Buscando el Paraíso en un Sueño - Capítulo 6: Los Utukku
Febrero 11, 2008 por jeshuamorbus
One Man One Goal One Misión
One Heart One Soul Just One Solution
One Flash of Light yeah One God One Vision
(“One Vision” Queen ^_^U)
-No me importa si este mundo se llama Infierno, Paraíso, Averno, Asgard, Midgard, Valhala, Olimpo, Takamagahara, Fantasía o mundo Digimon… –dijo Amadeo bastante enfadado al ver el bosque en el que se habían introducido –¡pero éste no es nuestro mundo!
Después de salir del agujero vigilado por los soldados turdetanos, Amadeo, Zoé, Goppler y Ku-Te habían estado vagando por un bosque lleno de árboles que no habían visto nunca, unos árboles que aparentemente eran de climas templados, con bastante hojarasca de un color verde tirando casi a negro, sin llegar a ser tan altos como los olmos (lo que no quitaba que fueran bastante altos) cuyas hojas tenían una forma mezcla de lobulada y aserrada. Su ramaje era abundante pero tenían el aspecto de ser escalables.
El lugar tenía el aspecto de ser un bosque bastante húmedo, con unas nieblas constantes y bastante oscuridad en general, con un gran número de suaves colinas que daban al lugar un aspecto bastante confuso de ver pues había tantas colinas y todas se parecían tanto unas a otras que era fácil perder la orientación. No parecía haber ningún lugar habitado cerca.
-Sea lo que sea –dijo Zoé resignándose, –la cuestión es que Anerues acertó con la localización del lugar…
-¿¡Pero de qué nos sirve si no estamos en casa!?
-¡Cálmate un poco y piensa en lo que haremos a partir de ahora! No podemos volver atrás por culpa de los soldados así que tendremos que arreglárnoslas solos de momento.
-Ya lo sé… –refunfuñó Amadeo tragándose sus quejas. –Con tanta nube no seremos capaces de ver la Estrella Polar así que no tenemos más remedio que seguir en línea recta hasta que lleguemos a algún lugar.
-Como si supieras si en este mundo hay Estrella Polar… –murmuró Zoé algo contrariada por la actitud de su compañero.
-¿Decías? –preguntó Amadeo poniéndose en marcha.
-No, nada, que sigamos…
Después de nueve horas de caminata y un par de descansos, el lugar empezó a oscurecer más aún por lo que los cuatro fueron a buscar un lugar donde pasar la noche. Tras un par de minutos de búsqueda encontraron una piedra plana apoyada sobre una pared rocosa lo bastante resguardada como para poder dormir tranquilos esa noche.
-¡Aú! –se quejaron las dos personas cuando se sentaron a descansar sus doloridos pies.
-¡Vamos! –animó Goppler. –¡No es para tanto!
-Habla por ti, que Amadeo te deja ir encima suyo –comentó Ku-Te, también bastante cansado. –Casi parece que no llegamos a ninguna parte… –dijo con tono preocupado.
-Tanto da –dijo Amadeo mientras sacaba un poco de comida de su mochila. –Si hay plantas, habrá comida y, mientras esos soldados no nos sigan, estaremos bastante seguros por aquí.
-¿Pero y si…? –preguntó Zoé preocupada.
-¿Las criaturas de ese otro mundo? Poco importa lo que hagamos pues si están, no podremos volver por culpa de los soldados aquellos. Hazte a la idea: No podremos escapar.
Tras esta última frase, Zoé se abrazó con gesto preocupado a Ku-Te y Amadeo, dándose cuenta de lo que acababa de decir, se apresuró a añadir:
-¡Pero no nos hemos encontrado nada en todo el tiempo que hemos estado aquí! ¡Tranquilízate! No hay de qué preocuparse aún.
Zoé asintió pero no dejó su expresión triste.
-Esto… –dijo Goppler rompiendo el silencio. –Hará falta que vayamos a por algo de leña para hacer un poco de fuego antes de que oscurezca más.
-Tienes razón –dijo Amadeo mientras se levantaba con lentitud. –Vosotros quedaros aquí.
-¡Maldito Anerues! –se dijo Amadeo mientras buscaba leña. –¡Maldito Anerues y sus rarezas! ¡Maldito…!
-¿Qué te pasa? –preguntó Goppler extrañada de ver a su persona murmurar tanto.
