Parásito - Capítulo 10: Integración
Marzo 11, 2008 por jeshuamorbus
¿Y qué más contar? A la mañana siguiente nos encontramos que los fríos de la noche de finales de Enero se habían encargado de matar a todos esos insectos de Rainax y por lo tanto pudimos salir de nuevo al exterior a respirar aire fresco. Federico se marchó enseguida pues le había prometido a sus padres que volvería a primera hora y Amelia y yo pudimos ir al depósito de aliens para hacer los primeros análisis sobre ese extraño Oboeteru que se había vuelto a extender horriblemente por mi piel durante la noche, esta vez sólo por mi pecho y parte del abdomen.
Una vez allá abajo, Amelia abrió una puerta que siempre había permanecido cerrada, la de la sala de tratamientos especiales. Y cuando la vi, por poco no grité de la sorpresa…
-Grande, ¿verdad? –dijo señalándome ese enorme espacio vacío que había apenas a un par de metros del lugar donde trabajaba con los demás aliens, iluminado por débiles luces de emergencia. –Alguna vez pensé hacer una ampliación de mi casa hacia este bunker pero al final decidí que me gusta más la luz del sol –comentó con humor.
Bajamos varias escaleras de mano, unos dos pisos, y llegamos a una zona de la que partían tres pasillos.
-¿En alguna de tus visiones viste este lugar? –preguntó Amelia.
-Visto así… –dije embobada por el lugar. –¿De aquí salieron los rubritrípodos?
-Eso es. Aquí es donde se crían los aliens superiores con los que los Encargados tenéis que lidiar –y, como respuesta a esta frase, al fondo de uno de los muchos pasillos que dejábamos atrás, se escuchó un poderoso rugido. –Los Blossoms sabemos orquestar muy bien las cosas para que no parezcan lo que son realmente… aunque en eso nos pueden llegar a ganar los Drills.
-Vamos, que el mundo está lleno de aliens sacacuartos… –repliqué algo molesta, a lo que Amelia respondió con una sonrisa.
-Jamás hagas nada que no quieras hacer, nunca te dejes manejar como una simple marioneta –ordenó ella. –Tú tienes la mayor capacidad para rebelarte que jamás he visto en ningún otro niño que estuviera a mi cuidado y, más que pedírtelo, te ordeno que la aproveches. No acabes como yo…
Llegamos a nuestro destino: Al fondo de ese oscuro y largo pasillo había una gran puerta de hierro que ella abrió con una llave de entre las casi cien que tendría en su enorme llavero.
-Ponte cómoda hasta que me prepare –me dijo señalándome un par de taburetes al lado de una camilla tapada con una fina hoja de papel que la resguardaba del polvo (aunque mucho polvo no había por allá abajo).
Amelia entró en una sala contigua y encendió las luces. La sala quedó completamente iluminada con una poderosa luz blanca la cual daba una nota fría a esa, ya fría de por sí, sala. Al cabo de un rato volvió con un carretillo con varios instrumentos y cajas precintadas.
-En fin… –suspiró Amelia. –Hazme el favor de quitarte la parte superior de tu ropa: Vamos a tratar de averiguar lo que te pasa.
Obedecí de inmediato y, mientras me quitaba mi chaqueta y mi camiseta, Amelia preparó la camilla para que me echara. Una vez terminé me coloqué allí y relajé los músculos de mi torso para facilitarle el trabajo a la profesora, ahora avezada doctora.
-Puede que esto dure varias horas –me advirtió mientras se ponía unos guantes asépticos. –Si tienes alguna queja, hazla ahora: Cuando trabajo en esta clase de cosas soy bastante inflexible.
-Hace frío… –contesté mostrando mis visibles temblequeos de frío.
Amelia reaccionó de inmediato y le dio una patada a una palanquita que estaba cerca de la camilla y al rato noté como aumentaba la temperatura de la sala.
-Muy bien pues… relájate… –y así comenzó una larga sesión de observaciones minuciosas a lo largo y ancho de todo mi cuerpo (al final tuve que quitarme los pantalones también). Me recogió más muestras de piel, me sacó sangre, me extrajo algunos pelos y varias cosas más… todo desde la más seca y fría eficiencia. Si bien como profesora era una persona cálida, aunque algo marcial, como doctora era un témpano… bueno, eso ayudaba a que no me sintiera presionada al verme desnuda: Era plenamente objetiva y no me tocaba más veces de las que necesitaba. –Si quieres, ya puedes vestirte –me dijo tras un largo periodo de tiempo, unas dos horas según me pareció.
