Buscando el Paraíso en un Sueño - Capítulo 9: A mi merced
Marzo 8, 2008 por jeshuamorbus
I was told a million times
Of all the troubles in my way
Tried to grow a little wiser
Little better ev’ry day
But if I crossed a million rivers
And I rode a million miles
Then I’d still be where I started
Bread and butter for a smile
Well I sold a million mirrors
In a shop in Alley Way
But I never saw my face
In any window any day
Well they say your folks are telling you
To be a superstar
But I tell you just be satisfied
To stay right where you are
Keep yourself alive keep yourself alive
It’ll take you all your time and a money
Honey you’ll survive
(“Keep Yourself Alive”, Queen)
-¿Aún te duele? –preguntó Yaksa preocupada mientras colocaba una compresa con hierbas sobre el maltrecho brazo de Zoé.
-Un poco –contestó la aludida aguantando el resquemor intentando no poner mala cara, –pero no hace falta que te preocupes: Puedo aguantarlo.
-¡Que puedas aguantarlo ya no me vale! –exclamó la utukku algo irritada ya. –¡Yo siempre he sido y seré fiel a Remiria pero aún así se está pasando!
-Que no te preocupes… –intentó gritar Zoé, casi sin voz al resquemarle aún más la herida. –Cuando Amadeo vuelva y traiga las pruebas del lugar del que vengo, ella me entenderá. No me importa aguantar un poco más. Además, ya sabes que a sus ojos no soy más que una Noble como las demás…
Yaksa, algo molesta por el comportamiento paciente de Zoé, le dio un suave manotazo sobre la pierna derecha, cosa a la que Zoé reaccionó con dolor, casi empezando a llorar.
-¡No es cuestión de aguantar o no aguantar! –exclamó Yaksa. –¡Tú no estás aquí para convertirte en una mártir! –y acercándose un poco más a ella: –Sabes que puedo hacerle llegar un mensaje al rey. Pídele que te traslade a otro lugar o algo por el estilo. Cualquier excusa le valdrá y eso te servirá para alejarte de este lugar y de mi señora.
-Tengo que esperar a Amadeo… –murmuró Zoé.
-¡Espabila un poco! ¡Él sabrá perfectamente dónde estarás aunque te marches!
-Por favor, déjala un rato tranquila –pidió Ku-Te en voz muy baja. –Intentaré convencerla yo.
Yaksa miró al maltrecho daimonion, ya no tan fuerte y bello como lo vio por primera vez y le miró a los ojos, unos ojos negros como carbones, tremendamente inquietantes de ver pero que a ella le daban la impresión de ser muy sinceros.
Yaksa suspiró derrotada por enésima vez y, dejando la caja con las medicinas y la lámpara, se retiró del cuchitril en el que le había tocado vivir a Zoé.
-Hasta luego pues –se despidió Yaksa. –Vete a dormir pronto hoy y descansa cuanto puedas.
-Gracias, lo haré –dijo Zoé intentando mostrar la mejor de sus sonrisas pero no pudiendo mostrar más que un gesto deformado por culpa del dolor y de sus heridas.
Cuando Yaksa cerró la puerta Zoé ya no pudo controlarse más y rompió a llorar.
Esa noche…
-¿Aún estás despierta? –preguntó Ku-Te al notar como Zoé le abrazaba más fuerte aún.
Zoé no respondió y siguió abrazando a su pobre daimonion.
-¿Por qué no te marchas, tal como te propuso Yaksa? –preguntó Ku-Te. –Aquí no estás recibiendo más que…
-…lo sé… –dijo Zoé en un hilo de voz. -…lo sé…
-¿Pero por qué…?
-Por Yaksa… ¿Tú crees que podré a encontrar con alguien como ella si llegara a otra parte? En cada Rat hay un gobernador y estoy segura de que todos harían lo mismo conmigo pero Yaksa sólo hay una…
-“Más vale lo malo conocido que lo malo por conocer” ¿Eso es lo que quieres decir? ¿Entonces por qué no vas al Rat donde está Adrian?
-Remiria emplearía esa petición para usarla en mi contra y lo sabes.
-Pero si Yaksa haría llegar el mensaje en secreto y…
-Remiria es la reina y gobernadora de Chalyben –dijo Zoé firmemente: –Tiene sus propias redes de información y nada más entregarle el mensaje al mensajero, Remiria se enteraría, diría que pido el traslado para matar a Adrian y tanto mi cabeza, como la de Amadeo, como la de Yaksa rodarán… no… no quiero arriesgarme… no con ellos en juego… –dijo acordándose de cuando llegó al Rat Chalyben.
Haría cosa de una semana antes…
Zoé, después de ser encontrada en el bosque fue conducida al campamento empalizado siendo escoltada por Amadeo y un séquito de seis soldados. Sin embargo, no se sentía nada cómoda: Su escolta le miraba de reojo, como si no se fiara de ella, como si en lugar de guiarla y protegerla fueran a asesinarla ahí mismo. Y la cosa no mejoró al entrar en el campamento: Nada más cruzar la puerta tanto Zoé como Amadeo como sus respectivos daimonions fueron el centro de atención de todas las miradas, miradas llenas de odio, tan cargadas desprecio que ni Ku-Te ni Goppler se atrevieron a levantar la vista del suelo, como avergonzados por existir tan sólo.
A pesar de la tensión que se respiraba, no llegó a ocurrir nada por lo que acabaron por llegar a una de las cuevas que se abrían en la pared rocosa de la montaña. Y entraron en el Rat.
Con una mezcla de miedo, sorpresa y maravilla, Amadeo y Zoé contemplaron la enorme caverna en la que se acababan de introducir, una gigantesca estancia totalmente horadada en la piedra, quien sabe si por obra del hombre o de la naturaleza, desde la que se veían accesos que llevarían más adentro de la montaña aún. Si había algo curioso en el lugar, era que, a pesar de que las paredes estaban recorridas por gran cantidad de regueros de agua, el lugar estaba iluminado casi como si fuera de día por cientos de antorchas que subían la temperatura varios grados.
En medio de un abundante y curioso gentío que llenaba hasta las terrazas más altas de la cueva, Trevor, un grupo de cinco soldados, dos portadores y Adrian esperaban tranquilamente mientras los dos viajeros caminaban hasta él. Cuando llegaron a su lado, Adrian se levantó dificultosamente mientras soportaba el dolor de sus heridas y, pidiendo silencio, se acercó a Amadeo, lo abrazó y después repitió con Zoé. Al terminar, volvió a su silla gestatoria y ordenó seguir el camino a los portadores, ahora siendo él el guía.
Zoé y Amadeo no llegaron a entender el gesto de Adrian pero cuando vieron las caras de sorpresa de las gentes de Chalyben comprendieron que no debía ser algo demasiado común. Algo amedrentados por las miradas que les profería la muchedumbre continuaron su camino por las entrañas de la montaña alejándose de ese ambiente tan claustrofóbico.