-Nada… –dijo Amadeo tranquilizándose. –Sólo intento culpar a Anerues de lo que nos está pasando… ¡Ahg! ¿¡Por qué tuve que hacerle caso!? ¡Al final toda la culpa es sólo mía!
-No te castigues así. Imagina lo que pensará él cuando se enteré de que nos ha enviado a un mal lugar. Aunque… –añadió con preocupación.
-Da igual que venga a buscarnos o no, al fin de al cabo todo lo que hace depende de lo que sueña y, si no sueña con esto, sólo podemos acabar pensando en como vivir el resto de nuestras vidas aquí…
Nada más terminar la frase, Amadeo empezó a pensar con tristeza en su casa, en el internado, en sus compañeros del gimnasio, en sus estudios, en su hermana Luana y, ante todo y sobre todo, en sus queridos padres. No pudo dejar de llorar un poco movido por la melancolía que le estaba dominando pero al poco de empezar, dejó las lágrimas a un lado y se concentró en su tarea.
-¡Dios…! –murmuró Zoé. –Jamás habría pensado que lo acabaría diciendo pero, por primera vez en mi vida, hecho de menos a mis padres…
-¿En serio? –preguntó Ku-Te sorprendido.
-Serán odiosos y todo lo que quieras pero… –Zoé pensó seriamente lo que iba a decir y al poco espetó: –ni de broma… esos dos no se preocupan por mí ni de broma –Zoé soltó a Ku-Te y empezó a acariciarle suavemente. –Quizá haya tenido más suerte de la que pienso que tengo… Otro mundo, un lugar al que ellos no pueden llegar a mí ni controlarme a su antojo… –Zoé rió. –¡Quizá se está cumpliendo mi mayor deseo! ¿¡Quién sabe!?
Dicho esto se formó un opresivo silencio en el bosque, un silencio que atenazaba la mente de una atormentada Zoé.
-No… –dijo ella en un susurro. –Yo… tengo miedo… miedo de lo que me vaya a pasar… miedo de lo que te pase a ti… de lo que le pase a los demás… –Zoé empezó a llorar. –¡Ahg! ¿¡Esto qué es!? ¿¡Una bendición o una maldición!? ¿¡Por qué los sueños de Anerues nos han traído hasta aquí!? ¿¡Por qué…!?
-No te preocupes –dijo Ku-Te. –Yo nunca te abandonaré y nunca estarás sola, así no tendrás miedo nunca más. Yo espantaré a todo aquel al que se le ocurra hacerte el más mínimo daño ¡Lo juro!
Zoé, algo más animada, se abrazó a su daimonion como si fuera una niña en busca de protección.
Al día siguiente, después de un frugal desayuno, se volvieron a poner en marcha por ese oscuro bosque. Durante más de dos horas estuvieron andando en la misma dirección pero en todo ese tiempo no encontraron señal alguna de civilización.
-Ya no sabemos ni a dónde vamos… –se quejó Zoé. -¿De qué nos sirve seguir por aquí si…? –Zoé dejó de hablar de repente.
-¿Qué pasa? –preguntó Amadeo al ver a Zoé interrumpirse de esa manera.
-¿No lo habéis oído? Me parece haber escuchado un grito venir de allí –dijo señalando un claro cercano. –¡Quizá por fin hayamos encontrado a alguien! –dijo esperanzada mientras se lanzaba a comprobar el lugar siendo seguida por Amadeo. Sin embargo, lo que allí se vio fue algo muy distinto de lo que se esperaba encontrar: El lugar estaba sembrado de varias decenas de cadáveres, tanto de hombres, vestidos con corazas y gualdrapas, como de caballos. Todo tenía la apariencia de una sangrienta batalla medieval ocurrida hacía poco tiempo.
-¿Qué es esto? –preguntó Zoé asustada.
-Una masacre –dijo Amadeo mucho más tranquilo que ella, observando los cadáveres con frialdad. –Si todos estos están muertos, mejor que sigamos nuestro camino. Esto no nos incumbe. Al menos sabemos que el lugar está habitado…
Zoé no pudo discutirle la sugerencia, así que se dirigió de nuevo hacia el bosque pero de repente, gritó.
-¿¡Qué pasa!? –preguntó Amadeo acercándose rápidamente hacia ella.
