarse… temporalmente puesto que, ahora que estaban sin ningún apoyo ni mando, estaban a merced de las naves Hakha.
Ya no tenía sentido seguir luchando…
Mientras una formación se dedicaba a perseguir a los cazas huidos, Kaijin se dedicó a observar sus movimientos desde su puesto para indicar qué triquiñuelas estaba usando el enemigo para ocultarse. Dejó marchar a los cazas que se dirigían hacia la esfera: Esos no le preocupaban. Al fin de al cabo, entrar en una esfera era bastante sencillo pero para salir se necesitaban naves de tecnología mucho más avanzada que la de esos cazas de tres al cuarto. Si entraban allí, no saldrían.
Al cabo de un rato de persecución, con Ultema en lugar seguro, Kaijin notó como detrás suyo había una presencia… Alice se había posicionado justo detrás de él. Pero no miraba el desarrollo de la batalla sino al mismo Kaijin… La niña quería acabar con ese día de locos y el almirante no se lo discutía.
-Puedes salir –fue todo el permiso que necesitó la chica para desaparecer de su vista en menos que cantaba un gallo.
Cuando volvió a verla, ella ya estaba fuera, maravillando al personal gracias a su capacidad para moverse por la Umbra con total libertad y aterrorizando a los enemigos que pusieron sus motores a plena potencia nada más vieron a la dama dirigirse hacia ellos… al fin de al cabo, su fama la precedía: De un simple impulso, hizo la mitad del camino, mucho antes de que Kaijin indicara a las naves que dieran la vuelta (vuelta que ya estaban dando… no era prudente meterse en las batallas personales de la niña del almirante). Y cuando las naves ya habían logrado dar la vuelta, Alice comenzó a pelear: Con un resplandor, una formación de tres naves enemigas quedó reducida a cenizas.
-Quedan veinte, pequeña –comentó Kaijin desde su trono en el módulo F-E mientras hacía un zoom hacia el lugar en el que peleaba. –Ahora da la vuelta y ataca a los que tengas detrás, son destruidos y quedan dieciséis; sigue por ahí y acaba con los cinco que quedaban allí, quedan once… –Kaijin fue comentando impasible el transcurso de la acción como si no fuese nada demasiado sorprendente ver a una niña acabando con toda una formación de cazas en menos de tres minutos… –Y ahora se queda a jugar con el último… le arranca un motor, destruye el reactor, acaba con el motor… y la chiquilla se queda un trofeo… –Kaijin observó como Alice se traía el caza enemigo (bueno… lo que quedaba de él) y se lo traía de vuelta a la nave insignia. Eso quería decir algo claro: El piloto había sorprendido por su pericia a Alice y quería que se uniera a las tropas Hakha. O eso, o quería un criado.
-Informe de daños, gente –ordenó Kaijin mientras bajaba al puente de mando.
-Hemos perdido nueve cazas, dos lanzaminas y cuatro naves exploradoras –informó impasible uno de los encargados de comunicaciones. –¿Qué informe transmito al resto de tropas?
-Victoria ajustada –Kaijin no ocultó su insatisfacción: Alguien como La-Be no debería haberle causado tantas bajas. –¡Recuperad todos los cuerpos y almas que se acercan de vuelta! ¡Y hacedme el favor de recuperarlos enteros! Me cansa tener que reconstruiros las piernas… –Kaijin se dirigió al hangar y dio órdenes para que le abrieran. Salió a la Umbra sin problemas y se dirigió a la nave hospital, lugar donde recibiría a los caídos, les reenlazaría con sus antiguos cuerpos, les reconstruiría los miembros destrozados, les daría una buena colleja para que les doliera y los enviaría de inmediato a reconstruir sus naves.
“Esta noche voy a cenar tarde…” suspiró Kaijin al ver la de trabajo que le quedaba antes de poder descansar…
Una vieja idea del personaje en la sombra de este blog. Una “space opera” (NdD: O “Umbra opera”) con muchos elementos propios. Espero que os guste esta coloaboración entre “el tipo en la sombra” y yo.