Please, help me, or kill me
But don’t bury my soul
I’m dreaming, I’m screaming
Full of grief
I’ll be condemned without mercy,
Without a song
But I’ve a nice hope.
(“In the heart of the stone” Dark Moor)
Mientras el furioso río arrasaba lo poco que quedaba de Oasis, dos daimonions, un cuervo y una urraca, lo sobrevolaban en dirección a la colonia.
-¿Me podrías explicar de que va todo esto? –preguntó la urraca un rato después de dejar Oasis atrás. –¿Qué es eso del “Otro Hombre”?
-Sería muy complicado de explicar ahora… Si logramos encontrarlo quizá podamos entender todo este asunto, tanto tú como yo.
-Pensaba que ya lo habíais olvidado…
-Ni ella ni yo nos hemos olvidado jamás de eso y seguimos estando tan confusos como al principio. No sabemos qué es lo que hará ni como lo hará pero la cuestión es que María ha encontrado a alguien que podría ser ese “Otro Hombre”.
La urraca calló, sabiéndose incapaz de sacarle nada más al cuervo.
-¡Demonios! –exclamó la urraca al ver el estado de la colonia desde las alturas. –Había oído que había gente pero…
-Cierra el pico –susurró el cuervo. –Lo que menos puede ayudarnos ahora es que nos ametrallen vivos por llamar demasiado la atención.
Ambos daimonions empezaron el descenso para ir en búsqueda de información.
-¿Tenemos que ir a por ese imbécil otra vez? –preguntó la urraca desagradada mientras oteaba el lugar.
-Será un imbécil sacacuartos, pero no deja de ser un hombre de palabra… Su tienda ha sido requisada… ¿dónde demonios estará?
-Mira allá –dijo la urraca señalando las afueras del pueblo.
El cuervo se giró y vio una carpa algo separada de las tiendas de campaña militares. Fuera de esa carpa estaba John Srubak acariciando tranquilamente a Amgip con todo el aspecto de tener una depresión de caballo. Los daimonions se dirigieron de inmediato hacia la tienda y al poco aterrizaron enfrente del comerciante.
-Dichosos los ojos… –dijo Amgip, tan desanimada como su persona. –¿Qué les trae por aquí, señores?
-Buenas –saludó campechanamente el cuervo. –Necesitamos…
-¿Y quién no necesita algo? –se quejó John. –¿Qué queréis? Decídmelo, quitádmelo y marchaos. Hoy no estoy para bromas.
-Disculpadle –se apresuró a implorar Amgip. –La Guardia Suiza le ha quitado todo lo que le costó más de quince años conseguir en menos de un día y… En fin, que si necesitáis algo, preguntadme a mí.
-Necesitamos saber un par de cosas sobre unas cuantas personas que habían llegado hacía poco a Oasis.
Amgip hizo un poco de memoria y al segundo respondió:
-Sí, algo sabemos. ¿Cómo olvidarnos de aquel pedazo de mastodonte con plumas?
-Necesitamos saber a dónde ha ido a parar ese grupo.
-No sabemos mucho. Sólo recuerdo que una vez los dejamos en Lockville, todos ellos se marcharon al poco en busca de yo que sé.
-¿Nada más?
-Yo oí algo de que iban a volver a reunirse allí en unos días –dijo John algo más cooperativo. –Ya ha pasado más de semana y pico así que no sé donde estarán. Si queréis saber algo más, deberíais ir a Lockville y preguntar allí mismo. Seguro que queda alguno de Oasis por allí. Y ahora que lo sabéis, largo –dijo con tono borde. –No me gusta que me vean en esta situación…
-Gracias por su ayuda –dijeron el cuervo y la urraca al mismo tiempo, desplegando las alas y haciendo una reverencia. –Si podemos, le ayu…
-¡Largo! –gritó John interrumpiéndoles, ya bastante irritado.
Ambos daimonions levantaron el vuelo y se marcharon rápidamente hacia el este.
-¿Siempre tiene que ser así? –preguntó la urraca.
-Déjalo. No tiene otra manera de sobrellevar sus penas que comportándose como un viejo cascarrabias. De todas maneras, siempre nos ha ayudado a María y a mí en mayor o menor medida.
La urraca no siguió hablando y ambos continuaron su viaje.
Un par de horas más tarde, los pájaros llegaron a Lockville. Como el lugar estaba situado en lo alto de una colina, había podido librarse de la riada que estaba arrasando la falda de la misma aunque, sin embargo, había aislado totalmente el pueblo.
