Vinieron a por los judíos pero como yo no era judío, no me importó.
Vinieron a por los negros pero como yo no era negro, no me importó.
Vinieron a por musulmanes pero como yo no era musulmán, no me importó.
Vinieron a por los minusválidos pero como yo no era minusválido, no me importó.
Cogieron a cuantos se quejaron pero como yo estaba bien, no me importó.
Y vi cómo venían a por mí, pero con horror, vi como a nadie le importaba.
(Creo que esto era de un folleto contra el racismo (yo y mi memoria de pez ¬_¬))
El’Lo guió su carreta a toda velocidad por medio de ese bosque escapando de sus perseguidores pero poco a poco, los jinetes de Gen fueron cerrando distancias, pudiendo llegar a tenerlo al alcance de sus poderosas ballestas. El utukku tuvo que recurrir a sus reflejos para esquivar cuantas saetas le lanzaban pero aún así sabía que era cosa de tiempo el que acabaran alcanzándolo.
-¡Maldita sea, corred! –le gritó azuzando desesperado a sus caballos que trataban de mantener su furioso galope a pesar de estar casi totalmente agotados tanto por el tiempo que llevaban corriendo como por culpa del irregular terreno por el que iban, lleno todo él de piedras, cascotes, árboles y hierbas que no dejaban de dificultarles el paso.
El’Lo miró la montaña en la que se encontraba el Rat Orichalcum con desánimo: Sabía que no iba a llegar, sabía que lo iban a matar sabía que…
De repente, la carreta volcó cayendo tanto él como su cargamento, escapando los caballos mientras el utukku aún intentaba alzarse del suelo mientras se llevaba la mano a su brazo izquierdo herido. Viendo como los jinetes se acercaban prefirió no rendirse y luchar hasta el final por lo que cogió su pequeña daga y les esperó hasta que estuvieran al alcance para lanzársela. Sin embargo, no pudo ni intentarlo pues, desde la distancia, empezaron a dispararle alcanzándole a los pocos disparos en su pierna derecha cayendo al suelo dolorido.
-Estúpido demonio –dijo el capitán de los jinetes, acercándose a él. –Pudiste haberte entregado pacíficamente y así habríamos acabado rápidamente con tu vida pero tú tenías que decidir huir… estúpido –insultó escupiéndole encima y bajando del caballo al tiempo que sus quince compañeros se acercaban. –Mira que hacer que toda una patrulla saliera en tu busca… Me das asco –dijo dándole una patada en la cara a lo que El’Lo respondió con un amago de mordisco, a lo que el capitán respondió con un sobresalto, sacando su espada de inmediato.
-…eres un cobarde… –dijo El’Lo asiendo su daga con firmeza, dispuesto a enfrentarse a ese hombre aún a sabiendas de que era un suicidio. –¡Los que sólo son valientes en manada son unos cobardes! –gritó para espantar su propio miedo, pensando que si tenía la razón aún podría vencer pero, por el contrario, sólo recibió una patada más mientras intentaba levantarse.
-¡Mide tus palabras, demonio! –le gritó el capitán mientras le seguía dando patadas. –¡Ahora verás lo que es…! –el hombre enmudeció súbitamente y, un segundo después, se desplomó de cara justo delante del sorprendido utukku.
-¿¡Qué pasa!? –gritó uno de los jinetes.
El’Lo, levantándose dificultosamente, miró al capitán caído y vio que tenía una extraña herida en la nuca de la que manaba sangre mientras el capitán aún tenía espasmos.
-¿¡Qué le has hecho, maldito utukku!? –gritó otro jinete levantando su arma dispuesto a dispararle una saeta pero no pudiendo pues, de repente, sonó una especie de trueno a lo lejos y el hombre se cayó de su silla, retorciéndose de dolor por una herida que le había atravesado el hombro. Los demás soldados, ignorando al utukku caído, se dispusieron en formación para detectar el origen del ataque pero, antes de poder hacer nada, una sombra enorme pasó sobre ellos llevándose el caballo del capitán.
-¿¡Qué es eso!? –gritó un soldado señalando el gigantesco pájaro que había cogido al caballo, siendo su respuesta otro trueno y una herida mortal en la cabeza.
-¡El ataque viene de allí! –gritó otro señalando a la arboleda, apuntando con su arma a lo cual una figura humana reaccionó ocultándose tras los árboles. –¡Al ataque! –ordenó disparando su arma. La saeta se clavó en el árbol pero, de inmediato, el atacante respondió descubriéndose un poco apuntando al grupo con una especie de tubo sonando otro trueno al poco, cayendo esta vez el soldado que acababa de disparar.
-¡Maldita sea! ¡Carga de frente! –gritó otro soldado al ver como sus compañeros iban cayendo uno a uno. –¡No podrá con todos al mismo tiempo!
Todos reaccionaron azuzando a sus monturas para ir a por el asaltante pero cuanto más se acercaban, más caían, trueno tras trueno. Y cuando parecía que les daba una tregua, ese enorme pájaro reapareció justo delante de ellos llevando a su berreante presa en sus garras, lanzándosela en su camino, matando al caballo y derribando a otros cuatro jinetes que tuvieron la desgracia de cruzarse en la trayectoria del animal.
Los que consiguieron llegar, apenas cinco jinetes, desmontaron y rodearon a su objetivo por sus flancos, respondiendo el atacante apuntando con su tubo y derribando a los tres soldados de su derecha, asiendo una especie de espadón sin mango contra los dos que quedaban, lanzándose uno de ellos con su espada en ristre, a lo que el enemigo respondió lanzando un corte contra su espada, partiéndola por la mitad como si fuera mantequilla… partiendo al soldado en dos como si fuera simple gelatina… y el árbol cayó como cortado a sierra…
-¿Quieres recibir? –amenazó el chico levantando su otra arma contra el único soldado que quedaba en pie, soltando el otro su arma al tiempo que cogía su caballo para huir a toda velocidad, siendo seguido de cerca por los que aún seguían vivos.
-A ver… –dijo el fornido chico mirando la herida que tenía El’Lo en la pierna al tiempo que se quitaba los guantes y sacaba un pañuelo para hacerle un torniquete.
Sus vestimentas eran… peculiares: Iba vestido con una especie de chaqueta de cuero cerrada casi herméticamente sobre su cuerpo, pantalones de lo que parecía ser lona o una pana muy rara, botas largas de viaje en las que guardaba los bajos de sus pantalones, guantes de cuero que se cerraban sobre los puños y un gorro del mismo material con una especie de gafas sujetas con una tira elástica. Visto así, parecía vestido para evitar el frío y el agua en la medida de lo posible.
-¿¡Quién eres!? –preguntó el otro entre asustado y esperanzado.
-Alguien que va a curarte la pierna. No me preguntes cosas tan estúpidas.
-No… quiero decir… ¿cómo has hecho eso? Nadie habría sido capaz de hacer semejante masacre…
-Cuestión de medios, nada más –dijo el chaval anudando el pañuelo. –Esto te va a doler, así que prepárate –dicho lo cual apretó el nudo y después lo fijó, a lo cual El’Lo respondió con una lágrima de dolor. –En fin, con esto podremos apañarnos para llegar hasta el próximo Rat… –el chico calló, al parecer porque había recordado algo. –Espera un momento –dijo sacando un silbato para llamar a ese enorme pájaro que había estado dando vueltas alrededor suyo desde que lanzara el caballo.
Esa bestia no tardó en bajar y, nada más posar sus patas sobre el suelo, se acercó al que parecía ser su amo. Una vez cerca el uno del otro, el chico empezó a decir algo al pájaro el cual respondió con un largo asentimiento y marchando a por el caballo muerto para empezar a comérselo.
-¿Qué es esa cosa? –preguntó El’Lo algo atemorizado.
-Las preguntas, más tarde, ¿quieres? –dijo empezando a fabricar una pequeña e improvisada camilla india con los restos del carro para transportar al herido. –Aún tenemos que llegar a… ¿cómo se llamaba el Rat?
-Orichalcum, Rat Orichalcum –respondió el herido.
-¿No es el Rat Chalyben? ¿Me habré perdido? –dijo sacando una hoja de papel del bolsillo.
-Casi, casi. Chalyben está a apenas treinta leguas de aquí ¿Eres un mensajero?
-Casi, casi, he de decir yo también. Pero, en fin, ahora hay cosas bastante más preocupantes que mi misión, así que mejor acabemos esto para hoy –dijo poniéndose al trabajo.
Zoé se arrodilló como de costumbre ante Remiria, saludándola como hacían todos los habitantes del Rat.
-Ya te he dicho que no hacía falta que siguieras haciendo eso –dijo la reina.
-Yo no soy más que nadie en este lugar –respondió Zoé levantándose. –¿Para qué me habéis llamado?
-Quería tratar contigo un tema que me preocupa mucho… ¿Alguna vez has oído hablar de lo que le pasó a la familia real de Chalyben hace treinta años?
-…sí… –respondió Zoé algo insegura al saber que ese era un tema que, en lo posible, la reina trataba de evitar. –Un poco…
-¿Qué es lo que sabes?
-Sólo lo básico… El Rat fue invadido por el ejército de la Cruz de Lis, la familia real fue capturada y enviada a Tricápita y allí murieron todos menos usted y su hermana.
-Correcto. Sí, ciertamente eso fue así, contado con frialdad. Pero la realidad fue mucho más dura de lo que podrías pensar: Éramos más de treinta entre yo, mi hermana, mis padres, abuelos, tíos y algún primo, todos utukku. Tras un viaje de más de siete días a través de bosques, playas y el mar, llegamos al centro de poder de los Nobles: Tricápita. Una vez allí, nos separaron de los elatos que nos acompañaban y nos encerraron a todos los utukku juntos en una jaula abierta a la vista de todos… fue humillante. Nos trataron como simples animales de feria, como si fuéramos monstruos.
-Pero no lo sois…
-En esto no voy a negarles ese apelativo –interrumpió Remiria. –Ya llevábamos más de una semana sin probar casi nada de sangre y la mhenasaura ya estaba empezando a afectarnos en nuestra capacidad de cognición… ¿cómo explicártelo? Tú no eres utukku, así que nada sabes sobre cómo nos sentimos cuando nos falta la sangre: Sentimos dolor en cada uno de nuestros movimientos, incluso temiendo tener siquiera que pestañear; el movimiento de cualquier ser vivo nos altera y nos hace pensar en auténticas atrocidades; nos cuesta respirar, comer, andar, hablar… aunque ni siquiera llegamos a hablar pues todo cuanto se nos habría ocurrido decir es “necesito sangre”… En pocas palabras, nos convertimos en auténticos animales, la única justicia que existe para nosotros no somos más que nosotros mismos y nuestra propia supervivencia.
