Pasaron los días… Aparentemente, todo era normal en nuestra vida diaria: Yo seguía yendo al colegio como si nada hubiera hecho, Amelia asumía su trabajo de encargada con total normalidad, Martín se encontraba más animado que nunca, Lua trabajaba por su lado, Ramalho por el suyo, Guídalo no tenía la menor idea de lo que Amelia preparaba para él, Felipe, espantado, encontraba alumnos de Amelia a puñados y Federico seguía muerto.
Pero, una vez abierta la cortina de la ignorancia, uno veía toda clase de cosas menos “normales”: Amelia y yo nos encargamos de espantar a los siete nuevos responsables que enviaron las instituciones superiores con métodos… poco finos; Amelia seguía en el puesto aunque de manera no oficial; Martín ya sabía de lo que iba a ocurrir y estaba esperando a que su Girasol se sintiera preparado para hacer la simbiosis para así ayudar; Lua iba a espiar a las instituciones superiores gracias a su apariencia “normal”, Ramalho buscaba aliados en territorios no muy alejados de Santo Firme, Guídalo continuaba instruyendo a los recién llegados con bastante precipitación; Felipe, que pudo volver a ver a su hermano, aceptó mi mando y ahora me obedecía sin rechistar y Federico… diantre con él… había logrado domesticar a un trípodo como si tal cosa.
-Si esto no es talento, dime tú lo que es –me comentó una vez supe de su nuevo compañero.
-Das miedo… –comentó Girasol mientras acariciaba asombrada la cabeza de ese poderoso animal. –No has tardado ni dos semanas en tener a un trípodo a tu lado, ¿es que quieres ayudar de alguna manera en lo que va a ocurrir?
-¿Crees que poner cientos de trampas en este bosque es bueno para los cadetes? –preguntó refiriéndose a los fracasos. –Ésta es una mejor solución para dormir todas las noches. En todo caso, me siento mejor estando algo acompañado –hizo una señal con sus dedos y el trípodo me ignoró de inmediato para ir con él que le recibió gustosamente. –Y me parece que a Ox también le gusta mi compañía… me pide bien poco a cambio. Cuando lleguen los aliens lo alejaré cuanto pueda del peligro: Es lo menos que puedo hacer por él.
En fin… así vivía él en el mismo pueblecito en el que nos volvimos a encontrar. No parecía que pasara hambre, ni frío, ni aparentaba que hubiera pasado por ninguna enfermedad… eso sí, había adelgazado bastante, tenía ojeras y su piel había perdido mucho color pero seguía manteniéndose fuerte. Quizá a partir de ese momento pudiera dormir mejor con la compañía de Ox…
Los preparativos para la batalla estaban desarrollándose a pasos agigantados. La aldea de los fracasos bullía de actividad: Conté cerca de trescientas personas de toda clase y condición las cuales estaban recibiendo una formación muy similar a la militar. Cierto era que la gran mayoría de ellos no eran más que bestias descontroladas pero se notaba que tenían confianza en sus instructores.
Híbridos de toda clase, medio unidos, humanos con parásitos varios… en el gran claro que había al lado del pueblo estaba el mayor muestrario de bichos raros que hubiera visto en toda mi vida (yo incluida).
Curioso fue encontrarme con un fracaso que tuviera el hongo Oboeteru. Según parecía esa clase de simbiosis era extraordinariamente rara. Pero, para rarezas, la mayor de todas: El mismo Guídalo.
Hasta ese momento no me había fijado demasiado en él pero, tras observarlo un par de veces, me fijé en que siempre llevaba guantes y que ocultaba sus brazos, torso y piernas aún más que Amelia. La razón era la simbiosis que provocó que se convirtiera en un fallo: Un Nerumba. Si yo tenía una colonia de hongos bajo mi piel, él tenía una colonia de microorganismos, como bacterias, repartidas por la mayor parte de su cuerpo. Guídalo decía que no tenía un control absoluto de todas las posibilidades que le confería esa especie de manchurrón negro que se extendía por todo su cuerpo pero sus posibilidades básicas las dominaba a la perfección como, por ejemplo, que no tuviera casi necesidad de comer ni beber nada.
-Un monstruo es su mejor definición –me comentó una vez Amelia desde un árbol que dominaba todo el claro. –Podría pasarse tres semanas perfectamente sano sin haber comido o bebido nada… y si necesitara comer le bastaría tocar a cualquier ser vivo para absorberle los recursos necesarios para sobrevivir. Parece humano pero tiene las manos de un vampiro. Yo te pareceré solitaria pero que él no pueda tocar a nadie sin dejarlo seco como una uva pasa… resulta bastante desmoralizador. Tal vez el que sea capaz de controlar tanto a un simbioide tan peligroso le sirva para educar a los demás. En ese aspecto es mejor profesor que yo…
-Pero lo matarás igualmente –repliqué. –Casi parece que te caiga bien pero, a la más mínima, saltas con que quieres matarle…
-Es porque también está unido a un Girasol… llámame retorcida pero en este momento no sería capaz de controlarme demasiado ante un Girasol que me mostrara sus opciones…
-¿Y qué pasa con Martín y yo?