Una vez sobre el pueblo, se dirigieron a una de las casas del lugar, una casa que ya habían visitado más de una vez. Allí, después de comprobar que había gente en la casa, picotearon el cristal de una de las ventanas para llamar la atención. A los pocos segundos, la señora Rospetin abrió la ventana y les dejó pasar.
-¡Saludos, Dor y Jacob! –preguntó la señora Rospetin tan efusivamente como siempre. –¿Hace cuanto que no nos vemos?
-Buenas tardes, señora –saludó Jacob inclinándose. –Diría que ya han pasado más de siete meses desde la última vez ¿Qué tal le va?
-No demasiado mal –dijo ella sentándose y acariciando a Shuu. –He encontrado otro trabajo de matrona. Ya ves, primero mi hijo, luego Thomas y… en fin, que te voy a contar que no sepas ya. ¿A qué habéis venido? Tiene que ser importante después de ver el despliegue que han efectuado las brujas.
-Si, alguna importancia tiene… ¿Nos podría decir dónde se encuentran ahora mismo aquellos que llegaron hacía poco a Oasis?
-Te refieres a Jack, Anerues y compañía, ¿no? Sé que volvieron hace ya algún tiempo pero no estuve presente… Creo que Mía les recibió nada más se enteró que habían vuelto. Quizá ella sepa algo ¿Me esperáis un momento y voy a buscarla?
Jacob no se negó y al momento, la señora Rospetin ya estaba fuera.
-Al final todo esto va a llevar para rato… –dijo Dor.
-Nadie dijo que iba a ser un trabajo corto –dijo Jacob. –Aunque es gracioso lo que hay que llegar a hacer para tan sólo saber una palabra.
A los cinco minutos la señora Rospetin volvió con Mía.
-Buenos días, Jacob –saludó Mía nada más ver a los daimonions. –¿Qué es eso que querías preguntarme?
-Necesitaríamos saber a dónde fue el grupo de Jack.
-Ah, sí… Volvieron hace cosa de cuatro días aunque sólo Anerues y Jack. Como Zoé no estaba me desinteresé un poco de lo que les pasaba pero aún así escuché algo de que iban a ir a un lugar llamado Sha-Mo o algo así.
-¿¡Sha-Mo!? –gritaron los pájaros.
-¿Estás completamente segura de que dijeron eso? –preguntó Dor.
-Déjame recordar… Primero se encontraron con Lou, después comentaron no sé que cosas sobre un “abismo” y…
-No hace falta que sigas –dijo Jacob muy sorprendido.
-¿Qué os pasa? Parecéis turbados.
-…no… no pasa nada… ¿No sabríais algo más sobre ellos? Algún detalle extraño, comportamientos raros…
-¿Cosas raras, preguntas tú? –preguntó la señora Rospetin. –Ya es bastante extraño que tengan que buscar un camino de vuelta a casa.
-¿Perdón?
-Señora, que no saben nada –dijo Mía.
-¡Oh! Se me había olvidado –dijo riéndose un poco. –¿Os acordáis del gran agujero del norte? Pues esos cinco decían que habían llegado de un agujero como ése y que ahora están buscando otro para volver a su mundo
-¿Entonces conocen el camino? –preguntó Dor.
-Esto os sonará más extraño: Uno de ellos, Anerues, dice que es capaz de encontrar los agujeros buscándolos en sueños ¡Je! Gente bien rara la de ese mundo.
-Ya veo… –dijo Jacob asimilando todo lo que había oído. –¿Sabríais decirme el último lugar al que se dirigieron?
-De eso no llegué a enterarme pero sé que su guía les llevó a algún lugar al este de este pueblo, quizá Kediklon, dejando a Lou atrás bajo el cuidado de el padre Adam hasta que volvieran. Espero que esto os sirva de ayuda.
-Sí… Muchas gracias por vuestra ayuda –dijo Jacob inclinándose torpemente. –Ahora debemos marchar –dijo con apariencia de llevar prisa. –¡Hasta más ver!
Y echó a volar, siendo seguido por Dor.
Al día siguiente, después de hacer algunas preguntas en Kediklon, Dor y Jacob se encontraban siguiendo la pista del trineo de Norberto.
-¿Pero qué demonios pretenden hacer esos dos? –preguntó Jacob realmente nervioso. –¡Demonios! ¡El Sha-Mo es el último lugar al que desearía volver!
