Al día siguiente, John Srubak llegó a Oasis, liderando una caravana. Tal como lo había descrito Anerues, era un tipo gordo y algo desaliñado, con un aspecto que casaba con su personalidad. Su daimonion, Amgip, era un jabalí de gran tamaño y de aspecto fiero.
-¡Hola, chavales! –dijo nada más ver al pueblo en la carretera principal. –¿Ha pasado algo mientras estaba fuera?
-Desde luego –respondió el padre Adam: -Nos volvemos contigo.
-¿Cómo? ¿Y lo que he traído?
-Te lo pagaremos cuando volvamos pero ahora tenemos que marchar. El agujero ese está atrayendo a demasiadas criaturas por aquí –dijo el padre Adam soltándole la primera excusa que se le ocurrió. –Este lugar se está convirtiendo en un auténtico infierno en la tierra así que mejor alejarse durante un tiempo hasta que podamos volver.
El comerciante masculló algo para sí pero no pareció quejarse.
-¡Muy bien! Id preparándoos y dentro de dos horas nos reuniremos aquí. Mis perros necesitan descansar.
Anerues, Zoé, Amadeo, Lou y Jack fueron a preparar su escaso equipaje a sus respectivas casas de acogida.
-¿Qué te pasa? ¿Otro sueño preocupante? –preguntó Dijuana ayudando a Anerues a preparar el equipaje.
-No lo sé. Todo el sueño fue perfectamente casi hasta el final. Ahora sé más o menos por dónde tenemos que ir pero… esa voz me llamó asesino.
Dijuana se puso seria.
-¿Estás seguro?
-ASESINO fue lo que gritó, claramente y con todas las letras ¿Crees que puede querer decir algo?
-No lo sé. Un asesino suele ser un símbolo de conflicto interno pero como en este caso eras tú bien podría querer decir otra cosa ya que eras consciente de lo que pasaba en ese sueño… quizá que vas a tener que matar a alguien, sencillamente.
-¿A quién?
-No lo sé y no quisiera saberlo pero de momento no te preocupes: Aún no ha pasado –dicho lo cual, sonrió de una manera muy tranquilizadora. –Ya me contarás más cuando estemos de viaje.
Zoé se cambió la venda y se puso manos a la obra.
-¿Qué haréis cuando lleguemos? –le preguntó Mía, en cuya casa se había estado alojando. –¿Vendréis con nosotros?
-Aún no lo sé. Anerues dice que puede saber cuál es el camino para volver a nuestro mundo pero que de momento tendremos que viajar con vosotros, hasta que encontremos el lugar que vio.
Mía se sentó en la cama y la miró en silencio.
-¿Qué pasa? –preguntó Ku-Te algo extrañado de la actitud que traía la chica.
-Me gustaría conocer vuestro mundo. Yo he estado encerrada en este pueblecillo perdido en medio de ninguna parte desde niña y, no sé, quisiera ver más cosas. Viendo la manera de la que te comportas pensé que podría ser más parecida a ti. Jamás he visto a ninguna mujer que sea capaz de discutir con cualquier hombre sin miedo a las represalias (brujas aparte).
-La verdad es que no te pierdes nada: Este mundo le da bastantes vueltas a mi mundo en bastantes aspectos aunque haya que reconocerle un gran desfase en otros. Estoy de acuerdo en que es bueno cambiar de aires de vez en cuando pero tampoco viene mal aprender a reconocer lo bueno de lo que ya se tiene. Sólo te aconsejo que no desprecies lo que ya tienes.
-Hablando en plata –dijo Ku-Te, –este mundo aún conserva tierras vírgenes, no como en el nuestro en el que prácticamente no queda nada en pie.
-Es un mundo bastante caótico en comparación con éste a pesar de que se diga que está muy bien organizado. Si quieres saber cosas sobre él te puedo contar lo que quieras, si eso te ayuda a satisfacer tus ansias de saber, lo cual puedes pagarme contándome cosas sobre este mundo.
-Estaré a la escucha –dijo Mía sonriendo.
-¿Tenías pensado hacerte médico en el futuro? –preguntó el doctor Clark a Lou.