-A ti no te haré nada de nada y lo sabes. Martín… bueno, sigue siendo mi alumno. Él, al igual que Lua, no ha sido el culpable de que me estuvieran golpeando desde tan joven. No tiene nada que ver con los de las instituciones superiores –dicho lo cual, se rió al recordar la que montó en las oficinas del ministerio que se encontraban en la capital cuando llevó a Martín de vuelta a su casa. –A partir de ahora los Girasoles tendrán una buena razón para golpearme pero, pobres ellos, esta vez me defenderé.
Cada vez que hablaba así yo sonreía ¿Cómo dices? ¿Que era inmoral, piensas? Tal vez sí. Los locos y los malvados no estamos atados a lo que se nos dice que es lo bueno o lo malo. Tras ver lo que eran capaces de hacer algunos aliens con los humanos, me importaba bien poco lo que les pasara cuando se toparan con Amelia…
-A partir de ahora será “sed buenos o vendrá Amelia” en lugar de “sed buenos o vendrá el hombre del saco” –me comentó Lua un día mientras descansaba de su doble vida, la de espía y la de una oficinista más en la oficina del ministerio de educación (¿había comentado alguna vez la velocidad a la que aprendía Naga?). –En los círculos alien de la oficina no se habla de otra cosa…
-¿Ha matado a alguien más? –pregunté impasible.
-No, se está conteniendo. Lleva una lista de veintitrés víctimas pero, a pesar de eso, nadie se atreve a ir contra ella. Como sólo atacó con taladros muchos piensan que se unió con un Drill en secreto por lo que, de momento, nadie sabe que se ha unido con Memento. Eso es bueno para ti: No te han fijado como objetivo y para ellos sólo eres un fallo algo más violento que la media, nada que merezca tu exterminio (luego estaba la opinión de Nicolás, que en paz descanse).
-¿Aún no se han dado cuenta de quién eres? Nicolás te reconoció a la primera y sabía perfectamente que estabas unida con Naga. ¿No saben nada?
-No saben que soy Lua pero saben de Naga. Como no les desobedezco, piensan que mi parte Blossom es mayor que mi parte Naga por lo que me dejan trabajar allí (que Amelia me quitara a candidatos al puesto de en medio me ayudó mucho). Pude acceder al puesto con un par de documentos falsos y una nueva identidad… no hay ningún mérito por mi parte.
-Debe ser difícil investigar desde dentro…
-¡Bah! ¡Tonterías! No podré pelear contra todos ellos pero, si escapo, no habrá nadie en este mundo capaz de alcanzarme… De todas maneras, ¿cambiamos nuestros trabajos? A ti se te daría mejor que a nadie: Sólo necesitas tocar cualquier cosa con tu pelo para saber de todo…
-Me lo pensaré –respondí agradada. –¿Cuándo volverá Ramalho? –la verdad es que, cada vez que veía a ese maromo con cara de perro, cada vez me caía mejor. La mejor palabra para definirlo: Saleroso. El que más se reía de su condición de Licán era él mismo y a los demás fracasos los trataba con mucha familiaridad, franqueza y con tanta simpatía que siempre contagiaba sus sonrisas.
-Para esta noche ya estará por aquí. En fin, ya sabes que es algo más lento que yo: Pesa bastante más.
-Nunca te lo había preguntado antes pero, ¿para qué te lo trajiste de Brasil? ¿Sabía más de lo normal o algo así?
-No, él no sabía nada, de hecho se había escapado de su colegio para huir de su cargo de Encargado, al igual que Federico, por culpa de que se había decidido unir con un Licán, los enemigos naturales de los illitias, los aliens que se usan por allá. Yo me lo encontré por pura casualidad mientras escapaba de su profesor. Si ese maldito me hubiera visto, ahora seguramente estaría muerta pero, por suerte, pude pillarle por sorpresa y acabar con él antes de que se percatara de mi presencia.
-¿No te asustó su cara?
-Asustarme no, sólo darme risa. Según él, yo era la primera persona que no se espantaba de él desde que decidiera unirse con un Licán… En fin, nos llevamos bien desde el principio y así seguimos durante los dos meses que me pasé por allá, tan bien, que él hasta aceptó que le pasara un embrión de Naga a su cuerpo. Así pues, tenemos a un hombre-perro-volador… Su nuevo trabajo como rescatador de fracasos lo está llevando muy bien y, en el poco tiempo que lleva aquí, ya ha hecho dos rescates tan bien hechos que los profesores responsables de esos chicos siguen pensando que a sus alumnos se les ha tragado la tierra.