-Tranquilízate un poco –dijo Dor mucho más tranquilo. –Seguramente no tienen ni idea de hacia dónde se dirigen y cuando lleguen, sencillamente no seguirán con su camino. No conozco a persona normal que haya podido aguantar semejante viaje y, aunque sean de otro mundo, dudo mucho que sus daimonions toleren el lugar.
Jacob y Dor estaban sobrevolando el bosque al este de Lockville en busca de Norberto, que, tras dejar a Anerues y a Jack en Kediklon, se había ido a cazar.
-¿Entonces es a ese tal Anerues a quien buscamos? –preguntó Dor.
-Sí y, más o menos empiezo a entender por qué María dijo que él podría ser el Otro Hombre.
-Si fue capaz de usar magia de bruja, muy normal no debe de ser… –Dor calló al ver que ya veía al grupo de Norberto, un trío de trineos. –Ahí está nuestro hombre.
Los daimonions descendieron lo más rápidamente posible y aterrizaron sobre el trineo en cabeza.
-¿Qué demonios…? –preguntó su musher.
-¿Podrían parar un momento, por favor? –preguntó Jacob.
Los tres del grupo obedecieron la petición y pararon inmediatamente.
-Daimonions de bruja… –dijo Norberto quitándose el embozo que lo protegía del frío. –¿Venís por lo de la señora Kirisame? Si se ha muerto no ha sido culpa mía, fue ella la que se marchó sin previo aviso…
-Todo lo contrario –dijo Jacob medio riéndose. –María se encuentra perfectamente y, es más, le agradece mucho su ayuda. Veníamos por algo de información sobre las personas que llevaba con usted entonces. ¿Sabría decirnos a dónde se dirigieron nada más los dejó en Kediklon?
Norberto hizo memoria y al poco respondió:
-Exactamente no sé a dónde se dirigieron. Sólo sé que nada más llegar a Kediklon, Anerues dijo que necesitaban encontrar a Olaf, un viejo medio loco que vive en una cabaña algo separada del pueblo. Si queréis saber algo sobre esos dos, él sabrá más que yo. Lo reconoceréis por su daimonion: Es una carpa.
-¿Nada más?
-Yo no controlo la vida de mis clientes. Ahora, si no os importa, debo seguir mi camino.
-No se lo recomendaría –dijo Dor. –Si sigue por aquí lo más probable es que se encuentre con un par de corrimientos de tierra.
-Si fuera usted, me dirigiría hacia el sur e intentaría cazar allí –dijo Jacob. –Si sigue, no encontrará otra cosa que no sea la muerte. Tenga este consejo como una parte de la recompensa que le concede María Kirisame por su ayuda.
Dicho esto, los pájaros remontaron el vuelo.
-El agujerajo ese ya me está empezando a mosquear –dijo Jacob mirando los estragos del calor que procedía del mismo. –Menos mal que Alisa se huele las catástrofes.
-Sí. Gracias a eso los de Oasis siguen vivos. ¿Faltará mucho para llegar?
-Pues… –Jacob enmudeció al ver que la cabaña que buscaban se había derrumbado bajo una avalancha de barro. Alrededor suya se había algunas personas contemplando el suceso.
Los daimonions descendieron y se pusieron delante de la muchedumbre.
-Disculpe, ¿sabe si el viejo Olaf estaba dentro de la casa? –preguntó Jacob a la persona más cercana.
El hombre se asustó un poco al escuchar a Jacob pero, al ver que era un daimonion de bruja, respondió más tranquilamente:
-No, por suerte para él, no. ¡Por la Autoridad! ¡Para una vez que sale de su casa y se la destruyen!
-¿Dónde se encuentra ahora?
-¿Olaf? Creo que aún estará en el pueblo preparándose para un viaje. Creo que cogerá el próximo barco hacia el sur así que, si queréis verlo, deberéis daros prisa.
Jacob agradeció la información y despegó de vuelta a Kediklon.
-A ti te mosqueará el agujero –dijo Dor –pero a mí ya me está empezando a mosquear que tengamos que dar tantas vueltas para encontrar a ese par.
-Paciencia… –respondió el cuervo.
Jacob y Dor no tardaron en llegar al río. En el embarcadero del pueblo se encontraron con unas cuatro personas cargando un vapor mientras una quinta persona contemplaba la operación con una pecera en las manos.
-Buenos días –saludó Jacob aterrizando delante del hombre de la pecera. –¿Es usted el señor Olaf?
-Vaya, vaya… Esto es lo último que esperaba encontrarme en estos momentos…–dijo el anciano. –Sí, soy Olaf ¿Qué quieren de mí, señores?