-¿Ya sabes qué es?
-No estoy segura… –dijo sin perder de vista las muestras que tenía encima del carretillo. –Se mire por donde se mire, lo que tienes en la piel parece Oboeteru. ¿Te has fijado en lo seca que está ahora la piel de tu pecho? Eso es una reacción común del hongo cuando se desarrolla: Absorbe la propia humedad del cuerpo del portador para desarrollarse en él. Lo que me extraña es la cantidad que ha usado: Semejante crecimiento debería haberte arrebatado el setenta por ciento del agua de tu cuerpo, esto es, habrías quedado reducida a ser una uva pasa con brazos y piernas y, sin embargo, apenas tienes síntomas de desecación en la piel… Otro detalle es el avance hacia el interior… he encontrado esporas de Oboeteru en tu orina a simple vista. El hecho de que este hongo esté incluso en tu sistema excretor me da miedo: No tengo ni idea de cómo puede evolucionar un Oboeteru tan agresivo por tu cuerpo…
-…entonces… ¿voy a morir?
-No lo sé pero tampoco voy a dejarte –dijo guiñándome un ojo simpática. –Tal vez tenga que hacerte un par de radiografías o alguna resonancia… por suerte, la cantidad de minerales que tiene el Oboeteru en su formación estructural es enorme por lo que con una simple sesión de Rayos X sabremos cuáles son tus partes más afectadas. Pero, de momento, lo mejor sería comprobar estas muestras. Puedes marchar mientras tanto –dijo entrando el carretillo en la sala contigua.
No me dejó añadir nada más y al rato me encontré sola en esa seca sala. Permanecí en el mismo lugar unos minutos, mientras escuchaba los diferentes tintineos y sonidos de los instrumentos de Amelia. No sabía lo que estaba haciendo pero algo me decía que no era conveniente (ni sensato) interrumpirla en su trabajo, así que obedecí a la profesora y me marché.
Trataba de pasar el rato jugando con una pelota cuando vi un coche entrar en el colegio. Incluso desde lejos reconocía ese modelo de lujo: Era el coche del director. Nada más verle acercarse, fui a dejar la pelota en la entrada de la casa y esperé a que aparcara delante.
-Buenos días –dijo con un tono mucho más cálido del que le tenía acostumbrado oír. –¿Está la profesora Amelia por aquí?
-Está trabajando allá abajo –dije educada pero fríamente, mostrando la falsa expresión que me había creado para cuando me encontraba con él. –¿Quiere que le lleve hasta ella? Creo que ya debe haber acabado mis análisis así que hago cosas de paso… –no le dejé contestar y me dirigí al depósito.
“Trata de controlarte” me sugirió Girasol al oído. “La cara que pones pondría de los nervios a cualquiera”.
“¡Que se aguante!” le respondí manifestando una terrible mueca de ira sin que el otro me viera. “Si viene a lo de siempre, espero que al menos se controle al tener un testigo delante…”
Eso es, me había prestado a guiarle tan sólo para evitarle más golpes a Amelia. Por mucha que fuera la repugnancia que le causara, no tenía derecho a golpearla de esa manera.
Bajamos en silencio, yo con expresión fría y él aparentemente tranquilo y llegamos al minuto.
-Tú quédate fuera un momento –me dijo nada más puse la mano en el pomo. –Tengo cosas privadas de las que hablar con ella.
-Aún tengo que saber qué es lo que me pasa: Ella ya me ha avisado de que esta cosa puede matarme –dije mostrando el estigma de mi pecho. –De todas formas, por muy privado que sea puedo acabar enterándome de lo que hayáis “hablado” –entré y le dejé la puerta abierta al hombre que no pareció verse afectado por lo que había dicho.
-Te dije que esto me llevaría tiempo –me avisó Amelia desde su laboratorio. –Espera un poco más.
-Soy yo –avisó él con voz potente y el sonido de la silla de Amelia causó un ruido estridente contra el suelo. La mujer se apresuró en salir de su sala de trabajo y apareció aún vestida con gorro, máscara, bata y guantes..
-…se… señor director… ¿qué hace usted aquí un domingo? –preguntó ella alterada quitándose el gorro y la máscara.
-Venir a informar y a ser informado –dijo secamente mientras se sacaba un sobre de debajo de su ropa. De su interior extrajo varias fotografías que pasó a la profesora. –¿La reconoces?
