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	<title>Morbitorio</title>
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	<description>En la frontera entre la mente inconsciente y la nada existe un lugar donde las ideas más descabelladas acaban miserablemente</description>
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		<title>Morbitorio</title>
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		<title>Goth &#8211; Capítulo 8</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Nov 2009 23:56:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jeshuamorbus</dc:creator>
				<category><![CDATA[Goth]]></category>
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		<description><![CDATA[
Todo camino lleva a un final
Todo final marca siempre algún nuevo principio
Haciendo caso omiso de la senda que seguimos, meramente existimos
&#160;
-¡Señorito Abraham! ¡Estese quieto, por favor! -Si existía una tarea exasperante en mi trabajo como profesor era, precisamente, cuidar de que los niños de menos de ocho años se estuvieran quietos mientras trataba de enseñarles [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=trazosdejeshua.wordpress.com&blog=2469034&post=259&subd=trazosdejeshua&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } --></p>
<p style="text-align:center;"><em>Todo camino lleva a un final</em></p>
<p style="text-align:center;"><em>Todo final marca siempre algún nuevo principio</em></p>
<p style="text-align:center;"><em>Haciendo caso omiso de la senda que seguimos, meramente existimos</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-¡Señorito Abraham! ¡Estese quieto, por favor! -Si existía una tarea exasperante en mi trabajo como profesor era, precisamente, cuidar de que los niños de menos de ocho años se estuvieran quietos mientras trataba de enseñarles a escribir en condiciones.</p>
<p>El ruido de la ciudad, sin embargo, también me distraía a mí. Me costaba mantenerme concentrado después de tanto tiempo en medio de un pueblo inundado en el silencio como el que había abandonado un mes atrás. ¿Razones para abandonar ese lugar que me resultaba tan paradisíaco? Una, y muy simple: Terminación del contrato. Como buen demonio que era el señor Marken, seguía a rajatabla los contratos que firmaba y el mío no era una excepción.</p>
<p><span id="more-259"></span></p>
<p>Seguía ejerciendo la enseñanza gracias a que, por mi buen hacer, mi anterior jefe me había recomendado a gran cantidad de amigos suyos.</p>
<p>-La cosa es no perderle de vista, señor Dickinson -cuando me disponía a despedirme de él, me dirigió estas palabras. -Sabe perfectamente en cuánta estima le tenemos en esta mansión. Cuando el momento llegue, requeriré sus servicios de nuevo y, probablemente, podamos volver a vernos en una situación menos incómoda que la de esta aldea en permanente sitio contra el infierno.</p>
<p>Creía sin dudar que apreciaba mi habilidad para lidiar con gran cantidad de situaciones de lo más dispar y que, con pacto demoníaco de por medio o con un simple contrato civil, no me dejaría marchar así como así. No me resultaba incómodo; de hecho, me apetecía volver a esa aldea sin nombre. Pero hacerlo por nada, cuando ya había enseñado cuanto se me había indicado y ya había terminado de ordenar la caótica biblioteca de la mansión, no tenía el menor sentido.</p>
<p>Sabía que, al menos, cuatro de las hermanas habían intercedido en mi favor pero fui yo quien se negó a ser un simple mantenido. Sorprendentemente, Verónica fue la que comprendió mejor mis razones para mi marcha y, con un discurso que mezclaba lo mejor de su vocabulario con los más chabacano de su repertorio, convenció a todas las que deseaban seguir viéndome a diario. Tal vez por su carácter fiero no deseaba verme en su casa como una simple mascota o, quizás, sabía que acabaría regresando. Cualquiera de las dos razones me valía porque daban a entender su integridad e inteligencia.</p>
<p>Aún así, lo que les había estado enseñando durante todos esos meses no pasaba de ser simple cultura general mezclada con algunos conocimientos avanzados en diversas disciplinas. Era una educación con una gran cantidad de agujeros que, si bien era concienzuda, no resultaba más que en un medio para no aparentar ignorancia, una educación de fachada que a mis alumnas les servía para que todo les sonara de algo sin profundizar en nada.</p>