-¡Éste! –exclamó ella arrodillándose hacia un cadáver postrado. -¡Éste sigue vivo! Me ha agarrado de la pierna cuando nos íbamos.
Zoé le dio la vuelta con cuidado y contempló el lamentable estado del hombre.
-¡Buf! –se quejó Amadeo al verle las heridas. –Lo han acuchillado a gusto.
El moribundo estaba recorrido por una gran cantidad de heridas de arma blanca: Tenía el brazo derecho con un corte de apariencia profunda, la mano izquierda acuchillada, una herida punzante en la pierna izquierda y, sobre todo, una herida que le había atravesado la coraza a la altura del abdomen.
-¡Aún tiene pulso claro! –exclamó ella con alegría. -¡Podemos salvarlo!
-¿Cómo que podemos? ¿Acaso tienes idea de cómo cerrarle todas esas heridas? Por mucho que quieras sanarlo, con sólo quererlo no vas a conseguir nada.
-¡Pues muriéndose aquí no lo dejo! –dijo ella categóricamente. –Además, si sobrevive podrá decirnos dónde podremos encontrar un camino para llegar a alguna parte.
-Tú misma -dijo él rehuyendo la discusión y descargando su mochila. -¿Y qué debemos hacer entonces?
-Lo primero va a ser desinfectarle estas heridas –dijo sacando un pequeño botiquín de su mochila. –Con lo que llevamos encima no creo que baste… Haz un fuego y trae agua de aquel riachuelo para ponerla a calentar… ¡Vamos, rápido! ¡Que se nos muere!
Amadeo la obedeció, y después de buscar algún recipiente y traer agua, hizo un fuego lo más rápidamente posible. Durante el rato que Amadeo hizo todo esto, Zoé le había quitado la armadura al hombre y le había empezado a limpiar las heridas con un poco de agua oxigenada cosa a la que reaccionó el hombre.
-Si encuentras algo de licor por ahí, tráelo –dijo ella al rato. –Lo que menos puede ayudarnos es que se nos despierte mientras le cosa las heridas. Podrían abrírsele o podría empezar a sangrar más.
Amadeo dejó un par de cantimploras de lo que parecía vino al lado de Zoé para volver con su trabajo de desinfectar los instrumentos que iban a usar en un momento.
Zoé le dio de beber al hombre y éste lo hizo ávidamente, dejándose caer a los pocos segundos, quizá más cansado que borracho.
-Ku-Te, tú busca algo que pueda servir de leña y dáselo a Amadeo –dijo ella mientras sacaba un par de camisetas de su mochila para hacer vendas. –Si puedes búscale algo que le sirva de cama o que lo eleve un poco.
Cinco minutos después, el agua ya hervía y Zoé ya había rasgado las camisetas con las que estaba empezando a tapar las heridas del hombre con la ayuda de Amadeo, después de subirlo encima de la lona de una tienda de campaña.
-Menos mal que está dormido –dijo Amadeo con tranquilidad al ver que perdía menos sangre de la que cabía esperar.
Zoé le volvió a comprobar el pulso y notó como aún lo tenía bastante claro. Hecho esto, sacó la pequeña caja de costura que se llevaba en todos sus viajes y se acercó al agua hirviente. Una vez allí, después de comprobar que tenía bastante hilo de algodón como para cerrar todas las heridas, lo metió dentro del agua junto a la aguja para desinfectarlos bien y, mientras, se impregnó las manos de agua oxigenada para evitar transmitirle bacterias al herido, hecho lo cual, Amadeo imitó para ayudarla con la operación.
-Muy bien –susurró ella con voz nerviosa, sacando el hilo y la aguja del agua. –Tú… tan sólo evita que se mueva demasiado –y, dicho esto, se puso manos a la obra.
Siete horas después, tras una agotadora operación, el herido convalecía apaciblemente mientras sus dos enfermeros velaban por él.
-Deja de comprobarle el pulso –dijo Amadeo mientras fabricaba una improvisada camilla con una lanza, una alabarda y ropas diversas que había encontrado por el campo de batalla. –No va a mejorar por eso.
-Pero…
-Tú ya has cumplido y no sabes qué más hacer. Ahora sólo hay que llevarlo a un lugar donde puedan cuidarlo mejor.
-Vivirá –animó Goppler. –Estoy segura de ello.