Amelia fijó la mirada en las fotografías y pareció extrañarse un poco para, al cabo de un rato saltar:
-¡Éste es Guídalo!
Noté como hasta el último pelillo de mi coronilla se erizaba brutalmente al volver a oír ese nombre pero hice lo imposible para manifestar nada de miedo.
-Eso lo sabe cualquiera que mire mínimamente los informes –replicó altivamente el director. –Pero no es él en quien tienes que fijarte sino en la chica que está detrás suya.
“¡No te muevas!” me gritó Girasol al oído nada más moví mi rodilla para ver lo que le mostraba él más de cerca. “¡Si muestras interés ahora le estarás confesando a gritos que conoces a Guídalo!” suspiré para relajarme y, en lugar de acercarme, me alejé en dirección a uno de los taburetes para evitar levantar sospechas.
-Ésta… –Amelia dudaba mucho al ver la imagen y varias veces la fue cambiando de posición para cerciorarse de lo que veía. –¿Ésta es Lua?
Ahora ya no me contuve y me acerqué a toda velocidad nada más oír su nombre. El director no me impidió que me acercara (bueno, tampoco podría haberlo evitado) y le cogí una de las fotos a Amelia: En ella se veía una instantánea tomada en un aeropuerto en cuyo centro podía ver a Guídalo tal como lo recordaba: Pálido, delgaducho, pelo largo y negro y de apariencia joven. Llevaba gafas de sol y un buen abrigo cubierto de nieve.
Y, justo detrás suyo, había cuatro personas más: Un tipo totalmente embozado de pies a cabeza del que apenas se le podían ver los ojos, corpulentísimo él; un par de hombres de no más edad que Guídalo que escoltaban al enmascarado por ambos lados y, agarrado a su brazo, una chica… ¿o una mujer? Me fijé bien en lo que veía: Cabellos negros y muy largos, ojos verdes, altura considerable (pero más baja que el gigantón enmascarado), no muy corpulenta, facciones agresivas pero muy serenas…
-¿Ésta es Lua? –pregunté encarando las cejas extrañadísima. Se mirara por donde se mirara, la edad de esa mujer no se correspondía con la apariencia que debería tener realmente mi amiga y, sin embargo, verle la cara causaba una sensación de deja vu tan inquietante…
-Creo que ya tenemos dos confirmaciones –contestó él dejando el sobre sobre la camilla. –Esta foto ha sido tomada en el aeropuerto de París hace cosa de doce horas. Según nuestros informadores, Lua y ese hombre al que están escoltando habían venido en un vuelo procedente de Brasil. ¿Tienes idea de quién puede ser ése?
-Bueno… –dijo ella rascándose la cabeza. –Están Guídalo, Lua, Tomás y Felipe pero al último no le reconozco… sin embargo, habría que ser muy idiota para no darse cuenta de lo que le pasa para ir así: Ese hombre es un Licán.
-¿Licán? –preguntamos tanto el director como yo al mismo tiempo.
-Viendo estas fotografías puedo deducir que el movimiento de ese hombre no es muy equilibrado: Se tambalea mucho y eso se nota –dijo mostrando las raras inclinaciones del embozado. –Por lo demás, lo han enmascarado así para evitar llamar la atención… No sé… pensaba que Guídalo usaba otros métodos para introducir a aliados internacionales de una manera mucho más discreta.
-Es que tiene prisa por algo: Envió a Lua a Brasil a buscar algo pero no tenemos ni idea de qué se trata y al final vuelve… ¿con un maldito hombre-perro?
-Bastante mejor que con un ejército, ¿no cree? De todas maneras, ¿para qué me pregunta a mí? ¿Los de inteligencia no pueden hacer nada solos? –preguntó jocosa, cosa que hizo que él levantara la mano. Por suerte no llegó a descargar un golpe por culpa de mi presencia.
-Tú eres la experta que tengo más a mano –respondió como excusa, –además de que no sabíamos si ésa de ahí era realmente Lua. De todas maneras, la simbiosis de esa chica me ha llamado la atención: ¿Se puede saber cómo se te pudo escapar que tuviera una Naga dentro?
-Si el anfitrión es discreto, las Nagas no llaman la atención. Hasta los más expertos se confunden.
Me fijé más en la cara de Lua y traté de preguntarme cómo habían descubierto que Lua había hecho simbiosis con Naga a pesar de que conservaba totalmente su forma humana.
