Parásito - Capítulo 13: Planes
Abril 20, 2008 por jeshuamorbus
“Será ‘el mismo jefe’” pensé “pero vaya pintas…”
Me encontraba en el piso superior de la torre de ese desvencijado y pequeño palacio aunque, por la cantidad de cajas y materiales diversos, se parecía más a un gran almacén. Las escasas habitaciones que pude ver mientras subía estaban atestadas de gente durmiente, de decenas de personas a las cuales no había que mirar demasiado para saber que estaban unidas con un alien… todas, sin excepción. Y en ese momento, frente a mí, me encontré con el mismo Guídalo que había conocido meses atrás… roncando espanzurrado de mala manera sobre varios sacos.
-¡Eh, jefe! –llamó Lua. Al no haber respuesta, le dio un bofetón y el hombre se despertó de sopetón.
-¿¡Qué…!? –Guídalo calló al ver a Lua. –¡Lua, por favor, hay maneras y maneras! –se quejó mientras se restregaba los ojos. –¿Ésta es Sandra?
-Así es. Ya está curada y despierta: Toda suya.
El hombre se desperezó y bajó de encima de esos sacos para mirarme directamente a los ojos. Los suyos, verdes brillantes, me miraban… ¿con sorna? ¿Qué tenía en la cara que le hiciera tanta gracia?
-Así que tú eres la joven amante de la buena de Amelia… –comentó en tono de broma. Mi corazón dio un tumbo brutal lo cual se manifestó en mi cara. –¡Me encantan esta clase de reacciones que tenéis los jóvenes! –exclamó alegremente mientras yo daba un paso atrás asustada. –Tranquila, no te estoy juzgando –comentó al tiempo que volvía a sentarse. –Casos como el tuyo los he visto a puñados… debe ser el signo de los tiempos…
Lua no se quedó de brazos cruzados y me trajo una desvencijada silla que había perdida por ese pasillo. Cuando le miré al sentarme no noté ningún cambio en su expresión… o ya lo sabía desde hacía tiempo o no le importaba en absoluto.
-Supongo que te preguntarás qué estás haciendo aquí… –asentí mientras trataba de moverme lo menos posible sobre esa silla que parecía que perdía clavos a cada pestañeo. –Bueno, lo primero, dejar que te reencontraras con tu amiguita (se pasó las dos semanas desde que volvió pidiéndome una y otra vez que le dejara visitarte…) y, segundo, tratar de adivinar qué es eso que tienes en el pelo. En mi vida vi semejante mezcolanza de poderes de alien en una sola persona…
-…Memento… –carraspeé sin mucha confianza. –Se llama Memento Vitae…
-Curioso… –comentó mientras se acariciaba su leve barba. –Eres la primera que consigue sobrevivir a una infección de Memento… bueno, Amelia es la mejor doctora especializada en aliens del mundo. Supongo que su buen hacer habrá bastado para que se desarrollara bien en ti.
-Nada de buen hacer –replicó Girasol por mí. –Sólo un buen juicio: No hacer absolutamente nada.
-No, si ya… esa mujer busca desesperadamente una manera de rebelarse contra sus amos… ser tan retorcida le ha merecido su título… ¿Ya dominas las características de este alien?
-¿Para qué quieres saberlo? –pregunté algo más resuelta.
-Por nada en especial… si, en principio quiero que te unas a mi selecto grupito pero preferiría conocerte un poco antes.
-Creo que ya sé cómo funciona pero a duras penas lo controlo bien salvo para generar taladros.
-Luego está su personalidad –añadió Lua dándome un golpecillo amistoso en la cabeza. –Es del tipo “estornúdame y te fusilo” y es entonces cuando es capaz de hacer milagros.
-¿Para qué me queréis aquí? –pregunté extrañada.