>>Aguantamos un par de días más intentando consolarnos los unos a los otros, aguantando cuanto pudimos pero fue al tercer día cuando uno de mis tíos no aguantó más y empezó a atacar indiscriminadamente a cuantos familiares encontró… los demás trataron de reducirle pero otros tampoco aguantaron más y eso se convirtió en una auténtica guerra de todos contra todos –Remiria dejó de hablar tratando de no llorar ante ese recuerdo. –Y los Nobles… los Nobles estaban allá arriba señalándonos como los monstruos en los que nos habíamos convertido, ensalzando el valor de la Autoridad al tiempo que decían que nosotros sólo éramos demonios y que en ese momento lo estábamos demostrando… Tras todo ese tiempo aislados sin apenas alimento, todos nos encontrábamos cansados por lo que la batalla fue larga y penosa… más de cinco horas duró la contienda hasta que sólo quedamos mis padres, uno de mis abuelos, mi hermano Loki y Frandoll. Durante ese tiempo, nuestros padres trataron de protegernos con la poca cordura que les quedaba defendiéndonos de mi abuelo y mi hermano…
Remiria calló, como si le costara seguir.
-No tenéis porqué seguir –dijo Zoé. –Entiendo vuestro odio contra los Nobles y he de decir que haré cuanto sea posible para ayudaros a vencerlos.
-No es eso lo que quería pedirte –dijo Remiria recuperándose un poco del recuerdo. –Como ves bien, ahora yo soy la reina pero eso sólo fue porque el puesto de princesa quedó libre al volverse loca mi hermana Frandoll. Durante estas tres décadas he estado cuidando de ella casi como si fuera su madre, educándola y tratando de controlar sus accesos de ira. Sin embargo, hice algo más que eso: La estuve adoctrinando continuamente para que odiara con toda su alma a los que le hicieron perder definitivamente la cordura, a los Nobles.
>>El problema viene ahora: Hasta los utukku podemos ser Nobles y, ahora que todos conocemos a Frondea, debería tratar de enseñarle que no hay tanta diferencia entre nosotros. Por eso quisiera que tú me ayudaras a convencerla de lo que estoy diciendo… sé que tras todo este tiempo intentando hacerle odiar a cuanto Noble existiera me costará intentar convencerla de lo contrario, así que lo más acertado sería intentar hacer que una Noble se le fuera acercando poco a poco, para que pierda el miedo y el temor frente a ellos.
-Vaya… –dijo Zoé llevándose la mano a la cabeza, pensando en la responsabilidad que le había caído encima. Entendía que esa no era una labor fácil, de hecho, era sumamente complejo deseducar a una persona adoctrinada en el odio desde su infancia.
-No tienes por qué aceptar –añadió Remiria. –Pero, te lo pido por favor, ayúdame a resolver este entuerto.
Zoé, con algo de miedo en el cuerpo, fue guiada por Remiria hacia la zona más alta del Rat, lugar donde se encontraban los aposentos de Frandoll, el lugar conocido como “la torre de Chalyben”. Era el lugar más aislado del mundo exterior de todo el Rat, más aún que el mismo palacio: Puertas y más puertas separaban a las visitantes de su destino, pasillos tan largos como sendas, lugares vacíos de toda presencia…
-Intenta aprenderte el camino –dijo Remiria al tiempo que guiaba a Zoé por ese laberinto. –Si te pierdes en este lugar, es posible que en más de tres días nadie sea capaz de encontrarte.
-¿Para qué aisláis tanto a la señorita Frandoll?
-Por su personalidad. Tiende a ser una mezcla de infancia inocente y brutal adultez…. tiene accesos de ira que la hacen difícilmente controlable y predecible por lo que conviene que tenga poca gente cerca de sí. He dejado a su servicio a sólo cuatro personas y, aún así, he recibido muchas quejas de ellos por el caprichoso comportamiento de mi hermana. A ti te lo advierto también: Puede parecer inofensiva y muy inocente pero, a la más mínima te atacará, así que ten cuidado.
-¿Y qué pasará conmigo? –preguntó Ku-Te. –Si tan peligrosa es…
-La habitación de Frandoll es como la mía, llena de cortinajes y tapices, tras los cuales podrás ocultarte sin dejarte ver mientras Zoé trata de hablar con ella. No tengo que añadir que estar callado va a ser tu mejor opción cada vez que estés en su presencia.
El daimonion asintió y continuó su complejo camino por esa caverna hasta que llegaron frente a una puerta algo más decorada que el resto en la que aparecía un escudo algo diferente del que había en el portón de palacio: Mantenía sus figuras de la montaña y el bosque pero las otras dos figuras eran las de un escudo con siete piedras de forma romboidal de diferentes colores y otro en el que aparecían tres cuchillos.
-Éste es el escudo de la familia Sucat –explicó Remiria al ver la cara de curiosidad de Zoé. –O sea, mi escudo: El bosque de Arseal, el Rat Chalyben, las siete joyas de la corona y los tres cuchillos que representan los asesinatos de los padres fundadores de este lugar –dijo señalando las diferentes figuras del escudo.
-Algo había leído acerca de esto –dijo Zoé. –Estaba tratando de recordar dónde lo había visto.
-Últimamente no dejas de pasarte por la biblioteca –dijo abriendo la puerta. –¿Buscas algo en concreto?
-No, tan sólo quiero conocer cosas de este lugar y creo que un buen lugar para empezar es la biblioteca. Gracias a la información que recogí, decidí pasaros la fórmula de la pólvora, ¿recordáis?
-Sí… –dijo Remiria algo apesadumbrada. –Sonará raro que yo lo diga, siendo yo la que más había promovido la guerra en todo este tiempo, pero esa sustancia no acaba de gustarme…
-Más os vale seguir pensando así, si no, os aseguro que el mundo acabará en una guerra constante como en el mío. Yo sólo os he dado una ventaja, que sepáis utilizarla, es cosa vuestra.
La reina asintió y continuó su camino manteniendo su cara seria, como si estuviera pensando en otras muchas cosas. No tardaron en encontrarse con una de las criadas de Frandoll que se estaba vigilando pacientemente una puerta fuertemente acorazada con rejas y clavos.
-¿Cómo se encuentra hoy? –preguntó Remiria al tiempo que la doncella se levantaba tras arrodillarse en señal de humildad.
-Tranquila, dentro de lo que cabe, mi señora –respondió la mujer alzando la cara y dejando traslucir un pequeño moratón que parecía llevar algo de tiempo ahí.
-¿Cómo va tu cara? ¿Aún te duele?
-No me quejo. Franz lo ha pasado mucho peor que yo.
-Muy bien. Ve a por Franz y Elly para avisarlos de que tenéis el resto del día libre y, ya de paso, llama a Rock para que vigile esta entrada.
-Como vos deseéis, mi señora –dijo dándose la vuelta sin dilación.
-Ahora verás a Franz –dijo Remiria a Zoé. –Lo que vas a ver va a ser lo que puede pasarte si bajas la guardia aunque sea un mínimo –y dicho esto, aparecieron las dos doncellas ayudando a andar a un hombre muy corpulento que tenía todo el cuerpo lleno de llagas y moratones, teniendo una pierna entablillada. –Esto es lo que puede hacer Frandoll con un simple atizador.
Al grupo que se marchaba le seguía otro hombre corpulento que llevaba un llavero, el cual dio a Remiria.
-Déjame entrar para ver cómo está la situación allá adentro –dijo la reina mientras giraba la gran llave de esa puerta. –Cuando te llame, pasa y oculta a Ku-Te como mejor sepas al otro lado de las cortinas, ¿entendido?
Zoé asintió con algo de miedo metido en el cuerpo. Por alguna razón, sabía que se acababa de meter en camisa de once varas.
Cinco minutos después de que entrara, Zoé escuchó la llamada de la reina y ella pasó rápidamente. Se encontró con una sala que si bien era mucho más angosta que los aposentos de Remiria, seguía conservando ese aura de elegancia que desprendía todo el Rat a pesar de los desgarrones que presentaban los tapices, como si alguien hubiera estado acuchillándolos a gusto durante años.
-Por aquí –señaló Remiria desde el fondo de la sala, algo más a la derecha del camino que ella estaba tomando.
Zoé le indicó a Ku-Te que siguiera un camino paralelo al suyo por el otro lado de una de las cortinas y, tras un corto camino entre la pared y el tapiz, en un lugar donde se respiraba angostura en cada uno de sus rincones, Zoé vio a Remiria abrazada a lo que parecía ser una pequeña figura femenina que se apoyaba en ella como si fuera su madre encima de una amplia butaca.
Frandoll sería algo más baja que Remiria, de pelo rubio y mirada con una marcada furibundia en sus cejas, dejando ver que se había pasado gran parte de su vida con el ceño fruncido, cosa que no se reflejaba en la serena cara de su hermana mayor. Su ropa estaba medio raída por un montón de cortes que seguramente se habría infringido la misma Frandoll pero no parecía ser nada anormal viendo la gran cantidad de cortes que se podían apreciar en toda la habitación.
-¿Quién es ésa? –preguntó Frandoll mirando con miedo a la recién llegada.
-Se llama Zoé –respondió Remiria con la voz muy pausada. –No debes preocuparte por ella: Es una buena persona que te hará compañía hasta que tenga que marcharse.
-¿Para qué está aquí?
Remiria alzó la cara, pidiéndole con la mirada a Zoé que respondiera ella.
-…esto… sólo deseaba conoceros mejor –respondió dubitativamente Zoé. –He oído…
-Ha oído que eras una bella persona –interrumpió Remiria acariciándole la cabeza a su hermana. –Dice que quiere conocerte mejor.
Frandoll se soltó bruscamente del abrazo protector de su hermana y se acercó a Zoé empezando a mirarla detenidamente.
-¿Utukku o elata? –preguntó segundos después, acercándose a una pared.
-Nací elata –respondió Zoé diciendo una media verdad.
-No me gustan los elatos –dijo volviendo a ocultarse tras Remiria. –Están de parte de los Nobles, viven poco y son unos blandos… sois malos y aburridos.
-¡Fran! –riñó su hermana mayor. –¿¡Qué te he dicho sobre lo de insultar a los elatos!?
-¡Sabes que traicionan a quien sea para conseguir dinero o poder! –bufó la otra utukku. –¡Chalyben fue tomada por culpa de unos traidores elatos! ¡¡Merecerían estar todos muertos!!
-No sabes lo que dices –replicó pausadamente Remiria. –¿Acaso tú podrías pasar sin su sangre?
Frandoll calló enfadada y se apartó de su hermana para ir a sentarse en otra butaca cercana a una librería, sacando un libro de la misma.
-Ahora os dejaré a solas, aún tengo trabajo que hacer –dijo Remiria levantándose y acercándose a Zoé. –Recuerda: Puedes dejarlo cuando quieras –le susurró. –Si te ataca, llama a Rock y él te quitará a Frandoll de encima.
-Ya nos veremos pues –añadió Zoé por respuesta llevando a la reina hasta la puerta. Una vez que estuvo fuera, Zoé se dio la vuelta para volver con Frandoll pero grande fue su sorpresa cuando vio que estaba apenas a un paso tras de sí.
-¡Déjame ver tu marca! –exclamó la utukku asustando a Zoé nada más se giró ésta. Frandoll le cogió el brazo izquierdo sin ningún cuidado y empezó a buscar violentamente por él.