-Me lo he pensado varias veces y aún no me he decidido. La verdad es que hay muchas cosas que me interesan pero no soy capaz de decantarme por ninguna: Tan pronto deseo ser médico como quiero ser abogado, escritor, empresario, profesor… Aún no lo tengo muy claro.
-Viendo como se te da la medicina pensé que sería bueno recomendarte a alguna gran facultad.
-Gracias por la invitación pero no creo que vaya a quedarme el resto de mi vida en este mundo. En todo caso, se me da bien porque es usted un buen maestro.
El doctor Clark, después de observar un rato cómo Lou ordenaba sus cosas pareció acordarse de algo, se retiró al piso superior del edificio y bajó con una caja bastante grande.
-Acepta esto como un regalo en recompensa por los esfuerzos de esta semana –dijo el doctor nada más bajar. –Aquí están gran parte de las hierbas que has estado usando conmigo esta semana más algunas más. Teniendo en cuenta que la mayoría son medicinas de bruja, podrás encontrarlas si las buscas detenidamente por la naturaleza.
Lou miró dentro de la caja que le entregó el doctor Clark y vio muchos frascos de diferentes tamaños, alguna botella rellena de algún líquido, un pequeño botiquín y un manuscrito del doctor de bastante tamaño.
-Léete el libro si deseas avanzar en el conocimiento de la medicina –dijo el doctor. –Si la medicina convencional no puede ayudarte, busca en el libro alguna solución. Puedes obrar milagros, te lo aseguro.
Lou sacó el libro y acomodó la caja como mejor pudo dentro de su mochila.
-Muchas gracias, haré buen uso de él –dicho lo cual, salió a esperar al resto del pueblo.
La casa de los Srubak era todo un hervidero y Jack estaba en medio de él.
-¡Eh, Jack! –dijo Matthew Srubak, padre y jefe de la familia. –Me he enterado por tus compañeros que ese imbécil te ha estado molestando.
-¿Se refiere a John? Algo… ¿Son familia?
-Sí, por desgracia somos hermanos. Si te roba algo, avísame y te compensaré.
-No se preocupe. Conseguí esquivarle lo suficiente para que no me robara nada.
-Cambiando de tema, toma –dijo Matthew lanzándole una bolsa dentro de la mochila. –Esto es una compensación por todo el trabajo que has hecho. Si no fuera por ti y tus compañeros aún estaríamos arreglando la casa.
Jack miró dentro de la bolsa y se encontró un gran número de monedas de oro.
-Gracias… –dijo él algo embobado por la cantidad de monedas que le había dado.
-En fin, ya nos volveremos a ver en la colonia. Hasta otra –y se retiró.
-¿Qué ha querido decir? –preguntó Dai desde fuera.
-Lo lógico: Tú no puedes ir andando así que lo mejor será adelantarlos volando y esperarlos en la colonia. No puedes estar parándote continuamente con lo que te cuesta despegar.
Jack terminó de llenar su mochila y salió a la calle.
-Además –dijo ya en un tono más íntimo, -estar allá arriba contigo es lo más bonito que he llegado a sentir jamás.
-Tú no sueles hablar así –dijo Dai mirándole raro.
-Bueno, tú tampoco solías dejarte ver hasta ahora –dijo mientras se subía a la espalda de Dai. -¿Qué? ¿Marchamos?
Dai se dirigió a la calle principal y, como el primer día, desplegó sus alas en toda su envergadura, cogió carrerilla y despegó.
-Sigo diciendo que estás perdiendo una gran oportunidad –dijo el alcalde a Amadeo. –¿Por qué no te quedas? La veta es enorme y no parece que vaya a acabarse en este momento precisamente. Viendo la fuerza con la que trabajas, podrías ser un gran minero en cuestión de meses y hacerte rico en menos que canta un gallo.
-Lo siento pero no está en mis manos esa decisión –dijo Amadeo meneando la cabeza.
A pesar de lo escéptico que era con todo este asunto de los sueños de Anerues, seguía respetando la decisión del grupo y no iba a separarse de él.
“Además” pensó, “hay más posibilidades de encontrar otro camino a casa fuera de este pueblo. Si hay más de esos agujeros por ahí, estoy seguro de que los encontraremos, con sueños o sin ellos”.
