Cajón de sastre - SDMS, cuarta parte
Mayo 1, 2008 por jeshuamorbus
¿Hay algún repartidor de moralina barata por ahí? Si no lo hay, sigue leyendo si tienes más de 18 años. Sino, que vaya a adoctrinar a otra parte…
-Buenas tardes… –saludó Impro tan fríamente como siempre para girarse y andar hacia el bosque. Pero esta vez Súbigo no le siguió de inmediato, cosa que extrañó levemente a Impro. –¿Ya te has cansado de jugar? –preguntó con deje sarcástico.
-No, para nada –contestó Súbigo con tono sumisamente bajo. –Reconozco que para gustos hay colores pero…
-¿Te sorprende que haya sido yo quien diera el primer paso con tu amiga? –preguntó alegremente mientras volvía hacia ella. –Áldera es de la clase de personas que siempre me han gustado. De acuerdo, de cara no es muy guapa, ni su cuerpo es demasiado atractivo pero… me apasiona su actitud.
-¿Apasiona? –preguntó ella enarcando sus cejas extrañadísima.
-Bueno, tú eres amiga suya, ¿no? Por alguna causa te tiene que caer bien y no creo que sea tan sólo porque ningún otro chico que no sea yo se atreve a acercársele.
-¿…tú me espías o algo así? –preguntó Súbigo muy insegura.
-Me gusta observar cómo la gente se mueve por el patio a la hora del recreo, no más –dijo él mientras, de nuevo, le indicaba que se pusieran en marcha, cosa que ella no desobedeció esta vez. –¿Recuerdas haberme visto alguna vez bajar de mi aula? ¿Me has visto alguna vez en el patio durante los descansos?
-…no, la verdad es que no… –contestó ella en un susurro al darse cuenta de que era cierto.
-Mi personalidad no es la mejor para hacer amigos. En cursos anteriores siempre me metía en problemas porque a las mínimas de cambio me metía en peleas sin sentido así que, para evitarme problemas y evitárselos a los demás, sencillamente me relaciono poco. La mejor manera de no tener problemas con los demás es no acercándote demasiado a ellos.
-¿Y lo nuestro?
-“Lo nuestro” no es más que un juego, un juego que me está empezando a gustar pero que, lo siento por ti, ya no quiero llevar hasta el final –contestó lanzándole una fría mirada a su compañera. –Áldera me atrae muchísimo más que tú, qué quieres que te diga, pero, como no me gusta ver a las niñas llorar, seguiré tallándote, bello diamante.
-Pero… ¿y Áldera?
-¿Tú me amas? –preguntó duramente él. Súbigo se quedó sin palabras por lo que no contestó. –¿Me amas, sí o no? ¿O tan sólo me obedeces y me respetas? ¿Te gusta que te dé ordenes? ¿Te gusta que sea tu “amo”?
-¡No! ¡Yo…! ¡Tú para mí…!
-Yo soy diferente –declaró al tiempo que le miraba a los ojos, dejando de caminar. –Te has dejado humillar y tocar todo lo que quisiste y más durante todo este tiempo. ¿Habrías dejado que cualquier otro te hubiera magreado como lo hice yo? ¿Le habrías mostrado a otro chico lo que realmente vienes a hacer aquí? ¿A cuántos les dejarías tocar lo que he tocado yo?
Súbigo, de nuevo confundida por la autoridad de Impro, enmudeció y se quedó sin palabras…
-¿Qué soy para ti más que un juguete? –continuó. –Si te doy órdenes, tú disfrutas obedeciéndome; si te castigo, lloras pero aceptas lo que te hago… como si fuera un juego. Tú no me amas, sólo disfrutas de mí…
Súbigo, aplastada por la verdad de sus palabras, sencillamente se apoyó sobre un árbol y no se atrevió a mirar a Impro a los ojos.