En fin, vistas así las cosas parecía que todo estaba muy relajado y que la amistad y el compañerismo flotaba en el aire, ¿verdad? Falso… Entre la mayoría de los fracasos se respiraba tensión. Todos ellos estaban ahí por propia voluntad pero aún así seguían sintiendo un miedo desmoralizador… Sabían por qué lo hacían pero, aún así, no eran capaces de soportar la situación. Muchos dormían mal, otros se indisciplinaban y pasaban algún tiempo dentro del bosque… parecía que querían que las naves cayeran de una vez para terminar con esa situación de miedo constante.
Incluso yo tenía problemas para conciliar el sueño. Por suerte para mí, Amelia estaba ahí para ayudarme… lastima que Martín no pudiera dormir tan profundamente como yo…
-Cuando te dije lo que iba a venir no pretendía pedirte que te unieras a nosotros –le comenté cuando me comunicó sus intenciones.
-Soy Encargado, se supone que para lo que me apunté fue para proteger al colegio, ¿no?
-¿Tú estás sordo o qué? Nosotros no protegemos a nadie, eso es sólo la excusa para ponernos a los Girasoles encima de la cabeza. Mejor que te marches antes de que esto te alcance a ti también.
Martín dudó un poco antes de responder.
-¿Y cuando huya, qué pasara? ¿Vosotros lucharéis y todos estaremos a salvo? Tal vez lo estoy enfocando de una manera muy apocalíptica pero, bien pensado, el grupo que llegue debe ser terriblemente enorme… Vosotros os quedaréis aquí a proteger en primera línea pero… ¿no creéis que vuestro grupo es demasiado pequeño para lo que va a llegar?
-A lo mejor… pero un solo aliado más no cambiará mucho las cosas.
-Vosotros sois unos trescientos, cuatrocientos con mucha suerte pero lo que los aliens van a hacer es conquistar esta zona… pensemos tranquilamente: ¿Crees que ellos llegarán con doscientos o trescientos soldados? Mi idea es que no sólo superarán esa cifra sino que encima podrían llegar a ser más de diez mil efectivos. Y ante esa marabunta, un simple muro formado por unos cuantos aprendices… Entiendo que quieras echarme del grupo pero no digo que quiera luchar en el frente sino que tan sólo quiero ayudar.
El planteamiento de Martín me mantuvo preocupada durante días… seguí sin aceptar que peleara donde yo, pero le permití que ayudara a los fracasos en las tareas de evacuación.
Pensé en lo que me dijo detenidamente… muy detenidamente…
-¿A qué venían esos gritos? –me preguntó Amelia mientras salía de su casa.
-Mira tú misma –reí mientras veía salir pitando al octavo asesino que nos habían enviado. –Cada vez nos los envían peores… Los Blossom podrán ser todo lo fuertes que quieran pero siguen siendo poco discretos… –mi risa se notaba forzada y eso lo notó Amelia enseguida.
-A ver, ¿qué te preocupa ahora?
-¿No es un poco irreal tratar de rechazar la invasión con tan poca gente? –solté como siempre hacía. –Cierto que tenemos potencia pero puede que lleguen miles de enemigos y eso es difícil de abarcar para cualquiera…
-Bueno… ese razonamiento tiene su punto… A mí no me importa perder la vida si es peleando contra Girasoles pero, aunque sea contra Drills no pienso huir… Por muy psicótica que esté ahora, sigo sintiendo cierto respeto por la especie en la que nací, la humana. Muchos de los fracasos piensan de manera parecida e incluso tú quieres estar aquí dando la cara para proteger a tus padres. Y que seamos pocos no quiere decir que estemos impotentes ante lo que llegue. Los simbioides sin anfitrión son terriblemente más débiles que los unidos. Los Blossom mismos pierden mucha fuerza al no tener lugar donde apoyarse y los Drills pierden mucho equilibrio a la hora de atacar. Nosotros, que ya hemos hecho la simbiosis, somos mucho más fuertes que ellos (cosa que, me parece, ya demostraste aquella vez que capturaste casi cien dobis de una vez) . La única diferencia que habrá entre ellos y nosotros será el número.
-Pero hay otra cosa que me preocupa: Si Los Blossom que están en la tierra van a por los fracasos y éstos lo saben, ¿para qué se reúnen tantos en un mismo lugar? Estarán en un buen lugar para esconderse pero están localizados…
-Los Blossom no harán nada de momento, estoy segura. Como la invasión aún no se sabe si va a ser de Drills o de Blossoms, si cae de Drills, los fracasos serán un buen sistema para reducir la cantidad de bajas Blossom cuando traten de contrarrestarla y, si caen Blossom, sólo pasaran los más fuertes por lo que será un buen sistema de criba para seleccionar a los mejores. Tal vez Guídalo lo sepa o tal vez haya caído en su trampa de la peor manera pero hay que reconocerle buena voluntad. En fin… tanto da…
Amelia salió de la casa y se fue a dar una vueltecita para comprobar si el asesino (o asesinos) había dejado alguna trampa oculta en los alrededores.