-¿A qué vino lo del abrazo? –preguntó Amadeo nada más adentrarse en uno de los pasillos.
-Es un símbolo muy clásico de nuestra cultura y de… –respondió Adrian.
-Ahora somos sus siervos –interrumpió Zoé. –¿Verdad?
-¿Cómo lo sabes?
-En la antigüedad, en el lugar del que venimos se hacía igual: Para hacer efectivo el vasallaje se tenía que plasmar en un símbolo, esto es, un abrazo o un beso. Al menos es eso lo que leí.
-Entonces vuestro mundo no debe ser demasiado diferente del nuestro.
-No se vaya a creer…
-¿A dónde vamos? –preguntó Amadeo.
-A hacerte un regalo que vas a necesitar –respondió Adrian haciéndose el interesante.
Después de subir durante más de un cuarto de hora por ese laberinto de cavernas hasta las estancias superiores del Rat, el grupo llegó a una enorme puerta de madera y hierro, la entrada a una fortaleza dentro de esa montaña. Sobre la puerta se podía ver un dibujo que bien podía ser el escudo de la familia de Adrian el cual representaba un bosque, una montaña, un murciélago y un lobo en cada una de sus cuatro partes.
-Bienvenidos a mi castillo –dijo Adrian al tiempo que las puertas se abrían de par en par, permitiéndoles el paso hacia lo que se parecía más a un cuartel que a un lujoso palacio: Apostados en las cornisas de la estancia había al menos cuarenta arqueros y ballesteros vigilando esa entrada. Cualquier invasor que intentara entrar por ese lugar sería abatido a flechazos antes de poder defenderse de nada. Enfrente del grupo recién llegado estaban esperando lo que parecían los capitanes de la guardia, vestidos con corazas ligeras y armados con sables.
-Bienvenido, mi señor –saludó uno arrodillándose al paso de Adrian. –Celebro con alegría que hayáis vuelto con vida del campo de batalla –y mirando a los dos recién llegados: –He escuchado toda clase de rumores desde que se os vio llegar a Chalyben pero no seré capaz de creerlos hasta que lo haya oído de vuestros labios.
-Pues empezad a creer –dijo Adrian con tono jocoso mientras veía la cara de sorpresa de su capitán, como disfrutando de esa situación. –Zoé, Amadeo, os presento al capitán Kyleas, jefe de la guardia de palacio, de raza elata y uno de los militares más condecorados de todo el Rat.
Los aludidos no supieron hacer otra cosa más que inclinar la cabeza en señal de respeto al no saber como reaccionar ante esta situación.
-Kyleas, necesito que prepares un grupo de exploración –ordenó Adrian.
-Enseguida señor pero, ¿para qué lo deseáis? Tenemos informes de que el ejército enemigo está en situación de retirada estratégica en sus ciudades. No veo razón para…
-Sencillamente hazlo. Si lo que Amadeo y Zoé me han contado es cierto, esta guerra se nos está muy grande y puede que necesitemos de la ayuda de la reina Equa y del príncipe Otaz.
-¿Grande? ¿A qué os referís?
-Te lo explicaré cuando hayas reunido a tus soldados más capaces. Trevor será el guía y jefe del grupo, he dicho –así dicho, Adrian ordenó seguir la marcha por una de las cavernas que se abrían en la pared derecha de la cueva.
A medida que avanzaban, los nuevos contemplaron la belleza de los pasillos de ese enorme castillo que, a pesar de que en semejante lugar deberían reinar la humedad y el frío más absolutos, se mantenía una temperatura perfectamente soportable gracias a un sistema de ventilación muy extraño que se podía ver traslucir tras alguno de la multitud de tapices que decoraban los pasillos.
-Ésta es mi sala de armas –dijo Adrian al llegar a una estancia plagada de armarios y estantes en los que se encontraban expuestos una buena cantidad de espadas, martillos, lanzas, alabardas y demás armamento medieval. –Amadeo, como el viaje que vas a hacer ahora no va a ser un paseíllo te dejaré elegir el arma que prefieras de toda mi colección para que puedas defenderte durante el camino.
-Un… ¿un arma? –preguntó Amadeo algo atemorizado.
-Sabrás manejar una espada, ¿verdad?
-Bueno, yo…
-Amadeo es el actual campeón nacional de Francia en la especialidad de florete –dijo Zoé, como orgullosa de él. –Él sabe cómo manejar una de estás.
-Te equivocas –dijo secamente Amadeo. –Yo sólo sé manejarme en esgrima deportiva, no en esgrima histórica. Lo más que sé de cómo manejar semejantes reliquias se limita al campo de las espadas roperas y ni siquiera sé si las réplicas que manejaba se parecen un mínimo a las que tienen aquí.
-Pero…
-Además hay que recordar que esto es una guerra –dijo Amadeo apesadumbrado. –No va a haber nadie que luche siguiendo unas reglas: Se limitarán a matar y punto.
Zoé agachó la cabeza avergonzada por lo que acababa de decir.
-Pero si fuimos capaces de ir por el bosque durante casi tres días sin encontrarnos con nadie, es bien posible que no pase nada –dijo Amadeo para animar a su compañera, dicho lo cual se dirigió hacia un estante en el que había expuestas varias espadas roperas para ir comprobándolas con el típico detenimiento que solía mostrar Amadeo en todo lo que se refería a la esgrima.
Un buen rato después, tras revisar más de veinte espadas, largas y cortas; de lazo, de conchas y de taza; bellas obras de arte y simples pedazos de metal y después de comprobar como se adaptaban a su mano, se decidió por un modelo de espada ropera de lazo cuyos gavilanes se extendían sobre el puño del arma en forma de doble anillo dándole un toque bello al arma y cumpliendo su función de guardamano a la perfección. La hoja del arma, a ojos de Zoé era lo más cómico que había visto jamás: Era fina y alargada, casi con el aspecto de que se iba a caer en cualquier momento y que se iba a romper al más mínimo golpe. Ese arma se parecía más a un palillo que a un arma mortal.
-¿Por qué has elegido ese modelo? –preguntó Adrian tras ver la elección de Amadeo.
-Por su punto de equilibrio –dijo mientras movía la espada con holgura. –Está situado a poca distancia del pomo por lo que su inercia es bastante pequeña –dijo dando unos cuantos cortes muy rápidos y secos al aire. –Además, hay que tener en cuenta que una espada que corte con el punto de equilibrio más alejado de la mano no me serviría de nada frente a una coraza de placas mínimamente bien hecha, como la que usted llevaba cuando nos conocimos, por lo que mejor sería enfocar el combate al uso de la punta que, en el caso de las roperas, bien pueden atravesar cotas, huesos e incluso corazas tirando con un mínimo de intención causando el mínimo cansancio en la muñeca.
-No resultas ser nada tonto en lo que se respecta a análisis militar –comentó Adrian gratamente sorprendido. –¿Ibas para soldado en tu mundo?