-¡No! –se quejó Zoé soltándose con fuerza de la otra pero aparentando no negarse a su petición. –Es en este brazo –dijo descubriéndose el otro y mostrando la cicatriz del primer mordisco de Remiria.
La utukku se sorprendió por el tamaño de la cicatriz y la miró con curiosidad a la luz de las velas de la sala.
-¿Quién te ha hecho esto?
-Su señora hermana. No empezamos con muy buen pie…
-Le debías caer muy mal para que te hiciera esto… –dijo la otra mirándola suspicazmente. –¿Qué has hecho por ella? ¿Has luchado en la guerra o algo así?
-No… –respondió Zoé buscando una respuesta: –Le pegué una paliza y la dejé maniatada durante una noche entera –respondió con sinceridad, pensando que eso le haría gracia a Frandoll. Sin embargo, en lugar de reírse, ésta cogió a Zoé por el cuello y la estampó contra la pared.
-¿Cómo dices? –preguntó la utukku frunciendo el ceño de tal manera que se alteraban sus facciones aparentando ser casi un animal. Zoé intentó gritar algo pero la presión de los dedos de la otra se lo impedía. No podía hacer otra cosa más que intentar soltarse pero la mano de Frandoll se cerraba como una tenaza sobre su cuello. De repente, la cara de Frandoll volvió a cambiar, relajando hasta el último músculo de su cuerpo, dejando ir a Zoé.
Ésta se llevó la mano al cuello mientras recuperaba la respiración y vio como la otra se sentaba en el suelo mientras trataba de tranquilizarse un poco.
-…lo siento… –se disculpó Frandoll. –Era un sarcasmo, ¿no?
-…sí… –respondió Zoé intentando calmarse ella también. Esa situación le había puesto los pelos de punta y apenas era capaz de evitar temblar. –Lo cierto es que… sí que he luchado en la guerra –comentó obsequiosamente.
-¿¡Ah, sí!? –exclamó la utukku levantándose de un salto y cogiendo a Zoé de los hombros. –¿A cuántos has matado? –preguntó, brillándole los ojos de alegría.
Tal cómo lo preguntaba, parecía ser imperante darle una respuesta o sino recibiría otro castigo físico.
-…sólo tres, de momento…
-¿Tres? ¿A tu edad? ¿Y te parecen pocos? –preguntó con alegría pasándole el brazo tras el cuello y llevándola a la butaca en la que se sentó antes con su hermana. –A tu edad ya estaba encerrada aquí y en lo único que pensaba era en ir a las batallas de Remiria para darles su merecido a esos malditos Nobles… pero no nos salgamos de la pregunta. ¿Cómo fue? ¿Cuándo? ¿Dónde?
Zoé, algo más resuelta ahora, aunque con toda la sensación de que no dominaba la situación para nada, le relató el combate que tuvo contra los tres soldados que trataron de dar caza a Amadeo cuando volvía a Chalyben. Le contó cuanto hizo sin descartar detalles morbosos, lo cual hizo que Frandoll se estremeciera de emoción, dando saltos encima de la butaca tal cual si fuera una niña que estaba viendo una película de dibujos animados.
-¡Así me gusta! –exclamó Frandoll cuando acabó de relatar los hechos. –Mi hermana hasta ahora me enviaba sólo criados y doncellas que nada saben de cuanto se sufre allá afuera. La única que me hablaba de las batallas que sucedían allá afuera era ella misma.
-¿Es que ella también ha luchado?
-¡Oh, sí! Cuando se casó, su marido Adrian le enseñó esgrima y acabó siendo casi tan buena como él. Según lo que me han contado de ella, fue capaz de expulsar a más de cinco soldados de la entrada de Chalyben ella sola hace siete años. Pero dejemos de hablar de ella… –Fran calló buscando algo que hacer. –¡Ya sé! ¡Es la hora de comer! –dijo soltando a Zoé y marchando a la entrada, diciendo con la voz en grito: –¡Id trayendo la comida! ¡Hay invitados!
No tardó en volver y, otra vez, se cogió al brazo marcado de Zoé.
-¿Te quedarás a comer?
-Claro que sí… –respondió ella algo preocupada por lo rápido que estaban sucediendo las cosas.
-¿Puedo comer un poco de ti mientras viene el criado?
Zoé dudó un poco: Últimamente le había estado dando de comer regularmente a Yaksa por lo que no sabía si andaba muy bien de sangre…
-Pero no mucho, por favor –respondió Zoé. –Una amiga mía ha comido de mí hace poco…
-Entonces perfecto –dijo Fran cogiéndole el brazo sin dejarle terminar la frase. Primero pasó una manga de su vestido sobre la marca y seguidamente, ni corta ni perezosa, le asestó un mordisco igual al primero que le dio Remiria.
“Menos mal que ya estoy acostumbrada” se dijo Zoé aguantando estoicamente el dolor.
Frandoll parecía mucho más serena ahora, sorbiendo y lamiendo la herida con fruición, disfrutando del sabor de la sangre de Zoé. Apenas movía la cabeza mientras apretaba sus labios contra el brazo.
-¿Está buena? –preguntó Zoé dándole un par de palmadas en la cabeza a Frandoll.
La aludida respondió dando un último chupetón y retirándose con una sonrisa en los labios.
-Deliciosa –respondió yendo a por un pañuelo para limpiarse los escasos restos de sangre que tenía en la cara. –Generalmente sólo bebo sangre de hombres grandes y fuertes. Mi hermana casi nunca me deja que pruebe la de otra clase de gente.
-¿Es que hay diferencias?
-Típica frase de elato. ¡Claro que las hay! No es lo mismo la sangre de un flacucho que la de una mujer de buen ver, o la de un niño o la de un viejo… no. Todas tienen ligeras diferencias.
-Y la mía, ¿cómo es?
-Tiene un sabor ligeramente metálico pero salado en el fondo. Deja muy buena sensación en la garganta.
-Bueno es saberlo –dijo Zoé sacando un pañuelo limpio para limpiarse la saliva que se había dejado Fran sobre la herida. –¿No tendrá algo de cica por ahí?
Frandoll le pasó una caja que había encima de la estantería y se retiró a una esquina a seguir leyendo el libro que había cogido cuando Remiria estaba presente.
-¿Qué es lo que lee? –preguntó Zoé con curiosidad.
-Cuentos… –dijo ella distraídamente sin apartar los ojos del libro. –Esto es lo único divertido que se puede hacer por aquí.
-¿Sólo lee?
-¿Y qué más se puede hacer? Si no te puedes mover, mueve a tu imaginación.
-¿Nunca ha salido?
-Hace más de tres años de la última vez… –Frandoll bajó el tono de su voz, como si lo que dijera le diera vergüenza. –…es que soy un peligro para todos…
Zoé se acercó a ella para escucharla mejor sin llegar a tocarla.
-Lo cierto es que… –continuó –…no me gusta estar con mucha gente… no soporto que me miren con curiosidad, no me gusta que me señalen… ni siquiera me gusta que me llamen por mi nombre.
-¿Por qué?
-¡No me preguntes por qué! –exclamó Frandoll de repente, golpeándola y alejándola de sí. –¡No tienes porque saber cómo pienso! –siguió gritando mientras la golpeaba enrabietadamente pero, cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, se retiró a la esquina más oscura de la sala para llorar por no poder controlarse.
Zoé se llevó la mano a la nariz y, tras comprobar que seguía en buen estado, pensó que había hecho una pregunta muy poco adecuada: A Frandoll no le gustaba que la señalaran como alguien especial pues una vez ya la habían tratado de esa manera. En Tricápita.
-Lo siento… –se disculpó Zoé. –Si quiere, ya me retiro –dijo dando unos pasos hacia la puerta.
-Quédate –ordenó Fran sin moverse de la sombra, paralizando a Zoé por el frío tono que desprendía esa palabra. –No te vayas.
Zoé, obedeciendo a la utukku, volvió a la butaca y se sentó fijando su mirada en la difusa imagen que podía percibir de ella, escuchando los gemidos y respiraciones de esa pobre criatura desgraciada. Así se quedaron hasta que Rock entró en la habitación con una bandeja con comida para dos.
-Déjanos a solas, ya –ordenó secamente Frandoll nada más dejó él la comida, siendo obedecida de inmediato. –Puedes comer –dijo nada más se marchó Rock. Ahora su tono parecía haberse dulcificado un poco.
-¿No quiere usted? –preguntó Zoé acercando la butaca a la mesa donde estaba la comida.
Fran no respondió por lo que Zoé supuso que comería más tarde, sin embargo, tras comer un par de cucharadas, Frandoll se le unió.
-Lo siento –dijo ésta nada más sentarse. –Ya te lo dije… soy un peligro para todos… –dijo conteniendo las lágrimas.
Zoé no dijo nada más y siguió comiendo al tiempo que escuchaba cuanto le decía la pobre mujer.
-No te entiendo, chico –dijo Trevor. –Sabes que ya no tienes que hacer nada…
-Me aburría estando allí dentro sin hacer nada –dijo Amadeo siguiendo a Trevor por el bosque hasta una de las atalayas de vigilancia que rodeaban el circulo exterior de Chalyben. –Además, me sienta mal que sea Zoé la única que esté haciendo algo útil en el Rat.
-…menuda estupidez… Eres héroe de guerra y encima quieres seguir luchando…
-¿Héroe yo? ¡Ja! –exclamó Amadeo. –Por lo que a mí respecta yo sólo hice dos cosas: Matar gente y sobrevivir. No he hecho nada realmente heroico.
-¡Hablas como un viejo, chaval! –dijo Trevor riendo. –Ya veo que la juventud no es tan tonta como suponía. En todo caso, creo que deberías vivir más tu vida antes que pensar en quitársela a los demás.
-Si lo hago, no es por gusto.
-No hace falta que lo asegures. En estos tiempos, nadie hay quien viva como desearía. Hasta la familia real tiene sus propios problemas.
-¿Qué clase de problemas? –preguntó Amadeo viendo el árbol en el que se encontraba la atalaya.
-Políticos y diplomáticos. Me resultaría un tanto complicado explicarte cómo son las relaciones entre Rats pero, para resumir, se puede decir que cada Rat tiene ambiciones independentistas. Sí, Adrian es el rey de todos los Rats de la región de Arseal (son más de cincuenta) gracias a su sangre real pero, con el paso de los siglos, no se ha podido detener ese problema que es que cada uno de ellos quiere asentar su propio poder. En algunos casos es sólo por dinero, como en el Rat Insigne y sus minas de plata pero en otros es por otras razones que se me antojan más importantes, como en el Rat Eftar que se encuentra en la frontera. Si a esto le añadimos la problemática de tratar con otros países utukku… no resulta ser nada sencillo.
-Ya veo… os negáis a uniros.
-Nos apoyamos, pero no, no nos unimos. Los países que dominan Nobles están demostrando que tienen una cohesión que roza la perfección por lo que tienen una fuerza defensiva ardua de romper pues, cuando uno de esos países no puede defenderse, los demás acuden en su ayuda. Como las alianzas entre utukku no están tan bien definidas, todo cuanto podemos hacer es esperar y defendernos.