Zoé sentía unas náuseas terribles por toda la sangre que había tenido que ver. Mientras descansaba un poco de todo lo que había tenido que hacer, observó con detenimiento al hombre: Era un hombre de mediana edad, quizá veinticinco años, con el pelo gris bastante largo, teñido de rojo por la batalla. Sus facciones eran esbeltas pero no parecía ser flaco, aparte de tener la piel muy pálida, quizá por la pérdida de sangre.
Zoé dejó de observarlo y se echó en la hierba mientras esperaba.
-¡¡Zoé!! –gritó Ku-Te eufórico al segundo de apoyar ella la cabeza en el suelo. –¡¡Ha despertado!!
Los cuatro se lanzaron sobre el hombre que estaba abriendo los ojos poco a poco, mientras recuperaba la conciencia.
-Ahg… –se quejó el hombre. –¿Don… dónde estoy? –preguntó nada más ver a Zoé. –¿Qué ha pasado?
-Dónde estamos, no lo sé –dijo una tranquilizada Zoé. –Respecto a lo que ha pasado, le encontramos herido y le curamos lo mejor que supimos. Por lo que parece usted es el único superviviente de esta tropa.
El hombre intentó incorporarse, tarea en la que le ayudó Zoé, y miró a su alrededor. Y nada más ver a Ku-Te, gritó de terror.
-¿¡Qué es eso!? –gritó espantado.
-Ku-Te para servirle –dijo el aludido con algo de sorna.
-Un… un doppelgänger… –dijo el hombre con cara de sorpresa. –¿Sois Nobles? ¿Por qué me habéis salvado si sois Nobles?
-¿A qué se refiere? –preguntó Amadeo.
-¡No os hagáis los tontos! ¡Sólo los Nobles tienen doppelgänger!
-Perdone, pero no le sigo. Nosotros acabamos de llegar aquí y no conseguimos enterarnos bien de lo que está pasando. ¿Podría decirnos qué eso de los Nobles?
Al ver la expresión confusa de las personas, el hombre pareció dudar.
-¿Nos podría decir su nombre? –dijo Zoé sonriendo amablemente.
-Adrian Fahet… –respondió tras un rato de dudas.
-Pues muy bien, señor Adrian, yo me llamo Zoé y éstos de aquí son Amadeo, Ku-Te y Goppler. Encantada de conocerle –dijo ella sonriendo más si cabe.
-¿A qué esperáis? –dijo Adrian cejijunto.
-¿Esperar a qué?
-¡Si esto es una broma, ya la estáis llevando muy lejos! –gritó furioso. –¡Somos enemigos, maldita sea! ¡Vosotros sois Nobles! ¡Yo soy un utukku! ¡Vuestras leyes os ordenan que me matéis!
Zoé y Amadeo se miraron extrañados al ver la violenta reacción del hombre.
Esa noche, después de una larga caminata…
-¿Pero por qué demonios me ayudáis? –preguntó por enésima vez Adrian desde su camilla.
-¡Buf! –se quejó Amadeo mientras encendía un fuego para preparar la cena. –Está pesado el chaval ¿¡Acaso quieres que te dejemos aquí abandonado!? Aunque nos lo pidas, no lo haremos. No sería ético. Además, eres la única persona que nos puede decir el camino hacia alguna parte.
-¿Podría explicarnos qué es lo que pasa por aquí? –preguntó Zoé en tono conciliador. –Aunque no nos crea, nosotros acabamos de llegar aquí hace realmente poco y no sabemos nada de las guerras que hay por aquí.
Adrian, aún temeroso, se incorporó con cuidado y se apoyó en un árbol para estar más cómodo.
-¿En serio no sabéis lo que es un utukku? –preguntó Adrian.
-No –respondieron los cuatro.
Adrian se llevó la mano a la cabeza, como si aún no se creyera lo que estaba pasando, pero aún así empezó a explicar:
-Un utukku es… ¿cómo explicároslo? Es un tipo de persona que no es ni Noble ni elato ni dríada. A primera vista, los cuatro somos idénticos: Misma forma, misma capacidad mental, similares tipos de sociedad… Pero todos nos diferenciamos por cosas evidentes: Los Nobles, como vosotros, tenéis doppelgänger, un animal que os sigue siempre a todas partes… porque os siguen a todas partes ¿no?