-No –respondió enrojeciéndose de vergüenza, –la verdad es que era un poco aficionado a los videojuegos y… mejor se lo cuento otro día. De todas maneras, esta espada pesa casi el doble que las espadas que estoy acostumbrado a manejar y mide bastante más por lo que me costará adaptarme a este arma.
-Pero Amadeo, ésa es un arma que… –quiso quejarse Goppler.
-…ha sido concebida y diseñada para matar –continuó Amadeo algo nervioso. –Lo sé y no hace falta que me lo recuerdes… pero recuerda que los que están allá afuera no me dejarán marchar así como así, por lo que, si quiero que me acepten aquí y volver a casa algún día, tendré que defenderme, incluso si eso supone matar a otras personas.
Amadeo, tras un rato de estar cabizbajo, pensando en lo que iba a tener que hacer, volvió a levantar la vista aparentemente más animado y pidió una funda para la espada.
-…dijo que estaba dispuesto a matar… –susurró Zoé asustada. –…pero también dijo que podría morir…
-No –dijo Ku-Te con firmeza. –Él no se dejará matar y sabes que hará todo lo posible para volver. Él sabe cómo adaptarse a todo con rapidez… –Ku-Te dudó. Realmente no tenía ni idea de lo que le había pasado a Amadeo desde que había marchado y, teniendo en cuenta la distancia a la que estaba el agujero, ya era preocupante que tardara más de una semana.
Un golpe a toda potencia sobre la puerta de la habitación sacó a ambos de su ensimismamiento.
-¡Arreando, Noble! –se oyó desde fuera a la jefa del servicio.
Zoé se estiró un poco, salió de su nicho, se ajustó las vendas de su brazo y de su hombro y salió para volver al trabajo. Como de costumbre se encontró con Yaksa que la esperaba para guiarla hasta las dependencias de la reina y para defenderla durante el camino del resto de habitantes del Rat.
-¿Te ha mejorado el brazo? –preguntó Yaksa mientras pasaban por un pasillo desierto.
-Casi parece que haya mudado de brazo, lo único que me molesta es el olor que tiene ahora –dijo Zoé intentando reírse un poco de la situación. –Tienes unas manos de oro.
-De veras siento mucho lo que te está haciendo mi señora. En el fondo es una muy buena persona –se disculpó como hacía todos los días. Pasara lo que pasara, allí siempre estaba Yaksa intercediendo por su señora, comentando sus buenas obras y todo lo bueno que había hecho en favor de todos los que se ocultaban en ese Rat.
“No sé yo” se dijo Zoé sintiendo todos los golpes que le había estado arreando toda esa infernal semana. –Da igual. Todo esto lo han provocado los Nobles y yo soy una Noble. Punto. Cuando vuelva Amadeo, Remiria me entenderá.
-…y dale que te pego… Llevas una semana repitiendo una y otra vez que te entenderá pero, ¿qué pasará si no vuelve?
Zoé se paró con el corazón encogido intentando hablar sin poder evitar volver a empezar a llorar.
-…no lo digas ni de broma… –dijo Zoé entre lágrimas. –¡Que Amadeo vuelva es la única esperanza que tengo de que esto acabe algún día! ¿¡Me oyes!? ¡La única!
-¡No grites! –exclamó Yaksa por lo bajo, tapándole la boca. –¡Siento haber dicho eso pero no grites! Ya sabes lo que te hicieron la última vez que lo hiciste.
Yaksa le limpió las lágrimas a su compañera y tras un rato para que se tranquilizara, continuaron con su camino mientras Zoé recordaba como había conocido a su única amiga allí…
Un día después de que llegaran al Rat, Amadeo se marchó con un grupo de reconocimiento en busca del agujero. Apenas se cruzaron un par de palabras de despedida, sabiendo lo incomodo de esa situación y en menos de un minuto, Zoé perdió de vista a Amadeo, vestido con coraza y gualdrapa con el escudo del Rat, tras las puertas de la empalizada.
-En fin –dijo Adrian desde su silla, –ahora me toca a mí. Mis asuntos me han estado reclamando al Rat Aenun desde mucho antes de conocernos. Espero que no te vaya demasiado mal por aquí.
-Gracias por su ayuda –dijo Zoé inclinando la cabeza.
-No, no, gracias a ti por la ayuda que me prestaste en el bosque. Os estaré eternamente agradecido por pararos a ayudarme. Si necesitas alguna cosa, díselo a Kyleas y él me hará llegar el mensaje. Cuídate.
-Gracias, lo mismo digo… –Zoé vio con algo de miedo cómo se alejaba la única persona que conocía por allí.
-¡Tú! –exclamó la jefa del servicio del castillo nada más saliera Adrian. –Su Majestad, la reina Remiria te reclama.
Zoé asintió y siguió a la oronda mujer elata por ese laberinto de cavernas que era el Rat hasta los aposentos reales.
Cuando atravesó las puertas, la jefa se marchó y Zoé se encontró en una sala realmente grande llena de cortinajes y tapices que le daban un aspecto muy oscuro pero a la vez precioso. En el poco tiempo que llevaba allí, Zoé ya se había acostumbrado a la escasa luz que había dentro del Rat, y gracias a ello pudo empezar a ver bien los motivos ocres y oscuros de los tapices, deliciosamente elegantes para la vista. La sala estaba diseñada de tal manera que los tapices cumplían la función tabiques separando las diferentes secciones del lugar mediante pasillos entelados y haciendo que las corrientes de aire del sistema de ventilación circularan mejor.
“Aunque me pregunto yo para qué querrá ella una habitación tan grande” se dijo Zoé al ver que por allí casi no había un alma.
Zoé siguió el pasillo central hasta llegar a la zona donde le esperaba la reina. Ésta era una mujer bastante parecida a Adrian: Joven, pelo blanquecino, notablemente esbelta… pero bastante más baja que él, quizá por ser más joven que su marido. Pero si tenía algo que inquietaba a Zoé era la manera en la que la miraba, una mirada mucho más intensa que la que le proferían los demás habitantes del Rat. Cuando la vio entrar, señaló al resto del servicio que la dejaran a solas con ella.
-Así que tú eres Zoé… –dijo Remiria con altivez desde su silla nada más se hubieran retirado los criados.
Zoé no supo hacer otra cosa más que inclinar la cabeza en señal de respeto, cosa en la que le imitó Ku-Te.
-Puedes mirarme a la cara –dijo Remiria fríamente como ordenándole que lo hiciera.
Zoé alzó la vista, algo nerviosa, como si ya supiera lo que le iba a pasar.
-Adrian me ha hablado mucho y muy bien de ti.
-Eh… no lo sabía…
-¡Silencio! –ordenó la reina. –¡Me importa un bledo lo que digas que hayas hecho! ¡Sigues siendo una Noble sin marcar!
-Eso se puede solucionar –dijo Zoé descubriéndose el brazo izquierdo.
-Nadie te ha dicho que vaya a marcarte. ¿Qué pretendes haciendo que te marque? ¿Qué nos fiemos de ti? ¡Tú eres una Noble! ¡Ni con marca serás como nosotros!