-¡Ah del árbol! –llamó Amadeo cuando llegaron junto a la atalaya. –Bajad la escala.
En un instante, los guardas que vigilaban allá arriba lanzaron la escala y los recién llegados pudieron subir. Una vez arriba, los dos guardas que estaban ahí marcharon sin mediar palabra para ir a tomar un merecido descanso tras más de ocho horas seguidas de vigilancia.
La atalaya no sería más que una pequeña plataforma de madera que se sostenía en los troncos. No tendría una superficie mayor que cuatro metros cuadrados pero gracias a los árboles sobre los que se apoyaba, tenía un aspecto bastante acogedor aparte de quedar muy bien oculto entre las ramas. Colgado de una rama había una jaula con un uiban, una especie de murciélago / lagarto oriundo de las cavernas de Chalyben, el cual hacía las veces de paloma mensajera y voz de alarma.
-En fin –dijo Trevor acomodándose. –Aunque lo que haces, en mi opinión, es una idiotez, te agradezco la compañía.
-¿Y yo qué? –se quejó Frondea.
-De ti no me olvido, pequeñaja –dijo dejándola salir de su chaqueta. –Siempre es mejor tener a alguien con la sangre más joven que la mía.
Amadeo no dijo nada y, mientras veía ponerse el sol, se soltó su espada, cogió un arco y se puso a otear la llana cuesta de la colina sobre la que estaban.
Tres horas después, siendo ya noche profunda, los dos seguían vigilando la zona en completo silencio a pesar de la casi nula visibilidad que daba la luna menguante (que, por una vez, se dejaba ver por entre las densas nubes y brumas de Arseal).
-Si quieres dormir un poco, hazlo –dijo Trevor. –Generalmente no hay soldado que se acerque tanto a Chalyben.
-Ya nos persiguieron una vez hasta tan cerca y, de hecho, lograron burlar la vigilancia, ¿recuerdas? –dijo Amadeo sin cambiar siquiera de posición para evitar que Goppler se despertara. –No pasará nada porque me vaya un par de horas más tarde a dormir.
Trevor se levantó para estirar las piernas y los brazos, los cuales tenía medio entumecidos y volvió a su posición.
-¿Por qué haces esto? –preguntó éste mientras giraba su cabeza para recuperar el tono.
-Ya te lo dije: No me gusta sentirme inútil.
-No, ésa sólo es parte de la respuesta. Si lo que hubieras querido es ayudar habría bastado que tomaras un trabajo en la herrería o en la biblioteca, por ejemplo. ¿Por qué precisamente soldado?
-…quizá porque no creo que haya un trabajo que se me dé mejor –respondió tras un rato de reflexión. –Llámalo tontería si quieres pero creo que lo mejor que puedo dar de mí es, precisamente, mi habilidad con la espada.
-Aún crees que puedes volver a casa…
-Tengo esa esperanza. Ya que el Rat me va estar protegiendo hasta que encuentre la manera de volver a casa, hasta entonces lo protegeré yo aunque sólo sea una persona.
Zoé se quitó el brazo de la dormida Frandoll de encima suyo y se levantó para estirarse tras esa larga larga noche.
-¿Puedo salir ya? –preguntó su daimonion desde debajo de su cama.
-¡Chitón! –exclamó Zoé por lo bajo dirigiéndose a donde estaba él. –Ya me costó que se durmiera como para que la despiertes.
Ku-Te bajó la cabeza avergonzado pero la levantó cuando su persona le dio una palmada en la coronilla.
-En todo caso –añadió ella por lo bajo –muy listo tú al ocultarte bajo la cama cuando entró ella.
-¿Qué vas a hacer con Fran? –preguntó Ku-Te en un susurró.
Zoé miró a la mujer con la poca luz que le propiciaba la lámpara de aceite que había sobre la cama y se fijó que incluso en sueños no dejaba de llorar y gemir dolorosamente.
-Quedarme con ella. No sé si empeoraré su estado pero creo que podría ayudarla a que se sienta mejor.
-¿Crees que podrás curarla?
-¿Yo? Ni de broma. No soy psicóloga y ni siquiera sé cuál es el auténtico problema que tiene… Pero si mi presencia es capaz de hacer que se sienta algo mejor, que así sea.
Ku-Se te asomó un poco más y miró a Zoé a los ojos.
-¿Por qué lo haces? –preguntó clavando su mirada en la de Zoé como si fuera un puñal.
-¿Qué por qué? –preguntó ella a su vez mientras metía la cabeza de Ku-Te de nuevo bajo la cama. –Porque creo que debo hacerlo. Si para algo sirve mi estancia aquí, que sea para aliviar a esta mujer.
-¿Es porque es la hermana de Remiria? –preguntó el otro desde la oscuridad.
-No negaré que ella es parte de la razón –respondió Zoé metiendo la cabeza debajo de la cama para evitar ser escuchada –pero la verdad es que me gusta hacer esto, cuidar de alguien que se siente desvalido y sufre mucho, aliviando su dolor aunque sea tan sólo con mi presencia.
-Tú lo que estás es resentida.
-¿¡Cómo di…!? –dijo alzando la cabeza golpeándose con el somier. Zoé sacó su dolorida cabeza de debajo de la cama al tiempo que volvía a mirar allá debajo.
-¿Qué pasa? –preguntó Frandoll despertándose haciendo que Zoé se volviera a golpear la cabeza asustada. –¿Qué haces ahí?
-…nada –dijo llevándose la mano a la nuca. –Se me cayó el brazalete debajo de la cama, nada más. ¿La he despertado?
-…no suelo dormir mucho… –dijo cerrando los ojos al tiempo que se estiraba sobre la cama. –Cuando duermo con mi hermana o con alguna doncella suelo dormirme más rápido pero generalmente me despierto entre pesadillas.
-¿Pesadillas sobre… Tricápita?
-Sí… –respondió ella casi sin voz al tiempo que se tapaba bajo la manta.
Zoé se sentó en la cama al lado de Frandoll y le quitó la manta de la cara.
-¿Podría pediros un favor? –preguntó Zoé inclinándose sobre ella y reuniendo cuanta sangre fría tenía. –¿Me podéis contar qué soñáis?
Y, como ya tenía previsto, Frandoll le respondió con una sonora bofetada al tiempo que se alzaba violentamente para lanzarse sobre ella.
-¿¡Cómo se te ocurre pedirme cosa semejante!? –chilló al tiempo que apretaba sus manos sobre su cuello. Sin embargo, esta vez enmudeció al ver que Zoé no trataba de defenderse sin siquiera alterar su cara, como si hubiera estado esperando esa reacción, por lo que Frandoll retiró sus manos, apartándose en silencio mientras Zoé se pasaba la mano por el cuello. Tras unos segundos de pesado silencio, Frandoll habló: –¿Por qué me haces esa pregunta?
Zoé se acomodó sobre las mantas, relajadamente y sin prisas, sin mostrar preocupación alguna en sus rasgos.
-Tengo un amigo que sueña mucho, ¿sabes? –dijo Zoé mirándola a los ojos y cambiando el registro que había estado usando hasta ese momento con ella. –Hubo una época en la que realmente se puso pesado con eso de los sueños, época en la cual aprendí cosas de su afición casi sin querer (tengo la mala costumbre de casi memorizar todo cuanto me dicen los demás). Ahora que me dices que sueñas con algo que te hace sufrir, se me ha venido a la cabeza una frase que dijo: “Nuestros sueños no son más que reflejos de todo lo que vivimos, sentimos, amamos, odiamos y sufrimos. Lo queramos o no, eso es lo que nosotros somos y, si no nos gusta, podemos enfrentarnos a esa verdad que nos muestran”. Lo que deseo saber es qué es lo que reflejan tus sueños. El contármelo podría servirte como método para “enfrentarte” a lo que te muestran.
Frandoll volvió a echarse, dándole la espalda a Zoé.
-Muy bien –dijo Zoé con tono paciente como si no le importara su silencio, echándose también y apoyándose en su espalda. –Buenas noches.
-Me los como –dijo Frandoll de repente.
Zoé evitó manifestar nada y se quedó apoyada en su espalda esperando que dijera algo más. En su espalda notó como su compañera de cama se encogía al tiempo que temblaba como un flan pareciendo que lo que acaba de decir era algo digno de temer.
-…noche tras noche… sueño que me los como… siempre igual y de la misma manera que hice aquella vez –continuó con un hilo de voz. –Recuerdo a Loki, recuerdo a Remiria y a mis padres… Veo como Loki muere por los salvajes mordiscos de mi abuelo y como mis padres le mataron entonces… y luego, sabiendo que su cordura poco duraría, ellos vinieron a por nosotras y nos ordenaron… que comiéramos de ellos… –Frandoll empezó a gimotear –…¡nos dijeron que así éramos! ¡Que éramos monstruos que sólo deseaban vivir aunque fuera a costa de los demás! ¡Que si no los matábamos nosotras, serían ellos los que nos matarían!
Frandoll se dio la vuelta en un instante y se abrazó a Zoé, para no volver a decir nada durante el resto de la noche.
A pesar de la fuerza de su abrazo, Zoé cogió la manta y se cubrió tapando a Frandoll también, sabiendo que estando cubierta se sentía mejor.
“Hacer lo que jamás hicieron mis padres…” pensó Zoé asiendo las manos de Frandoll. “Escuchar y servir de apoyo cuando me lo piden… ¡Je! ¡Va a ser cierto que estoy resentida!”
Despuntando el alba, a la atalaya llegó el relevo de la guardia.
-¿Con sueño? –preguntó Trevor viendo la cara de trueno que tenía Amadeo. –¿No estás acostumbrado a trasnochar?
-No demasiado –contestó Goppler con más ánimo que su persona. –Tan sólo tiene que ir a la cama y descansar un poco, nada más.
Trevor lanzó la escala y en menos de un minuto, el relevo llegó a la atalaya, saliendo los otros dos seguidamente.
-Bueno… en unos minutos tendrás una comida caliente y una cama esperándote.
Amadeo no respondió y sacó su cantimplora, echándose agua en la cara para despejarse. Tras esta operación, se sintió mucho más fresco y se dirigió con paso vivo hacia el Rat.
Al llegar, se encontraron con un grupo de gente delante del descampado que había delante de la entrada a la empalizada, todos mirando al cielo.
-¿Qué pasa aquí? –preguntó Trevor al soldado que estaba de guardia.
-Buenos días a ti también, Trevor –respondió algo molesto el otro. –No pasa nada realmente especial, tan sólo que un enorme pajarraco ha estado sobrevolando el Rat desde el amanecer. Nadie sabe lo que es pero ha atraído un montón de gente al exterior del Rat.
Tanto Trevor como Amadeo alzaron la vista y allí lo vieron, tal como les dijo el guarda: Un pájaro de enormes proporciones estaba dando vueltas por encima del Rat, como si estuviera observando algo.
-¿Cómo decías que se llamaba aquel amigo tuyo del doppelgänger gigante? –preguntó Trevor.
-…Jack…
-¿Seguro que nos verán? –preguntó Dai. –Ya empiezo a aburrirme.
-No te preocupes: Cuando se corra la voz de que estamos aquí, nos harán la señal.