-Pero en fin, nos seguimos respetando, ¿no? –dijo Impro al tiempo que cogía la cabeza de Súbigo y la atraía a su pecho. –Tú no eres mi querida Áldera pero te aprecio de todas maneras. Yo soy tu juguete porque te gusta recibir mis órdenes pero tú eres una joya porque nadie más salvo tú o Áldera me habéis hecho el más mínimo caso entre las gentes de mi entorno… No nos veamos como simples objetos el uno al otro. Simplemente, disfrutemos.
Dicho esto, Impro alzó la cara de Súbigo sosteniéndola por la barbilla y la forzó a que le mirara a los ojos… y ella no supo si reír y llorar cuando vio la severa cara de Impro clavarle la mirada…
Ese viernes, Áldera llegó algo alterada a la casa de Súbigo…
-¿A qué viene esa cara? –preguntó ésta tras invitar pasar a su amiga a su habitación. Mostraba la típica expresión de mala leche que reflejaba sus preocupaciones… –¿Hay algo que te preocupe?
-Algo, sí… este sábado Impro me ha invitado a ir a la ciudad… ¿qué se hace en estos casos?
-En buen hombro te has ido a apoyar –comentó jocosa Súbigo. –Tengo tanta experiencia como tú sobre el tema, es decir, nada de nada. Pero en fin, ya que estamos, ¿qué te preocupa?
-Bueno… quedar mal y todo eso…
-No creo que Impro sea de esa clase de chicos que vean mal a todo el mundo. Hasta donde le conozco yo, sólo sé que es un tipo bastante tímido.
-¿Tímido? –preguntó sorprendida Áldera. –¿Tímido es alguien que me asalta en el pasillo delante de todo el mundo y pregunta sin tapujos si quiero ser su novia?
-¿Te lo dijo así? –preguntó Súbigo sorprendida.
-Tú no estabas delante, pero más de quince personas te dirían que eso es exactamente lo que me dijo… Ni siquiera perdió la sonrisa ni parecía nervioso, casi como si pedir esta clase de cosas fuera lo más normal del mundo.
-No me esperaba eso de él… –dijo Súbigo imaginándose la escena. –Bueno, las apariencias siempre engañan.
-Apariencias o lo que sea, eso no me soluciona nada… ¿Qué me pongo? ¿Qué debo hacer? ¿Cómo hago? ¿Cómo…?
-¿Me admites un consejo? Lo primero que has de hacer es no ponerte tan nerviosa… eso es una cita, no un examen –casi de inmediato, Áldera se tranquilizó y escuchó tranquilamente lo que estaba diciendo. –De todas maneras, creo yo que te has pasado más tiempo con él que yo así que supongo que ya conocerás sus gustos.
-Es que sobre eso no hablamos nunca…
-Pues, una de dos: O realmente no le importa cómo vayas y cómo te comportes o bien, vas a preguntarle tú misma. No hay más misterio. Lo más que podrá hacer será mirarte un poco raro, pero aparte de eso, no creo que te vaya a comer. A mí siempre me ha dado la impresión de que es una buena persona… ¿o me equivoco?
-No te equivocas, no…
-¿De qué habláis cuando estáis juntos, ya que estamos? Nunca he llegado a veros desde aquí.
-Si no logras vernos es porque damos largos paseos por los alrededores del pueblo. También me suele acompañar a los entrenamientos y, aunque parezca que siempre está ensimismado con sus libracos, siempre le veo con un ojo atento sobre mí. No llama la atención pero siempre me sonríe cada vez que miro hacia él, como si esperara a que le mirara…
-Vamos, que es un romanticón sin remedio.
-Algo así. Él dice que sólo tiene ojos para las cosas realmente bellas, que a las cosas que no le agradan especialmente, sencillamente las ignora. “Prefiero verte a ti y a mis libros antes que ver otras tonterías” suele decir. Una cosa que realmente he tardado en darme cuenta de él es que es un tipo que sabe escuchar a los demás… es que, sea cual sea su pose o mirada, nunca te sientes ignorada con él.