-Tenemos que volver a casa –dijo Goppler. –Nuestras familias nos están esperando en nuestro mundo y, lo queramos o no, tenemos un deber para con ellas de informarles de nuestra situación. Supongo que lo entenderá.
El alcalde no pudo replicar a su razonamiento y se retiró.
-Buen golpe, pequeña –felicitó Amadeo en voz baja.
Cuando el pueblo estuvo preparado, los Srubak sacaron tres grandes trineos y hombres, mujeres, niños y equipajes fueron embarcados.
-No parece que sea la primera vez que hacen esto –dijo Lou viendo la organización del pueblo en la evacuación.
-Han pasado muchas cosas desde que se estableció Oasis –dijo el padre Adam. –Desde que estoy aquí, está es la tercera vez que huimos y ésta es la primera que lo hacemos por petición de las brujas. Mientras estemos fuera tendremos que alojarnos en la colonia y yo tendré que ir a informar a la diócesis de lo que ocurre en este pueblo, como es costumbre (por supuesto, ocultando algunos detalles) –añadió en voz baja.
-¡Muy bien! ¡En marcha! –gritó John Srubak, liderando la expedición.
Los perros y los caballos se pusieron en marcha. Los acompañantes de John Srubak se adelantaron para llegar a la colonia cuanto antes mientras que su jefe se quedaba rezagado para ir con el grupo de Oasis.
Un par de horas después ya habían perdido de vista el pueblecito.
Durante ese tiempo, en el carro más rezagado, Lou estuvo leyendo el libro que le entregó el doctor Clark.
-¿Qué te parece? –preguntó éste al ver tan enfrascado a Lou en la lectura.
-Algo confuso pero bastante claro en general aunque… ¿qué son todas estas “V” que aparecen?
-Las “V” que te encuentres quieren decir “voluntad”. Las brujas curan de maneras diferentes a las que me enseñaron a mí en la facultad, pues para curar a sus pacientes tienen que “desear” curar, quererlo claramente, cosa que, en mi caso que he hecho el Juramento Hipocrático de corazón, no me cuesta nada pero que a ellas les cuesta bastante más en algunos casos.
-Es decir, voy a estar manejando magia… –dijo Lou algo inseguro.
-Llámalo así si quieres. Una buena parte de las curas que se describen no funcionan sin un correcto enfoque de la voluntad del sanador y si no crees en la efectividad de las mismas, ten por seguro que algunas no funcionarán jamás o lo harán peor.
-La buena fe al poder… –comentó Lou sonriendo.
-¿Qué es eso que estás leyendo? –preguntó Amadeo quitándole el libro a Lou y ojeándolo un poco. –¿Un manual de primeros auxilios?
-Algo así. Puede que nos sea útil en el futuro, quién sabe.
-¡Bah! Esto no es lo mío –dijo Amadeo devolviéndole el libro. –Esperemos que no tengamos que usarlo nunca.
En el carro más adelantado…
-¿Cinco picos iguales? –preguntó el padre Adam. –Creo que una vez vi que al este del monte Norek se podía ver algo así ¿Por qué lo preguntas?
-Nada, nada, por nada –dijo Anerues quitándole importancia a la pregunta y apuntando esa referencia en su diario junto a la descripción de todos los puntos que había visto en su sueño.
-¿Qué es eso? –preguntó el padre viendo la libreta.
-Sería un poco raro de explicar qué es lo que tiene que ver con la pregunta…
-Es un diario de sueños –dijo Dijuana directamente. –Anerues vio un camino a nuestro mundo en el sueño de esta noche.
-¡Dijuana! –exclamó Anerues por lo bajo.
-¿Tienes sueños proféticos? –preguntó el padre. –¿Eso suele pasar en vuestro mundo?
-Lo dudo mucho. Desde hace muy poco he empezado a tener de estos sueños y no estoy muy seguro de que nos estén guiando de manera veraz pero esto es lo único que nos ha dado alguna pista para volver a casa por un camino menos peligroso que por el que vinimos a parar a este mundo. Pensará que es una tontería, supongo…
-En absoluto. Soy de los que creen que los sueños son el lenguaje perdido de Dios: Lo dicen todo pues lo conocen todo, como Él. Si tus sueños te indican un camino, es que Él quiere que sigas ese camino ¿Me dejas ver tus apuntes?