-¿No deberíamos ir a ver cómo está El’Lo?
-No sé yo… Mejor no volvamos hasta que los de allá abajo digan que somos de fiar. Hasta entonces mejor esperar.
Dai descendió un poco más para mostrar su enrome tamaño más claramente a la muchedumbre curiosa y así llamar más la atención y vio, junto a su persona, como la gente se arremolinaba en el centro del campamento empalizado, mirando embobado el vuelo de esa titán. Sin embargo, minutos más tarde, el grupo se disolvió dejando la zona central del área libre de personas. Seguidamente, alguien empezó a echar lo que parecía polvo de yeso sobre el suelo, escribiendo enormes letras que sólo eran visibles desde el cielo:
“BAJA” rezaba el letrero, orden a la que Jack no se negó, pidiéndole a su daimonion que descendiera.
-Después de esto, ve a vigilar como va el viaje de El’Lo –pidió la persona mientras se colocaba la Winchester y su preciado cargamento en una buena posición.
-Entendido –dijo Dai mientras Jack se descolgaba sin temor alguno de su cuello hasta sus patas. –Ya nos veremos.
Así pues, entraron sobrevolando el bosque cercano, pasaron la muralla, Dai descendió para volar a ras de suelo y Jack se lanzó al suelo cayendo con bastante entereza y siguiendo Dai con su vuelo de vuelta al bosque.
Inmediatamente, el visitante fue rodeado por un montón de personas que le lanzaban miradas curiosas por su extraño atuendo, cosa a la que él no reaccionó, quedándose inmóvil a la espera de que alguien se dirigiera a hablarle.
-¿Cómo has hecho eso? –dijo alguien a su espalda.
-Hola, Amadeo –dijo Jack como si tal cosa, dándose la vuelta. –Dichosos sean los ojos. ¿Está Zoé por ahí?
Jack miró a un cambiado Amadeo, algo más delgado que cuando lo vio por última vez, con unas cuantas pequeñas cicatrices de cortes en la cara pero con buen color, señal de que había estado bien alimentado. Goppler estaba a sus pies y por la expresión de sus facciones, Jack sabía que estaba más sorprendida que el propio Amadeo de lo que acababa de hacer.
Aún algo extrañado, Amadeo se giró para ver como Dai se alejaba hacia el bosque para cerciorarse de que había visto lo que había visto y al poco volvió a preguntar:
-¿Cómo…?
-Me han pasado muchas cosas desde que nos separamos –respondió el otro. –Viajé, conocí gente, hice amigos, me atacaron, me separaron de Dai, me encerraron durante la tira de tiempo, me escapé de la cárcel junto a Anerues, maté a unos cuantos soldados que trataron de matarme, me reuní con Dai de nuevo, ayudé a que volaran una instalación secreta de la iglesia y, al final, Anerues me dijo que me viniera para acá para darte alguna explicación de lo que está pasando. Si quieres, te cuento más pero preferiría que Zoé estuviera delante. ¿Me presentas a tu amigo? –preguntó señalando a Trevor que estaba junto a Amadeo.
Así pues, Jack fue guiado hacia una de las chozas que poblaban la zona exterior del Rat, lugar donde se sentó relajadamente.
-Por tercera vez –dijo Amadeo: –¿Cómo te has separado de ella?
-Tú debes ser Frondea, ¿no? –preguntó Jack señalando a la aludida. –Anerues me ha hablado de ti… –Jack calló al ver la cara de seriedad de su amigo por lo que se apoyó en el respaldo de su asiento y se dirigió a él. –Perdona, es que después de ese tiempo en la cárcel me siento mucho más contento aquí en el exterior. Lo que hice para que Dai se alejara de mí es algo sin importancia. Lo importante es la razón por la que he venido –dijo cogiendo su gran mochila y sacando su contenido: Primero sacó una gran caja negra de forma alargada y, tras abrirla, sacó una cuchilla de superficie brillante de bastante tamaño.
-¿Qué es eso? –preguntó Amadeo algo extrañado.
-La guillotina de plata o, como lo diría Anerues, “el filo definitivo, el cual es capaz de cortar hasta las fronteras del tiempo” –y, para demostrar que sus palabras eran ciertas, alzó la cuchilla con cuidado y descargó su fuerza sobre su asiento, partiéndolo por la mitad como si hubiera cortado el aire. Viendo la cara de anonadamiento que ponía su amigo, se rió y buscó otro lugar donde sentarse. –Aquí cada uno se ha currado su camino a su manera: Tú, luchando; Zoé, mostrando su personalidad; Lou, investigando; Anerues soñando y yo, viajando. Y, para colmo, todo lo que nos ha pasado ha sido cosa del “destino”… Perdón, estoy adelantando cosas que no debería decir aún…
-¿Qué dices del destino? ¿Quieres decir que estaba prefijado que llegáramos aquí…? –Amadeo calló al darse cuenta de lo que estaba diciendo. –¿Pero que chorradas estás diciendo?
-Puede que hasta nuestros nacimientos estuvieran prefijados pero eso no es algo que deba preocuparnos ahora. Anerues me dijo dos cosas: La primera es que debemos esperar a mis compañeros de viaje y, la segunda, esta noche, todos a dormir. Después de eso sólo me dijo que nos preocupáramos de descansar, que vigiláramos nuestras espaldas y que esperáramos a que llegase.
-¿De qué estás hablando?
-Un grupo de Orichalcum se acerca a Chalyben. Lo más probable es que el ejército de la espada cruzada les asalte así que convendría protegerlos. Y ahora, si no os importa, ¿podría dormir un poco? Hace días que no toco una cama.
-No sé… –dijo Remiria llevándose la mano a la frente, pensando fríamente. –Esto ya es algo que no me incumbe sólo a mí: Tanto Frandoll como Zoé quieren seguir juntas y, por mucho que lo desees, no puedo contradecirlas.
-Pero… –intentó quejarse Amadeo.
-No te preocupes –interrumpió ella. –Ella está trabajando voluntariamente y no parece que Frandoll le haya hecho nada grave. De hecho, ni siquiera parece que Frandoll haya obligado a hacer nada a Zoé, es ella la que ha decidido quedarse. Ella misma que ha dicho que no las molestáramos durante al menos dos días, que quería probar algo con Frandoll para que se sintiera mejor…
-¿Al menos podría hacerle llegar un mensaje?
-Por supuesto pero, ¿ese chico es de fiar?
-Yo respondo por él. En todo caso, tiene conocimientos técnicos de artillería, es decir, sabe más o menos como construir armas de fuego. He oído que ya han descubierto la fórmula exacta de la pólvora por lo que la ayuda de Jack podría ser un buen apoyo para el desarrollo de esas armas.
-Siguen sin gustarme esas armas –dijo ella secamente. –Tres investigadores han resultado heridos por una explosión provocada por esa sustancia. ¿Estáis seguros de que puede ser una ventaja?
-Por lo que vi en el otro mundo –dijo Trevor –las armas de fuego son como una espada: Su filo puede volverse contra usted si no las controla bien.
-¿A qué te refieres?
-Nada importante –respondió Amadeo. –Vio como un hombre disparó su arma contra su pie. Tras eso vimos como tenían que amputárselo al gangrenarse la herida por falta de medicinas.
-No me gustan… –repitió la reina retirándose a las estancias superiores, no dejando de murmurar esa frase.
-Prueba otra vez, a ver qué tal –dijo Zoé pasándole las baquetas a Fran. Ésta las cogió con decisión y se lanzó a tocar la composición que había escrito Zoé sobre la partitura. –Así, muy bien –animó Zoé mientras Frandoll tocaba el xilófono, quizá torpemente pero muy bien para ser el primer día que tocaba. Así, tras unos segundos de melodía mal tocada, le devolvió las baquetas a Zoé para que tocara ella. –¿Te gusta la música? –preguntó al ver la amplísima sonrisa de la utukku.
-¡Me encanta! –exclamó Frandoll. –¡Ahora toca tú! ¡Vamos!
-Un momento… –dijo Zoé pacientemente, cogiendo la partitura y escribiendo una nueva melodía, lo suficientemente sencilla como para que la otra pudiera seguirla.
-¡No! –gritó la otra quitándole los papeles violentamente. –Sé que puedes tocar cosas mucho más complejas que las tonterías que he tocado yo! ¡Toca algo más virtuoso!
-No son tan tontas si a ti te gustan –dijo cogiéndole los papeles a Frandoll sin hostilidad alguna. –Además, yo lo que sé manejar es el piano, no el xilófono.
-¿Piano?
-Un instrumento de cuerda con teclado. Casi nadie por este Rat sabe cómo es…
-¿Es como el órgano de agua?
-Parecido, sí…
-¡Y dices que no sabes! ¿¡Tú sabes la cantidad de teclas que tiene ese monstruo!?
“No lo sabes tú bien” pensó Zoé recordando sus prácticas. –Sigue habiendo bastante diferencia pero, ya que me lo pides, voy a ver qué puedo hacer –dijo cogiendo las baquetas y concentrándose, al tiempo que Frandoll se alejaba de ella sentándose en una butaca para ser una silenciosa espectadora.
No pasó demasiado tiempo antes que Zoé empezara a tocar, primero lentamente, marcando bien el ritmo con las notas graves, tocando una sencilla melodía con la otra mano. Sin embargo, aceleró el ritmo, volviendo el sonido de su mano izquierda algo más irregular, con mayor variedad de sonidos… en menos de un minuto, Zoé ya estaba aporreando todas las teclas que podía con sus escasas dos manos, tocando una auténtica improvisación para xilófono. No supo cuanto tiempo estuvo golpeando esas notas pero, cuando por fin acabó, con los brazos algo cansados por la velocidad de sus movimientos, Frandoll estalló en aplausos por ella.
-¡Delicioso! –exclamó la espectadora. –¿Qué clase de música es ésa?
-Tan sólo era una simple improvisación. Tampoco es para ponerse así.
-Ojalá pudiera tocar como tú…
-Sólo hay que practicar mucho, nada más. ¿No tendrás por ahí alguna partitura para tocar? A lo mejor encuentro alguna canción clásica de este lugar para adaptarla al xilófono.
-Lo que tengo es poco y no se refiere a la música. Me gustan más las historias bélicas.
-¿Por qué?
-¡No me seas estúpida! –le gritó dando un pisotón para imponerse ante Zoé, tranquilizándose al ver que no se alteraba ni parecía que fuera a hacerlo. –Lo que más me gustaría ver es cómo mueren esos estúpidos Nobles.
-Estoy de acuerdo –dijo Zoé desde su posición sentada. –Sin embargo, me parece a mí que eso de querer estar continuamente en guerra no es sano.
-¿Te estás burlando de mí? –dijo Frandoll clavando sus uñas en un cojín de la butaca en la que estaba sentada Zoé.
-Nada más lejos de mi intención –respondió Zoé sin dar importancia a las violentas reacciones de Frandoll. –Piensa un poco: ¿Crees acaso que luchar toda tu vida es algo que te permita alcanzar una paz algún día?
-Si consigo mi objetivo, sí.