Conmigo se comportaba como siempre: Jovial, amable y familiarmente. Pero cara al resto de la gente había pasado de su recatamiento y marcialidad a una faceta algo más agresiva: Saludaba sin miedo a todo chaval con el que se cruzara, casi como si fuese una persona nueva, como tratando de ganarse su favor, mientras que a los adultos… bueno, no iba a matarlos ni tenía esa intención pero cuando algún profesor encontraba su mirada con la de ella se le helaba la sangre de la cara que ponía.
El Memento que tenía ella repartido por todo el cuerpo aún no había alcanzado su fase final de desarrollo por lo que podía disimularlo perfectamente bajo su ropa lo que no quitaba que, de vez en cuando, tuviera que cubrirse los estigmas de su cara. Magnolia seguía sana, de hecho, era en esa parte del cuerpo de Amelia en el único donde no se había extendido la infección. Si quitábamos alguna de las raíces, nada de Magnolia tenía Memento.
Y era precisamente esa pequeña infección en las raíces la que había causado ese cambio de personalidad: No tengo ni idea de cómo diantre aprendió a controlarlo pero Amelia dirigió Memento por su cuerpo hasta poder destruir las sinapsis cerebrales que compartía con Magnolia, las que le impedían pensar en rebelarse contra los Girasoles. Gracias o por culpa de eso, ahora podía pensar en todo lo que quisiera, aunque eso supusiera despertar a la bestia dormida que tenía en su interior.
“Pero en el fondo sigue siendo una buenaza” me comentaba Girasol de vez en cuando. “Es lo suficientemente consciente de que los niños de este colegio, por muy mal que traten a los Encargados, no tienen nada que ver con los Blossom”.
-Lástima que esto no dure demasiado… Ya llevan ocho asesinos enviados. Si esto continúa así, las instituciones superiores pueden acabar haciendo pública la condición alien de Amelia y eso supondrá que ella huya y que el colegio quede en manos de algún otro desaprensivo.
-“…sí… entiendo. De todas maneras, ¿crees tú que Amelia se quedaría de brazos cruzados? No creo que se aleje mucho de esta zona…”
-Espera un momento… –interrumpí al darme cuenta de algo. Lo pensé detenidamente y al final dije: –No hará falta que ella vigile nada…
“¿Entonces lo harás tú?”
-Tampoco yo, ni nadie… cuando llegue la invasión perderemos esta zona para siempre. Lo siento por todos los que viven aquí pero el bosque volverá a extenderse.
“Ya veo…” dijo Girasol girando mi cuello hacia el monte. “Me parece a mí que los colegios de la ciudad van a tener mucho trabajo a partir de ahora…”.
-Pobres los amiguetes de Martín…
Mientras me reía medio agradada, medio amargamente, caminé hacia un banco y me senté a ver el cielo nublado, como esperando que las naves empezaran a caer de un momento a otro…
-Pero hija, ¿qué te has hecho en el pelo? –preguntó mi madre extrañada de mi nuevo color.
-¿No te lo contó Amelia? –pregunté extrañada.
-Cuando nos habló de lo que tenías, pensaba que estaría por tu piel, o por tu cara o algo así… –declaró dudosa. –¡Bueno, lo que sea! –exclamó alegremente. –Bienvenida de vuelta a casa.
Entré mi maleta y pasé yo. En fin… un par de días con mis padres para alejarlos lo más posible de lo que iba a ocurrir, ése era mi plan. No es que tuviera mucha comunicación con ellos pero seguía sintiendo afecto.
-Entonces, ¿ya estás curada? –preguntó mi padre.
-No, para nada –contesté. Mi padre se compungió pero yo contesté antes de que dijera nada más: –Lo que tengo ya es incurable, pero al menos no me matará. Además, tiene sus ventajas.
-En todo caso, tu pelo…
-…parece lavado en sangre… ya lo sé. Me lo repiten mis compañeros todos los días…
-¿Qué tal era Amelia? –me preguntó mi madre por enésima vez, aunque esta vez percibí cierto viso de preocupación.
-A ver… ¿qué os han dicho los vecinos sobre ella? –pregunté algo molesta. –¿Que es un monstruo o algo así? ¿Que tiene más cicatrices que Freddy Krueger? ¿Esto y aquello? Sigue siendo una muy buena persona por muchas bichos que tenga pegados.
-Bueno, sí… nos dijeron que tenía algo muy raro en la espalda…
-¿Por qué creéis que sabe tanto sobre aliens? Ella también tiene uno. Tampoco es tan raro hoy día –dije al tiempo que me señalaba la cabeza. –El único de mis compañeros que acabó sin alien fue Federico.
Mis padres no dijeron nada y en el ambiente flotó un incómodo silencio.
-¿Ya sabéis lo que le pasó a Federico? –pregunté al mirar sus caras.