-Queríamos preguntarle algo sobre un chico llamado Anerues…
-¿Era a vosotros a quién tenía que esperar? –interrumpió Olaf.
-¿Cómo?
-Antes de marchar, Anerues me dejó esta carta para vosotros –dijo sacando un sobre. –Me dijo que se la diera a quién preguntara por él.
-Ábrala y déjeme ver.
Olaf hizo lo indicado y dejó la carta en el suelo. En ella rezaba así:
“Mi nombre es Anerues y… bueno, no sé cómo empezar a escribir esto… Decir que todo esto lo escribo porque un sueño me indicó que lo hiciera no es muy lógico, pero Dijuana me asegura que es esto lo que tengo que hacer.
Mi sueño me indicó claramente (al menos es eso lo que me dijo Dijuana) que debía indicarle a la “dama” que me seguía (no sé si usted es un hombre pero en mi sueño usted era una mujer, así que no se ofenda) a dónde me dirijo en este momento. Mi destino en este momento es la aldea de Daski, en el borde del desierto de Sha-Mo. No sé si en ese lugar habrá un camino a mi casa pero es el lugar al que mis sueños me han estado indicando constantemente que vaya y después de lo de la partida… No sé lo que me esperará allí pero estoy seguro de que tendrá algo de importancia para mi viaje.
Dicho esto, espero que esta carta le llegue a alguien y que a ese alguien le resulte útil esta información.”
Se despiden Anerues Altro González y Dijuana.
P. D.: ¿Qué es Bolvangar? En mi sueño la “dama” comentó a lo lejos: “Hagas lo que hagas y pase lo que te pase, llega al segundo anillo de ese Infierno llamado Bolvangar y descubre la verdad. Una vez la descubras, haz lo que debas…”
-¿Bolvangar? –se preguntó Jacob al leer el final de la carta. Sabía que ese nombre lo había oído mencionar en alguna parte pero en ese momento no era capaz de recordarlo. Decidió dejar ese tema para más tarde y preguntó: –¿Sabe usted a qué se refiere con esto de la partida? –preguntó a Olaf.
-¿Partida? –preguntó Olaf leyendo la carta atentamente. Segundos más tarde, exclamó: –¡Demonios! ¡Si al final hasta ha tenido ayuda divina!
-¿A qué se refiere? –volvió a preguntar el cuervo.
-En fin, ¿cómo empezar? Hace un par de días esos dos vinieron a mi casa y, después de que intentara echarlos (como suelo hacer), me dijeron cosas que me parecieron interesantes: Anerues me contó cosas sobre mis hijos, cosas de las que me había desinteresado tiempo ha y me advirtió que pronto iban a estar en peligro por yo qué sé que revuelta, así que convenía que volviera con ellos. La verdad es que ya llevaba un tiempo pensando en ir a visitarlos pero me encontraba en una situación económica… poco menos que penosa. Entonces Anerues, me propuso algo: Si él conseguía el dinero que yo necesitaría para volver a Inglaterra, yo le daría mi astrolabio.
-¿Para qué quería un astrolabio?
-No era para él sino para Jack, para orientarse mejor por las bastas llanuras del este. Dijo que, ya que las brújulas apenas funcionaban por culpa del agujero del norte, tenía que recurrir a varios trucos.
-¿Le dijo cómo sabía que tenía un astrolabio?
-No hacía falta. Todo el pueblo sabe que fui un navegante cuando era joven así que no hacía falta cavilar demasiado para saber que tenía uno.
-¿Qué ocurrió después?
-Pues nada, acepté el trato y fuimos a la cantina. Allí nos encontramos con Chester, un tahúr realmente hábil, un auténtico genio de las cartas y un desplumador como pocos. Recuerdo que Dijuana le dijo a su persona “ahora tan sólo haz lo que yo te he dicho, confía en lo que se te ha dicho” y se pusieron a jugar a las cartas con ese saca-cuartos… ¡Por todos los demonios habidos y por haber! ¡Empezaron con sólo tres monedas y acabaron con toda la fortuna de ese estafador! ¡Y encima con sus propias cartas!
-¿Qué?
-De todos es sabido que Chester sólo juega con extranjeros y recién llegados. Al principio se ofrece como una persona muy simpática que tan sólo quiere jugar un poco para pasar el rato. Al principio siempre te deja ganar un poco para que te confíes, para que pienses que tienes un buen día… y después te despluma vivo gracias a su juego sucio y a sus cartas marcadas. Sin embargo, todo cambió con ese buen chaval: No fue Chester quien lo invitó sino que fue él el que lo retó, y lo hizo de una manera… poco menos que mágica.