-¡Tú eres la más experta! –le gritó él. –¡La tuviste casi cuatro meses delante tuya y no fuiste capaz de descubrir eso! ¡No sé cómo no te mato ahora! –gritó alzando de nuevo la mano e ignorando completamente mi presencia. No me contuve y le disparé una opción que le atrapó el brazo el cual atraje hacia mí.
-Las manos quietas, ¿quiere? –ordené fríamente con el ceño fruncido.
-¡Tú no te metas! –gritó al tiempo que preparaba otro golpe contra mí con el otro brazo.
Yo sencillamente alcé mi brazo libre y paré el golpe… sin inmutarme… paré un golpe con toda su fuerza y yo no me moví ni un centímetro, de hecho, ni siquiera me dolió…
-¿¡Pero de qué demonios estás hecha tú!? –se quejó el director llevándose la mano al puño con el que me había golpeado, el cual le sangraba tal cual si hubiera chocado contra algo duro y afilado.
-Eso estoy investigando ahora –contestó Amelia. –Y, por favor, si tiene algo más que añadir aparte de sus quejas hacia mi trabajo, dígalas y, si no, márchese: Tengo trabajo que hacer –dijo girándose hacia mí.
El director se marchó a toda prisa mientras se tapaba la herida con un pañuelo. Cuando cerró la puerta tras de sí, Amelia pudo hablar conmigo tranquilamente:
-Gracias…
-No hay de qué… pero… –dije mirándome extrañada el brazo: Había sangre en mi manga y una especie de cuchilla la atravesaba desde debajo. Lo que había herido al director era precisamente esa cuchilla…
-Déjame ver… –dijo ella retirándome la manga: Justo debajo de la tela pude ver como una especie de cuchilla rara surgía justo debajo de la piel de mi brazo, ahora enrojecida por culpa de Oboeteru. –¿Te vale que te diga que es un “me lo imaginaba”?
-¿¡Ya sabes lo que es!? –pregunté entusiasmada.
-Sí: Es Oboeteru –mi cara reflejó enorme extrañeza –pero no un Oboeteru cualquiera… dentro de tu cuerpo tienes una mutación de la cepa original: Tienes un Memento Vitae.
-¿Un qué?
-Un emulador genético, para entendernos –Amelia me ofreció un asiento y nos pusimos algo más cómodas. –Hasta el momento te habías limitado a recoger información directamente de objetos o seres vivos. Eso, para cualquier alien o ser humano es una ventaja increíble para rastrear presas pero el Memento Vitae que tienes ya es otra historia: No sólo absorbe la información objetiva de lo que está en contacto suyo sino que además es capaz de grabar y reproducir el código genético de cualquier alien del que haya adquirido una muestra de tejido y permitirle a su anfitrión usar una reproducción casi perfecta de lo que ha recogido. Este hongo ya no cabe calificarlo como “parásito” sino directamente como “simbioide”.
-Otro más al bote… ¿Lo que me estás diciendo es que ahora puedo transformarme en cualquier alien al que haya tocado?
-Más o menos es eso, sí. Tu brazo ahora tiene ese cacho cuerno porque ya habías tocado a un rubritrípodo: Es el Memento el que te lo causa.
Me fijé en el cuerno-cuchilla y vi como ésta se iba retirando de nuevo al interior de mi cuerpo. Cuando estuvo dentro de nuevo, una capa de rojo cubrió mi herida y esta se cerró en menos de tres segundos.
-Es muy difícil distinguir al Memento del Oboeteru pues comparten propiedades comunes –continuó –pero una vez desarrollado no cabe duda alguna. Sin embargo no hay muchos estudios que expliquen cómo funciona realmente… no tiene mente ni conciencia y como tampoco emula la información del anfitrión, ni habla ni se comunica contigo. Es uno de los aliens más impersonales que existen: No esperes que te diga nada.
“Como si necesitáramos saberlo…” comentó Girasol.
-Sus manifestaciones son irregulares, y a veces irracionales… nadie comprende qué criterios utiliza para saber cuándo el anfitrión está en peligro.
-Pues yo puedo retorcer mi pelo a lo Drill a voluntad –dije haciendo el movimiento.
Amelia observó el taladrillo que había formado y, tras meditar profundamente, me acarició la cabeza con simpatía.
-¿Puedes dejar que Girasol tome el control un momento? –me pidió. –Tengo un par de preguntas que hacerle.