-Hace ya varios días vinieron sus padres por aquí llamándonos de todo menos guapos… –respondió mi padre en voz baja. –Te acusaban de haberlo matado… pero tan pronto como nos estaban gritando empezaron a acusarse mutuamente y… en fin, ¿qué le pasó?
-Sería una larga historia que no me gustaría contaros, la verdad –repliqué sin ganas de hablarles de él. –Básicamente, murió en el bosque y yo no pude hacer nada para salvarlo. Quizá deba ir a hacerles otra visita para explicárselo mejor…
-Ya no puedes –dijo mi madre. –Se han marchado a toda prisa hace ya dos días. No sé qué mosca les picó pero, sin comerlo ni beberlo, cogieron todas sus cosas y se largaron, cuanto más al sur pudieran según me dijo el carnicero. Parecían muy asustados…
-Pero su otro hijo se ha quedado –continuó mi padre. –Al fin de al cabo, sigue estudiando en la Universidad…
-Ah, entonces bien –musité.
-¿Entonces bien qué?
-¿Me admitís una sugerencia?: Nosotros también deberíamos marcharnos…
-¿A qué viene eso?
-La verdad es que no me apetece hablar de eso ahora mismo, es algo bastante agobiante, de veras… quizá mañana –tenía la certeza absoluta de que si se lo contaba directamente no me iban a creer en absoluto. Éste era un asunto que debía manejar con el máximo cuidado y precaución… por suerte para mí, tenía las capacidades necesarias para ello. –¿Os importa que guarde todo este mogollón en su sitio? –dije señalando mi maleta. –Mi habitación ya debe oler a viejo después del tiempo que llevo fuera.
No me equivoqué: De todas las habitaciones de la casa, ésta era la única que no tenía calefacción (mira tú si no era casualidad…) por lo que era la habitación en la que más humedad se acumulaba.
“Una pequeña delicia para Memento” comentó Girasol mientras seleccionaba la ropa que iba a ir a la lavadora. “Lástima que no vaya a durar…”.
“No nos sirve de nada lamentarnos” le musité. “Lo que pase, pasará pues hay cosas que no se pueden evitar por muy injustas que sean. Lo único que podemos hacer es tratar de mantenernos con vida. Nos puede llevar mucho tiempo o nos puede costar mucho dinero pero da igual: Mientras sobrevivamos, mientras continuemos bien, siempre habrá alguna oportunidad…”.
“Keep yourself alive, keep yourself alive, it’ll take all your time and money, Honey, you will survive” cantó sarcásticamente Girasol. “Tú vas para poeta…”.
“Voy para bestia del bosque” respondí seriamente. “Mis planes no han cambiado: Voy a “morir” en la batalla y a partir de entonces viviré en el bosque. Y aunque decidiera salir de allí, con Memento podría labrarme un futuro sin demasiados problemas. Me llevará su tiempo, me costará mucho…”
“…etcétera, etcétera… en fin, ahora sólo preocúpate de hacer que se marchen. Y recemos por su salvación…”.
No había pasado ni una semana desde que marché junto con mis padres, convenientemente bien sugestionados, a la casa de uno de mis tíos en la capital cuando un lunes por la tarde, por fin, recibí la ansiada llamada…
-¡Cuando se caiga el cielo sobre nuestras cabezas, me aseguraré de llevar casco! –escuché en el auricular para luego oír como colgaban.
Era la consigna que marcaba el inicio de la invasión, la señal que movilizaría a todos los fracasos y a todos los unidos independientes en dirección a mi anterior pueblo. Sencillamente suspiré al ver que mis padres no estaban en casa y les dejé una nota para avisarles de mi marcha. Tras esto, sencillamente abrí la ventana, desplegué mis alas y me lancé al vacío para volar hacia el Santo Firme.
Tras elevarme un poco pude verlos: Entre la bruma invernal que flotaba a lo lejos, cientos… ¿qué digo? ¡Miles! de naves espaciales estaban cayendo sin cesar sobre la zona. Mucha gente, avisada por las noticias de sus radios y sus televisores estaba saliendo a la calle espantada, preparándose para evacuar cuanto antes fuera posible.
“Casco… en fin, al menos no tendré que luchar contra los míos…” comentó Girasol tan asqueado como yo.
Como la contraseña indicaba la palabra “casco” eso quería decir que los invasores eran Drills, no Blossoms (“sombrero”) ni illitias (“gorro”). ¿Para qué usar claves? Los fracasos sabían que desde que vivía con Amelia, me habían pinchado el teléfono y ahora que se estaba preparando lo de la invasión lo último que querríamos hacerles saber era qué era lo que realmente había caído. Así pues, si hubieran sido Blossoms no habrían hecho nada, esto es, no nos habrían atacado por la espalda y si eran Drills, como los que estaban cayendo, prepararían las defensas para los evacuados más rápido que los fracasos.