-Pero sabes que semejante objetivo es imposible de alcanzar en una sola vida.
-¡Aunque tenga que criar a mis hijos a mi imagen y semejanza! ¡Los Nobles morirán!
-Tal vez lo estoy enfocando de una manera equivocada… ¿Podrías decirme qué es un Noble?
-Unos imbéciles que sólo piensan en sus doppelgänger, que dirigen el mundo como si fuera suyo.
-Si no nos fijamos en lo de los doppelgänger, ¿qué diferencia hay de ellos a nosotras? Yo ya he visto a Nobles pero no son demasiado diferentes de los utukku, la verdad.
-¿¡Has visto Nobles? –exclamó lanzando sus manos contra la otra pero deteniéndose cuando Zoé le lanzó su tranquila mirada. –¿De qué los conoces?
-Antes vivía con Nobles…
Esta vez Frandoll no se contuvo y le dio un puñetazo a Zoé, empezando a arañarle y escupirle salvajemente, no tardando en retirarse a la librería en busca de un tomo grande que le sirviera de arma.
-¡He hecho mal pensando que serías de confianza! –chilló la utukku lanzándole el libro, parándolo Zoé con indiferencia, para luego levantarse ésta para esquivar mejor los ataques de la otra. Durante un minuto estuvo lanzándole tomos y tomos, con mayor o menor precisión, los cuales Zoé esquivó sin demasiadas ganas (tampoco iba a poder matarla con esos libros) y, pasado ese tiempo, Frandoll se tranquilizó, sentándose entre asustada y furiosa en el suelo.
Zoé, esperando a que se le pasara la rabieta, se limpió los arañazos y los escupitajos, recogió los libros que había lanzado la otra y los volvió a poner en su librería, sentándose junto a Frandoll nada más terminar.
-…te odio… –susurró entre lloros la utukku.
Zoé suspiró y, sentándose ante ella, se descubrió su brazo marcado.
-¿Recuerdas quién me hizo esto? –preguntó Zoé con voz comedida señalando su cicatriz. Frandoll no dijo nada, ignorando el brazo de Zoé, ocultando su cabeza entre las piernas. –Muy bien… –dijo volviéndose a tapar el brazo, levantándose para marchar de la sala.
-Remiria… –interrumpió la otra, volviendo a mirar a Zoé.
Ésta se acomodó dejando su brazo al descubierto para que la utukku viera bien la cicatriz, haciendo que no olvidara cual era su posición respecto a ella.
-Ya ves: Las dos pensáis de manera similar –dijo Zoé señalando la herida. –Cuando llegué aquí, lo único que tu hermana sabía de mí es que venía de un lugar en el que había convivido con Nobles y, por ello, me hizo de todo menos caricias… –dijo señalando las marcas de golpes que aún le quedaban. –Pero, tras algún tiempo y algunas palabras, logró comprender que yo no era sólo lo que aparentaba.
-¿Has traicionado a los Nobles? –preguntó Frandoll.
-Yo no he traicionado a nadie pues no tenía a nadie a quién traicionar. Yo he dicho que “convivía” con ellos, no que ellos mandaran sobre mí.
-¡Ja! –exclamó la otra alejándose de Zoé. –Tú eres mujer y yo sé cómo tratan a las mujeres elatas en Tricápita.
-No he dicho que venga de Tricápita.
-¿No? –preguntó Frandoll sorprendida. –¿Es que hay más lugares donde vivan esos monstruos?
-Los llamas monstruos porque tú no has conocido a los que conocí yo pero, los que yo vi, ni siquiera conocen la existencia de los utukku.
-¿Cómo…? ¿Que no saben… que existimos…? –preguntó Fran dudando de si estaba haciendo una pregunta sensata.
-No, de hecho, para ellos sólo sois una leyenda; una leyenda muy confundida, por cierto.
-Nos llaman monstruos a nosotros…
-Es cierto: Aún siendo seres de leyenda, seguís siendo considerados como monstruos pero al no conoceros, nada hacen contra vosotros pues nada podéis hacerles a ellos.
Frandoll se quedó en silencio un rato, sin moverse en absoluto, como pensando profundamente en algo. De repente, se levantó de nuevo y se volvió a la butaca, indicando a Zoé que se sentara a su lado. Una vez a su lado, la utukku se puso a su espalda y se abrazó a ella, inmovilizando sus brazos y apoyando su cabeza en el cuello de la otra.
-¿De dónde vienes? –preguntó fríamente Frandoll poniendo su oído en el cuello de la otra.
-No soy de aquí –respondió casi mecánicamente Zoé, aceptando el contacto de la otra.
-¿De aquí dónde? –preguntó más fríamente si cabe.
Zoé tardó un poco en contestar pues sabía que una mala respuesta equivaldría a un terrible castigo físico ahora que estaba su cuello tan cerca de los afilados dientes de Frandoll, teniendo sus brazos inmovilizados por su abrazo.
-No soy de este mundo –respondió sin más, sin temblor alguno en su voz pero latiéndole fuertemente el corazón.
Frandoll permaneció largo rato sin decir nada, apoyando su cabeza contra el cuello de Zoé, abrazándola fuertemente pero no tardando en soltarla.
-Tengo sueño…
Esa noche…
-¿Cuánto querías hacerme esperar?
-No se enfade, excelencia. Los utukku no son gente fácil de esquivar.
-¿Y tu compañero?
-Ha ido a relevar a la guardia. Oficialmente, yo estoy haciendo mis necesidades antes de subir.
-Bien. ¿Alguna novedad?
-Ciertamente… sí –respondió el lugareño. –Sería bastante complicado de explicar…
-¿A qué te refieres?
-Hay tres Nobles en Chalyben.
El visitante pareció estremecerse pero inmediatamente se impuso.
-¡Estupideces! –exclamó éste. –No puede…
-Diga lo que quiera, pero es cierto: Hace ya varias semanas que llegaron dos Nobles a Chalyben, un chico y una chica bastante jóvenes, trayendo al rey consigo. Creí que tras la emboscada no volvería a verlo pero, de repente, esos dos lo trajeron vivito, coleando y con más fuerza que nunca.
-Pero siguen siendo Nobles en una ciudad utukku…
-Le sonará estúpido y hasta provocativo pero esos dos no se comportan como los Nobles que he conocido hasta el momento. Sí, tienen su orgullo pero, por lo demás, son muy humildes.
-¿Nos estás llamando soberbios?
-No he dicho eso… quiero decir, que esos dos no dudaron ni un solo instante a la hora de aceptar los más penosos trabajos que les ofrecieron, uno como soldado y la otra como sirvienta personal de la reina. Teniendo en cuenta mi posición, traté de sonsacarle información a la chica mientras el otro estaba fuera en una misión de exploración pero todo lo que saqué de ella fue que me llamó violador… en mi vida pensé que llegaría a hacerlo pero tuve que pegarle una paliza para que callara… No me gusta pegar a las mujeres pero ésa era una chica horriblemente más orgullosa que todas las que conozco: No se amilana ante nadie salvo ante los reyes y una de sus sirvientas; si tiene que dar una voz, la da sin miramientos aunque ello le suponga un golpe; se queja de cuanto le molesta a la vista…
-Bueno, así son los utukku: Rebeldes por naturaleza. Habrá aprendido sus costumbres, nada más.
-¿Y entre sus costumbres está maniatar a la reina durante una noche entera, amenazándola de muerte? No sé qué diantre le habría dicho esa noche pero, algo es seguro, dentro del Rat tiene una carisma terrible.
-¿Una Noble se ha ganado la confianza de la realeza? –preguntó el visitante gratamente sorprendido.
-Una Noble que no ha dudado ni un instante en matar a tres de los nuestros. Respóndame a esta pregunta: ¿Tiene usted idea de quién es y de dónde ha salido?
-No, nosotros no usamos mujeres en nuestro ejército –dijo el otro llevando su mano hacia la cabeza de su doppelgänger oso. –Sea quien sea, debe de ser alguna chica fugada de Tricápita.
-Hay más cosas: Hace relativamente poco, el otro Noble volvió de una misión de exploración, para ir en busca de “algo que hace que la guerra se nos esté muy grande” como suele decir el rey. Y de repente, nos dimos cuenta de que ya no eran dos sino tres, los Nobles que había en el Rat.
-¿Otro huido, quizá?
-Aquí está lo más extraño: El nuevo Noble no es Noble sino utukku.
-¿¡Cómo dices!? –exclamó el otro muy sobresaltado.
-Dice que en ese viaje encontraron una especie de agujero, una especie de puerta que llevaba a otro mundo, un mundo en el que se podía ver una especie de rasgadura en el cielo, tan enorme que a través de ella se podía ver un mundo más allá. Trevor, el utukku, contó que, tras un largo viaje, al llegar a una aldea, encontró a su ¿daimonion? Creo que los otros llamaban así a sus doppelgänger.
-¿Dónde encontraron ese “agujero”? –preguntó el Noble haciendo sus propias pesquisas.
-Está, creo, a unos tres días de camino hacia el sur de aquí, en una de las primeras fosas comunes de la gran peste.
-¿No será el agujero de los turdetanos, verdad? –preguntó el doppelgänger.
-No sé… –dijo el hombre llevándose la mano a la cabeza, tratando de aclarar sus ideas. –Vigila de cerca de esos dos y, si lo crees conveniente, mátalos. Si vienen de donde yo creo, pueden ser gente muy peligrosa. ¿Hay algo más que puedas contarme?
-Sí, más cosas sobre los Nobles esos: Tras cierto tiempo, la chica le enseñó una fórmula alquímica a la reina de una sustancia que podría inclinar la guerra a su favor. He oído cosas de los experimentos, pero de momento nada oficial.
-¿Qué sustancia?
-Ahora no recuerdo el nombre pero sé que sus componentes eran carbón, salitre y…
-…azufre –completó el visitante haciendo que el otro asintiera sorprendido, confirmando la sospecha de aquél. El Noble se abrazó a la cabeza de su gran doppelgänger encarando sus cejas, enfureciéndose por instantes. –Pólvora… esos malditos les han enseñado la fórmula de la pólvora a esos demonios. ¡Maldita sea! –gritó sin importarle que alguien pudiera oírlo. –¡Cuando los tengas a mano, mátalos sin más dilación!
-Sabe que… –intentó decir el otro con la voz en duda.
-¿Que es difícil? ¡Me importa un bledo! ¡Adelantaremos la fecha del ataque si hace falta pero esa fórmula no debe salir jamás de Chalyben! ¡Mata a esos Nobles! ¡Mata a todos los que estén desarrollando la sustancia! ¡Mata a toda la familia real si hace falta! ¡Pero, por lo que más quieras, que nadie haya sabido jamás de la existencia de la Pólvora en este mundo!
-Como vos deseéis, excelencia –dijo el otro inclinándose ante la autoridad que desplegaba el visitante. –Debo retirarme ahora, si no, empezarán a sospechar.
-Mañana, a esta hora te estaré esperando en la colina Nube. Tráeme toda la información que puedas reunir sobre las defensas de ese pedrusco y, si es posible, las cabezas de esos dos.