Asentí y cerré los ojos. No tardé en sentir como algo dentro de mí se movía y comenzaba a tomar el control de cada una de las partes de mi cuerpo. Por alguna razón, esta posesión no me resultaba ni invasiva ni forzada… tal era la educación de Girasol que todo lo hacía con la misma suavidad y cortesía. Cinco segundos después, mi yo se encontraba relegado, casi aislado, del exterior pero Girasol se las arregló para que no perdiera detalle de lo que íbamos a hablar.
-¿Qué quiere saber? –preguntó Girasol por mi boca.
-Bueno, lo primero, saber cómo te encuentras en este cuerpo. Tengo curiosidad por saber cómo vives ahí dentro.
-Muy cómodo, gracias pero, por favor, no nos distraigamos del tema principal: ¿Qué quiere saber de mí?
-Muy bien, muy bien… Girasol, ¿tú eres capaz de controlar los taladros que te ha proporcionado el Memento Vitae?
-Sí, sin ningún problema –respondió él formando una docena en un instante. –No es que me agraden a la vista pero si a Sandra le son útiles, no me niego a usarlos.
-Aparte de esto, ¿crees que serías capaz de controlar alguna característica más de Memento?
-Lo dudo… El Oboeteru… Memento, sólo se ha manifestado un par de veces y en esos momentos no es que Sandra y yo estuviéramos muy puestos a atender a lo que ocurría a nuestro alrededor… La única vez en la que pude fijarme ligeramente en lo que ocurría fue durante nuestro combate contra los rubritrípodos: La desesperación de Sandra hizo que pudiera saltar la alambrada con un simple impulso y justo después, golpear con una fuerza inhumana a esos dos aliens… ¿estaría imitando a un dobi y a un trípodo?
-Eso pienso yo…
-Bueno, lo que sé es que estaba muy alterada… dudo que sea cosa de estimulación de su cerebro reptiliano pues no se defendía a sí misma sino a Federico… ¿tal vez la mera ira?
-No lo creo… si ése fuese el catalizador haría mucho tiempo que Memento estaría imitando… Sandra es un barril de dinamita, ya lo sabes.
-Pero sabe enfadarse –no supe si entender eso como un cumplido o como un insulto velado. –Se diga lo que se diga de la ira, todo el mundo mantiene un poco de conciencia despierta: Sandra siempre mantiene una parte de su mente perfectamente consciente de sus actos. Mantiene un control perfecto de su cuerpo en situaciones que serían capaces de desquiciar a cualquiera… sienta miedo, terror absoluto, agotamiento o furia, siempre se controla. Estará de acuerdo conmigo de que eso de “estar obnubilado de ira” es una estupidez.
-Pudiera ser…
-Sandra, en comparación con otros muchos niños, no esconde esta parte de sí: Sabe que tiene enfados antológicos que le hacen parecer una bestia y un sentido del orgullo que no le hace perder la compostura (no demasiada) y por ello se controla en todo momento… no sé si me entenderá. Lo que pretendo decir es que siempre que su ira acaba, se arrepiente a pesar de que ha reducido las consecuencias a base de pura voluntad.
-Lo comprendo, no te preocupes. Te explicas muy bien. Lo que he comprendido es que Sandra es una chica llena de tensiones, ¿me equivoco?
-Salvo cuando sabe que puede relajarse… cosa que no ocurre muy a menudo: Hasta cuando tenía sueños agradables, se levantaba horriblemente tensa. La disciplina puede ser útil pero a ella le impide sentirse cómoda de verdad… aunque, si quiere que le diga la verdad, con usted se siente mejor que nunca.
-Ya me imagino por qué…
-¡No! ¡No es sólo por Magnolia! –se apresuró a corregir Girasol. –Es por usted: Sandra se identifica con usted…
-¿Conmigo? –preguntó ella entre halagada y extrañada. –No soy tan loable como para ser digna de admiración…
-Pero ella le respeta, créame. Desde lo más profundo y casi por instinto, no os haría nada que os perjudicara, cosa que acaba de demostrar –dijo él levantando mi brazo cubierto por Memento. –A decir verdad… su respeto es tal que casi cabría decir que…
-¡Punto! –exclamé de repente, volviendo a recuperar el control de mi cuerpo. “Sé un poco más discreto, ¿quieres?” le susurré.
“¿Y acaso no es cierto lo que iba a decir?” preguntó amistosamente él. “Anda, sigue tú. Yo me voy a echar una siestecita”.