-Ya he tenido mis conversaciones con él y ya he notado eso. Sin embargo hay algo que él no tolera: Que sea él el no escuchado.
-Para las cuatro palabras que suelta y que tú no le escuches… me pregunto cual de nosotras dos será la más sociable –comentó sarcásticamente. –Y, ahora que lo pienso, ¿cuándo has hablado tú con él? Dices que es no tienes ningún interés pero hablas de él como si lo conocieras muy bien.
-De vez en cuando nos encontramos en la tienda de sus padres, otras en el monte y alguna otra en el instituto… parece que pasa de todo pero es muy amable y lo observa todo. Sabe hasta de mis problemas con los chicos de nuestra clase y es capaz de hacer que todos me ignoren soltando una frase para distraerlos.
-A veces parece un pastor cuidando de un rebaño enorme –opinó Áldera. –Dice que es el más ignorado pero para mí que tiene un carisma enorme… Es muy elegante para ser tan joven.
-Te van maduritos, ¿eh? –preguntó Súbigo pícara.
-No empecemos, ¿quieres? –pidió la grandullona tratando de ocultar que se había enrojecido como un tomate. –Por cierto, ¿sabes tú a qué va al monte? Que yo sepa, en todo el pueblo tú eras la única que subía hasta ese lugar.
-Por tres razones: Le gusta la tranquilidad, le gusta leer en paz y le gusta la fotografía –evidentemente, Súbigo ocultó la cuarta… –Él es de la clase de personas que lo tolera casi todo pero, aún así, dice que prefiere el rumor del bosque al mundanal ruido. Cuando puede y no le molesto, se sienta a leer a los pies de algún árbol, observando fotografías e ilustraciones reflejando tanta paz que parece que esté en el paraíso…
-No exageres…
-No exagero –afirmó la otra. –¿Te has fijado alguna vez en cómo te mira Impro? ¿De esa manera que parece que tiene la mirada medio perdida en medio de ninguna parte? Pues así es como él ve sus libros. Ya lo has dicho tú: Él sólo tiene ojos para las cosas bellas.
-Tampoco soy tan guapa…
-No me vayas a salir ahora con que eres fea. Te seré sincera: De cara no eres ninguna beldad pero en personalidad no te gana nadie. Los chicos te comparan casi siempre con un perro pero para mí no eres más que una dulce gatita –dijo jocosamente Súbigo al tiempo que le daba un par de palmadas encima de la cabeza a su amiga a modo de sarcasmo. –Estoy seguro de que tiene pensado en convertirte en su modelo de fotografía…
-Es que ya lo soy –de nuevo, la rápida respuesta de Áldera pilló a la otra descolocada. Su expresión sonriente era suficiente para confirmar que lo que decía era verdad. –Un buen día va y me salta con “¿te apetece que saque unas cuantas fotos?”. Se pasó más de media hora fotografiándome desde todos los ángulos posibles hasta agotar la memoria de su cámara. Después de esa sesión, siguió haciéndolo, de una manera mucho más comedida pero sin dejar de hacerlo.
-Pues eso puede querer decir dos cosas: O le gusta la fotografía hasta ese extremo o hace todo lo posible para hacer que te sientas apreciada y bella… y, ahora que me acuerdo: No tienes porque sentirte fea, ¿sabes cómo se viene refiriendo a ti de un tiempo a esta parte?
Áldera miró a su amiga extrañada.
-A ti siempre te nombra como “mi querida Áldera” o “bella Áldera” –continuó. –Vamos, sube esa moral que tan baja tienes y haz lo que creas conveniente. A él le dará igual: Te seguirá viendo tan guapa como siempre.
A falta de algo mejor y más jugoso, os paso otro fragmento de SDMS. Odio estar liado…
Espero que os haya gustado cuanto hay en este post.