-Yo no te quiero aquí –replicó Lua. –Ni en sueños quiero que vivas lo que yo… esto es cosa del Guídalo de aquí…
-Que no soy un sargento… –se quejó el hombre. –En fin, al grano: Supongo que te habrás fijado en la cantidad de gente que está viviendo aquí al subir.
-Sí, un señor ejército –dije recordando hasta el último detalle de la conversación entre Amelia y el director.
-…tanto como eso… Todos son humanos que se han unido con aliens pero que comparten una característica común: Todos son fallos. Ya sabrás por dónde van los tiros, ¿verdad?
-¿Esto es un refugio de fallos?
-No, es “el” refugio de fallos. Aquí lo único que te encontrarás es la mayor colección de personas a medio unir con aliens que encuentres en el mundo, ya sean Blossoms unidos con hongos raros –dijo señalándome, –Blossoms unidos con serpientes –dijo señalando a Lua, –o tipejos muy raros como yo… Todos nosotros venimos huyendo de las organizaciones superiores todas partes del mundo por… “desacuerdos ideológicos”, no sé si me entenderás.
-A mí quieren asesinarme así que sé de qué hablas… Así que quieres ocultarme por aquí…
-Básicamente es eso, sí.
-Paso –interrumpí mientras me levantaba. –De momento no siento necesidad de escapar a un lugar como éste. Tengo muchas cosas que hacer en el colegio…
-Nadie ha dicho que tengas que unirte ahora. Sé bien cómo deseas proteger a tus compañeros y a tu profesora. Estás aquí por otra razón.
No me moví y pregunté con la mirada.
-¿No has notado nada raro últimamente en el desarrollo de tus funciones como encargada? ¿No crees que últimamente te falta algo?
Medité la pregunté y repasé mis recuerdos uno a uno.
-¿Demasiados trípodos? ¿El alien de Federico? ¿Que caen menos naves espaciales? ¿Que…?
-¡Eso, eso! –me interrumpió él. –¿No te has fijado que en el último mes apenas han caído dos?
Ahora que lo mencionaba era cierto: Generalmente caían a un ritmo de casi cuatro por semana pero, por lo que yo recordaba, sólo habían caído dos y encima con aliens muy débiles. El resto de aliens que habíamos estado capturando eran los que se habían colado del bosque y los que nos había preparado el director.
-¿Eso quiere decir algo?
-Sí: Algo ha ocurrido allá arriba –dijo señalando el cielo. –No tengo la menor idea de qué pero, de acuerdo con mis informaciones, lo más probable es que haya ocurrido una gran batalla.
-¿Y qué?
-Ocurrió otra gran batalla hace ya algún tiempo, hace ya… unos catorce años…
-¿El primer contacto? –pregunté sorprendida.
-Sí. Los aliens supervivientes de ese primer encuentro con los que logré comunicarme me mencionaron batallas brutales en el espacio y en sus planetas natales. Los recién llegados mencionan que habían vivido unas batallas inusitadamente violentas, “tales como en las anteriores guerras” me dicen. No sé qué podría ocurrir en esas batallas pero, por lo visto se está acercando un gran contingente en esta dirección.
-¿Va a haber un segundo contacto?
-No, el contingente es enorme pero todo se dirige en una sola dirección, no muy disperso como el anterior… no estoy muy seguro de cuál va a ser y, a decir verdad, no sé si va a ser en un solo punto, pero la cuestión es que el asunto se está volviendo peligroso: Uno de los puntos de aterrizaje más posible puede ser este monte: El Santo Firme.
-A mí Guídalo me reclutó para que comprobara diferentes terrenos de la selva amazónica –dijo Lua. –Tuvo la gentileza de dejar que terminara mi simbiosis y luego me envió escopetada para allá… otro de los posibles lugares de aterrizaje está allí y es muy posible que sea escogido como segunda pista… lo queramos o no, el Santo Firme se está llevando todas las papeletas de una señora invasión a gran escala.
-¿Eso lo saben en el colegio? –pregunté temerosa.