-¿Qué quiere decir?
-Anerues no llegó jamás a tocar las cartas que le pasaba Chester, no hizo cambio alguno en ellas, no pasó nunca y siempre apostó fuerte… y con razón: Siempre tenía una mano mejor que la de su contrincante, ¡demonios! ¡Si llegó a sacar cinco escaleras reales de corazones seguidas! –Olaf empezó a reír. -¡Y encima Chester sabía que no podía hacer nada! La cara que puso durante toda la partida fue de antología.
-¿No intentó hacer trampas?
-¡Oh, sí! Pero para eso ya estaba Jack, vigilando atentamente a ese maldito tramposo. “¿No repartes demasiado lento?”, “Dale esa carta”, “Las manos quietecitas” decía cada vez que veía que hacía algo raro. ¡Je! ¿Qué edad tendría? ¿Dieciocho años? Hay que ver como imponía para ser tan joven. El final sí que fue espectacular: Después de que Anerues sacara un full de tres ochos y dos ases frente a una doble pareja de picas y tréboles, Chester estalló en ira y apuntó a Anerues con una Derringer1 pero Jack lo paró dándole un golpe con su carabina. Anerues calmó los ánimos de ambos y propuso acabar el juego de una manera más sencilla y civilizada: Tenía tanta confianza en su suerte que propuso acabar el juego a la carta más alta. Primero jugó él sacando un dos de diamantes y después jugó Chester…
-Y ganó Anerues, ¿a qué sí?
-Chester sacó un As de Picas, la carta de la mala suerte… Anerues acabó con ese maldito truhán en menos de una tarde… Después de leer esto ya empiezo a pensar que recibió ayuda de allá arriba.
-¿Hace mucho que se marcharon?
-Bueno… después de que les diera el astrolabio se pasaron un tiempo por aquí comprando material para su viaje… y comprando chocolate (esa Dijuana zampaba chocolate por cuatro). Les perdí un poco la pista pero sé que marcharon en ese mismo día así que os llevarán… unos cinco días de ventaja, día más día menos. A estas alturas ya deben de estar a mitad de camino así que no creo que os cueste demasiado alcanzarlos.
-Muchísimas gracias por su ayuda –dijo Dor echando a volar.
-Que un buen viento guíe su viaje –se despidió Jacob siguiéndolo.
-Hasta más ver… –dijo el anciano.
Después de más de tres días de viaje ininterrumpido, Dor y Jacob ya habían dado con varias pistas sobre el paradero de Anerues y de Jack: Según parecía, Jack había empezado a seguir su camino por separado del de Anerues gracias a su mayor capacidad de movimiento por lo que se había adelantado hacia Daski. Anerues, por su lado, siguió su camino en diversos barcos y en varias caravanas (que por alguna extraña “casualidad” siempre iban a salir el día que llegaba al lugar de donde partían). Viendo esta situación, Jacob decidió seguir a Anerues y Dor decidió seguir a Jack, sabiendo que los dos no iban a tardar en volver a encontrarse.
“¿Quién será ese “Otro Hombre?” pensó Dor. “¿Tanta importancia tiene para María?… Sí, ella escuchó voces en el Sha-Mo, como casi todas pero ninguna bruja se obsesiona tanto con ellas. ¿Qué le habrían dicho?”
Dor ya llevaba más de una semana siguiendo el rastro de Jack y ya le faltaba poco para llegar a las grandes estepas. Ante él se desplegaba una gran llanura, casi desértica y vacía… seca de todo. No se veía rastro de vida alguno en todo lo que podía abarcar de vista… Recordaba perfectamente ese paisaje y lo que menos le apetecía en ese momento era volver a él. Sin embargo, él había dado su palabra de que ayudaría a Jacob a encontrar al Otro Hombre, fuera quien fuese.
“Espero que después de esto no haya demasiado que hacer. No me gusta pasar tanto tiempo lejos de Alisa” pensó recordando a su persona.
Dor dejó a un lado sus cavilaciones y se concentró en su viaje. Sabía cual era el precio a pagar por ser el daimonion de una bruja.
