Joan, siempre que su tiempo se lo permitía, se quedaba embelesado observando la isla de Trocene. Como a muchos le resultaba una visión fascinante y cautivadora pero él era la única alma romántica que mantenía ese sueño platónico de alcanzar las alturas y posarse sobre esa tierra voladora.
Le gustaba la sombra que proyectaba a lo largo del día, la cascada que surgía de ella, las brumas que la rodeaban y ese salvaje movimiento de corrientes de aire que, de lejos, parecía un armonioso baile de cientos de serpientes grises.
Nadie había sido capaz de llegar hasta allí arriba. Nadie.
Los vientos que había alrededor de esa isla eran tan fuertes que ni los más avanzados zeppelines podían atravesar la tormenta. Todos cuantos habían intentado tan siquiera acercarse ya por aire, ya por el lago, habían acabado completamente muertos a causa de esa eterna tormenta.
Pero para Joan, esa inaccesibilidad era algo que acrecentaba el valor de esa isla. Por ello, era incapaz de dejar de pensar en verse desde tan privilegiada posición, observando todo el valle de Temon en todo su esplendor.
Y, embobado como estaba en lo que podía ver de la isla, no se fijó en algo que se movía en el interior de la tormenta… tan lejos como estaba la tormenta, apenas se podía apreciar como un punto de leve color blanco. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, la figura fue descendiendo y quedándose más a la vista del embelesado Joan.
Por supuesto, no tardó en darse cuenta de esa presencia extraña. Al principio pensó que sería una hoja de papel que se movía caprichosamente al son del viento. Luego pensó que tal vez fuera un trozo de tela blanca.
Pero cuando vio los cabellos de esa dama que danzaba grácil sobre las brumas, se levantó anonadado.
Era una mujer… eso lo podía asegurar. Su piel, ligeramente oscura casaba muy bien con sus largos cabellos dorados. A pesar de la ligereza de sus ropas, no parecía sufrir lo más mínimo por las bajas temperaturas que había allí a la sombra de la isla de Trocene.
Sus movimientos se coordinaban con los cambios de dirección del aire con una elegancia indescriptible. Era tan natural que Joan pensó estar delante de la misma encarnación del viento…
Danzó durante varios minutos hasta que, cansada, se posó sobre el agua del lago, a pocos metros de su único espectador. Aún cubierta de sudor era incapaz de borrar ese aura de elegancia que la había acompañado desde el mismo momento en el que Joan la había avistado.
Ella avanzó lentamente hacia él, apoyando sus pies sobre el agua, con calma y quietud, sin dejar de sonreír. Parecía agradada por saberse vista y admirada por alguien de la superficie. No tardó en tocar tierra, momento en el cual, Joan pudo, por fin, verle bien los ojos. Ojos alargados cuyos iris no dejaban de cambiar de color. Una mirada preciosa que le robó la voluntad durante los segundos en los que estuvo cruzando esa mirada con ella.
Ella rió, se inclinó ante él y, de nuevo, separó sus pies del suelo remontado el vuelo.
Todo cuanto le dirigió después de eso, fue un leve saludo mientras la danzarina de Trocene se dirigía en dirección a Cetno…
Cuando escribí “El bucle”, una historia de la que proviene parte del argumento de Cuatro Colinas, esta danzarina era mi personaje favorito de los ocho de la caverna. Bonita, elegante, rápida, temperamental… acabará teniendo cierta importanca en la historia (NdD: Ya se verá… aún no se ha escrito).
Espero que os haya gustado.
Offtopic total antes de irme a sobar (que ya es horita): he visto un comentario tuyo en PixFans de cuando Franco era corneta (o antes) y… ¡Me ha encantado encontrar un fan de Touhou que hablase cristiano! ¡Y encima en ese blog!
De momento, sólo eso.
Un saludo.
Encantado de conocer otra rara avis como yo (sólo conozco a otros tres como nosotros dos).
Ya que te gusta el tema gensokyako, te recomiendo que leas el fic de este blog “Buscando el paraíso en un Sueño” en el que, seguro, te encontrarás más de un nombre familiar (algunos de los personajes son diferentes en base a los personajes de Maese Zun pero, en alma, son iguales).
Espero que te guste lo que encuentres.