-Nicolás, seguro; Amelia, no sé –respondió él. –La cuestión está en que ninguno hará nada, el primero porque así se lo han ordenado y la segunda porque no puede desobedecer sus órdenes de silencio. El problema está en que los resultados de la batalla están aún muy en el aire y nadie sabe a ciencia cierta quién ha ganado o va ha ganar…
-¿¡Y qué si no lo saben!? ¡Tendrían que evacuar!
-No tienen por qué hacerlo si tienen en mente que van a vencer los Blossoms. Los dos clanes más poderosos que existen son los Blossom y los Drill. Por lo que me han contado de ellos, llevan milenios masacrándose mutuamente y evolucionando brutalmente gracias a esa cantidad de combates.
-Para bien o para mal seguimos aquí… –comentó sarcásticamente Girasol. –Entonces, según usted está diciendo, los Blossoms no quieren evacuar la zona porque tienen la certeza de que van a ganar. Entonces, ¿los Girasoles que puedan llegar no serán salvajes?
-Todo lo que viene de fuera viene en estado salvaje, eso siempre. Los que llegan de arriba nunca han estado en contacto con seres humanos por lo que al llegar, aparte de un hambre brutal, sienten una necesidad cerval de hacer simbiosis.
-OK, ya lo pillo: Dominio a la fuerza de una gran parte de la población local para extender las simbiosis Blossom…
-Tienes buen ojo. Drills y Blossoms son, ciertamente, muy fuertes y tienen una capacidad de aprendizaje que nada tiene que envidiar a la de las Nagas pero tienen un profundo problema: Son racistas hasta la médula. No ven otra tierra que la dominada por sus respectivos clanes.
-No me van esas ideas tan prepotentes…
-Eso es porque Sandra se las ha arreglado muy bien para destruir tus instintos primarios, tus genes egoístas –dijo Lua. –Aquí parece que en lugar de haber hecho tú una simbiosis con ella, ha sido ella quien la ha hecho contigo.
-Girasol humanizado –comentó muy chulesco. –Tiene su gracia… pero no estamos para esto: ¿Hay una posible fecha de llegada?
-Nada concreto aún –contestó Guídalo. –Nuestros telescopios no son tan sofisticados como los que poseen las instituciones superiores y nuestras antenas son bastante más débiles así que no sabemos ni a qué distancia está la batalla ni quién va ganando. Todo cuanto podemos saber, lo conocemos gracias a las labores de nuestros espías.
-Tal como lo dice, esto parece una institución militar…
-En parte lo es… –dijo Lua. –Por eso mismo os prefiero lejos de esta organización: No tenéis ni idea de lo duro que es el día a día por aquí… Vivir escondidos en medio del bosque no es nada sencillo, ¿sabéis?
-Pues nada… –seguía algo cansada pero ya había logrado asimilar casi todo lo que me habían dicho y ya tenía ganas de marchar. –Cuanto antes informe a quien pueda, mejor.
-Bueno, yo ya he cumplido… –dijo Guídalo echándose de nuevo. –Lua, encárgate tú de escoltarla de vuelta a casa y dale “eso” –dijo con cara de asco. –Supongo que querréis hablar de vuestras cosas… pero no te olvides de darle una buena coartada, ¿de acuerdo?
Jamás olvidaré la cara de alegría de Amelia cuando me vio volver… entre maravillada y alborozada me vio descender poco a poco y aterrizar suavemente cual ángel caído del cielo. No se atrevió a tocarme mientras recogía las alas que había logrado mediante la asimilación del código genético de Lua y, cuando por fin me levanté, me abrazó suavemente.
Aún era noche avanzada (las tres de la mañana al menos) por lo que ella, sin preguntarme nada, sólo manifestando una gran alegría en su cara, me llevó a la casa y me dejó ir a dormir. Esa noche no habría acción: Tanto ella como yo estábamos demasiado cansadas para nada, las dos nerviosas a nuestra manera así que conciliamos el sueño en pocos segundos.
