Yo me centré mucho en mi presa predilecta, tanto que hasta Amele empezó a mirarme raro aunque, no por ello, peor. Bien le gustaba ver que mis ánimos infantiles no disminuían y que llevaba a buen término todo mi largo plan para ese sujeto.
Pero, con Cristal, se deshacía en elogios por su actuación: Ni un sólo golpe y sufrimiento absoluto. Todas las heridas que se había causado esa estúpida encerrada en esa preciosa mansión habían sido provocadas por sí misma y sus constantes ataques de histeria. Después de todos esos días aparentemente abandonada dentro de las paredes de esa elegante mansión, la chica ya no sabía qué hacer para recuperar el calor: Sólo hacía falta mirarla para sentir el punzante frío en su pálida y decolorada piel. Las llagas y sabañones dominaban sus manos y pies cosa que, con su delgadez extrema a causa de la falta de comida, la hacían parecer un deforme cadáver andante.
Y Cristal reía, cada vez con un tono diferente. Lo que al principio eran calladas carcajadas infantiles, pasaron a ser sonrisas condescendientes, unas que iluminaban sus labios y hacían centellear sus ojos. No serían pocas las veces que me la encontré observando a la cautiva, embobada como si hubiera algo placentero en ver a esa desgraciada tendida sobre una moqueta mojada.
Alba tiempo ha que había dejado de llorar y quejarse. Aceptaba mucho mejor su castigo que al principio pero, ni mucho menos, dejaba de rezongar cada vez que sentía los invisibles dedos de Cristal molestarla para que despertara o de desorientarse cada vez que activaba una de las muchas compuertas secretas de la mansión. Para Alba nada era seguro y firme: Todo era caótico, cambiante y desconocido, en definitiva, peligroso. Gracias a mis privilegios oscuros, pude acercarme a ella hasta el punto de escuchar el ritmo desquiciadamente acelerado de su corazón.
-No lo comprendo y, aún así, quiero hacer algo -tras mucho tiempo de silencio, mientras observaba a Alba en medio de una crisis de nervios, Cristal se dirigió a mí. -No me basta… ¡torturarla no me basta! ¡Necesito algo más de ella y hasta me resulta repulsivo!
-¿A qué te refieres? -así pensé al principio pero, tras observar cómo se mordía el labio Cristal con sus cada vez más afilados dientes, comencé a comprender tanto su comedimiento así como los contoneos de nuestra mentora.
Sentía deseo por algo que había estado negando hasta entonces, un deseo tan fuerte que, antes que descargarlo sobre su víctima, lo lanzó sobre mí.
Me abstendré de comentar lo que fue descubrir esa clase de placeres tan y tan ajenos a los que yo solía disfrutar. Baste decir que me gustó cuanto me ofrecía Cristal y que, gracias a ella, ya aspiraba a algo mayor que no estaba ni demasiado lejos de mí ni de mis posibilidades.
Lo que si comentaré es que sus accesos conmigo no bastaron para contener esos deseos que trataba de reprimir como bien podía, aunque bien sabía que no eran tan puros como para conmigo sino mezclados con ese regusto metálico que le tenía reservado a esa chica condenada. Pero, ahora que se había dado cuenta, ¿condenada a qué?
No tardó en mostrármelo: Usando todos sus medios y artificios, Cristal comenzó a jugar con la mansión como nunca antes lo había hecho. Comenzó a montarse el escenario de la que sería su teatro de marionetas en el que ella sería la habilidosa titiritera y Alba, el muñeco que iba a bailar al son de los hilos de Cristal. Tanto se centró en tales alteraciones, que casi pareció olvidarse de las torturas diarias de su presa. Pero eso no afecto ni a su normal actitud con ella, siempre con una furia que saboreaba con cada palabra, ni a su obsesión por el control de hasta el último detalle de su comportamiento.
Y, un buen día, aprovechando un puente en clases, comenzó su siempre bien ejecutada actuación: Una nueva joven llegó a la mansión.
Tal dama respondía al nombre de Cristal y estaba tan desorientada, tan dolorida y tan desnuda como la veterana que estaba siendo torturada allí.
La primera reacción de la víctima al ver a su captora fue de lo más animal: Se lanzó desesperada contra ella para captar, aunque fuera, una pizca de calor. Estoy seguro de que lo primero que sintió Cristal nada más notó su cuerpo contra ella, fue náusea. Asco por la suciedad y humedad que emanaba Alba. Pero ni por esas dejó de ser esa inocente “segunda víctima” que, en los tiempos venideros, sufriría junto a ella.
Alba lloró y lloró desde lo más profundo de su alma, espíritu sufriente como pocos. Y Cristal hizo lo propio desde el fondo de su falsedad. Mientras que una lloraba por su dolor, la otra derramaba lágrimas al sentir ese cuerpo pegado al suyo, por sentirse tan sucia. Mas, también había alegría en su gesto: Ahora que estaba haciendo realidad ese pequeño sueño, se veía más cerca de su deseo.
Lo que al principio fue una compañía deseada por ambas, pasó a un tiempo de calma. Cortado a ratos por mis manos que, a ratos, derramaba agua sobre ellas o las separaba temporalmente para que se volvieran a reunir, todo ello bajo las calladas órdenes de mi compañera de juegos. Poco a poco, con la sutileza que Cristal había sabido imbuirme, fui dando los pasos necesarios para que Alba no volviera a desear estar lejos de la chica a la que, meses antes, había maltratado hasta niveles indeseables para una niña de su edad.
Cristal cumplió con su papel a la perfección y con mi ayuda logró primero aprecio, más adelante, deseo y esa misma noche les di tregua para que pudieran yacer juntas. Alba era un animal; Cristal otro, pero sus deseos diferían: Mientras que la niña deseaba calor y comida, Cristal sólo deseaba que ese colgajo de piel pálido fuese su esclava.
A base de besos de falso amor; movimientos de deseo candente, caricias que calmaron lo suficiente a esa sufriente víctima y una calma que erigió a Cristal como su mesías personal, no tardó en romper las ya casi nulas defensas mentales de Alba.
A la mañana siguiente, la vampira había abandonado su palacio y ganado una sierva que seguiría sus órdenes, fuesen del cariz que fueran.
-Y todo ello sin ser una mujer hecha y derecha -sí, Amele se deshacía en elogios por su discípula.
No lo digáis. No hace falta. Hace dos meses (o más) que no toco este blog. La razón, ¿no es evidente? El derecho no es sencillo y menos calmado de estudiar.
He logrado arañar un poco de tiempo para escribir y, con suerte, esta semana haya unas cuantas actualizaciones. Sin embargo, no prometo nada así como ya aviso que cuando llegue la época de exámenes de Junio este blog va a odiarme un poco más.
Daré todo lo que pueda aportar. Gracias por vuestra paciencia.
Escuchando: World of Goo Medley
Hasta más leer.
Nueva entrada, nueva lectura… y bueno, ya comentado está.
Esta historia comienza a serme adictiva, más que nada, por tu estilo que en nada la muestran vulgar.
Supongo que no estará de más decir que se agradece que vuelvas denuevo.
Pero tómatelo con calma.
Un saludo
“Con calma” <- se lo dices a uno que se lo estuvo tomando con calma durante dos meses. Ahora debería estar dándole duro al menos una semana. Lo último que quiero es dar la imagen de que dejo todas mis historias a medio hacer (NdD: ¿Y por qué existe el Cajón de Sastre? (NdJ_M: …)).