Anerues le pasó la libreta y el padre leyó con interés todo lo que había escrito a lo largo de los anteriores tres meses.
-Muy interesante aunque hay cosas que no entiendo –comentó después de leer un rato señalando un pasaje.
-Está en francés. De vez en cuando voy variando un poco el idioma para no perder la práctica.
-¿Hablas francés?
-Habló inglés por parte de padre, español por parte de madre, francés por el lugar dónde me eduqué y también chapurreo un poco de chino gracias a Lou. Todos los de mi grupo son algo políglotas.
-Ya veo –dijo pasándole el diario a Dijuana. –¿Alguno de vosotros sabrá latín?
-¿Para qué quiere saberlo?
-En la batalla de la semana pasada murió mi ayudante y nadie que conozca sabe escribir bien en ese idioma así que…
-Lou es uno de los mejores que conozco en esa asignatura. Ese bestia ha sido capaz de aprenderse siete idiomas en lo que lleva de vida, entre ellos el latín. Siempre dice que una vez aprendido no hay idioma que se te resista. Si no hay que hacer ningún trabajo largo supongo que podrá ayudarle.
El padre Adam puso cara de sorpresa al oírle decir eso.
-¿Es que no tiene otra cosa que hacer el chico ese?
-Según él, aprender o morir (de aburrimiento). Es un superdotado, una persona con mucho talento para casi todo. Sus padres lo enviaron al internado donde estudiaba yo para que desarrollara mucho más sus habilidades y ya ve: Todo un geniecillo.
-¿Os importaría entonces que me lo llevara durante un par de días a la Diócesis? Me va a hacer falta tener a un secretario ducho en diferentes idiomas para escribir varias cartas para pedirle fondos a la iglesia y recuperar el dinero que nos gastamos en reconstruir el pueblo.
-Si él no se niega, no veo por qué no, supongo que no pasará nada por quedarse un par de días más. Además, durante ese tiempo podremos explorar un poco esta zona para encontrar esos picos y así encontrar el agujero que nos lleve a casa.
-Esto… Anerues –dijo Dijuana después de leer el relato del sueño.
-¿Sí?
-Ese camino es peligroso. Los payasos, para ti, son una señal de caos absoluto, de guerra. Para llegar al agujero tendremos que abrirnos paso peleando.
-¿Payasos igual a guerra? –preguntó el padre Adam. –¿Qué clase de relación es esa?
-Es la relación que hace Anerues. Cuando él era pequeño, una vez que fue al circo, le sacaron como voluntario a la pista y empezaron a hacer chistes con él. A todo el mundo le hizo gracia lo que hacían con él menos a él mismo, por lo que al rato de estar en la pista se marchó dando puñetazos y patadas totalmente enfurecido. Desde entonces relaciona a los payasos con el caos, la guerra y la vergüenza.
-Interpretas muy bien los sueños –dijo el padre bastante sorprendido.
-Como daimonion suyo que soy, conozco bien a Anerues por lo que también conozco bien sus símbolos personales. Podría interpretar casi cualquier cosa que me contara con mayor o menor acierto.
-¿Qué más cosas cuenta el sueño? –preguntó Anerues.
-Las mazas que se repartían los payasos son nuestros compañeros por lo que podría decir que nos vamos a separar. Los espejos nos dan a entender en qué lugares nos vamos a separar pero no soy capaz de decir qué clase de lugares son. Aparte, decir que lo de aparecer vestido de poeta podría ser un símbolo de que podrías acabar encontrando una solución para pasar pacíficamente pero esto no es seguro.
Anerues no preguntó nada más y empezó a anotar la interpretación hecha por Dijuana.
-…y eso es lo que pasó en la Segunda Guerra Mundial –zanjó Zoé. -¿Algo más? Ya tengo la garganta seca de tanto hablar.
Zoé le había estado explicando un poco de historia de su mundo a Mía durante todo el viaje y está estaba demostrando ser una alumna muy aplicada pero después de más de cinco horas de explicación, Zoé ya estaba algo cansada.
-No tenéis nada que envidiarnos en cuanto a guerras estúpidas –comentó Mía. –No sabía que también hubiera sefardíes en vuestro mundo.