Y por fin… por fin un sueño sin ese maldito Illitia-Drill que me llevaba atormentando todos estos meses, un sueño profundo, tranquilo, relajado y sin sobresaltos. Me olvidé de todo por unas horas, me olvidé de posibles invasiones, asesinatos, odios, amores, aprecios, aliens y humanos. Me olvidé de todo y sencillamente dormí en el vacío.
¿A qué hora abrí los ojos? La verdad es que no me importaba mucho. Al ver la débil luz de ese día nublado entrar por la ventana supuse que no tendría que ir a clase…
-¿Ya estás despierta? –me susurró Amelia.
Me giré y le miré a los ojos, sin abrir la boca para mantener el silencio.
-Lo siento… –suspiró ella al cabo de un rato. –Por mi culpa acabaste malherida…
-No digas tonterías –repliqué sonriente. –Si no hubiera sido por tu voz y por Magnolia no habría podido despertar… ¿sabes una cosa? Ya sé manejar a Memento.
-Ya me lo imaginé cuando te vi volver volando. Al principio pensé que eras un pajarraco gigantesco pero cuando logré ver tu cuerpo, supe que eras tú… Ahora también imitas a las Nagas. Imitas a los Borgs, a los Gradius, a los Girasoles, a las Magnolias, a las Nagas, a los trípodos, a los rubritrípodos, a los dobis, a los dezumontos…
-Todo es cuestión de saber no que tienes una parte suya sino que tú eres así desde el principio. Controlar a Memento es un estado mental, no dar una serie de órdenes a tu cuerpo.
Amelia retiró la sábana y se levantó para ir a hacer algo para desayunar. Mientras, yo permanecí en la cama un rato más mientras notaba que el calor de mi compañera de cama desaparecía. No tardé en decidirme a saltar de la cama y al segundo ya estaba delante de un potente desayuno.
-¿Hoy no tengo clase? –pregunté al ver el reloj.
-Hoy no hay clase para nadie. Después de la que montaron esos illitias, lo raro sería que los padres no se preocuparan por sus hijos (no quisiera ser el médico del pueblo hoy…). Por suerte, nosotros tres pudimos arreglárnoslas.
-¿Tres?
-Tú, yo y Federico. Él hizo poco pero lo que hizo fue esencial: Te tiró un comunicador para que pudieras enterarte de que yo estaba bien. Lástima que ese illitia lo destrozara…
-Joseph –interrumpí ganándome su mirada sorprendida. –Se llamaba “Disruptor Joseph”.
-¿¡Disruptor!? –exclamó aterrada. –¿¡Tú has logrado…!? Quiero decir… ¿¡Tú has logrado vencer a…!?
-No supe como se llamaba hasta que leí en su cuerpo –mentí siguiendo la coartada preparada por Lua. –Por mí que se llame Disruptor o Diego Felipe… o lo mataba o me llevaba con él… –callé un rato mientras comía un poco de mi parte para luego preguntar: –¿Por qué habrán enviado a un equipo de mercenarios a por mí? ¿Por Memento?
-No lo creo. Joseph comenzó sus ataques mucho antes de que tuvieras la infección en tu cuerpo. Será por lo normal…
-¿Lo normal?
-Por lo que he podido saber a lo largo de mis años en mi cargo, en el mundo se han extendido las razas alienígenas de maneras diferentes a lo largo y ancho del globo. Disruptor Joseph y su equipo son… eran –corrigió –un grupo mercenario de origen estadounidense. Por lo que se sabe de ellos, hasta donde se recuerda sólo han trabajado para el gobierno de ese país desde el primer contacto.
-Pagan bien –comenté al recordar algo que sí había visto al estar en contacto con “eso”, esto es, la cabeza de ese desaprensivo que los fallos de Santo Firme se habían quedado y de la que yo pude extraer información antes de marchar para tener una buena coartada. –Un mercenario no tiene que jugarse la vida por nada. No son héroes, sólo currantes –comenté parafraseando sus fríos (pero prácticos) pensamientos. –Pelear mucho, hacer lo que se te diga y nunca hacer preguntas. Ése era su trabajo.