-Amen…
-Despierta, joven Aruco… –escuchó Amadeo mientras dormía. Éste, algo cansado todavía, abrió levemente uno de sus ojos y miró a quien acababa de hablarle, sobresaltándose como nadie al ver la extraña cara de Dijuana.
-¡Dijuana! ¿¡Qué… qué haces tú aquí!? –exclamó Amadeo.
-¿Tú que crees? Vamos, el Rat está esperando en la entrada.
Dicho esto, Dijuana le dejó una lámpara y se marchó por el pasillo, canturreando algo siendo acompañada por la quejumbrosa voz del cuervo que llevaba en su hombro.
-¿Qué pasa? –preguntó Goppler despertándose por el ruido que había armado su persona. –¿A qué viene esa cara?
-Dijuana ha estado aquí –respondió Amadeo recuperando la compostura y vistiéndose para seguir a Dijuana. –Desperézate rápido, que nos vamos.
Cuando terminó de vestirse, salió rápido hacia la entrada del Rat encontrándose con un montón de gente que seguía su misma dirección. Fijándose un poco en el tumulto, Amadeo distinguió a una cara conocida.
-¡Yaksa! –llamó él.
La aludida, con los ojos algo perdidos, se paró y se giró hacia él, quedándose quieta hasta que le alcanzó.
-¿Qué te pasa? –inquirió él al ver su extraño estado. –Despierta.
Cuando Amadeo dijo “despierta”, algo pareció ocurrirle a la chica, la cual abrió ampliamente sus ojos, perdiéndose más aún en el infinito pero recuperándose poco después.
-¿Qué…? ¿Dónde estoy? –preguntó Yaksa al ver dónde estaba. –¿Qué haces aquí…? ¿Qué hago YO aquí?
-Lo mismo iba a preguntarte yo. ¿Qué está pasando?
-No lo sé… –respondió Yaksa aún confundida. –Yo me fui a dormir, como todas las noches y, de repente, algo me forzó a levantarme para ir a la entrada del Rat…
-Vayamos para allá entonces. Habrá que ver qué está pasando –dijo Amadeo al fijarse en que todos los presentes estaban como adormilados e iban en la misma dirección.
Zoé abrió los ojos sobresaltada al darse cuenta de que se había quedado dormida. Aún pensando que Frandoll se controlaba lo suficiente gracias a su lado infantil, sabía que al más mínimo acceso de ira, ya fuera en la realidad como en un sueño, podría acabar con sus colmillos en el cuello. Por ello, intentó mantenerse lúcida toda la noche para evitar, en la medida de lo posible, un más que probable ataque de su compañera de cama… cosa que, evidentemente, no había conseguido.
Zoé se levantó para desperezarse y acercarse a la única y débil lámpara que permanecía encendida y allí miró su reloj para saber cuánto tiempo había pasado dormida. Pero, para su sorpresa, su reloj había cambiado, mostrando unas agujas horriblemente retorcidas con puntas en forma de corazón negro y mostrando doce sietes en lugar de la numeración normal de la esfera.
“¿Qué…?” pensó confundida dándose cuenta al poco de lo que pasaba.
-¡Anerues! –llamó a viva voz, sin temor de despertar a Frandoll. –Esto es un sueño, ¿no?
Como respuesta, un potente golpe de aire sacudió la sala y abrió la puerta de entrada con gran ímpetu.
-¿Qué pasa? –preguntó Frandoll medio dormida pero sorprendida por la ventolera. –¿A qué vienen esos gritos?
-Nada especial –respondió Zoé falsamente. –Mira, nos han dejado la puerta abierta ¿Qué te parece si nos vamos a dar una vueltecita por el Rat?
Frandoll se levantó extrañada y miró al pasillo, ahora sin cortinajes, pudiendo ver perfectamente la puerta y la luz del pasillo. Sin embargo, su reacción no fue de alegría sino de espanto, ocultándose rápidamente bajo su manta.
-¿No me irás a decir que temes salir? –preguntó Zoé divertida, aparentando que eso era de lo más normal.
-No puedo salir. Soy… peligrosa…
-¿Peligrosa? –preguntó Zoé sonriendo con gracia. –Yo he pasado tres días contigo y no me has parecido nada peligrosa. De hecho, eres bastante inofensiva. ¡Je! ¡Tres días! ¡Incluso te dije que viví con Nobles y tú sólo lloriqueaste asustada sin atacarme en serio! ¿Peligrosa tú? ¡Ni en sueños!
-¿Por qué me hablas así? –preguntó Frandoll algo llorosa al ver que el comportamiento de Zoé era menos sosegado y más descarado.
-Ku-Te –llamó Zoé, saliendo su daimonion de debajo de la cama, siendo seguido por la vista asustada de Frandoll. El Cu-Sith se dispuso al lado de Zoé y se sentó, diciendo con voz simpática:
-Buenas noches.
Esta vez Fran, cambiando su cara de niña por su cara más salvaje y animal, no se refrenó en absoluto y se lanzó contra Zoé, saliendo ésta corriendo fuera de la habitación conociendo las salvajes reacciones de la utukku. Como sabía que eso era un sueño, no se cortó a la hora de correr con todas sus fuerzas a través de los ahora cambiados túneles del Rat, viendo como Frandoll tampoco se refrenaba, siendo su obsesivo deseo de destruir a los Nobles más poderoso que su sensatez y percepción del cansancio que debería dominarla.
Como Zoé ya imaginaba, todos los túneles y pasillos que atravesaba estaban desiertos de solemnidad, escuchándose sólo sus pasos, los de Ku-Te y los de su perseguidora. El problema estribaba en que ella apenas conocía esa zona de la montaña por lo que, más de una vez, Fran estuvo a punto de darle caza. Dieron más de tres rodeos por los mismos pasillos, una y otra vez, por ese laberíntico y absurdo trazado, estando Zoé cada vez más nerviosa pues su plan podría malograrse si pasaba demasiado tiempo.
-¿A dónde vamos? –preguntó Ku-Te mientras corría por delante de su persona.
-Fuera del Rat –gritó para que Frandoll le escuchara. –Tú encuentra el camino.
Ku-Te, a sabiendas de las posibilidades que permitía el sueño, se separó de su persona la cual le perdió de vista en pocos segundos.
Tras varios minutos de carrera, Zoé perdió a la perturbada utukku y vio como había llegado a las dependencias del Palacio del Rat. Pensando que la otra tal vez se habría perdido, Zoé se paró para escuchar mejor los pasos de Frandoll.
-¡Estoy aquí! –gritó Zoé al escuchar un eco de los pasos, el cual se dirigió de inmediato hacia ella. Así, Frandoll apareció en ese túnel blandiendo un cuchillo que, probablemente, había cogido de la cocina. La otra volvió a escapar ya más animada que antes pues ya se conocía mejor el camino. Guiando a Frandoll por esos lugares, Zoé vio como el aire se templaba y humedecía, como si hubiera gran cantidad de gente cerca de donde estaba. Sin embargo, cuando llegó a la gran entrada no encontró a nadie a pesar del calor que se notaba en el ambiente y de los extraños ruidos que resonaban en todas partes.
Frandoll no pareció apercibirse de esto último y siguió corriendo tras de Zoé la cual ya había logrado atravesar el arco de entrada a la montaña. Ésta siguió corriendo hasta salir del campamento empalizado y llegar al bosque, lugar en el que se dio la vuelta dejando que Fran hiciera lo que quisiera con ella. Y Frandoll no se hizo de rogar, derribándola e inmovilizándola contra el suelo donde empezó a golpearla tan histéricamente como siempre, alzando su cuchillo al final, para clavárselo a Zoé entre las cejas. Sin embargo, algo detuvo la mano de la utukku a pesar de seguir ésta totalmente enfurecida, al tiempo que respiraba fuertemente.
-¿A qué esperas? –presionó Zoé sintiendo el virtual peso de su atacante atenazándole los brazos contra el suelo. –Mátame.
-¿Por qué? –preguntó Frandoll apoyando el cuchillo sobre el cuello de la serena Zoé. –Si eras Noble… ¿por qué has pasado todo este tiempo conmigo?
-Tú representas uno de mis mayores deseos –respondió Zoé notando la mordedura del cuchillo sobre su piel pero sin esbozar muestra alguna de preocupación por lo que pudiera ocurrirle.
-¡No seré tú esclava! –gritó la otra volviendo a golpear y arañar histéricamente a su presa pero no alterándose ésta, la cual seguía mirando firmemente los ojos de su captora.
-Ni quiere que lo seas –dijo Ku-Te colocándose a la vista de la utukku haciendo que ésta dejara de golpear. –Ella quiere otra cosa de ti.
-¡De mí no conseguiréis nada! –chilló Fran apoyando la punta del cuchillo sobre la garganta de la otra con las manos temblorosas.
-¿Y qué es lo que refrena tu mano pues? –preguntó la víctima sin temor. –Puedo asegurar, sin temor alguno, que es mi deseo el que lo causa.
-¡Tú no me controlas! –gritó cerrando los ojos y alzando el cuchillo con ambas manos, reflejando una gran inseguridad que trataba de vencer burdamente.
-Ser como tu madre es mi deseo.
Frandoll se paró en seco y abrió los ojos para ver a Zoé sin haber cambiado en nada su expresión. Fue, sin embargo, un instante tan sólo, pasado el cual, el cuchillo siguió su trayectoria hasta hundirse en el cuello, haciendo que el cuerpo de la Noble se estremeciera pero sin dar señal alguna de sufrimiento. Sin desviar la mirada, los labios de Zoé se empezaron a mover, como tratando de aspirar algo de aire. Sin embargo cuando, siguiendo su impulso natural, tosió intentando eliminar lo que estaba atascando su garganta, escupió sangre la cual empezó a fluir por sus mejillas.
Fran mantuvo las manos sobre la empuñadura del cuchillo, viendo como Zoé moría poco a poco, viendo como la herida y su boca sangraban cada vez más… sin poder hacer nada por evitar que siguiera manando sangre pues, nada más sintió como el cuchillo atravesaba la carne de su amiga, supo que ya no había vuelta atrás y que había cometido el más estúpido error que jamás habría deseado hacer. Con ojos llorosos y manteniendo una cara mezcla de ira, alegría y la más sórdida tristeza, se volvió hacia su doppelgänger, el cual acusaba el efecto remoto del ataque que había recibido su persona empezando a disolverse éste en una masa de polvo difusa que desdibujaba las poderosas formas del animal, desapareciendo en cuestión de segundos.
-¿Zoé? –preguntó al cadáver que aún seguía mirándola con los ojos perdidos, que parecían querer seguir buscando los de su atacante. –¿Zoé? –insistió al no recibir respuesta pensando que tal vez siguiera viva y que sería capaz de responderle. –Despierta, por favor –Frandoll no pudo evitar que las lágrimas empezaran a escaparse de sus ojos… no, no era tristeza lo que le hacía llorar, todo lo que deseaba en ese momento era no ver lo que tenía ahí delante, era demasiado horrible y, sin embargo, sabía que tenía que hacerlo. –Por favor… –le quitó del cuchillo del cuello y vio la horrible herida que se podía ver tras ella, llevándose la mano Fran a la suya propia al ver una imagen tan sugestiva. –¡Vuelve! –ordenó golpeándole los hombros con los puños crispados, no aceptando nada de lo que estaba viendo. Pero ninguna respuesta recibió de la masa inerte que yacía bajo sus piernas. Frandoll no pudo evitarlo y rompió a llorar como la niña que aún era, sin poder pensar claramente en lo que acababa de pasar, como si todo fuera una terrible pesadilla que aún no comprendía.