-Judíos, no sefardíes.
-Lo que sea. En este mundo hace largo tiempo que han sido exterminados. Si queda alguno por ahí, oculta muy bien sus costumbres pero de poco le servirán si le pilla la Junta de Oblación.
-En mi mundo hace ya mucho tiempo que hemos acabado con la Inquisición ¿Por qué por aquí no?
-No lo sé: Puede ser porque los altos cargos eclesiásticos tienen las mayores riquezas del mundo, porque la gente quiere realmente mantener las costumbres que promulgan o sencillamente porque nos han lavado el cerebro a lo largo de los siglos sin dejarnos espacio para opinar. La iglesia, vista desde fuera, es algo asqueroso pero esa opinión cambia mucho cuando se ve al padre Adam trabajando con el pueblo. Mis padres me comentaron que antes de su llegada, todos los curas eran unos caraduras redomados, que no hacían más que pedir en el cepillo, que iban por ahí mendigando comida, oro y algunas cosas más… que mejor no comento. Exigían y no daban prácticamente nada a cambio. Gente como el padre te hace creer en que aún hay gente buena por el mundo.
-¿Tanto control tiene la iglesia sobre el mundo?
-Tanto y más –dijo Nan, el daimonion mamba negra de Mía asomándose por su cuello. –La iglesia controla a la Guardia Suiza, al ejército del gran Imperio Turdetano, el ejército franco, la Guardia Prusiana, las armadas inglesa y escandinava y hasta ahí me acuerdo. Son lugares en los que han llevado cruzadas a favor de la iglesia durante siglos y siglos y en las que han conseguido un control casi absoluto sobre todo lo que es Europa y gran parte de las colonias del mundo.
-Conviene no contrariarles… –ironizó Ku-Te. –En nuestro mundo la iglesia tocó tanto las narices a nuestros antepasados que actualmente casi se les ha apartado del ámbito público pero claro, se resisten a perder su antigua gloria aunque haya que reconocerles cosas buenas de vez en cuando.
-Yo no estoy en contra de que se ensalce y venere a la Autoridad… –dijo Mía.
-Ni yo –dijeron Zoé y Ku-Te al mismo tiempo.
-…pero se podría hacer de maneras más edificantes que luchando y exterminando continuamente todas las herejías habidas y por haber…
-Si yo te contara –dijo Zoé: –El cristianismo se separó en un mogollón de diferentes ramas: Catolicismo, protestantismo, maniqueísmo, cristianismo ortodoxo, Islam… todas adoraban al mismo Dios, todas se han estado peleando a lo largo de los siglos y se han estado pasando el mandamiento del “No matarás” por el bigote. Para ellos Dios no era ley, ley era lo que ellos querían que fuera ley incluso si iba en contra de la palabra de Dios sólo para conseguir tener el mando absoluto.
Mía sonrió y se rió un poco.
-Es interesante ver el mundo desde una perspectiva diferente y totalmente externa a la mía. ¿Quién iba a pensar que acabaría viendo que otro mundo es posible? Yo pensaba que mi futuro se reduciría a casarme y tener cuantos más hijos mejor pero viéndote sé que puedo acabar de más maneras.
Y así siguieron hablando hasta que llegó la noche…
Anerues vio el espejo otra vez, esta vez más de cerca y vio que el lugar estaba vigilado por un gran número de serpientes. Empezó a observarlas con detenimiento y después de buscar un rato vio como una de esas serpientes, la más alejada del grupo principal, llevaba una llave que agarraba con los colmillos. Fue hacia ella y empezó a acariciarla, sin ningún miedo para que abriera la boca y soltara la llave, cosa que hizo al rato de caricias y cariños.
-No te olvides de la segunda llave –le dijo la serpiente de la llave después de dársela.
Nada más decir eso, las otras serpientes de su grupo se lanzaron a por ella, como censurando lo que acababa de decir. Anerues no lo toleró e intentó separarlas lo más pacíficamente posible. Las serpientes atacantes no se negaron a su petición y la dejaron pero algunas empezaron a observarle con recelo y algunas otras con agresividad. Anerues sintió miedo pero no odio por ellas. Sabía que si le atacaban era por quitarles la llave.