Cuando Jacob, por fin, llegó al cielo de Daski se encontró con un pueblo devastado por el paso de los siglos. Por debajo suyo se encontraban las ruinas de lo que fuera una gran ciudad: Edificios, en una época pasada realmente enormes, ahora eran un montón de piedras desperdigadas aquí y allá, siendo carcomidas lentamente por el viento y la arena de ese frío desierto.
-¡Jacob! –escuchó después de un rato de búsqueda: Era Dor que volaba hacia él a toda velocidad. –¡Ven! ¡Deprisa!
-¿Los has encontrado? –preguntó Jacob esperanzado.
Cuando vio que Dor no respondía y que se daba la vuelta con rapidez para guiarle, Jacob notó que algo no iba bien. Y al poco vio el problema: Un enorme pájaro estaba encogido de dolor y, a lo lejos, lo que parecía ser un ser humano se estaba arrastrando a duras penas por el difícil terreno del Sha-Mo. Dos daimonions. Ninguna persona.
Alrededor de Dai se extendían los restos de una batalla: Agujeros de bala en las maltrechas paredes, casquillos sembrados aquí y allá, un humo sofocante, restos de un fuego que se negaba a apagarse…
-¿¡Qué ha pasado aquí!? –preguntó Jacob totalmente espantado por el espectáculo que estaba contemplando.
-Son los daimonions de Anerues y Jack –dijo Dor tan acongojado como él. –No tengo ni idea de lo que ha pasado: Ésta de aquí no capaz ni de hablar de puro dolor desde que he llegado y la otra… –dijo mirando el desierto –A por la otra no me atrevo a ir…
-Tranquilo, te entiendo perfectamente –dijo Jacob suavemente para evitar que se sintiera mal. –Yo me encargaré de ella, tú intenta calmar a Dai.
-¿¡Es que estás loco!? –gritó Dor espantado. –¡Los daimonions no podemos pisar el abismo sin matar a nuestra persona!
-Si ella ha llegado hasta allí, yo también podré hacerlo –dijo Jacob con más miedo del que aparentaba tener. Si tuviera saliva, en ese momento la tragaría. –Tú quédate aquí y que no se te pase por un momento seguirme, ¿me has entendido?
Dor no respondió, tan sólo se dio la vuelta para evitar ver a su amigo sufrir lo insufrible.
Jacob remontó el vuelo y, tras un corto viaje, aterrizó al lado de uno de los mojones que indicaban el comienzo del desierto.
“Sé que me juré no volver a este lugar” pensó Jacob temblando de miedo “pero tanto María como yo juramos que haríamos lo que nos dijo la voz”
Jacob, sin más preámbulos, dio un salto dentro del Sha-Mo. Y empezó a sentir el “vértigo del abismo”, un sentimiento de miedo tan atroz que hacía que el más mínimo movimiento fuera una auténtica tortura tanto para él como para su persona.
“¡Lo siento, María!” se dijo en medio de su sufrimiento, mientras intentaba avanzar a duras penas. “¡Sólo aguanta!” Apenas había avanzado un par de pasos y ya apenas podía tenerse en pie. “No me importa que ella sea el daimonion del Otro Hombre…” Jacob no cejó en su esfuerzo y dio otro paso “¡No puedo dejarla morir aquí!” Y avanzó un poco más. Y dio otra zancada más… Caminó como si eso fuera lo último que hiciera en su vida con tal de llegar hasta la daimonion que estaba sufriendo allá a lo lejos.
Pasaron los minutos, que a él le parecieron días enteros, y la distancia se fue cerrando. Ya era capaz de ver el cuerpo postrado de Dijuana, probablemente agotada por el esfuerzo de soportar el vértigo del abismo. Eso le alegró pero le dolió al mismo tiempo ¿Cuánto lograría aguantar en el abismo sin matar a María? ¿Y cuánto aguantaría Dijuana sin matar a Anerues?
“Tranquilízate” se dijo a sí mismo. “María es la bruja más fuerte que jamás haya visto en todos los clanes que conozco… Algo como esto no será capaz de matarla…”
Minutos más tarde, Jacob apenas era capaz de respirar bien y estaba empezando a marearse y a tener náuseas pero, con alegría vio que Dijuana estaba a apenas veinte pasos de él así que, en un último esfuerzo, llegó a su altura.
Dijuana aún era capaz de moverse y seguía avanzando arrastrándose muy lentamente, sin fijarse en nada de lo que pasaba a su alrededor, ni siquiera en Jacob.
-Saludos –saludó Jacob con la voz ronca del cansancio.
Dijuana no respondió y siguió con su lento avance por lo que Jacob intentó llamarle su atención colocándose delante de su cara.
