Comenzó sin que nadie se apercibiera de ello, como si todos esos desaparecidos no fueran más que las víctimas comunes de las peligrosas faenas que se daban en el mar de Dre. Sin embargo, tras más de doce desaparecidos en las cercanías de la costa, los rumores comenzaron a volar: Había algo bajo las aguas que había despertado y comenzado a devorar a todos los que se arriesgaban a salir al mar.
Los grumetes y demás novatos se atemorizaban cada vez que escuchaban que un barco más había desaparecido como si se lo hubiera tragado el mar. Y, aunque los más veteranos les dijeran que eso eran cuentos de viejas, cuando los restos de los barcos desaparecidos comenzaron a llegar a las costas no supieron hacer nada más que temblar.
Hasta los más expertos se extrañaron de este fenómeno: No había habido ninguna tormenta reciente. Al menos ninguna de tal magnitud como para destruir un mástil en más de quince pedazos (al menos quince fueron los que lograron encontrar del Saint Esmeralda) y pulverizar el resto. Barcos que iban del interior al exterior de Cuatro Colinas; mercantes que iban de esta región a las vecinas, pesqueros que faenaban en los lugares más dispares… lo que causara semejante destrucción era algo que se movía.
Hasta el señor del feudo Risea comenzó a preocuparse cuando uno de los mejores inventos de su Ingenioso Ken Kashira, un velero calificado como el “Desafía Tormentas”, acababa con sus restos en la costa del feudo vecino.
Mucho se dijo, mucho se temió pero nadie llegó a ninguna conclusión, salvo, tal vez, que algo grande estaba ocurriendo.
“Tan inmenso es el mar que algo tan inmenso o mayor puede haber bajo sus aguas” comentó una vez el Artista Merluri a su señor que, preocupado, trataba de convencer a su actual Ingeniosa o a su Nuntio de que investigaran lo que ocurría. La Ingeniosa Pashu no pudo ser más parca en su respuesta: “No, estoy ocupada”. Y el Nuntio Leg, aunque con lenguaje más florido y espeso que el de la práctica Pashu, dijo lo mismo que ella.
No pasaba una semana sin que una nueva noticia de desastre llegara a los oídos de Masoh, el señor del Feudo Risea, ya fuera de sus propios barcos como los de señores vecinos. Sin embargo, tras tantísimas noticias de desapariciones, de entre todos los hombres que nunca más habían vuelto a aparecer, se encontró a un superviviente.
¡Un superviviente! ¡Un testigo! ¡Una alegría para todos los que sentían se sentían atenazados por el miedo!
Triste presencia tenía ese pobre hombre, marinero del Master Locona: Cuando fue encontrado apareció casi completamente desnudo, con el cuerpo lleno de llagas causadas por las cuerdas que lo ataban a un tonel y empeoradas por la acción abrasiva del agua del mar. Estaba casi completamente deshidratado, con partes de su cuerpo hinchadas por culpa del agua y la cabeza reseca por la acción del sol… pero estaba vivo y consciente. Más que suficiente como para que pudiera explicar su terrible experiencia.
Y esto fue lo que contó:
“Llevábamos más de dos días faenando a cosa así de un día de navegación de Lonea cuando notamos que el comportamiento de los peces se tornó extraño: Era como si huyeran de algo… nos extrañó ver como unos cuantos peces huidizos se metían de lleno en nuestras redes, como si hubiera algo que los atrajera a nosotros, algo que les espantaba más que verse atrapados en nuestros aperos. Nos reímos estúpidamente durante horas, al ver que una enorme cantidad de pesca caía en nuestras redes por su extraño comportamiento. Pero cuando notamos que el barco comenzaba a moverse aún cuando ni había viento ni teníamos desplegadas las velas, nos preocupamos… al principio fue un movimiento suave, un leve batir de olas que sólo se daba a nuestro alrededor. Mas, unos minutos después, ese batir de olas se convirtió en un claro giro. Había algo que hacía que el barco girara sobre su propio eje cada vez más y más rápido. ¡Fue el mayor remolino que jamás hubiéramos avistado! ¡Cuando nos dimos cuenta ya estábamos indefectiblemente atrapados en su interior, dejándonos llevar por una corriente de la que no podíamos salir! Sin viento, sin medios para bajar, sin posibilidades de escapar nadando, muchos se desesperaron y comenzaron a rezar en busca de ayuda divina pero eso no redujo la velocidad del buque. Cada vez más rápido, cada vez más profundos, nuestro barco se iba acercando cada vez más a la horizontalidad total… barriles, tablas, las velas, aparejos y demás… todo cayó al agua por su propio peso mientras el barco se sacudía con fuerza como si el agua sobre la que circulaba estuviera resquebrajando las tablas. Muchos de mis amigos cayeron al agua y fueron tragados por el remolino y pocos quedamos a bordo cuando, tras horas de descenso, no sólo estábamos casi completamente horizontales sino que incluso podíamos ver el fondo del mar…
Si me salvé, no fue por suerte, sino porque no me dejé llevar por la desesperación: Tras un rato de observación, me fijé en que los objetos cilíndricos, ya barriles, ya palos, se habían quedado a mayor altura con respecto a la posición de nuestro barco. Era como si su forma impidiera que se hundieran más… sin casi pensarlo, me até a uno de los pocos barriles que se habían quedado atrapados en el barco y me las arreglé para saltar al agua. No sé si mi método funcionó realmente o recibí alguna ayuda de allá arriba… pero cuando me di cuenta de que el remolino había desaparecido, de que estaba rodeado de los restos de Master Locona y que yo estaba solo en medio del mar… viví por vivir durante día y medio, hasta que otro barco me encontró flotando a la deriva.
Si queréis saber qué ocurrió exactamente sólo puedo contaros esto. Lo que lo causó, lo que se llevó a mis compañeros al mismo fondo del mar, lo que hizo que desaparecieran completamente sin dejar el más mínimo rastro… eso ya no puedo decíroslo. Sólo puedo asegurar que lo que ha causado esto fue un gigantesco remolino…”
Así terminaba la explicación de ese pobre marinero que, por culpa de sus heridas y de la gangrena, tuvo que sufrir que le cercenaran una pierna para evitar morir.
El Nuntio Leg no supo que opinar al respecto; la Ingeniosa Pashu sólo dijo que podía ser a causa de un extraño fenómeno natural y Merluri, al escuchar todo esto, aseguró que algo había leído algo semejante en las leyendas de países vecinos y le dio un nombre al fenómeno: Mäelstrom…
Sin embargo nadie se explicó de dónde provenía tan extraño fenómeno…
Me gusta rescatar a Pashu de vez en cuando para mis historias. Es una dama encantadora, ¿no creéis?