Tras más de siete horas durmiendo abro los ojos durante un pequeño instante e, inmediatamente, los vuelvo a cerrar mientras me encierro aún más bajo mis cálidas mantas. No me apetece ni necesito levantarme aún.
Mi cuerpo se siete terriblemente pesado y, ya de por sí, me ha costado levantar la manta. Aunque sí que quisiera, en el fondo, levantarme, no lo hago. Sé la de cosas que podría hacer si me alzara mas no lo hago… Sin embargo, hago el esfuerzo y me alzo… me siento inestable, apenas sé mantenerme sentado sobre la cama y todo lo que veo a mi alrededor está borroso y poco claro.
Miro en todas direcciones, inexplicablemente nervioso. Veo mi escritorio, el suelo, el techo, la puerta abierta, el ordenador, ignoro la ventana y me levanto de la cama sin poder mantener mis pies fijos en el suelo.
Noto que todo tiembla como si estuviera a punto de volver a quedarme dormido justo ahí donde estoy, mas me esfuerzo en avanzar hacia la puerta. Murmuro leves quejas que no puedo contener, caminando a una puerta que se me antoja brutalmente lejana. Alzo mis pies y los hago avanzar. Camino. Ando. Llego a dar otro inestable paso más y la distancia entre la puerta y yo no disminuye. ¡Aumenta! ¡Veo alejarse a la puerta de mí! ¡Su umbral me evita haciendo que el espacio se extienda, impidiéndome que salga de la habitación!
Entonces despierto.
Todo ha sido un sueño.