-Por lo que sé, el único país donde se acepta libremente a los fracasos es en los Estados Unidos pero siempre hay un pero…
-O te conviertes en un soldado fiel u olvídate de que te acepten… algo vivió Joseph de eso.
-De un tiempo a esta parte han estado seleccionando a posibles candidatos a fallo por el mundo para reclutarlos y unirlos a su causa. Según parece, se cebaron contigo.
-“Rebelde, gritona, furiosa, iracunda, bestial, testaruda y sin embargo, abierta, colaborativa, amistosa, brillante, inteligente y disciplinada dentro de su rebeldía”. Así es como me definió Joseph… Por suerte no le dijo a nadie nada sobre lo nuestro… habría sido una pesadilla que volvieran a utilizarte como rehén.
-Que esté unida con una Magnolia no quiere decir que no sepa pelear –dijo ella algo molesta. –Mi único límite está en los Blossoms: A ellos no puedo matarlos ni desobedecerlos ni odiarlos. Todos los demás son carne picada delante mía (y más cuando todos insisten en que soy débil de carácter… serán zotes…). Pude acabar con esos cinco antes de que pudieran darse cuenta de que Magnolia es capaz de acelerar mi metabolismo a placer. Para cuando por fin vieron que estaba despierta, todos esos aprendices de pulpo tenían una opción alrededor del cuello… cuellos –corrigió.
“Vamos, que no eres un príncipe, mi pequeña dama” me comentó Girasol sarcásticamente.
-¿Qué pasó con el imbécil? –pregunté refiriéndome claramente al director.
-Fue el primero en caer –comentó riendo levemente. –De todas maneras, ése fue un buen golpe: Nicolás es mucho más de lo que aparenta, no es sólo un tipo que me da palizas porque sabe que no me voy a defender.
-Ya… ¿Martín estaba escondido en el baño?
-Allí lo encontré… Joseph se cebó de lo lindo con él: O bien no le gustaba su cara o tenía la cabeza muy dura. En fin, a él no lo veremos en al menos dos días. No está grave pero el viaje que le metieron en el cuerpo fue lo suficiente potente como para que no despertara hasta cuatro horas después del ataque.
-¿Y todos los demás?
-Despertaron muy confundidos y doloridos pero ninguno tenía nada grave (aunque encontrarse ese cadáver decapitado hizo que cundiera un poco el pánico). Tan sólo tú fuiste herida de gravedad, al menos eso es lo que me dijo Federico –dijo señalándome. –¿Qué ha pasado con tus heridas?
-ADN de döppelt (esos malditos se regeneran a toda velocidad); la ropa esta, me la encontré en una de las casas de allá arriba (aún quedan bastantes cosas en buen estado, escondidas de los aliens que pululan por allá). El resto fue cosa de tomarme algo de tiempo para refrescar mis ideas con la cabeza de Joseph.
-Entiendo. En fin, habrá que aprovechar el día. Un día de fiesta no lo tenemos todas las semanas…
Mientras Amelia aprovechaba para limpiar un poco la casa, fui a la entrada del colegio y allí empecé a leer algo… bueno, algo o cinco tochos. Mi capacidad de aprendizaje había vuelto a crecer de manera grotesca y ahora no podía pasar sin leer algo (me aburría horriblemente si no hacía algo, cualquier cosa…).
Tras terminarme dos de esos tochos en menos de dos horas (¡es que parecía que leía en diagonal!), vi movimiento en la entrada: Un chico de no más de diecisiete años había entrado en el colegio y caminaba rápidamente. Me levanté y fui a recibirle, suponiendo que tal vez quisiera visitar a Amelia, la única habitante fija de esa zona.