“¿Para qué has muerto?” se preguntó a sí misma mirando la ensangrentada cara de Zoé. “¿Por qué te he matado? ¿Tan sólo por ser Noble debía irse…? ¿Acaso yo pensaba que ella deseaba matarme? ¡No! ¡Ella jamás me mostró hostilidad! ¡Ni siquiera me provocó! ¡Habló conmigo! ¡Me escuchó! ¡Jamás me contradijo y en todo momento estuvo ahí! No te odiaba en absoluto… ¿Y para qué matarte?” pensó intentando limpiarle la sangre de la cara pero no haciendo otra cosa que embadurnarla más. ”Ella no pudo hacerme nada en el pasado… ella no me capturó, no me torturó ni hizo que me comiera a mis padres…” Frandoll encaró ceja con ceja, irritada. “¿Por qué te dejaste? ¿¡Por qué demonios no te defendiste!? ¡Si te hubieras defendido, si tan sólo tú te hubieras defendido, podría entenderlo! ¡Podría aceptarlo! ¡Aceptar la muerte de esta manera no es leal!” Frandoll se crispó y abofeteó el cadáver en un ataque de rabia que fue incapaz de contener pero del que se arrepintió de inmediato, colocando la cabeza de Zoé de nuevo mirándola, siendo en este momento su único consuelo. No podía culparla de nada. Eso era. Ahí, la única culpable era ella misma, una pecadora que nada podía hacer por resolver ese asesinato. Pensando obsesivamente en todo esto, se inclinó sobre el cadáver y lloró más fuerte si cabe.
¿Cuánto tiempo pasó llorando? Ni ella misma lo sabía pero aún así, con un absurdo impulso de esperanza, acabó reaccionando cogiendo el cadáver de Zoé para llevarlo cuanto antes ante un médico que pudiera ayudarla.
–No te preocupes –le dijo al cuerpo muerto, asiéndolo con fuerza y levantándolo sobre sí, –te recuperarás, ya lo verás…
Cuando llegó a la entrada del Rat, arrastró el cuerpo cuanto pudo y en el centro de la estancia gritó con toda la fuerza de sus pulmones para que alguien viniera en su ayuda, ayuda que no tardó en llegar: Un chico de la misma edad que Zoé, de cabellos oscuros, piel morena y unos ojos de color verde brillante salió de una caverna y se dirigió a ella.
-¿Sí? –preguntó fríamente él.
-¡Ayúdeme! –imploró Frandoll dejando el cuerpo sin vida de Zoé a sus pies.
El otro se agachó y miró sin demasiado detenimiento ese pedazo de carne sin vida.
-No seas idiota –fue la respuesta del chico. –Uno, ésta ya está muerta; y dos, era una Noble. No nos importa para nada lo que le haya pasado –dijo levantándose y marchándose.
-¡No era una Noble! –se quejó la utukku, yéndosele el aire de los pulmones, como si su mente se negara a aceptar lo que acababa de decir.
-¿¡Ah, no!? –exclamó el otro volviéndose a ella con mirada furiosa. –¿Tenía doppelgänger y aún así dices que no era Noble? ¿Era la soberbia en estado puro y no era Noble? ¿No me irás a decir que no amaba a su doppelgänger por encima de todas las cosas?
-¡Ella ni era soberbia ni apreciaba tanto a su doppelgänger! –gritó ella imponiéndose ante el otro asentando fuertemente sus pies. –¡Ella era mi amiga!
-Vaya, vaya… –dijo el chico con gracia sacando una daga de entre sus ropajes. –Una utukku se ha hecho amiguita de una sucia Noble… me parece que sabes lo que eso significa por aquí…
-¡Déjate de estupideces y sálvala!
-¿Y por qué iba a ayudar a una traidora a Chalyben? –acusó él señalando a Frandoll.
-¡Porque no hay diferencia entre nosotros! –gritó con toda su alma. –¡Noble, elato o utukku! ¿¡Qué más da esa distinción!? ¡Todos somos seres humanos!
El chico, como respuesta, se guardó la daga y sonrió.
-Nunca pensé que todos oyeran estas palabras de tus labios, princesa Frandoll –dijo apoyando sus brazos sobre los hombros de la otra. –¿Me dejas un segundito antes de ayudarla? –dijo dándole unos golpecitos en la cabeza de la sorprendida mujer y girándose para abrir los brazos en toda su amplitud. Y lo que sucedió a continuación por poco le cortó la respiración a la chica: De la nada empezaron a surgir personas y más personas, en ese piso, en las terrazas, surgiendo de las cavernas, habiendo incluso personas volando sobre ellos. Cientos… no, miles de ojos les estaban observando en ese momento, muchos extrañados, otros tantos sorprendidos y unos cuantos hasta enfadados.
El chico se inclinó sobre el cadáver de Zoé y posó su mano sobre la profunda herida musitando:
-Ya puedes volver…
Y dicho esto, retiró la mano y la herida se cerró por sí sola, empezando a bullir alrededor de Zoé una especie de humillo que empezó a cobrar forma a su lado, adoptando la figura de la poderosa criatura que había visto Frandoll en el bosque antes de verlo desaparecer.
-¡Todos lo habéis visto! –gritó el chico a toda la congregación, mientras Frandoll se cogía a las manos de la otra, llorando de alegría. –¡Hasta la que más odiaba a los Nobles en este Rat es capaz de aceptarlos! ¡A pesar de sus prejuicios no ha dudado en gritar y pelear por defenderla, para salvarla de su muerte! ¡Vosotros también tendréis que empezar a entender al igual que hizo ella! ¡Ahora despertad y entended el sentido de mis palabras!
-¿Cómo dices…? –preguntó Frandoll sorprendida al escuchar la palabra “despertad”, sintiendo como un manto de sueño se cerraba sobre sus ojos.
Un tiempo indeterminado después, la utukku despertó en su habitación junto a Zoé, aún dormida. Sin embargo, sobre la cama había algo… cuatro puntos brillantes reflejaban la débil luz de la lámpara…
Cuando Yaksa despertó de su sueño, sin abrir todavía los ojos, sonrió. Lo que acababa de ver había sido tan bello y conmovedor. Ella conocía a Frandoll pues alguna vez tuvo que trabajar para ella y conocía perfectamente su falta de paciencia. ¿Cuántas veces se peleó con ella? Perdió la cuenta al tercer día de trabajo, día en el que renunció a seguir trabajando para esa niñata pero…
“Esta Zoé…” pensó alegremente, “sería capaz de convencer a una piedra…”
Y abrió lo ojos. Y se espantó… pues ella no era la única que estaba en esa habitación…
-¿…qué…? –se preguntó Remiria medio dormida todavía, pero teniendo en mente toda la imagen de lo que acababa de ver en sueños, de cómo su hermana gritaba para defender a Zoé… “¿Qué ha sido todo esto?” se dijo volviéndose a mirar como Adrian seguía durmiendo apaciblemente.
Sin embargo, dos presencias le hicieron olvidarse de cuanto había visto…
-¡QUÉ DEMONIOS ERES TÚ! –resonó en todo el Rat y alrededores.
-Me encanta que las cosas me salgan bien –dijo Anerues levantándose animado, dirigiéndose hacia el lugar donde había guardado las ramas de nube-pino.
-¿No crees que te has pasado al cambiar las reglas de ese mundo? –preguntó María estirándose, no estando muy acostumbrada a dormir tanto.
-Para nada, sé perfectamente lo que me hago. En todo caso –dijo riéndose a mandíbula batiente –¡va a ser una sorpresa mayúscula para todos los que viven allí…!
Zoé, algo psicológicamente cansada por lo que había hecho en sueños, sintiendo todavía como su cuello estaba algo agarrotado como si aún sintiera el cuchillo, intentó acomodarse en su sitio, pero la falta del abrazo de Frandoll le hizo extrañarse por lo que, haciendo un gran esfuerzo, se levantó… encontrando a Frandoll abrazándose a una criatura mezcla entre perro grande y felino, con el cuerpo cubierto de placas óseas y con aspecto muy fiero.
-¡Ku-Te! –gritó nada más ver al Cu-Sith.
-Estoy aquí –dijo el aludido a su espalda pillando totalmente desprevenida a Zoé. Ésta se giró, vio a su daimonion sentado al lado de la cama, se volvió a girar y vio a Frandoll sonriendo al tiempo que restregaba su mejilla contra la cabeza de otro Cu-Sith.
-¿Qué…? –fue cuanto se le ocurrió decir a Zoé antes de quedarse en blanco.
-Te presento a mi doppelgänger –dijo Frandoll sonriendo.
Durante toda esa mañana, en el Rat reinó el más absoluto de los caos, con miles de elatos y utukkus corriendo de un lado para otro siendo perseguidos por esos extraños animales que parecían haber surgido de la nada. Sin embargo, un grupo de la policía de palacio comandado por Trevor puso orden en el lugar y todo volvió a una relativa calma. Y, por supuesto, los Nobles que residían en el Rat no tardaron en ser llamados a la presencia de los reyes.
Zoé, acompañada de cerca por una ya mucho más estable Frandoll, entró en el salón del trono donde se encontró con Amadeo, Yaksa, Remiria, Adrian y, lo que le extrañó mucho teniendo en cuenta el lugar en el que estaban, Jack. Y junto a la mayoría de ellos se encontraban diferentes entes: Una glotona junto Amadeo (obviamente), un San Bernardo con Yaksa, un lobo junto a Remiria y una extraña criatura alada de gran altura con forma humanoide con cabeza de lo que parecía ser un pájaro apoyada en el trono de Adrian.
-Puesto que todo el Rat ha oído el discursito de tu amigo y ha visto lo que te ha pasado esta noche en sueños –dijo Remiria aún algo alterada por lo que acababa de pasar –me podrías aclarar, si no es mucha molestia, ¿¡QUÉ DIANTRES HA PASADO AQUÍ!?
Si hay alguien a quien le gusten los exámenes, que levante la mano. ¿Nadie? Vale, seguimos cuerdos…
Disculpad mi penoso ritmo de actualizaciones. Entre que tengo exámenes de derecho y que sigo escribiendo a ratos (creedlo: Ésta es la mejor época para escribir) tardo mucho en cumplir con mis obligaciones para con este blog.
Dentro de nada subiré el capítulo final de Parásito y ya habré acabado la primera de mis sagas aquí. Tal vez cuelgue algo que explique de dónde saqué la inspiración para escribir esa novela de aliens y demás… pero eso tendrá que ser después del día 30…
Hasta entonces, espero que os guste cuanto haya escrito en este episodio de los desmanes varios de este grupillo de cinco…