-Es agradable ver como hay algún Blossom que es capaz de respetarme –comentó ella sonriendo ampliamente. –En fin… creo que ya va siendo hora de un descanso –dijo tras mirarse el reloj. –Hasta a mí me espanta estar demasiado tiempo aquí dentro…
Descansamos, volvimos, nueva revisión del Memento que se me había vuelto a extender, análisis, investigaciones, observaciones, deducciones… durante el resto del día no paramos, ella de investigar y yo de aprender.
Era cierto: Mi mente era una auténtica esponja de información. Incluso los conceptos más complejos que me decía ella ya era capaz de comprenderlos sin problemas y rara vez tenía que recurrir a Girasol para que me ayudara y así, sin comerlo ni beberlo, ya estaba haciendo algún pequeño trabajito para ayudar a Amelia.
¿Por qué? Pues por lo dicho: Aunque hubiera descubierto que lo que tenía en mi piel era Memento Vitae, su desarrollo era demasiado acelerado y, puesto que no había mucha información sobre este alien, lo mejor era experimentar conmigo (para de paso encontrar algún remedio que no fuera el gel celular para que no se me notara).
Amelia… a pesar de tener mi compañía se comportaba incluso más fríamente que cuando me revisó por primera vez. Parecía llevar la palabra “eficiencia” escrita en la frente pues no hacía nada que no le reportara alguna idea, no hablaba más que lo necesario y casi parecía que tenía medido hasta el ritmo de su respiración… y cuando por fin salimos de esa sala, volvió a ser la Amelia de siempre. No es que diera miedo, no es que fuese tan fría como parecer una máquina… es que parecía otra…
Durante la cena tratamos de llegar a alguna conclusión:
-Ya lo he comprobado con la mayoría de las emanaciones de tu cuerpo pero ninguna causa la más mínima reacción en el Memento… –me comentó. –No es la adrenalina ni las endorfinas que suele ser lo más común entre los aliens… Probé incluso con jugos gástricos pero nada…
-Si no es una sustancia de mi cuerpo, ¿no podría ser alguna de sus consecuencias? –pregunté.
-¿Consecuencias?
-La adrenalina dispara los latidos del corazón y la temperatura del cuerpo mientras que las endorfinas hacen lo contrario. ¿No reaccionará a eso?
-Tendría que comprobarlo más a fondo… de hecho, ese experimento ya lo tenía en mi lista…
-…o quizá simplemente reaccione al azar… Ya que es un simple “cambio” dentro de su especie puede que no sea estable.
-Es una posibilidad aunque, por lo que tengo investigado, no es muy común que un alien tenga reacciones al azar. La locura es un término poco dado entre los aliens… aún así, que reaccionara ante hechos completamente opuestos es algo que no deja de darme vueltas en la cabeza…
-Tal vez sea porque no es tan “impersonal” como dices.
-¿Pretendes decir que ese hongo tiene un “ego”, una conciencia de sí mismo?
-Es posible. No hace falta que un alien hable para saber que comprende lo que hay a su alrededor, ¿verdad?
-Cierto… –dijo ella llevándose la mano a su espalda, lugar de donde salió uno de los pétalos de Magnolia. –Pero es que las células de Memento no tienen una estructura neuronal… aunque…
-¿Aunque?
-Mejor terminemos de comer primero… –dijo para comenzar a cavilar algo.
Cuando acabamos, fuimos a la sala de estar y allí ella sacó una libreta de entre todos los tomos que había por allí. Era enorme, con la anchura de cuatro libretas y todas ellas estaban manuscritas por la mano de Amelia.
-Esto es la memoria que fui apuntando durante los tres primeros años de mi cargo como Responsable de Contramedidas. Entonces tenía que recurrir a experimentaciones con mis propios alumnos para descubrir cosas que los Blossoms no me dejaban aprender… –Amelia buscó una página en concreto y luego me pasó la libreta.
-“Diecisiete de Septiembre de 2002” –leí. –“Fenómeno extraño: Claudia, Felipe y Roberto, mis tres alumnos, han acudido a recibir consejo nada más han ‘sentido’ algo extraño. Según sus declaraciones, tras el ataque de esta tarde, los tres entraron en un estado de furia incontrolada a pesar de que sólo Roberto tenía razones para ello. Claudia y Felipe han declarado que aún sin haber peleado contra los Cube (Claudia ni los vio), sintieron como la ira les dominaba y fueron a la caza de lo primero que encontraron. Sólo más adelante, tras despedazar a los siete Cube que había en el patio, pudieron volver a controlarse. Según la declaración de Roberto, un Cube trató de engullirlo y, una vez dentro de su estómago lo reventó con ira para, justo en el mismo instante, sus compañeros sintieran su dolor y su ira como propio al igual que los Girasoles que estaban encima de sus cabezas. He tratado de preguntar a mi contacto pero me ha respondido que es algo común y que no tiene sentido que pregunte por ello. ¿Será tal vez la empatía familiar una característica común entre los Blossom?” –ahí terminaba la cita. –¿Qué quieres decirme con esto?