<p>Nada que ver con las lecciones del chaval que estaba bajo mi tutela en esos momentos. En parte, me aburría un poco: Me gustaba más despertar la curiosidad en quien era receptor de mi saber que contagiar mi aburrimiento. Pero, fuera como fuese, este contrato estaba logrando que mi vida fuese en una dirección mucho más boyante de la que habría imaginado doce meses atrás, cuando aún me arrastraba de pueblo en pueblo, en busca de algún mecenas que me dejara enseñar ciencias o, a secas, ayudarle a recoger nabos.</p>
<p>Mis palabras continuaron tratando de captar la atención de mi poco interesado alumno durante las horas que nos separaban de la hora del almuerzo, momento en el que, por fin, pude descansar del soporífero plan de estudios al que tenía que atenerme.</p>
<p>-Señor Dickinson -estaba estirándome, creyéndome solo en la sala, cuando una de las doncellas apareció al tiempo que Abraham salía. -Acaba de llegar una carta para usted.</p>
<p>Y de curioso remitente: Alisa Vorgel Jeremiah.</p>
<p>Mientras abría el sobre, me la imaginé implorando a su padre de todas las maneras imaginables que le dejara saber cuál era mi nueva ubicación para enviarme un saludo, uno al que yo deseara contestar. Sin embargo, esa carta perfumada y escrita con su letra firme y casi cuadrada, como si fuesen letras de molde, me mostró un muy corto mensaje:</p>
<p>“<em>Hemos venido. Ya nos saludaremos como iguales por la calle.”</em></p>
<p>Ésta sí que no me la esperaba. De golpe comprendí todo el proceso en el que había participado los anteriores meses, educando a esas chicas para este mismo momento. Su padre podría ser muy influyente en sus decisiones pero ni él gustaba de controlar a todo el mundo a base de pactos y órdenes. Ante todo, era padre antes que demonio y él amaba a sus hijas. No pensaba obligarlas a vivir en esa aldea desconocida pues ellas tenían todo el derecho del mundo a decidir sobre sus vidas. O, al menos, eso entendí del carácter del señor de la aldea.</p>
<p>La carta, con sus aromas característicos, también me aclaraba una cosa: Alisa estaba cerca. Muy cerca. Conocía demasiado su carácter y sabía que no iba a dejar de perder la oportunidad de pasar a saludarme, tal vez no en ese momento pero sin tardar demasiado.</p>
<p>Lo que ya no me quedaba tan claro era lo de “como iguales”. ¿Habían empezado a trabajar por el mundo como lo hacía yo? Me imaginaba algo semejante de una fiera como Verónica pero no de una señorita como Alisa. Ésta tenía buena educación pero, por desgracia, pocas habilidades sociales. Conmigo era muy abierta pero, si algo le había notado, es que era mujer de pocas palabras y de cerrazón constante a pesar de su popularidad en el pueblo.</p>
<p>Preferí dejar de pensar en ello: Lo que pudiera acabar pasando con Alisa sería algo con lo que me habría de encontrar, no algo que yo pudiera buscar y hallar. Tras recoger mis cosas y guardar la carta entre ellas, me despedí de las doncellas hasta el día siguiente y me dirigí a mi hostal, lugar en el que, por suerte, había encontrado servicio que cuidara de mi buen caballo.</p>
<p>Nada más llegué, dejé mis cosas preparadas para poder planear la clase del día siguiente y no tardé en bajar a ver a Roque al establo. Como de costumbre, me recibió con un suave piafar aunque, tras tantos años como eterno compañero de fatigas, comprendí que llevaba un tiempo en el que había algo que lo distraía bastante. Sin importar lo que fuera, no parecía ser algo que lo incapacitara para que pudiéramos dar un pequeño paseo por las afueras de la ciudad así que fui en busca del encargado del establo para que me ayudara a ensillarlo. Sin embargo, tras mirar hasta en la última esquina del hostal, no pude encontrar a mi hombre.</p>
<p>-¿Busca a Lucas? -una voz femenina evitó que fuera directamente a por el dueño para preguntar por su empleado. -Ahora mismo está enfermo así que me ocupo yo de su trabajo. -Le habría indicado que me ayudara con Roque de no ser por cuántas veces había escuchado esa voz en los últimos meses.</p>
<p>-¿Alisa? -de inmediato, me giré hacia ella&#8230; hacia él.</p>
<p>-Albert, si no le importa -pelo corto, ropas masculinas, porte firme pero, sin duda alguna, su voz, sus ojos y, ante todo, su cara, eran las de mi antigua alumna. -El hecho de que no se haya dado cuenta de mi presencia hasta ahora quiere decir que no se me nota demasiado cómo visto en mi casa, ¿me equivoco?</p>