-Alguna vez he intentado separarme un poco de Ku-Te –respondió Zoé –pero duele… y mucho.
-Entonces tú no eres una dríada.
-¿Una dríada? ¿Una ninfa, quiere decir?
-No. Es otro tipo de persona… de mujer, cabría decir. Si bien los Nobles llegaron hace relativamente poco, las dríadas siempre han estado ahí. Son gente extraña pues viven aisladas del resto del mundo, ocultas en sus propios asuntos y tienen una personalidad terrible en comparación con cualquier otra mujer. Practican ritos que sólo ellas comprenden, fabrican pociones, vuelan…
-¿Sobre ramas de Nube-Pino? –interrumpió Amadeo.
-No, sobre cualquier tipo de rama ¿Habéis visto alguna en vuestra vida?
-Tal como las describe, casi parece que está hablando de las brujas del lugar del que acabamos de salir.
-¿Son capaces de separarse de sus doppelgänger?
-O eso o no los tienen. No recuerdo haber visto a ninguna con daimonion.
-Entonces deben ser lo que yo conozco como dríadas.
-Entonces –dijo Zoé –Nobles: Tienen daimonion y no pueden separase de él; dríadas: Tienen daimonion y pueden separarse de él; ¿elatos?
-Son personas sin doppelgänger.
-Entonces son personas normales… ¿Y un utukku qué es? Llevamos dándole vueltas a esa pregunta todo el santo día.
-Esto será un poco complicado… los utukku éramos una raza de seres solitaria y errante. A pesar de vivir la mayoría en bosques y en montañas, casi aislados, manteníamos excelentes relaciones con los elatos pues gracias a esa colaboración, nosotros podíamos alimentarnos y ellos recibían todo nuestro apoyo. Pero hace cosa así de doscientos cincuenta años, aparecieron los Nobles.
-¿Entonces no vivían aquí desde el principio?
-No… la verdad es que nadie tiene la menor idea de dónde salieron los Nobles, casi parece que surgieron de la nada… Todo lo que se sabe de ellos es que venían acompañados de doppelgänger de una manera similar a la de las dríadas, que hablaban un idioma que sólo se habla allá a lo lejos, en el lejano occidente y que intentaban promulgar las enseñanzas de la Autoridad.
-Entonces eran cristianos –dijo Zoé. –¿A ver si lo adivino? Por razón de que no creíais en su religión empezaron a perseguiros para llevaros a la hoguera, ¿verdad?
-Pues no adivinas: Eso sólo lo hacen con los elatos. A los utukku los matan sólo por ser utukku. Apoyaron su pretensión en que nosotros éramos una raza diabólica, que traía el caos y la enfermedad a este mundo tan sólo por nuestra “forma antinatural” de comportarnos.
-¿A qué se referían con “antinatural”?
-Pues… mira esto –dijo él pasándole una de las cantimploras que se había llevado del campo de batalla. –Una imagen vale más que mil palabras.
Zoé, algo extrañada, destapó la cantimplora, olió el líquido que tenía dentro y apartó la nariz al instante.
-¿Qué pasa? –preguntó Amadeo.
-No… no estoy muy segura. Huélelo tú, a ver si es lo que creo qué es.
Amadeo cogió el recipiente y lo olisqueó inseguro para acabar reaccionando igual que su compañera. Ese olor lo había olido durante un largo rato allá en el claro donde encontraron a Adrian pues era…
-…¿Sangre? –preguntó Amadeo dubitativo. –¿Tú bebes esto?
-No lo bebo, lo necesito para vivir –respondió Adrian como si tal cosa. –Si no lo hiciera palidecería, adelgazaría de manera horrible, me cansaría por nada, mi cuerpo rechazaría la comida y acabaría por morir de mhenasaura.
-¿Mena-qué?
-Mhenasaura o asfixia de sangre, como la llaman los vuestros. En fin, ¿ahora qué pensáis de mí?
Amadeo y Zoé se cruzaron miradas dudosas pero al rato, tanto ellos como sus daimonions estallaron en carcajadas sin contenerse.
-¿Pero qué os pasa? –preguntó Adrian con expresión confusa.