-Es cierto que estoy aquí –dijo Ku-Te acercándose a Remiria, –pero yo no siempre…
Ku-Te no pudo terminar la frase pues Remiria le asestó una potente patada bajo la mandíbula, haciendo que tanto él como Zoé cayeran al suelo.
-¿¡Pero qué…!? –intentó gritar Zoé llevándose la mano al lugar donde Ku-Te había recibido el golpe.
-¡Ni una palabra! –ordenó Remiria levantándose. –¡No olvidéis de ante quién estáis! ¡Y a ti! –gritó señalando a Ku-Te que se estaba intentando levantar tras el golpe. –¡Ni se te vuelva a ocurrir acercarte a mí!
Ku-Te agachó la cabeza y se retiró a toda prisa hacia donde estaba su persona, que le recibió dándole un abrazo tranquilizador. Zoé no sabía que hacer en esa situación: Esa mujer era la persona más poderosa del lugar y a todas luces veía como la odiaba en el más puro sentido de la palabra. No podía quejarse sin la amenaza de recibir más golpes y si se defendía, Dios sabría que podría llegar a hacerle. No pudo hacer otra cosa que quedarse arrodillada mientras abrazaba a Ku-Te, quedándose a su merced.
-¿Qué pretendes hacer aquí? –preguntó Remiria inquisidoramente mientras se acercaba.
Zoé se asustó ante esa pregunta. ¿Que qué pretendía hacer ella allí? Ésa era una buena cuestión. Había llegado al Rat siguiendo a una buena persona a la que había salvado pero no sabía dónde se estaba metiendo pues nada conocía de ese mundo. Sin embargo sí que sabía cual era la razón que la había estado guiando todo ese tiempo.
-Volver a casa –respondió Zoé mirando fijamente a los ojos de Remiria.
A la reina pareció inquietarle la respuesta pero no dijo nada y ocultó toda señal de miedo que pudiera tener.
-Volver a casa… Curiosa respuesta –comentó la utukku. –¿Defines a Chalyben como tu casa?
-No –dijo Zoé firmemente. –Yo soy una viajera que tan sólo desea encontrar el camino de vuelta a casa. Éste es sólo un lugar de paso.
-¿Y dónde está tu casa?
Zoé reflexionó sobre lo que debería responder, tomándose su tiempo, intentando hacer que Remiria no perdiera la paciencia.
-Eso lo dirá el señor Trevor cuando vuelva. Hasta entonces no podré deciros ni probaros nada.
La seguridad que reflejaba Zoé pareció amedrentar a Remiria que empezó a andar un poco por la sala pensando en sus respuestas.
-Levanta –ordenó al cabo de un par de minutos –y ven aquí.
Zoé la obedeció y, dejando a un asustado Ku-Te en el suelo, se acercó a ella.
-Si de veras vas a estar aquí, tendré que marcarte –dijo Remiria extrañamente tranquila. –Descúbrete el brazo.
Zoé así lo hizo y lo alzó para entregárselo. Remiria lo sostuvo suavemente con ambas manos y lo miró con detenimiento, como si no se fiara de lo que veía, pensando que había preparado alguna triquiñuela, pero, tras comprobar que el brazo no tenía nada extraño, abrió la boca y la mordió. Y Zoé por poco no chilló de dolor pues Remiria le clavó todos los dientes en el brazo, tanto los superiores como los inferiores, tanto colmillos como incisivos, causando el máximo dolor posible, agarrándole el brazo para evitar que se pudiera escapar. Zoé resistió en esa posición y Ku-Te soportó como pudo el dolor hasta que Remiria se hubo saciado con su sangre pudiéndose retirar después bastante dolorida, bajando la vista para evitar un castigo mayor.
-Veo que eres inteligente al no quejarte –dijo Remiria mientras se limpiaba los labios. –Sin embargo, la marca que tienes ahora te impedirá viajar libremente por el mundo. Si intentas volver con los tuyos, te ejecutarán y se acabó. Ya no tienes otra elección que quedarte aquí a mi servicio, ¿me has entendido?
-Sí… –dijo Zoé intentando taparse la herida con un pañuelo.
-¡Sí, mi señora! –ordenó la otra dándole una bofetada.
-Sí… mi señora –rezongó Zoé aguantándose las lágrimas mientras bajaba la vista.
-Mucho mejor –rió cruelmente Remiria acercándose al cordel de una campanilla y tirando de él. Al poco rato apareció una mujer de algo más edad que Zoé. –Yaksa, ocúpate de enseñarle el lugar a ésta y dale la habitación de atrás. Yo tengo cosas que hacer.
-Sí, mi señora –dijo la recién llegada con una reverencia. –Sígame, por favor –le indicó a Zoé.
Ésta tardó un poco en reaccionar por los nervios pero acabó por hacerle caso y salió de la habitación lo más rápido que pudo.
-No tengas miedo –dijo Yaksa sonriendo afablemente al ver la cara de terror que tenía Zoé. –No te haré nada.
Zoé no pudo hacer otra cosa más que apartar la vista con miedo e ir mirando el suelo para evitar cruzar la mirada con cualquier otra persona. Sabía que al ser una “Noble” tendría a todo el Rat en su contra y nada podía hacer para evitarlo.
Un par de minutos después, las dos llegaron a la entrada de una habitación en el fondo de lo que era la fortaleza del Rat. Al entrar, Zoé pudo ver que esa “habitación de atrás” apenas era un frío agujero en la roca de la montaña con dos aberturas en la pared que cumplirían las funciones de cama pero que a la vista de una dolorida Zoé se asemejaban a dos nichos preparados para darle sepultura.
-Espera aquí mientras te traigo tus cosas y algo para curarte esa herida –dijo diligentemente Yaksa, marchándose de inmediato. –Tú sigue tapándotela.
Zoé entró dentro de la habitación seguida por Ku-Te y, tras cerrar la puerta, se ocultó lo mejor que pudo en la esquina más oscura de la sala abrazando a Ku-Te mientras se cubría la herida de la que no dejaba de manar sangre.
Tras una corta espera, Yaksa volvió al lugar con la mochila de Zoé, una lámpara de aceite y una caja que parecía un botiquín. Tras cerrar la puerta dejó la mochila en el nicho inferior y se acercó a Zoé.
-Muy bien, déjame ver ese brazo –dijo Yaksa arrodillándose y sacando un rollo de gasa y lo que parecía ser una pomada de la caja.
-¿Qué es eso? –preguntó Zoé asustada al ver la cajita de la pomada.
-¿Esto? No te preocupes, sólo es una pomada a base de cica, una planta que cierra muy bien las heridas hechas por mordisco de utukku. Sólo déjame el brazo y te curaré.
La actitud que le mostraba Yaksa la hizo desconfiar pero, para evitar un posible castigo futuro, le pasó el brazo.