-Debes volver atrás –advirtió con voz más débil que antes. –Éste no es lugar para daimonions.
Dijuana, percatándose de la presencia de Jacob, giró la cabeza y lo miró.
-Me… duele –dijo Dijuana llorando en un hilo de voz, con los brazos rodeándole el pecho. –Anerues…
-Debes volver al filo del desierto –volvió a advertir Jacob con algo más de fuerza.
-Debo… llegar… hasta… –Dijuana no pudo continuar hablando y empezó a toser horriblemente para acabar vomitando un poco. –¡Tengo que seguir! –lloró.
-¡Debes volver! –gritó Jacob con más fuerza abriendo las alas, tapándole la vista. –¡Si sigues por aquí matarás a Anerues de puro dolor!
-¡Apártate! –gritó Dijuana entre sollozos. –¡Tengo que rescatar a Anerues! ¡Tú no sabes…!
-Sí que lo sé –interrumpió Jacob con voz serena para tranquilizar a Dijuana. –Y no soy el único que sabe lo que se siente: Todas las hijas de las brujas deben cruzar este desierto para convertirse en brujas de pleno derecho. Mi persona cruzó este desierto hace más de ciento setenta años y, aún pasado ese tiempo, no he conseguido olvidar este dolor. Sin embargo, a los daimonions se nos está vedado este lugar. Hazme caso, vuelve y Anerues vivirá.
Jacob calló manteniendo su postura mientras Dijuana le miraba atentamente, con los ojos llorosos, como analizándole.
-De acuerdo –carraspeó Dijuana. –Vol… volveré…
Jacob bajó las alas totalmente agotado y, soportando un dolor indecible, se encaminó de vuelta al filo del desierto, siguiéndole Dijuana igualmente cansada.
Cuando Dijuana y Jacob volvieron de su corto pero sufrido viaje no pudieron hacer otra cosa más que caer dormidos por el agotamiento. Así, los cuatro daimonions se pasaron cuatro horas en blanco, sin decir nada, sin moverse, casi sin vida…
-¿Quién eres tú? –preguntó Dijuana a Jacob nada más despertar de su incómodo sueño, sin cambiar lo más mínimo su postura.
-Mi nombre es Jacob y soy el daimonion de María Kirisame –dijo Jacob aún con mareos.
-¿Qué es lo que queréis? No creo que el hecho de que vosotros estéis aquí sea fruto de la casualidad –dijo Dijuana con tono furibundo casi olvidando el dolor que en ese mismo momento le ardía en el pecho.
-Yo soy la “dama” que Anerues vio en sus sueños.
-Así que nos seguíais… ¿Para qué? –preguntó ella aún más inquisidoramente.
-Para haceros una simple pregunta: El auténtico nombre de Anerues es Andrés, ¿verdad?
-Sí, así le llamó su madre al nacer. ¿Sólo eso? ¿Habéis hecho todo este camino para preguntarme esa tontería?
-No es tanta tontería –dijo Jacob recuperando las fuerzas y levantándose animado. –Hace ya mucho tiempo ha, María Kirisame ejecutó su iniciación atravesando este desierto de lado a lado, totalmente sola… sin mí… No hace falta que te diga lo que se siente: Eso mismo lo estás sintiendo tú. Una vez se está en medio del viaje, todas las brujas flaquean y María no fue una excepción: Más de nueve veces dudó y más de nueve veces continuó pero en la décima flaqueza, deseó abandonar el viaje. Y justo en ese momento, escuchó una voz, una voz que se cuenta que escuchan todas las brujas cada vez que hacen la iniciación… sólo las brujas. Y digo esto porque yo, en medio de mi dolor, también la escuché y ella decía, mezclada con el sonido del viento, casi como si me la silbaran al oído: “No vuelvas la mirada atrás… Mira al frente y no dudes… pues si vuelves, acaecerá un desastre sobre el mundo… Debes seguir, debes aguantar, debes soportar esta dura prueba… pues el Otro Hombre, aquel ser que desearás que sea él, te espera en el futuro que se encuentra tras esta cruel llanura… Sé una bruja, corre, vuela, lucha, cura, hazte fuerte, enamórate, sé la paladina de tus hermanas… VIVE… pues el Otro Hombre hará que haya un futuro más allá de este inacabable desierto gracias a tus desvelos y sufrimientos… El Otro Hombre es un ser diferente, ni hombre, ni mujer, ni bruja… No es fácil de ver y menos en tu realidad… Sin embargo, lo reconocerás, pues desearás que sea él, lo reconocerás porque le acompañarán un gigante, una bestia, un demonio… No olvides este mensaje en el viento… No lo olvides… Y ahora… Levántate y anda…”. Y gracias a este “mensaje en el viento”, María se levantó y continuó su viaje sin volver a dudar ni una sola vez, hasta volver a mí. Cuando supimos que el otro había oído también la voz, nos juramos mutuamente que haríamos lo posible para encontrar a ese Otro Hombre.