De repente, una sombra negra cayó del cielo sobre las serpientes y las atacó: Era un cuervo en busca de pelea.
-¡Alto! –gritó Anerues parando su ataque y cogiendo al cuervo para escudarlo del más que posible ataque de las serpientes. –Una dama como usted no debería meterse en estos combates.
El cuervo sacudió la cabeza, como si estuviera confuso pero aceptó su contacto.
-No me trates como a una mujerzuela cualquiera –dijo el cuervo. –Sigo teniendo mi dignidad.
Anerues se lo llevó hacia el espejo y allí buscó algo en el suelo cercano a él mientras las serpientes, cada vez más nerviosas y agresivas se le acercaban por la espalda. Después de un rato de búsqueda, logró encontrar la segunda llave la cual estaba oculta en la decoración del espejo. Metió las llaves en dos sendos cerrojos que sobresalían en el espejo y abrió una puerta.
-Hecho esto no puedo hacer otra cosa que quedarme con usted –dijo Anerues al cuervo nada más abrir la puerta.
Y Anerues se volvió a despertar.
-¿Otra pesadilla? –preguntó Dijuana, que estaba a su lado.
-No… ¿Sigues despierta? –dijo Anerues frotándose los ojos para desperezarse.
-Me acabo de despertar. No soy capaz de dormir entre tanto ronquido.
Anerues miró su reloj y vio que aún faltaban más de tres horas para reanudar la marcha. Se levantó y fue hacia la hoguera para escribir en el diario.
-Hola, chavalete –dijo John Srubak que estaba montando la guardia. –¿Vienes a hacerle compañía a este viejo?
-No se ilusione tanto –dijo Anerues conociendo la mala fama del hombre. –Tan pronto como acabe me vuelvo a dormir.
-¡Bah! Mientras me paguen, acepto lo que sea. Oye, ¿tú sabrías decirme por qué esos imbéciles se empeñan en vivir en ese pueblucho de mala muerte?
-¿Es que usted no lo sabe?
-¿Crees que te lo estaría preguntando si lo supiera, idiota?
-Les gusta tener una buena veta de oro, nada más –dijo Anerues molesto, intentando escribir ignorando a ese desagradable hombre. Cuando acabó, le preguntó a Dijuana: -¿Entiendes algo de este sueño?
Dijuana leyó la descripción de su sueño y, después de cavilar un poco dijo:
-Más de lo mismo pero esta vez mucho más concreto:
-
Esas serpientes son los vigilantes del agujero, supongo que militares por el carácter viril de las mismas, lo cual me hace pensar que ese agujero es de uso privado de algún estado… no sabría decir cuál todavía.
-
El cuervo siempre ha sido un símbolo de mal agüero aunque en este caso le ayudaste lo cual me hace pensar que puede significar todo lo contrario: Tú no apoyarías al enemigo de las serpientes sin una buena razón. Además, hay que tener en cuenta lo que dijo pues a ese cuervo lo llamaste “dama” por lo que cabría pensar que es una mujer.
-
El hecho de que buscaras las llaves bien podría ser que algo te preocupa pero que sabes que puedes solucionar (sino no las buscarías).
-
Abrir la puerta del espejo bien podría ser un cambio en nuestras circunstancias, esto es, que nos vamos a separar, tal como dije ayer, y la razón es ese cuervo, el enemigo de las serpientes. Según parece tendremos que quedarnos atrás, en este mundo, y dejar que el resto vuelvan a nuestro mundo (aunque no sabría decir si realmente es un agujero que dé al nuestro).
-
Al final le dijiste al cuervo que te quedarías… quizá la persona a la que representa acabe herida en la pelea con las serpientes y te quedes atrás en este mundo para curarla o llevarla a algún lugar a que se recupere.
>>Esto es todo lo que puedo interpretar de este sueño.
Anerues no dijo nada, se apoyó en un árbol para relajarse el tiempo que pudiera antes de marchar y miró el cielo. Dijuana se sentó a su lado esperando en silencio pero al rato dijo señalando al cielo:
-¡Eh! ¿Ésa no es Dai?
Sí, sí, lo sé… esta historia empieza lenta. Pero eso es algo que aprendí a corregir. Sin fallos como éstos, ¿cómo queréis que un inexperto como yo mejore?