-Buenas –saludé. –¿Querías algo?
El chico paró y me miró bien tras lo cual respondió:
-Sí, algo así… ¿tú no te llamarás Sandra?
-Sandra es mi nombre, eso lo sabe todo el mundo por aquí –respondí recordando mi mala fama.
-Mi hermano suele hablarme mucho de ti… pero en fin, no vengo a hablar contigo. ¿Está Amelia?
-Sí, en casa pero está un poco ocupada.
-Da igual, necesito su ayuda –dijo al tiempo que se lanzaba a la casa.
Le seguí de cerca, algo extrañada tras ver la cara de preocupación que traía. Cuando llegamos, llamé a Amelia, la cual salió de inmediato.
-¡Anda, Felipe! –exclamó ella agradada. –¿Qué es de tu vida?
-Me va bien, sí… ¿ha pasado mi hermano por aquí? Desde ayer por la noche no lo hemos vuelto a ver.
-¿Qué hermano? –pregunté.
-¿Federico ha desaparecido? –preguntó ella.
-Ayer, casi por la noche, llegó a casa con mis padres muy alterado y se encerró en su habitación pero, cuando fuimos a despertarle, había desaparecido. Su cama no estaba deshecha, no se había llevado ni ropa ni dinero ni notamos que hubiera salido por la puerta… ¿No lo habréis visto por aquí?
-No, yo no.
-Yo menos… –respondí yo. –Por la entrada no pasó nadie más que tú.
-Ya veo… en fin, sólo venía a preguntar… –se dio la vuelta y comenzó a andar. –Si lo veis, por favor, llamad a mi casa.
-Cómo se nota que sois hermanos… –suspiró ella. –Se os nota a leguas que mentís ¿Has venido por aquí porque tienes alguna sospecha?
-No –respondió sin pararse. –Ya sabes que es malo investigar lo que ellos no quieren que investigues –tras lo cual marchó a toda prisa hacia la entrada.
-Lo que faltaba… –suspiró ella de nuevo.
-¿Ha pasado algo de lo que no me haya enterado? –pregunté algo perdida.
-Sí y no… Con todos mis antiguos alumnos sigo manteniendo cierta comunicación, muy eventual pero sigue ahí. Todos conocen mis problemas con los Blossoms y por ello tratan de no molestarme demasiado pero aún así, saben que hay cosas que las instituciones superiores no les dejan pedirme –Amelia se retiró dentro de casa y entró en la habitación para cambiarse. –Cosas como, por ejemplo, buscar alumnos que se hayan escapado. Cuando Lua escapó, yo informé y me dijeron, desde el principio, que no metiera las narices. Puesto que ahora no tengo a nadie con una sospecha “formal” de su posible evasión, tengo un tiempo de margen para investigarlo por mi cuenta, antes de que pueda ocurrirle algo grave a Federico.
-¿Algo como qué?
-En mis años de cargo se me han escapado alumnos siete veces, dos de esas veces, hacia el bosque. No sé tú, pero para mí ya es bastante peligroso andar al lado de la verja…
-Entiendo…
-En fin, hay comida en la nevera. Yo no volveré hasta muy tarde así que hasta luego –dijo mientras corría hacia el coche.
-Pues por aquí no lo he visto –sentenció Lua categóricamente tras contarle yo lo que había pasado. –De todas maneras, Federico no es tan estúpido como para querer esconderse aquí.
Estábamos Lua y yo hablando tranquilamente en la atalaya que dominaba la parte trasera del patio tal como lo habíamos acordado la noche anterior.
-No será estúpido pero a veces es imprevisible –repliqué yo. –Amelia sabe mucho, Naga sabe tanto como ella pero él está estudiando cosas sobre aliens a marchas forzadas, casi descuidando sus estudios. Además, aplica sus conocimientos de tal manera que parece que conoce a todos los aliens de años atrás…
-No, si ya me han contado las barrabasadas que hacía. Es un chico muy práctico, y precisamente por eso, no cometerá la estupidez de acercarse aquí.