-¿Qué tiene eso que ver con nosotros? –preguntó Dijuana algo confusa por el discurso de Jacob.
-Cuando María volvió al lago hace ya más de dos semanas, después del incidente con aquellos soldados se pasó algún tiempo descansando y curándose, sin comentar nada. Un par de días después, Alisa Grímora, la bruja de Dor, el daimonion que está ahí, volvió de un viaje y le preguntó a María sobre sus heridas.
-Entonces salió a la luz el nombre de “Anerues” –dijo Dor. –Al principio, Alisa escuchó mal el nombre y lo confundió con “Andrés” al saber que Anerues era turdetano.
-Y entonces, María hizo la asociación: Anerues Altro es un juego de palabras: “Anerues” es “Andrés” que en el griego es “Andros”: Hombre; y Altro que viene de la palabra “Alterus”, Otro en latín. “Anerues Altro” es igual a “Otro Hombre”. Y es al Otro Hombre a quién buscamos.
Dijuana miró escépticamente al cuervo mientras se incorporaba. Cuando estuvo de nuevo en pie, musitó:
-…estúpido… –esto lo dijo con las cejas arqueadas de furia. –¡Estúpido! –gritó. –¿¡Me estás diciendo que todo lo que nos pasa no es fruto de la casualidad!? ¡¡MALDITO ESTÚPIDO!! ¿¡Me estás diciendo que estamos obligados por el destino a facilitaros vuestro futuro, incluso si eso es nuestra tortura y perdición!? ¿¡Me estás diciendo que nuestro viaje, las vidas de Jack, Amadeo, Zoé y Lou son consecuencia de nuestros actos!? ¿¡Tienes la desfachatez de decirme que el hecho de que estuvieran a punto de matarnos más de tres veces sea cosa de un “destino” que nos sobrepasa!? ¡¡ME NIEGO!!
Ese último grito lo hizo con tanta potencia que los tabiques de las maltrechas casas temblaron. Ahora Dijuana se parecía a cualquier cosa menos a un ser humano.
-¡Anerues llegó a este mundo sin conocerlo de nada, sin ni siquiera conocerme a mí! ¡Si por mi fuera ni siquiera habría aparecido, ni siquiera me habría mostrado ante él, quedándome en su interior, para evitar que nos separaran y así ahorrarle el sufrimiento! ¿¡Crees que debemos luchar por vosotros sólo porque esa voz os lo dijo!? ¿¡Por qué demonios iba a luchar por alguien que no conoce de nada que nada iba a reportarle en su vida!?
La mirada que tenía ahora Dijuana era aterradora. Jacob apenas podía moverse ante la impresionante presencia de Dijuana, casi como si estuviera delante de la mayor de las bestias jamás conocidas, ante un gigante de altura inconcebible, enfrente del más terrorífico demonio…
-Dai –dijo Dijuana, interrumpiéndose, al pájaro roc, –marchemos a por Anerues y Jack. Nos están esperando.
Dai tardó en reaccionar pero no perdió el tiempo en responder a la petición de Dijuana por lo que bajó la cabeza para dejarla montar.
-Y vosotros… –dijo Dijuana recuperando la compostura –Gracias por ayudarnos y disculpad mi rudeza de hace un instante… –Dijuana volvía a ser la que era normalmente. A pesar de mantener una sonrisa para evitar asustar más a los espantados daimonions de las brujas, sus mejillas estaban siendo recorridas por sendos regueros de lágrimas, lágrimas de dolor por perder a quien más quería. –Espero que volvamos a encontrarnos en otras circunstancias…
Sin más charla, Dijuana se subió al cuello de Dai, casi como si no fuera la primera vez que lo hacía, con una extraña soltura.
-Vámonos, Dai…
Enla época en la que escribí esto, aún me encantaba jugar con el latín y el griego de una manera un tanto estrafalaria… al menos, esta vez, me quedó mínimamente bien y decente… creo…
1 Pistola diminuta de pequeño calibre con capacidad para una sola bala