Los cuatro siguieron riéndose hasta que, un buen rato después, Amadeo pudiera contestar:
-Mire, señor Adrian: Después de pasar por un mundo de monstruos come-almas y por otro lleno de brujas y bestias del abismo que te despezaban en menos que cantaba un gallo ¿cree usted, en serio, que un simple vampiro, que es el ser más civilizado que nos hemos encontrado en casi una semana, nos va a espantar? ¡’Enga ya!
-¿De qué estás hablando? –preguntó Adrian más confuso aún.
-En fin, esto empezó hace ya unos cuantos días… –empezó a relatar Amadeo.
Y así, mientras cenaban, Amadeo, Zoé, Goppler y Ku-Se te relevaron para contar toda la odisea que había tenido que pasar para llegar hasta ese lugar ante la atónita mirada de Adrian. Cuando ya era más de medianoche, terminaron su relato y se fueron a dormir dejando a un incrédulo Adrian dudando como nunca había dudado.
Al alba, después de limpiar las heridas del convaleciente, se volvieron a poner en marcha siguiendo las indicaciones del lugareño.
-Parece que lo ha asimilado bastante bien –dijo Amadeo al cabo de un rato de marcha.
-No creas… –respondió el aludido. –A mí, todo eso que me habéis contado no me parece más que una absurda patraña. En todo caso me fío de vosotros.
-Por mí, piense lo que quiera: Es la verdad y no va a dejar de serlo por mucho que queramos. ¿Falta mucho para llegar a… a dónde sea?
-Si seguimos por aquí llegaremos al Rat Chalyben en cosa de seis o siete nemgas. ¿No tenéis miedo?
-¿De qué?
-Vamos, aunque sea cierto lo que me contáis, seguís teniendo todo el aspecto de ser Nobles. Os masacrarán antes de que podáis hacer nada.
-¿Incluso si nos ven traerle a usted?
-Mucho me temo que sí. Desde que estamos en guerra con los Nobles no nos andamos con chiquitas ni nos fiamos de nadie.
-¿No hay alguna manera de que podamos llegar para, al menos, dejarle allí? –preguntó Zoé.
-No… –Adrian calló y se puso pensativo –bueno, quizá sí pero si con eso los míos no os dejan entrar, no podréis ir con los Nobles si no queréis que os maten.
-¿Qué hay que hacer?
-Tu doppelgänger es este pequeño, ¿no, Amadeo?
-¡Me llamo Goppler! –exclamó ella enfadada.
-Sí ¿Por qué? –respondió Amadeo.
-Si en serio quieres que los guardianes de Chalyben respeten temporalmente tu vida, deberías ocultar a Goppler en tu bolsa y evitar en todo lo posible que la vean.
-Eso no es difícil –dijo Goppler con voz altiva.
-Además de eso tendrás que dejar que te marque.
-¿Quiere decir… morderme?
-Eso es. A pesar de estar en guerra, hay elatos que prefieren vivir con nosotros. Todos ellos, al beber nosotros su sangre, tienen una marca característica en el brazo que indica que alguna vez nos han dado de comer. Si te ven con esa marca, los guardianes se fiarán de ti, siempre y cuando no te vean a Goppler.
Amadeo se paró, dejó la camilla en el suelo y se arrodilló junto a Adrian, dándole el brazo derecho.
-¿En serio sabes lo que estás haciendo? –preguntó Adrian algo sorprendido por la naturalidad en la forma de comportarse de Amadeo. –Si, a pesar de poder dejarme allí, no te dejan entrar, no podrás volver con los Nobles: Ellos matan a todo ser marcado y después lo queman en la hoguera.
-Ya me inventaré alguna excusa –dijo Amadeo con decisión descubriéndose el brazo derecho. –Haz lo que tengas que hacer.
Adrian algo extrañado, así lo hizo: Abrió ampliamente su boca y la acercó al antebrazo de Amadeo.
-Ya está –dijo Adrian a los pocos segundos.
Amadeo se miró el brazo y vio un pequeño corte de forma alargada del que brotaba un abundante reguerillo de sangre.
-Apenas lo he notado –dijo Amadeo sorprendido al ver la limpieza de la operación..
-Los utukku llevamos haciendo esto desde el principio de los tiempos –dijo Adrian con modestia. –Sabemos que el dolor espanta a todo aquel al que mordemos así que hacemos lo posible para que no duela.
-En fin, lo hecho, hecho está –dijo Amadeo mientras se tapaba la herida con un pañuelo. –Mejor que sigamos adelante.
