Cuatro Colinas - El ojo en el cielo
Febrero 24, 2008 por jeshuamorbus
En las pequeñas poblaciones costeras de la colina Dre, siempre había habido unos personajes de gran influencia, no tanto por su carisma sino por su inteligencia. Los llamaban “Ingeniosos”, personas especialmente dotadas para la investigación de toda clase de aspectos de la vida y el mundo; creadores de increíbles inventos y que trabajaban por el bien del pueblo.
Eran personas realmente ingeniosas, como su título indicaba, que se las arreglaban para encontrar solución a toda clase de problema que sufrieran las gentes con su enorme conocimiento científico.
La actual Ingeniosa que habitaba la torre Ingenio del feudo Risea se llamaba Pashu, una joven de mente despierta pero cansados ojos, persona de pensamiento realmente práctico y con una imaginación muy poderosa (pero nulas habilidades sociales). En menos de dos meses desde que ascendiera a tan prestigioso puesto no sólo ayudó grandemente a su señor Masoh en toda clase de asuntos de índole técnica sino que también hizo un descubrimiento brillante: Descubrió cómo funcionaba la mecánica de los vientos inventando el primer barómetro de Cuatro Colinas.
Con semejante descubrimiento, los marinos comenzaron a apreciarla mucho más que cuando descubrieron que el nuevo Ingenioso iba a ser una mujer y la apodaron “La Rosa de los Vientos”.
Pero sus ingenios no acabaron ahí: Para servir de ayuda a los marinos, también comenzó a investigar métodos para avistar fenómenos meteorológicos lejanos que no se podían apreciar claramente con su barómetro ni a simple vista. Así pues, tras cosa así de un mes de trabajo, después de releerse toda clase de obras de referencia, alimentándose casi únicamente de pergaminos que hablaban de tiempos antiguos y del comportamiento de la luz en diferentes ámbitos, construyó el primer telescopio de Cuatro Colinas.
Si bien ella no le dio demasiada importancia porque sólo descubrió una aplicación práctica a esos burdos cristales que los antiguos usaban a modo de lupa, su nombre fue pasando de boca en boca cuando su creación pasó al ámbito público. Cada vez más gente comenzó a usar burdos pero efectivos telescopios para avistar nubes, tormentas y barcos lejanos sin ninguna dificultad y no pasó demasiado tiempo hasta que algún listo creara la variación lógica: El catalejo. En menos de un año, ese “montón de lentes” del que habló Pashu una vez se convirtió en su mayor creación.
Sin embargo, la Ingeniosa Pashu, tras hacer ese descubrimiento, no quiso recibir ningún premio por ello. Es más, se encerró en su torre y apenas era vista salvo cuando salía para pedir algún material, para pedir comida y agua o para visitar a su vecino en la torre Arte, el Artista Merluri… muchos lo sospechaban: Esta vez Pashu estaba preparando algo realmente GRANDE.
Sin embargo, las gentes de Risea se pasaron meses y meses viendo como Pashu se pasaba las noches observando algo desde lo alto de su torre mientras hablaba con Merluri de Dios sabría qué. El almenado de su torre impedía ver claramente qué hacía allí arriba pero todo el mundo podía escuchar su pausada manera de hablar y la fortísima de Merluri, que reía y declamaba al viento.
Y tras un gran periodo de aislamiento, se supo algo: Pashu había hecho un dibujo. Un simple dibujo de un hombre y una mujer desnudos y cogidos de la mano. No se le darían bien las artes pero era un dibujo realmente notable para alguien que se consideraba tan negada… ese dibujo pasó a manos del Artista Merluri y, antes de que nadie acertara a comprender qué diantre hacía, comenzó a trazar grandes zanjas sobre el monte de Risea en las que derramo grandes cantidades de yeso. Pashu le indicaba qué debía hacer en cada momento en el monte del feudo Risea, tras haber hecho cientos de cálculos complejísimos que mucha gente sería incapaz de entender ni en sueños…
Sin embargo, ese dibujito que había plasmado Pashu en un trozo pequeñito de pergamino ahora podía verse a decenas de killas de la costa gracias a su brillante color. Y seguía pareciéndose con una exactitud monstruosa. Pashu dijo que, releyendo a los clásicos, había perfeccionado las técnicas de trigonometría y que gracias a eso había logrado que Merluri terminara su obra más colosal. Sin embargo añadió algo a su frase, algo que dijo con una poco común sonrisa en su recta y siempre seria cara:
“Pero esto es una nadería en comparación con lo que está por llegar”
Y no se equivocó…
Una semana después de la finalización de su obra, Pashu envió emisarios a anunciar el verdadero sentido de todo ese trabajo que había plasmado en el monte de Risea. Su mensaje no podía ser más claro:
“¡Contemplad la luna nueva!”
Y desde esa tierra, por primera vez en mucho tiempo, pudieron ver que los leves brillos que, de vez en cuando, se podían ver sobre la superficie de la luna se habían convertido, en la zona inferior izquierda de la misma, en dos formas brillantes bien definidas. Dos dibujos hechos con la luz de cientos de hogueras. Dos cuerpos. Un hombre y una mujer…
Tal como había avisado en mi anterior “Cajón de sastre”, integré la historia de Pashu y Merluri en este compendio de cuentos que es “Cuatro Colinas”. No será la última de las historias de la Ingeniosa del feudo Risea…
¿A quién no le gustaría pensar que la luna está llena de seres que nos pueden observar tal como nosotros pudiéramos obervarlos a ellos? Oajalá lo que hubiera encontrado Galileo Galilei al enfocar al cielo con su telescopio a la luna no fueran cráteres sino los selenitas de los que se habla en los cuentos o los conejos lunáticos de las leyendas de oriente…