-Por favor, no tiembles –dijo Yaksa mientras le limpiaba la herida. –Si no te limpio la saliva la herida no se te cerrará nunca.
Zoé siguió temblando. Ya no tenía razones para confiar en nadie de ese lugar. Sabía que ahora que Adrian se había marchado, no tenía ningún valedor que hablara en su favor.
-No me pongas esa cara de funeral –dijo Yaksa intentando animarla mientras le intentaba aplicar la maloliente pomada. –Ya te he dicho que no te voy a hacer nada ¿De dónde vienes, ya que estamos?
Zoé notó que evidentemente, esa mujer no pretendía hacerle daño, pero aún no entendía por qué.
-…yo no soy de aquí… –respondió medio avergonzada.
-Eso es evidente –dijo Yaksa mirando a Ku-Te. –¿Todos los doppelgänger son así?
-No lo sé, pues tampoco soy una Noble de pura cepa.
La respuesta pilló un poco descolocada a Yaksa pero no por ello dejó de sonreír tranquilizadoramente.
-¿A qué te refieres?
-Esa pregunta sólo te la podrá responder Amadeo cuando vuelva.
-Amadeo… ¿el otro Noble? ¿Él tampoco es un “Noble de pura cepa”?
-No… ¿para qué quiere saberlo?
-Por nada en especial, tan sólo me es extraño estar con una Noble. Eres la primera que veo en toda mi vida y no eres tan temible como suelen decir… ¡Un momento! ¿Me has tratado se usted?
Zoé, viendo la cara de sorpresa de la utukku y, temiendo otro golpe, se tapó lo mejor que pudo con sus brazos.
-¡La primera vez que me hablan así! –exclamó riéndose. -¡Trátame de tú, que no estoy tan vieja! –pero al ver cómo se ponía Zoé dejó de reír. –Perdona, ¿te he asustado?
Zoé no bajó los brazos esperando el golpe.
-Que no te voy a pegar –dijo Yaksa con tono paciente, bajándole los brazos suavemente para volver al trabajo. –Es la primera vez que nos vemos y yo no te conozco de nada. Lo único que sé es que has salvado a una persona importante para esta comunidad y eso me basta para pensar que puedo confiar en ti. Ahora déjame terminar con esta herida…
-¿Remiria siempre es así? –se atrevió a preguntar Zoé.
-¿La reina? Ella es la mejor soberana de la que se tiene constancia. Es una mujer buena y generosa… pero ya ves que los Nobles no le caen demasiado bien. Si le muestras tus buenas intenciones seguro que te tratará bien pero para ello debes tener paciencia.
“Una paciencia que estoy empezando a perder” pensó Zoé recordando cada una de las torturas a las que fue sometida día tras día estando al servicio Remiria casi como una esclava.
-En fin, aquí te dejo –dijo Yaksa frente la puerta de los aposentos reales, añadiendo por lo bajo: –Hoy Kyleas no estará en la fortaleza, así que te dejará tranquila algún tiempo. No te fuerces demasiado.
Dicho lo cual se marchó para ocuparse de sus obligaciones.
-Ánimo –dijo Ku-Te. –Amadeo no puede tardar demasiado en volver.
“Esperemos” pensó Zoé desesperanzada.
Sin más dilación, cogió aire y dio tres golpes a la puerta siendo la misma Remiria la que le abriera, cosa que empezó a mosquearla.
-¿Qué te pasa? –preguntó Remiria molesta al ver que Zoé no se movía. -¡Entra ya y cierra la puerta!
-Sí, mi señora –Zoé había interiorizado tanto esa frase que ahora casi le salía sin esfuerzo. Sin embargo eso no le salvó de la típica colleja de todas las mañanas.
-¡Vamos! ¡Ve a limpiar el trastero! –ordenó la reina. –Como me vuelva a encontrar una sola cosa fuera de sitio hoy vuelves caliente.
“No sería nada raro” pensó Zoé desmotivada. “Parece ser que éste es mi sino hasta que vuelva Amadeo”.
Y así pasó el día, entre limpiezas diversas, trabajos absurdos y diferentes abusos de Remiria, casi sin comer ni beber nada y sufriendo cada vez más por el dolor de sus heridas. En el único momento en el que pudo empezar a sentirse tranquila fue cuando Remiria tuvo que marcharse para ocuparse de varios juicios en la sala del trono. En el momento en el que por fin salió por la puerta, Zoé pudo sentarse para relajarse un poco.
-Ven –pidió desde el suelo a Ku-Te petición que le concedió gustosamente. Últimamente no podía pasar más de una hora sin acariciar un poco a su daimonion. “Quién lo diría nada más lo conocí” pensó recordando lo que aconteció en Oasis. –¿Te encuentras bien?
-¿Y tú?
Siempre pasaba lo mismo: Siempre se hacían preguntas que no podían responder y al final se quedaban siempre en silencio. Sin embargo, esta vez Zoé no se embobó como siempre en ese momento de relajación, así que, dándole un besito a Ku-Te, volvió al trabajo.
Ku-Te, extrañado por esa ruptura de su rutina, le preguntó con la mirada a Zoé, mirada que su persona sintió, para reaccionar empezando a colocar las cosas lo mejor que pudo, para hacer un buen trabajo y en lo posible ahorrarle sufrimiento a su daimonion. Éste, triste de ver cómo había acabado su persona, se echó y apartó la mirada, cosa que le dolió profundamente a Zoé.
Esa noche (al menos eso le indicaba el medio roto reloj de Zoé) Remiria volvió con el mismo carácter de siempre.
-¡Maldita sea! –gritó casi sin mirar la sala. –¡Te doy tiempo más que suficiente para ordenar veinte salas como ésta y tú ni siquiera has acabado con el trastero!
-Perdone, mi señora –suplicó Zoé arrodillándose aún sabiendo lo que le iba a pasar: Nada más terminar la frase recibió una patada en la cara y fue levantada por los pelos.
-“Perdón, perdón, perdón”… ¡Eso no me basta, Noble consentida! ¡Ahora tendrás que…! –Remiria se interrumpió de repente, según parecía por haber olfateado algo raro. –¿Qué es ese olor? –dijo levantado el brazo marcado de Zoé. –Esto es… ¡pérnico! ¿¡De dónde lo has robado!? –dijo abofeteándola.
Zoé, algo más confusa que de costumbre, no pudo responder que gorgoteos incomprensibles mientras se intentaba cubrir de los golpes. Remiria volvió a tirarle del pelo sometiéndola de nuevo y preguntó con la voz en grito:
-¿¡De dónde lo has sacado!? Sólo unos pocos pueden tener acceso al pérnico y tú no puedes ser uno de esos.
-No lo sé –murmuró Zoé entre lágrimas. –Creí que era cica y…
-¡Ah, ya lo entiendo todo! –dijo soltándole el pelo y agarrándola de la chaqueta. –Tienes un compañero en el Rat, un traidor a Chalyben. ¡Dime quién es!
Zoé, al escuchar eso, pensó algo asustada si Yaksa habría robado algo de eso que Remiria llamaba pérnico.