-A los largo de toda mi carrera he comprobado que eso de la “empatía familiar” es algo que se da comúnmente entre gran cantidad de aliens, entre ellos, los Blossom. Al principio de cada curso entregamos a los Encargados un Girasol para que hagan simbiosis con ellos mas, hay un detalle que nunca me hicieron conocer: Los tres aliens de cada generación, los tres que me son entregados, son siempre hermanos, los tres siempre nacidos de la misma puesta. Esto sólo pude comprobarlo tras una serie de experimentos genéticos en los que acabé descubriendo una consanguinidad demasiado casual…
-¿Dices que los Blossoms sienten el peligro de sus semejantes por intuición?
-Algo así: Una reacción extrema de una cría de Girasol llamará la atención de sus hermanos que, sin dudar, irán en su ayuda como si el miedo, la ira, el dolor o lo que sea, fuese suyo. Experimenté y experimenté hasta darme cuenta de que los proyectores y receptores de esas “comunicaciones” son unos diminutos componentes y sustancias encerrados dentro de sus células… De ahí que haya pensado que, como su comunicación empática no es cerebral sino simplemente celular, eso se pueda aplicar también a tu Memento: El Memento Vitae no tiene “cerebro” ni “conciencia” pero, al unirse con un portador es capaz de iniciar una comunicación con él. Eso explicaría por qué tu piel se ha puesto tan roja: Aún estás cambiando pues está introduciendo cambios en cada una de las células de tu cuerpo para conocer cuándo estas en peligro y cuándo no.
-Entonces, ¿qué pasó en los demás casos de gente dominada por Memento?
-Tengo constancia de quince casos en territorio Blossom y todos ellos fueron extirpados… –la cara de Amelia se compungió un poco. –Lo cierto es que sólo tres de esos quince aún siguieron vivos después de esas operaciones… aparte de que los que quedaron fueron considerados “fracasos”…
-¿Fracasos?
-Algo que nunca he hecho: Inutilizar el cuerpo o la mente de un alumno hasta tal punto que pierde funciones corporales, el cuerpo o la razón. También es considerado “fracaso” el que se une con otro alien y se pierde total control sobre él.
-Mi caso, supongo…
-He oído toda clase de rumores sobre esos fracasos… y ninguno es para estómagos sensibles. Están desde que pierden todo el cuerpo menos el cerebro hasta los de entrada en un estado esquizofrénico-paranoide que anula la personalidad original de cada sujeto…
-Repito lo que dije: Hay mucho alien sacacuartos por ahí… ¿Qué clase de fracasos fueron esos tres?
-A ver… déjame recordar… uno perdió la mitad izquierda de su cuerpo por lo que su Girasol tuvo que sustituirle el corazón y los pulmones, otro se suicidó y el último lo mantuvo ligeramente estable aunque, como tú, perdió los instintos de Girasol y se volvió horriblemente violento hasta el punto que tuvo que ser ejecutado para evitar que matara a sus padres.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda… ni en el peor de mis sueños pensaba que Memento pudiera causara tales consecuencias sobre la personalidad de las personas.
-No me pongas esa cara –me dijo ella amistosa. –Todo eso pasó por culpa de que se quiso “extirpar” el Memento cuando ya estaba unido definitivamente con sus portadores. Eso es casi como si les hubieran querido arrancar la piel tan sólo porque no les gustaba el color: Nada bueno podía salir de eso. Por lo poco que te he visto, tú no te niegas a tener a Memento en ti así que trataremos de mantenerlo ahí. Espero que mi reputación como doctora sirva para convencer a los Blossoms de que es mejor dejar las cosas como están.
-Pero… ¿cómo disimularé esto? –pregunté enseñándole el estigma que ya se veía en mi barbilla.
-Tal vez eso ya no tenga solución. De todas maneras, ni te duele ni te pica, ¿verdad?
-Pero molesta a la vista…
Como respuesta, ella se descubrió el abdomen y me mostró sus cicatrices.