Volé por encima de cuantos edificios encontramos, seguí hasta la gran estación de trenes y, a partir de allí, seguí las vías de vuelta a mi pueblo para no volver jamás…
A medida que avanzaba, más y más naves caían… el aspecto que estaba tomando el asunto era cada vez más dantesco. Ni siquiera Amelia había vivido algo tan grande como eso… Aceleré mis aleteos mientras debajo de mí, varias decenas de chavales como yo corrían en dirección al nuevo bosque. Si ahora no se hacía pública la existencia de esta clase de humanos es que los Blossoms eran muy buenos ocultando cosas…
Tras unos veinte minutos de vuelo rápido, me encontré con una primera ola de evacuados que huían despavoridos de los miles de Drills que los perseguían…
“Borgs, Gradius, Bullgers, Wingers, Horologios…” recitó Girasol según iba viendo las diferentes clases de alien Drill que se podían ver desde el aire. “No falta ninguno… ¿No bajamos aquí?”
-De esos se encargarán los que vienen de la ciudad –respondí sin dejar de mirar al frente. –Nos toca hacer de barrera…
Mi función en la batalla iba a ser de contenedora del avance de las criaturas de la invasión, justo entre los encargados de la evacuación y los luchadores en el frente. Lua se encargaba junto a Martín y los demás Girasoles independientes de la evacuación dadas sus habilidades en combate; Amelia, Ramalho y yo seríamos la primera barrera entre nosotros y los habitantes del que era mi pueblo y justo más allá de donde estaría yo, Guídalo estaría dando la cara en primera línea de combate y más allá.
A lo largo de todas estas semanas el grupo de los fracasos había crecido de manera grotesca: Al principio, los habitantes de ese pueblecillo no pasarían de los sesenta permanentes pero ahora eran más de ochocientos, venidos de hasta la última esquina del globo: Portugueses, españoles, franceses, italianos, suizos, alemanes, rusos, griegos, marroquíes, israelíes, unos pocos siberianos, chinos, japoneses, coreanos, australianos, estadounidenses, canadienses, brasileños, argentinos, ingleses… mejor no me monto un lío con la cantidad de gente que se había acumulado… Casi ninguno de ellos tenía una simbiosis totalmente estable pero todos peleaban por lo mismo.
Cuando llegué a la barrera, la zona de la estación del tren y las salidas cercanas, me encontré con un espectáculo que en nada se parecía a las visiones que había estado pasando a mis padres días atrás: Yo pensaba en muchos, sí, pero eso era mucho más de lo que mi retorcida imaginación pudiera abarcar… suelo, paredes, campos, techos, antenas… hasta la última superficie de lo que abarcaban mis ojos estaba cubierto de esos seres llenos de taladros. Sus naves habían acabado por medio derruir gran cantidad de edificios que tenía a mi vista y habían destruido los muros que separaban el bosque de la zona habitada. Por culpa de esto, ahora muchos de los invasores estaban unidos con aliens del bosque por lo que la tarea de los defensores se había vuelto mucho más complicada de lo que debería.
Mientras bajaba y gracias a mi vista privilegiada, vi a lo lejos pelear a los fracasos del frente: Serían unos sesenta, los que poseían las simbiosis más poderosas y estables (convencí a Amelia para que no estuviera allí para que no matara a Guídalo en ese momento…) pelear en una batalla de uno contra un millón con las armas de sus aliens y con sus propias armas ya fueran cuchillos, palas y alguna arma de fuego. Guídalo dirigía a todos sus compañeros mientras con su Nerumba acababa con Drills de veinte en veinte con sólo dejar unos cuantos restos de su mortífera simbiosis en el suelo… era casi como si fuera siete criaturas en lugar de un solo ser humano…
“En fin…” suspiramos Girasol y yo al ver el camino que íbamos a tener que abrirnos entre los casi treinta Wingers que nos habían avistado. “Al trabajo…”
Supongo que querrás saber lo siguiente que pasó… no hay mucho que contar, la verdad: Los Drills atacaron con todas sus fuerzas, se toparon con nosotros, acabamos con cuantos pudimos sin dejar apenas ninguno en pie, luchamos hasta perder el aliento… pero cuando acabamos, los Blossoms nos atacaron por la espalda. Mientras Guídalo, apenas cansado (nunca se cansaba… curioso) y Amelia, con ganas atrasadas de partir cabezas de Blossom, se quedaban atrás a contenerlos (ellos dos solos tendrían la fuerza de siete ejércitos…), los supervivientes a la batalla, unos trescientos, nos retiramos a los diversos refugios desperdigados por medio bosque.
Eso es todo.