-Tal como hablas del bosque parece que no te gusta estar ahí…
-Cierto que es difícil y pesado vivir aquí pero tengo algo dentro de mí que me impide abandonarlo –dijo dándose un golpe en el pecho. –Tú lo has sentido también, supongo, esa sensación de atracción brutal a este lugar…
-Me hace ilusión estar entre esos árboles pero aún soy lo suficientemente consciente de que no conozco nada de lo que hay detrás de la alambrada.
-Un infierno, o el Paraíso, si lo prefieres. Maravilloso y horrendo a partes iguales, grotesco y perfecto en la misma medida, sencillamente inclasificable… La colina es suave pero está muy accidentada, mucho más de lo que deja traslucir la vegetación y cunde la oscuridad, tan profunda que parece que estés dentro de la boca de una bestia. Luego está la humedad que mantiene una temperatura cálida casi todo el tiempo pero que te hace sudar como a una magdalena; la hojarasca que cubre el suelo está podrida como el lodo pero hace crecer toda clase de seres en su interior; hay tanta paz y tanta guerra como puedas imaginar…
Reí agradada al ver hablar así a Lua. Antes parecería una niña dándoselas de adulta pero ahora era una adulta en toda regla. Y no sólo era por su discurso ni por su cuerpo, no… desde sus ademanes hasta su respiración denotaban algo que antes no tenía.
-En fin… así siempre ha sido el plan de los aliens –sentenció.
-¿Plan?
-Sí, plan: ¿Cómo adaptarse a otro planeta sin cargárselo? Muy sencillo: Adaptándolo tú mismo. Por esa razón existen tantos simbioides: Los simbioides tienen unas necesidades, los seres de este mundo otras. Si tanto terrestres como extraterrestres aúnan sus capacidades para un objetivo común, todos podremos sobrevivir. Imagina que los aliens no pueden comer la comida terrestre… sólo pueden comer sustitutivos raros como mugre, cosas mucho más sencillas.
-La mugre la comen como si fuera leche materna, eso ya lo he notado –dije dándome un golpecillo en el pelo. –Comen, se desarrollan, se unen a nosotros y al final pueden vivir de lo que nosotros nos alimentamos.
-No podrías haberlo dicho mejor. A esto se le llama una señora invasión… y nadie se ha parado a pensar en ello –Lua rió agradablemente. –En fin, tanto da: La tierra es un ecosistema y los aliens tratan de alterarlo lo menos posible, es más, tratan de reforzarlo, aunque sea de manera forzada, desplazando a los humanos.
-Eso no es necesariamente bueno –dijimos Girasol y yo.
-Bueno, tampoco es bueno sustituir los conflictos que antes tenían los humanos por los que ahora tienen los aliens… la verdad es que sólo es un cambio de contexto: Nada ha cambiado, sigue habiendo guerras, problemas de supervivencia, estupidez, egoísmos, intereses… pero lo que nos estamos jugando ahora no es estúpido dinero sino la misma vida de este planeta y de los que habitan en él…
-A veces me pregunto por que nos cebamos con vosotros… –comentó Girasol. –Sois fuertes, sí, a vuestra manera pero hay animales mucho más fuertes y mejor desarrollados que vosotros.
-Porque los seres humanos, por desgracia, son los “señores de la creación”… Es una tontería muy sencilla de entender: Los seres humanos no aceptan cambios en sus vidas, al menos no los rápidos. Si hubiese un cambio brutal del ecosistema, ellos reaccionarían contra ese cambio. Solución: Cambiar a los mismos humanos. Sencillo de entender. De todas maneras, según como se desarrolle un cuerpo humano, pueden surgir unas funciones inusitadas en los poderes que concede inicialmente un alien, todos esos cambios apoyados en la capacidad cognitiva humana. ¿Puedes imaginarte cuál ha sido el cambio revolucionario que ha causado entre los aliens el descubrimiento de ese raro y brutal poder que descubrimos en este planeta?