-Bienvenida al club –y sonrió ampliamente, como si nuestras respectivas marcas no fueran más que una vulgar tontería.
Esa noche, trasnochamos un poco investigando cuantos más datos pudimos acerca de Memento y su forma de actuar pero, cuando vimos que ya era medianoche, nos fuimos a dormir, juntas, como la noche anterior. Amelia había decidido que, para evitar “ataques cariñosos” en el futuro, me dejaría dormir con esa fragancia cerca. Así al menos no sentiría esa necesidad tan poderosa como la del primer día todos los días.
Por suerte, esa cama era mucho más amplia que el incómodo sofá-cama así que no nos molestábamos mucho la una a la otra.
Amelia se echó de costado y dejó a Magnolia apuntando hacia mí y yo me quedé boca arriba para percibir lo mejor posible su aroma.
-Buenas noches –dijo ella antes de apagar la luz. –Y disfruta…
Cerré los ojos y comencé a sentir el aroma que había estado percibiendo levemente durante toda nuestra conversación anterior… y no tardé en hundirme en él…
Como en ocasiones anteriores sólo sentí… sentí toda clase de cosas que me hicieron caer y ascender de un sueño inestable pero fuertemente relajante. Mi conciencia se fue al carajo al igual que la razón, la memoria… hasta mi sentido del yo… No era tan malo “no ser”, ser algo inerte y sin vida. Como no sentía el tiempo pasar, el tiempo se comprimía y expandía al azar, lo eterno se volvía cotidiano y el ahora dejó de existir…
Escuché una voz. La voz de Girasol… ¿estaba hablando? Pensaba que cada vez que tenía este aroma a mi alcance, él se quedaba siempre dormido. No parecía nervioso ni soñoliento. Quizá tan sólo estuviera alucinando, como yo… Si ya lo decía Amelia: Aún estando unidos, el cambio se iba a alargar un tiempo más…
No buscaba eso… no…
Pero su voz, de repente, se cortó y yo volví a mi silencio predilecto mientras sentía un calor intenso ascender por mi cuerpo.
Sabía lo que era. Sabía lo que buscaba.
Éste comenzó en mis manos, como un fuego húmedo que no era capaz de mitigar aún moviendo mis insensibles manos y luego pasó a manifestarse en mi pecho…
¡Lo encontré! ¡Lo encontré!
Sus movimientos se volvieron erráticos y tan pronto como lo sentía en mis brazos, los sentía en mi cara, en mi pecho, en mis piernas, en mi bajo abdomen… me gustaba… me encantaba ese calor.
¡Alumbró y calentó otras tierras! ¡Creció! ¡Floreció!
Y sólo fue pensar esto y noté como todo mi cuerpo empezaba a arder. Lastima que fuera momentáneo: De repente sentí como el frío volvía a dominarme y algo me hizo recuperar la sensibilidad.
…pero toda flor acaba muriendo en la misma primavera…
Me encogí lo más que pude para conservar esa calidez tan agradable y el fuego se concentró en mi pecho.
Mas, toda flor, siempre deja una semilla.
Pero no fue suficiente así que lo introduje dentro de mí: Atravesó la piel de mi pecho y noté como se reavivaba.
Conservaría esa semilla…
Las llamas crecieron y al poco las sentí ascender por mi cuello hasta mi boca… Mi lengua comenzó a arder por lo que abrí la boca para buscar algo que aliviara esa cada vez mayor sensación de calor. Por desgracia sólo encontré más ardor… ¿por desgracia? ¡No! ¡Adoraba esa quemazón!
…y crecería… ¡encontré el lugar! ¡Sería allí!
La dejé entrar en mí hasta que me sentí satisfecha y al rato el fuego se reavivó y reinició su ascenso hasta el interior de mi cabeza… y cuando noté que mi cabeza ardía como si fuera un horno… desfallecí y caí en el mayor sopor en el que jamás hubiera caído…
Se había acabado… lo más gracioso es que ya sabía que todo sólo acababa de comenzar…
Ya empezamos con mis paranoias psicodélicas y psicotrópicas… mas, son paraboias que me gusta escribir.
Espero que a vosotros no os importe leerlas… y tratar de interpretarlas.
Para nada, es entretenido
¿Y has pillado algo de la experiencia psicotrópica de la buena de Sandra? Si adivinas bien puedes predecir lo que ocurrirá en el siguiente capítulo, adelanto…