¿Escaso? Bueno, también es que no me apetece estar contando lo que estuve haciendo durante los casi TRECE DÍAS que estuvimos peleando sin descanso, ya fuera contra Drills, ya fuera contra Blossoms… De los trescientos supervivientes, casi todos continuaron con vida tras ese tiempo, tras lo cual, nos desperdigamos de nuevo por el mundo… Ahora que la amenaza había sido neutralizada, sólo nos quedaba irnos a nuestras correspondientes casas…
Felipe, el hermano de Federico, fue arrestado por su colaboración con “grupo terrorista” al igual que los demás alumnos de Amelia que acudieron a la batalla. Por suerte para ellos, como no pelearon contra los miembros de su propia especie (sólo los contuvieron y ayudaron a evacuar), ninguno salió perjudicado y hoy día siguen libres.
Lua y Ramalho se quedaron con el grupo de Guídalo y, después de la batalla, continuaron rescatando fracasos y espiando a los aliens por el mundo, cada día más compenetrados… es que parecían hechos el uno para el otro…
Guídalo, después de la larga batalla contra los perseguidores, tuvo que vérselas con Amelia totalmente ida de olla. Logró huir y ahora vive bien escondido para que no le encuentre… el día que muestre la cara, pobre de él…
Martín fingió que todo el tiempo había estado siguiendo órdenes de Amelia como si no supiera nada de todo lo que había causado en las instituciones superiores por lo que acabó siendo un “tonto” que no sabía lo que estaba haciendo realmente así que los Blossom no pudieron acusarle de ningún crimen real. Durante la batalla hizo simbiosis con su Girasol tras lo cual ayudó a evacuar. Como su simbiosis fue perfecta, tras acabar sus estudios superiores, estudió para ser profesor de Contramedidas con el objetivo de ser un adalid de las uniones voluntarias tal como lo fuera Amelia como bien tú sabes.
Federico… tan pancho y jovial como siempre, no le pasó nada de nada. Huyó de la zona del bosque por la que la ola de Drills atacó y se llevó a su querido Ox con él para protegerlo. Ahora mismo sigue en medio del bosque, conviviendo pacíficamente con los trípodos y viviendo peligrosamente en el bosque.
Amelia, tras la batalla, sencillamente volvió al bosque.
Y yo… en fin, aquí estoy, contándote esta historia. Estoy… algo cansada, qué quieres que te diga. Vivir en el bosque no es sencillo pero para mí es gratificante aunque algo estresante. A veces me pregunto como les fue a mis padres tras la invasión pero, tras una corta reflexión, siempre alejo estos pensamientos de mi mente…
Aquí no tengo que preocuparme por nada más que por alimentarme bien todos los días, encontrar lugares seguros donde pasar la noche, cuidarme del frío y del calor, del cambio de las estaciones y de los demás peligros del bosque… sí, como ves, ahora soy una criatura del bosque.
Vivo sola. Totalmente sola. ¿Cómo? ¿Que qué pasó con Amelia? No ha ocurrido nada con ella, sigo amándola igual que el primer día. Sencillamente vivimos cada una por nuestro lado, separadas para evitar caer en la rutina… a veces nos pasamos largas temporadas lejos la una de la otra (una vez llegamos a pasarnos siete meses sin vernos el pelo) pero siempre que nos reencontrábamos, nos abrazábamos como si aún siguiéramos siendo esa profesora y su alumna en el colegio…
Amelia, Federico y yo no nos evitamos, no nos odiamos, es más, nos adoramos los unos a los otros pues sabemos que todos nosotros somos “semejantes”. Somos amantes habituales y no sentimos envidia por las relaciones de los otros dos… no vamos a hacernos daño por una nadería como ésa. Convivimos y nos amamos. No más.
Y… en fin, decía que iba a acabar… si quieres más, pregúntame tú misma, anda…
Epílogo
Me llevé la mano a la cabeza, terriblemente mareada tras la larguísima visión que me había hecho ver Sandra. Por un segundo se me había olvidado que estaba en medio del bosque…
-¿Te parece suficiente? –me preguntó esa fuerte mujer medio pelirroja con cara de satisfacción.
-Podemos repetir si quieres –comentó su Girasol con sorna. –Nos encontramos con tan pocos visitantes por aquí que poco nos importa alargar nuestras conversaciones hasta el infinito.
-Tan pronto como coma algo… –contesté algo desorientada, como si aún pensara que yo era “Sandra”… –A todo esto… ¿cómo dije que me llamaba?
-Te he tenido que pegar un buen viaje para que acabes por no recordar tu propio nombre… –comentó Sandra con sorna. –Te llamas Diana, ¿recuerdas?
-…sí, Diana… –musité cansada mientras veía el sol ponerse más allá del gran puente que separaba el bosque del pueblo refugio. Cogí el bocadillo que me había traído y le ofrecí algo a Sandra la cual no hizo ascos. –Es difícil vivir aquí pero ahora que me has mostrado todo esto… me gustaría vivir aquí…
-Por mí no hay problema –me respondió ella mientras daba buena cuenta de lo que le di –pero recuerda que no voy a poder estar por ti todo el día. Si te encuentro en problemas, te salvaré, al igual que lo harían Federico o Amelia pero si no estamos delante cuando te ocurra algo, lo sentimos por ti, pero lo más probable es que acabes muerta, olvidada en medio de este gran bosque.