Seis horas después, después de un agotador viaje, el grupo avistó lo que parecía un campamento empalizado en la falda de una montaña rocosa.
-Tú quédate aquí –dijo Adrian a Zoé. –Tú no tienes marca así que si las cosas van mal, aún tendrás una oportunidad para ir con los Nobles y sobrevivir. Si todo va bien, conseguiré algo de tiempo para explicar quiénes sois y hacer que os podáis alojar aquí. Lo único que puedo prometeros es que acabéis saliendo vivos de este lugar.
Dicho esto, Amadeo ayudó a levantarse a Adrian y, sirviéndole de apoyo, le ayudó a ir caminando al campamento, con Goppler en la mochila. Después de caminar unos seiscientos metros se escuchó una voz entre los árboles:
-¿¡Amigo o enemigo!? ¡Responde o muere!
-Soy el Aruco –respondió Adrian mirando a uno de los árboles. –¿Te importaría ayudarme, Trevor?
-¿¡El Aruco!? –exclamó el del árbol bajando al instante. -¡Dioses! ¡Sigues vivo! Pero… ¡¡Gente!! –gritó llamando al campamento. –¡¡El rey ha vuelto!! ¡¡Llamad a un médico!!
-¿Rey? –preguntó Amadeo sorprendido.
-Ya te lo explicare más tarde –dijo Adrian sonriendo.
Mientras llegaba gente a ver lo que ocurría, Trevor, un arquero de avanzada edad pero con un aspecto físico inmejorable, ayudó a Amadeo a llevar a Adrian hacia el campamento.
-¿Se puede saber qué os ha pasado, majestad? –preguntó Trevor nada más ver su lamentable estado. –¿Y quién eres tú? –preguntó a Amadeo.
-Este joven, de nombre Amadeo, me recogió del campo de batalla, me curó las heridas y me ha traído hasta aquí. Si no fuera por él ya no estaría en este mundo.
Al rato llegaron más soldados que se llevaron a Adrian en volandas.
-Trevor, llévale a una habitación, espera mis órdenes y ante todo, no le contravengas –ordenó el rey antes de desaparecer dentro de una cabaña. –¡En nada! –apuntilló desde dentro.
-Disculpa que te haya hecho esperar –dijo Adrian un par de horas después recostado en la cama de su habitación. Éste se encontraba en una cama muy cómoda para el lugar en el que estaba. Sentados alrededor suyo estaban una mujer, un niño, Trevor y un médico. –Te presento a mi esposa Remiria y a mi hijo Richard.
Amadeo hizo un ademán de saludo pero tanto mujer como hijo le miraron mal y giraron la cabeza altivamente.
-Discúlpales –dijo Adrian viendo la expresión de Amadeo. –Ya les he contado lo de Goppler y…
-¡Que se marche! –gritó Remiria levantándose roja de ira. –¡Tú no eres más que un espía de los Nobles!
-¡Remiria! –exclamó Adrian algo enfadado por la interrupción.
La aludida no pudo hacer otra cosa más que sentarse y tragarse sus quejas.
-Ya te dije que por aquí no se iba a tolerar tu presencia –continuó Adrian. –Si ni tan siquiera soy capaz de convencer a mi propia esposa de tus buenas intenciones, ¿cómo crees que podré convencer a todo el Rat?
-Majestad –dijo Trevor, –entiendo que os sintáis en deuda con este Noble por salvaros la vida y que por ello le hayáis dejado pasar perdonándole la vida… yo habría hecho lo mismo, pero aún así no hay razón alguna para que le dejemos quedarse aquí. Podría ser un espía.
-Trevor… tú que llevas luchando en esta guerra desde hace más de tres décadas… ¿Cómo reaccionan todos los Nobles al ser marcados?
-¿Queréis que lo marque? –preguntó el aludido con sorna. –Siempre me chifla ver como se ponen a llorar esos cobardes cada vez que los marcamos ¡Dioses! ¡Si hasta se mean encima cuando se lo hacemos!
-Amadeo… –dijo Adrian mirando a Amadeo.
Éste entendió el gesto por lo que se descubrió el brazo.
-¿¡Pero qué demonios…!? –exclamaron Remiria y Trevor al mismo tiempo.