-No lo sé… –respondió apartando la mirada.
-¡Mírame a los ojos! –gritó dándole un puñetazo en el ojo derecho. –¡Claro que lo sabes! ¡Y yo también! Me negaba a creer esos rumores pero veo que era cierto: Yaksa te ha estado ayudando llegando a robar pérnico para curarte las heridas. Ahora se enterará de lo que es ayudar al enemigo –dijo soltando a Zoé y dirigiéndose a la campanilla.
Zoé, aterrorizada por lo que podría pasar, miró a Ku-Te pidiendo consejo y se encontró con el Cu-Sith levantado, como implorándole que lo hiciera. Y así lo hizo: Zoé cogió unos de los trapos que tenía en el bolsillo y rápidamente hizo una bola con él mientras agarraba a Remiria del hombro.
-¿¡Pero qué ha…!? –intentó gritar Remiria no pudiendo terminar la frase pues Zoé le había metido el trapo en la boca. Remiria trató de zafarse de los brazos de la otra para llegar hasta la campanilla pero ya no pudo: Zoé estaba furiosa y ni un ejército de reinas como ella podrían detenerla. Una vez acabó de meterle el trapo en la boca, aprovechó que Remiria le lanzó un golpe para cogerle del brazo, retorcérselo, hacerle perder el equilibrio y someterla contra el suelo, colocando su rodilla sobre la muñeca contra su espalda. Remiria intentó gritar pero el trapo le impedía emitir sonido alguno por lo que intentó quitárselo con la otra mano, movimiento que volvió a aprovechar Zoé para inmovilizarla. Colocó su otra pierna sobre ella y Remiria se quedó totalmente inmovilizada bajo el peso de Zoé, sin poder hacer otra cosa más que dar pataletas al aire.
Zoé, sabiendo que lo que había hecho no podía más que llevarlo hasta el final, cogió otro trapo y con él aseguró la mordaza que Remiria estaba tratando de escupir a duras penas, hecho lo cual cogió su último trapo y le ató por las muñecas lo mejor que pudo, venciendo la cada vez más debilitada resistencia de la reina.
-Si se mueve, rebánale el cuello –ordenó Zoé en un susurró a Ku-Te. Sabía perfectamente que por más que se lo ordenara, su daimonion no lo haría pero eso no lo sabía Remiria que se quedó totalmente paralizada de terror mientras Zoé cogía alguna de las cuerdas que sostenían las cortinas de la sala para atarla mejor.
Primero le ató por los tobillos para evitar que siguiera haciendo ruido para luego pasar a las rodillas, las muñecas y los brazos. Cuando terminó, la levantó y la tiró sobre su cama.
-Muy bien pues –dijo Zoé sentándose cansada y dolorida tras todo lo que había hecho. –Ahora eres tú la que está a mi merced.
Las siguientes tres horas se las pasó Remiria llorando desde el momento en el que se dio cuenta que le era imposible librarse de sus ligaduras, esperando el momento en el que Zoé la matara. Sin embargo ese momento no llegó: Zoé esperó pacientemente a que dejara de llorar, momento en el que empezó a hablar:
-Se estará preguntando muchas cosas: “¿Por qué se ha atrevido a hacerme esto? ¿Por qué no me mata? ¿Qué pretende?” y cosas así, ¿verdad?
Remiria asintió mientras se movía iracundamente.
-Es bastante absurdo responder a la primera pregunta: Tú misma te lo has buscado. Ni siquiera la gorda de Letty o ese pervertido de Kyleas se pasaban tanto como lo has hecho tú. Sin embargo hubo una cosa que sí que me ha sacado de mis casillas más que ninguna otra: Ibas a castigar a Yaksa cuando su único crimen fue ayudarme ¿Qué pretendías con ello? ¿Castigar la generosidad y la bondad? ¿Castigar a una persona que a pesar de saber lo que me hacías, te seguía siendo fiel?
Remiria inclinó las cejas extrañada, preguntando con la mirada.
-Sí, eso he dicho: Te es fiel hasta el final y precisamente por eso, por el respeto que te tiene, no te he matado. Si me hubiese dicho que tan sólo eras morralla y una basurilla que se hace la importante, haría tiempo que estarías criando malvas. Yo respetaré todo lo que ella respete, incluso si lo que respeta algo tan despreciable como tú. Y ahora viene la pregunta estrella: ¿Qué pretendo? Muy sencillo: Hacerte comprender de una vez por todas que en ningún momento he pretendido ser tu enemiga. Ahora pensarás: “¡Hacerme comprender! ¡Ilusa! ¡Tú sólo eres una asquerosa Noble que patatín y no sé qué patatán que piensa matar, espiar, etc, etc!”, ¿verdad?. Bueno, pues te diré lo que me he estado guardando todo este tiempo por miedo a que me castigaras por mentirosa: Yo no soy Noble de nacimiento, nací elata.
Remiria miró con sorpresa a Zoé, totalmente escéptica.
-Ya veo que no me crees –continuó Zoé. –Sin embargo esa es la verdad: No hace ni un mes que conozco a Ku-Te. Antes de eso ni siquiera sabía que existía. Veo que ahora estás más confusa: “¿A qué te refieres con que no sabías que existía? ¿Es que siempre ha estado ahí? ¿Siempre lo has ignorado?”. Es eso lo que me preguntas, ¿no?
Remiria asintió sorprendida por la comprensión que mostraba Zoé.
-Pues aquí está lo más gracioso –dijo inclinándose sobre Remiria: –Todo ser humano nace con un doppelgänger. Todo ser humano, sea Noble, dríada, elato o incluso utukku. Incluso tú tienes un doppelgänger que has estado ignorando desde el mismo momento de tu nacimiento.
Remiria no pudo hacer otra cosa más que apartar la vista de los ojos de Zoé. La posibilidad de parecerse lo más mínimo a un Noble la espantaba sobremanera.
-Mírame a los ojos –ordenó Zoé con voz comedida forzando a su prisionera a girar la cabeza. –Ahora vas a ser tú la que me escuche. ¿Tienes miedo de parecerte a mí? ¿De parecerte a una Noble? Yo no conozco a ninguno de los que vosotros llamáis Nobles pero puedo decir sin temor a equivocarme que tú eres más Noble que el más malvado de los suyos. Y no hay vuelta de hoja.
Remiria se revolvió en la cama en señal de protesta pero cuando vio el gesto amenazador (el falso gesto amenazador) de Ku-Te paró.