-¿Lo de cambiar el medio antes que adaptarse a él? No lo veo yo muy claro… si mis congéneres siguen por ese camino se acabarán convirtiendo en depredadores de recursos naturales, como los humanos de por aquí.
-No llegamos a ser tan estúpidos –contestó el Girasol de Lua, alterando ligeramente su voz. –Ganamos consciencia y razón pero seguimos atados a nuestros instintos primarios (salvo en tu caso y en el mío, qué diantre). Sé que tanto tú como Sandra no seríais capaces de pasar sin bosque…
-Aunque más bien parece que últimamente esté atada a las pasiones más enfermizas y morbosas… –comenté cabizbaja.
-Tal como acabas de decir eso –dijo Lua –parece que tengas unas ganas terribles de decirme algo… ¿No será sobre cierta profesora que conocemos las dos? –preguntó con voz melodiosa.
Asentí mientras me sonrojaba.
-Que no te dé vergüenza –respondió dándome una palmada amistosa. –Ya lo dijo Guídalo: Es el signo de los tiempos. Será por la presión que sentimos los Encargados pero cada vez se dan más casos de extraños amoríos entre alumnos o entre alumnos y profesores. Bueno… eso no quita que me choque un poco lo tuyo…
-¿Te choca?
-¿Cómo lo habías dicho? ¿“Cuando somos pequeños existe algo llamado malicia y cuando somos mayores, algo llamado maldad. Me gusta la maldad”? –Lua sonrió simpática. –Tú te dices muy niña pero oírte decir eso…
-¿Pero cómo…?
-Guídalo ordenó instalar a varios espías alrededor de la casa para saber cómo avanzaba tu infección y algunos de ellos llevan micrófonos con los que pueden oír y registrar todo lo que decís tras esas paredes.
Suspiré abochornada al pensar que todo lo que creía que sólo sabíamos Amelia y yo ahora lo sabía quien no quería que supiera nada.
-Mira, yo no soy quien para juzgar lo que has hecho –replicó ella. –Hay que tener en cuenta muchas cosas, desde las presiones a las que has estado sometida hasta tu actual condición. ¿Qué ha podido influir más? No lo sé. Y no importa. Sé que cuando estás con ella eres feliz… bueno, en realidad no lo sé… sólo sé lo que oigo y, en fin, tú ya sabes: Por muy poca edad que tenga, sé lo que escucho –dicho lo cual rió con un deje sarcástico. –De veras, no te preocupes porque nosotros sepamos lo que ocurre realmente dentro de esa casa: Muchos de los nuestros tienen cosas más serias en las que pensar. Por mí, haz lo que quieras, al fin de al cabo, sabes por qué lo haces, ¿no?
-…sí… sé lo que hago… y por ello, ¿no os importaría dejar de espiarnos cuando…? En fin, tú ya sabes…
-No hay problema. De todas maneras, no es a mí a quien tienes que…
-¡Lua! –gritó una voz desde la base de la atalaya.
Nos asomamos al instante y allí vimos a uno de los fallos de Santo Firme.
-¿Qué pasa? –preguntó la aludida. –Sabes que no puedes acercarte por aquí.
-¡Lo sé, lo sé! –replicó la otra. –¡Es Ramalho! ¡Le han tendido una emboscada!
La hasta el momento serena cara de Lua se comprimió en una expresión de ira que jamás había visto en ella y, antes de que pudiera ver qué diantre había hecho, había desplegado sus alas para volver a toda prisa hacia el bosque, dejándome más sola que la una en menos tiempo que tuviera para apercibirme…
En fin, lo dicho: He aquí un nuevo episodio de Parásito para todo aquel a quien le plazca. Capítulo mayormente tranquilo para variar, simplemente para explicar un poco lo que hay y lo que está por llegar.
Sólo espero que os guste.