-Sí, es una marca de mis propios colmillos –dijo Adrian. –Y te puedo asegurar que es la primera vez que veo a un Noble como él: No se negó en absoluto a que lo marcara, compartió su comida conmigo, me cuidó como el Gran Ser, no me trató con desprecio sino como si no me conociera de nada… ¡si incluso le dije mi nombre y como si nada! ¡Este Noble de aquí ni siquiera sabía que estábamos en guerra!
-¡Es una treta! –volvió a interrumpir Remiria. –¡Sabes perfectamente cómo son los Nobles! ¡Cuando le des la espalda te matará!
-Si hubiera querido matarme, le habría bastado con dejarme en el campo de batalla… no… en serio, él no sabía nada de nada –Adrian hizo una pausa pensando algo –bueno… sí que sabe algo: Sabe de dónde surgieron los Nobles.
-Esto… –dijo Amadeo inseguro. –No quisiera contradecirle pero… yo sólo sé de dónde vengo yo.
-Con lo que me contaste me basta para hacer alguna conjetura.
-Majestad –dijo Trevor algo confuso por las declaraciones de su rey. -¿Estáis seguro de lo que implica lo que queréis hacer? No habrá utukku que acepte a un Noble en nuestras filas.
-Pero tampoco habrá Noble que acepte a un marcado en las suyas así que seguimos en las mismas. Ahora Amadeo no pertenece a ninguna parte por lo que podremos integrarlo en nuestro pueblo sin problema alguno.
-Pero…
-“Yo seré tu amigo si tú deseas ser mi amigo” dijo el Gran Ser. Eso se aplica a utukkus, elatos y dríadas. Él me ha respetado y me ha salvado la vida, no ha dado señal alguna de hostilidad hacia mí y me ha tratado como a un semejante. No puedo negarme a su petición aunque sea temporalmente si hizo tal cosa.
-¿Y qué hará aquí? Sigo diciendo que no es más que un espía.
-¿Tan lejos de Tricápita? ¡Vamos, Trevor! Jamás has visto a un Noble a más de cien leguas de Tricápita y ahora sé por qué.
-¿Por qué, majestad?
-Ahí está tu tarea: Tendrás que escoltar a Amadeo hasta el lugar por el que llegó a este lugar. Entonces entenderás el por qué del miedo de los Nobles a alejarse de Tricápita y, ya de paso, lo tendrás bien vigilado. Así todos contentos.
-Esto… –dijo Amadeo dudando. –No es que no sepa dónde esta ese lugar, podría reconocerlo con sólo verlo, es que casi no recuerdo el camino.
-No hay problema –dijo Adrian. –Trevor es el mejor explorador de toda la región de Arseal. Se conoce todo este enorme bosque como la palma de su mano.
-…y también está el asunto de Zoé.
-Tienes razón…
-¿Qué es Zoé? –preguntó Remiria.
-Otra Noble que también me ayudó en todo esto. Fue la que me cosió las heridas.
-Un trabajo bastante chapucero –comentó el médico mirando las heridas de su rey, –pero no está nada mal para pasar el mal trago. Aún no sé como no os habéis muerto por una infección.
-Te lo explicará ella cuando llegue.
-¿¡Vas a permitir que otra Noble entre en Chalyben!? –exclamó Remiria por enésima vez. –¿Es que te has vuelto loco?
-Mirémoslo de otro modo si tan poco te fías de ella: Yo le debo mi vida así que le dejaré que se hospede aquí pero si resultara ser una espía como dices o si Amadeo me traicionara, rodará su cabeza.
Amadeo notó un salto en su corazón. ¿Cómo podía estar hablando tan fríamente de la pena de muerte?
-Pero no creo que necesite hacerlo porque tengo plena confianza en que tanto él como ella se comportarán como deben.
-…haz lo que te venga en gana –masculló Remiria –pero ya sabes lo que pasará cuando el resto del Rat la descubra.
-Sencillamente, démosle tiempo al tiempo. De momento, dejemos descansar a estos dos dentro del Rat. Amadeo, Trevor, id a buscar a Zoé, yo me encargaré de informar al Rat.
Nada de poderes raros para mis vampiros. Todos serán bastante normalitos y bastante más humanos que otras versiones con superpoderes…
Che, me esta gustando la historia, no la lei del toda. Pero ya la voy a hacer….
Por cierto, muy interesanta para algo “mas que matar el tiempo”