-A veces la verdad duele, ¿a que sí? ¿Acaso me estás diciendo que no me has estado golpeando, pateando, abofeteando, arañando, arrastrando, mordiendo, escupiendo, pisando y humillando durante todo este tiempo? ¿Me estás diciendo que por ser tú “la buena” tienes derecho a hacerme sufrir? Ahora mismo recuerdo algo que me dijo Adrian nada más conocernos: “Los Nobles nos matan tan sólo por ser utukku”. Entiendo que los odies por ello pero eso no es óbice para convertirte en uno de ellos pues a mí me humillabas tan sólo por ser Noble. Y bien, ¿eso te hacía sentir mejor? ¿Te hacía sentir una justiciera? ¿Alguien que cumplía con su deber? ¿Te sentías superior? En tu cara veo que no. ¿Qué pretendías entonces? ¿Vengarte sobre mí de lo que han hecho a tu pueblo los Nobles? ¿Hacer que te sirviera de chivo expiatorio de todos tus problemas y dudas, de todo tu odio? No lo sé, ni quiero saberlo ahora por razones evidentes –dijo señalando la mordaza.
La expresión de Remiria había cambiado notablemente: Su rostro ya no estaba tan crispado y mantenía baja la vista, como avergonzada de todo lo que había hecho.
De repente, alguien llamó suavemente a la puerta asustando a los presentes.
Zoé había previsto muchas cosas en el tiempo que había estado con la reina a su merced pero en ningún momento había pensado que pudieran interrumpirla (generalmente cuando la reina estaba dentro con ella nadie osaba molestarla en sus calvarios) así que tuvo que ponerse a cavilar rápidamente. Lo primero que hizo fue correr las cortinas que permitían ver lo que estaba pasando al fondo de la habitación, lugar en el que estaba Remiria, para luego aclararse la garganta con un vaso de agua.
-Mi señora… –dijo Yaksa abriendo levemente la puerta para ser escuchada. –Quisiera no molestaros pero… la Noble…
-¡Maldita sea! ¡Ya lo sé! –gritó Zoé a pleno pulmón, desde detrás de las cortinas, arriesgándose al máximo al intentar imitar la voz de Remiria. –¡Esta bastarda aún tiene cosas que explicarme! ¡Y Yaksa, ya hablaremos del asunto del pérnico!
Yaksa, probablemente asustada al escuchar esas palabras de la que creía que era su reina, cerró la puerta de inmediato sin fijarse en la voz de la que le hablaba.
-No, si al final teníais razón –dijo Zoé, con el corazón en un puño, volviendo al lado de Remiria. –Ya sé que nada de lo que os pida servirá para nada pero hacedme caso, por favor: La menos culpable aquí es Yaksa.
Remiria se arrastró para intentar erguirse, cosa en la que la ayudó Zoé, quedándose sentada al final. Ya no parecía estar tan asustada como al principio.
-¿Ya no pensáis que vaya a mataros? –preguntó Zoé viendo la calmada actitud de la reina.
Remiria negó con la cabeza y después bajó la vista en señal de humildad, tal como había hecho su medio esclava cientos de veces durante esa semana. Después alzó la vista empezando a gurgutar algo, como si quisiera decir algo. Zoé, desconfiada pero sin verdadera intención, miró en uno de los zapatos de Remiria y encontró un puñal (ya se lo había visto varias veces estando ella arrodillada a sus pies) y se lo colocó en el cuello.
-Una sola palabra más alta que la otra y despídase de su cuello –amenazó mientras le quitaba la mordaza. –¿Qué quiere decirme?
-Si sabes lo que va a pasar a partir de ahora, ¿por qué lo haces? –preguntó la otra mientras miraba el puñal.
-Porque, la verdad, ahora que lo pienso, no tengo tantas ganas de volver a casa. Bien pensado, ése es el lugar donde viven mis padres y es con ellos con quienes menos pienso en regresar: Siempre manejándome como una marioneta, obligándome a hacer cosas que yo no tengo ganas de hacer, obligándome a aprender cosas que no quiero aprender, obligándome a conocer personas a las que no deseo conocer, haciendo que odie cosas que siempre me ha gustado hacer… Vamos, van a la zaga de ti. Además, ¿de qué me sirve estar viva si no tengo una razón real para vivir?
-¿Cómo?
-Mira a Ku-Te –dijo señalando a su daimonion. –Probablemente no lo sepáis, pero en el lugar donde me encontré con él me dijeron que él era una especie de reflejo de mí. Durante todo este tiempo en Chalyben, he estado intentando hacer un buen trabajo para evitar que Ku-Te sufriera al sentir mis golpes. Sin embargo hoy me di cuenta de una cosa: Lo que más le dolía no era que usted me golpeara sino ver lo bajo que había caído yo con la única excusa de querer seguir viva, en pocas palabras, se avergonzaba de ser parte de mí por lo que, en mí, querría decir algo bastante más alarmante: Me odiaba a mí misma. Parece que sus torturas me acabaron por afectar de verdad. Ahora me doy cuenta que la vida deja de tener sentido si estás toda la vida sufriendo. Como diría un gran hombre de mi mundo: “Prefiero morir de pie que vivir arrodillado”.
Dicho esto, le volvió a tapar la boca.
-Haced lo que debáis –dijo levantándose mientras se ocultaba el puñal en la cintura. –Pero recordad que esta vez me defenderé y juro por lo más sagrado que no dudaré en matar a todo aquel que pretenda atacarme. Dicho esto, buenas noches –y salió discretamente de la habitación.
De vuelta a la habitación de atrás, Zoé se encontró con Yaksa en el pasillo que le llevaba a ella, esperándola con la caja de las medicinas. Cuando la vio se dirigió rápidamente hacia ella al ver sus nuevas heridas.
-Hola –saludó Zoé disimulando lo mejor que pudo sus nervios. –Siento haber tardado tanto… –después de todo lo que hizo estaba cansada de verdad por lo que eso no tuvo que disimularlo.
-¿Qué tal te encuentras? –dijo mirándole su ojo morado de cerca.
-Bien… dentro de lo que cabe…
Las dos entraron en la habitación y Yaksa se preparó para hacerle las curas a Zoé.
-Siento que Remiria se haya enterado de lo del pérnico… –se disculpó Zoé.
-No pasa nada, ya sabía dónde me estaba metiendo –dijo Yaksa aparentemente tranquila, poniéndole un trapo humedecido con alguna sustancia de olor dulzón sobre el ojo morado. –Pero, por muy Noble que seas, sigues sintiendo dolor y el dolor no le gusta a nadie y menos a mí, que no me gusta ver sufrir a la gente.
-Gracias…
-¿Te pasa algo? –preguntó la utukku al ver la cara de nervios de Zoé.
-Intenté defenderte pero no creo que haya hecho otra cosa que no sea enfadarla más… –respondió como excusa. –Me dijo que te dijera que mañana fueras tú a despertarla a primera hora y que te diría un par de cosas entonces… Ten cuidado, por favor.