-…es que eso es lo que menos me importa ahora… Prefiero que me den por muerta…
-No, si ya… que te quieran matar es una buena razón para querer huir. Has tenido muchísima suerte con que tu profesor haya sido Martín… de haber sido cualquier otro, ahora estarías en el otro barrio
-Sí, es cierto –contesté sonriente. –Ahora que he visto tu vida, sé de dónde sacó su forma de ser. Lástima que ahora sea mi cazador…
-Bueno, bueno, tampoco le machaques así: Es un Blossom más. Por más que quiera no va a poder desobedecer las órdenes de sus superiores (aunque siempre puede avisar de lo que va a hacer) –añadió con un simpático tono quedo. –En fin, –suspiró, –siempre podrás ponerte en contacto con el grupo de Guídalo (alguna manera habrá de hacerlo, ¿no?) si tantas ganas tienes de ocultar tu simbiosis. Ante sus ojos tú serías tan humana como cualquiera. Pero si aún insistes en quedarte en este bosque, ¡bienvenida seas a nuestra extrañísima pandilla! –exclamó al tiempo que pasaba su brazo detrás de mi cuello, con cariño y suavidad.
Sentí aprecio por su parte, una amabilidad que no había sentido en nadie que viviera más allá de ese bosque y no tardé en caer rendida ante su ambiguo encanto… ella no hizo caso a ninguna de las marcas que tenía desperdigadas a lo largo de mi ahora fría y gris piel y sencillamente me abrazó… en un principio a mí, que me eduqué en un mundo donde esta clase de contacto físico era algo casi tan tabú como un asesinato, me chocó un poco su dulce ofrecimiento pero, tras haberme pasado casi diez horas viendo la vida tal como la había vivido ella, me había convertido en una de los suyos…
En el bosque viviría…
El bosque sería le responsable de mi muerte…
Sería el nacimiento de mis penas, de mis dolores, de mis sufrimientos…
Sería el lugar de origen de mis amores, de mi nueva vida…
De allí no sacaría cosas tan estúpidas como el miedo a mis semejantes, no temería que me miraran mal y, sobre todo, no sentiría esa extraña y estúpida necesidad de odiar a alguien, de obedecer a nadie, de luchar por nada…
Odiaba el mundo en el que había nacido tanto como Sandra. A partir de ahora lo abandonaría todo para cambiar las reglas de mi vida: Nada de seguridad por toda la libertad del mundo. Mi vida ya no importaba, no era algo sujeto a ser un número, era algo nimio y sin importancia. Viviría y moriría olvidada, sería apreciada por los pocos que sabían lo que era vivir y no estar sometidos a nada…
“Cuando se hace algo así, lo primero que se ha de hacer es decirle algo a lo que dejamos atrás” me comentó mi simbioide, una Nemona, que disfrutaba tanto como yo de nuestra nueva situación.
“Sí, claro…” musité en brazos de Sandra, mientras trataba de sentir hasta la última de sus caricias. “Adiós, mundo cruel…”
FIN
En fin… mi primera historia completa en este mi querido blog.
De cuanto he escrito hasta el momento, este largo fan fic ha sido lo más extenso que he escrito en menos tiempo: Tres meses tardé en terminar esta historia desde que empezara. Lo hice nada más acabar con “Buscando el Paraíso en un Sueño”, tras buscar una historia que me gustara adaptar a mis gustos… la historia elegida fue “Alien 9″ de Hitoshi Tomizawa. Y no me arrepiento de tal elección.
Unos cuantos que me han leído la historia hasta el momento me han comentado ese detalle de que comienzan a pasar cosas raras y todo el mundo se lo toma con normalidad. Y que, cuanto más se avanza, más raro se vuelve todo. ¡Y todo el mundo se lo sigue tomando como si tal cosa! Tal era mi intención y espero haberla plasmado igual de bien lo hizo el autor de la obra original.
Tal vez me he ido un poco por las ramas con los variados romances de Sandra… pero quería escribir a alguien que perdiera cualquier rasgo “social” y pasara a ser un simple animal. Como diría Tomi, un buen escritor conocido mío, “mediante el sexo y la violencia llegamos a la madurez”. Sandra llegó mediante el sexo. Federico mediante la violencia. Y Amelia… por una vida entera.
En fin, espero que cuanto haya escrito hasta este punto os haya compacido. Deseo fervientemente que lo que haya pasado ante vuestros ojos haya sido una experiencia, si no profunda, al menos emocionante e interesante.
Nos vemos en próximas historias.
“Todo cuanto escribas siempre tendrá una parte de ti. Puede que sea de tu pensamiento. Puede que de tu ideología o filosofía. Pero, si de tus manos y alma sale, nunca será una historia neutra. Tal cosa no existe.” Frase que la profesora que me enseñço a escribir como lo hago me grabó a fuego en mi mente…