Yaksa, algo asustada por la mentira de Zoé, dejó de hablar pero siguió con su trabajo de enfermera como lo hacía siempre. Cuando acabó, recogió sus cosas y se marchó dejándole la lámpara deseándole una buena noche. Zoé vio cómo se marchaba por el pasillo y cuando observó que se había alejado lo suficiente, empezó a montar las defensas de la que iba a ser su fortaleza al día siguiente: Lo primero que hizo fue empezar a rascar la madera de la puerta con el puñal para hacer un pequeño agujero en uno de sus lados que le sirviera para ver al otro lado sin tener que abrirla. Tras más de media hora de rascar incansablemente, consiguió fabricar una abertura lo bastante grande como para ver todo el pasillo sin dejarse ver demasiado. Después de eso fue hacia su mochila y sacó un libro y unos cuantos folletos que se había cogido hacía tiempo, cuando aún estaba de viaje en su mundo.
“Ya no voy a necesitar leer nada” se dijo con desazón pero tranquila, mientras arrancaba las encuadernaciones del libro para atrancar la puerta haciendo cuñas con ellas. Cuando vio que la puerta ya no se movía a pesar de emplear gran parte de su fuerza, decidió marchar al nicho para dormir aunque fueran tan sólo un par de horas.
Mientras activaba la alarma de su reloj para que la despertara seis horas más tarde sonrió a su daimonion.
-En fin, esta será nuestra última noche juntos –le dijo sin temor a lo que podría pasar el día siguiente, mientras lo abrazaba. –Me alegro de haberte conocido, gran amigo.
-¿No tienes miedo? ¿Acaso crees que Remiria te perdonará? –preguntó el daimonion extrañado al ver la tranquilidad de su persona.
-Si la descubren tal como está ahora, ten por seguro que no se pararan a preguntar quién lo hizo para venir a ejecutarme sin juicio ni zarandajas de ésas. Además, “sólo soy una asquerosa Noble y no tengo derecho a respirar de su mismo aire” –dijo riéndose de la situación mientras le latía el corazón con fuerza. –Mañana viviremos más de lo que hemos vivido jamás, así que a dormir, que prefiero irme al Infierno descansada.
-¿Y qué pasará con Amadeo?
-Lo que va a pasar ahora sólo me incumbe a mí. Cuando él venga con las pruebas del mundo que hemos venido no podrán hacerle nada. Esperemos tan sólo que no pierda los nervios y no ataque a la reineja esa. Y ahora, sólo decir que pases una buena noche.
Zoé se inclinó sobre la lámpara y apagó la lámpara para dormir, casi sin mirar, pero… vio un zapato. En los últimos instantes de luz pudo ver un zapato y en el zapato vio un pie, siguiendo el pie vio una pierna y en el último segundo de luz pudo ver el cuerpo entero de un niño, un niño de lo más vulgar, sin nada realmente especial ni que llamara la atención, un niño que ella jamás había visto pero que sabía perfectamente quién era: Su muerte.
Al día siguiente, Zoé se levantó relajada pero emocionada por lo que iba a pasar en ese día. Volvió a encender la lámpara con una cerilla y vio como el niño que había visto el día anterior ya no estaba ahí pero no se extrañó de ello.
“Toda la vida evitando que la viera y no ha perdido la costumbre” se dijo sonriendo mientras trataba de despertar a Ku-Te. –Vamos, grandullón, hay que desayunar.
Zoé sacó los pocos caramelos que le habían sobrevivido desde el principio de su viaje y le dio la mitad a Ku-Te, saboreando ella los suyos con mucha parsimonia, disfrutando de ese dulce sabor, esperando a que llegara lo inevitable.
Y lo inevitable no se hizo esperar: Poco después de terminarse el último caramelo escuchó unos gritos venir del final del pasillo. Era el rumor de muchas voces hablando y gritando todas al mismo tiempo.
Zoé se levantó y se estiró mientras las voces se acercaban más y más y cuando las escuchó en el recodo del pasillo, sacó el puñal y se preparó para todo.
Para todo menos para el grito que escuchó:
-¡Que os quedéis atrás! –escuchó gritar a la mismísima reina Remiria.
-¡Pero señora…! –escuchó replicar a otra voz.
-¿¡No me habéis entendido!? –exclamó amenazadoramente la primera.
Todo el mundo calló, cosa que sorprendió a Zoé la cual se acercó a su pequeño visor y vio como, efectivamente, todos los presentes, excepto Yaksa y Remiria, con visibles marcas de ligaduras tanto en la cara como en los brazos, se retiraban. Tras un largo rato de espera en el que las dos esperaron a que los demás se alejaran lo suficiente como para no ser incordiadas lo más mínimo, se acercaron en silencio hasta la puerta de la habitación de atrás a la cual llamó Remiria dando tres sonoros golpes.
-¿Qué es lo que la reina y gobernadora de Chalyben pretende hacer en semejante agujero, acercándose a esta sucia Noble? –preguntó Zoé con todo su desparpajo pero sin perderle el respeto en ningún momento.
-¿Puedo pasar? –preguntó la aludida.
-Todo depende de lo que respondáis. ¿Qué es lo que queréis de mí?
Remiria pareció dudar un poco pero ya venía con una frase preparada:
-Yo… venía a… disculparme… –dijo con voz dubitativa.
Zoé miró sorprendida a Ku-Te. ¡Eso tenía que ser un sueño!
-Tenías razón al decirme todo eso ayer: No me he comportado como debería todo este tiempo… –Remiria vaciló al escucharse decir lo que dijo para acabar exclamando: –¡He sido una imbécil! ¡Sólo una estúpida y lerda imbécil! ¡No me he dado cuenta de lo que te estaba haciendo ni de lo que pretendías hacerme comprender hasta ayer! ¡Te ruego por lo que más quiero en el mundo que me perdones!
-¿Por qué crees eso? –preguntó Zoé.
-Porque tú tenías razón: Mi labor como reina no es castigar a los justos cuando hacen algo bueno ni usar mi posición para vengarme de los Nobles sino todo lo contrario. Quería pedirte perdón y agradecerte que me hubieras recordado cuál es mi lugar.
Zoé escuchó algo incrédula lo que le dijo Remiria pero, pensando que ya no tenía nada que perder, retiró las cuñas de papel y abrió la puerta dejando el puñal en alto por si acaso. Pero lo volvió a bajar cuando vio la posición en la que estaba la reina y gobernadora de Chalyben, la persona más poderosa en ese lugar, la que decidía quien vivía y quien moría en sus dominios… ¡Estaba arrodillada a sus pies!
Zoé se inclinó sobre ella bajo la atenta mirada de Yaksa, siendo ésta testigo de lo que estaba sucediendo, y le tocó la espalda a Remiria, la cual ni se inmutó ante el gesto.
-Muy bien –dijo Zoé dejando el puñal en el suelo, al alcance de Remiria. –Podéis levantaros sin miedo. Todos nos equivocamos alguna vez –dijo riéndose un poco de la situación.
Regla número uno dl buen escritor de fan fics: Haz lo que te venga en gana. Y si tienes que tirar de personajes de otras historias, hazlo sin el menor pudor.
Me gustó La Materia Oscura. Me encantó Castlevania. Me maravilló el precioso mundo de TouHou.
Por ello, aquí hay un poco de esos tres mundos conjugado de una manera que me sigue encantado leer.