<p>La feminidad se le olía incluso vestida con la ropa menos estilizada que utilizaba para cuidar del establo pero, cierto era: Ya nos habíamos cruzado muchas veces pero, hasta ahora, nunca me había fijado en ella como el hombre que era de nacimiento.</p>
<p>-Imagino que andarás algo enfadada&#8230; -no lo imaginaba: Estaba casi seguro de que lo primero que haría en esos momento sería darme una señora bofetada por haber ignorado a quien mejor había conocido su cuerpo en los últimos meses.</p>
<p>-En absoluto -&#8230;aunque mucho me quedaba por conocer a esa persona que ahora sonreía delante de mí. -Me gusta saberme anónimo y que no me señalen por ser hijo de quién -se giró y me señaló que le siguiera. -Por lo demás, si voy de esta guisa es porque, en este lado de la frontera, resulta mucho más fácil vivir sin mentir que ocultando lo que soy de nacimiento. Por lo que me ha explicado usted, por aquí hay cosas que la gente no es capaz de entender. Aquí soy Albert, ¿me hará el favor de recordarlo?</p>
<p>Me resultaba algo complicado no acceder a lo que me pedía sino a reaccionar tal como deseaba: Tanto tiempo escuchando su voz que no era capaz de dejar de asociarla a la de una mujer. De hecho, sólo había cambiado un poco por fuera, todo lo demás, era tan femenino como en la aldea.</p>
<p>-Haré lo que esté en mi mano&#8230; y, ya que estamos, ¿no habrá tenido algún problema una vez ha llegado a este lado de la frontera?</p>
<p>-No ha de preocuparse por mí: Sé cuidar muy bien de mí mismo -una vez en el establo, saludó a Roque y se dispuso a colocarle la silla. -Una pelea contra simples seres humanos no representa ningún problema para mí.</p>
<p>Así que reconocía que sí había peleado a causa de su amaneramiento&#8230; reí al recordar las masacres que había montado en la rencilla que había ocurrido poco antes de marcharme de la aldea: Tal como me dijo en aquel paseo, era capaz de lidiar con esos monstruos con las manos desnudas y vestida con sus mejores y más incómodas galas. Ahora que iba vestido de hombre, menos problemas le iban a dar unos simples idiotas a los que les molestaban sus gracias femeninas.</p>
<p>-Me sorprende que haya accedido a trabajar en un lugar semejante -Alisa, o Albert, tal como decía llamarse ahora, no dejó de colocar los aperos sobre Roque con una profesionalidad tal que me sorprendió un poco.</p>
<p>-No tenía mucha opción, la verdad. Tras tantos años educada entre algodones, ¿cree que sé hacer mucho más? He recibido buena educación pero, para ir directamente a un empleo necesité tirar de lo que mejor sabía hacer.</p>
<p>-¿Cuántas de vosotras estáis ahora en este lado de la frontera?</p>
<p>-Yo, Llim, Verónica y Meredith. Ada ya ha pasado por esto antes y María es demasiado joven para estas lides así que mi padre insistió en dejar su marcha para otro año. Yo habría salido antes de la aldea de no ser porque mi padre pensaba que necesitaba ser educada en algunas cosas antes de poder relacionarme con la gente de más allá. Por esta razón usted fue contratado -en esos momentos, Albert terminó de colocar todos los aperos y sacó a Roque del establo para dejar las riendas en mi mano. -Imagino la pesadilla por la que pasó mi padre para encontrar a alguien como usted, señor Dickinson: Él no es alguien que deja las cosas a medias y que siempre busca lo mejor para cada situación. Puede sentirse orgulloso de la deriva que ha seguido su vida si mi padre le ha elegido como representante de lo que es un verdadero superviviente, alguien que, aparte de impartir enseñanzas, nos dio ejemplo con los relatos acerca de su vida.</p>
<p>-¿Otra vez con las mismas? -cogí las riendas y subí a Roque de inmediato. -Recuerde que el último en estar orgulloso de su propia vida soy yo mismo. No pienso desdecirme de lo que llevo dicho: He vivido, sí, pero demasiadas vidas he segado para que pueda haber personas que se enorgullezcan de conocerme. Prefiero ser recordado como un buen profesor antes que como gran vividor -dirigí a mi caballo hacia el exterior y, con un leve asentimiento, me despedí de Albert hasta que nos volviéramos a encontrar tras el paseo.</p>
<p>Veía a Alisa ser capaz de muchas cosas pero, ¿ayudando en un simple hostal? ¿Limpiando inmundicias en un establo? Pasar de princesa mimada a simple y bajo trabajador era algo que jamás habría imaginado en ella. ¿Meredith estaría viviendo del violín al que tanto tiempo dedicaba? ¿Y Llim? A ésta no me la imaginaba de otra manera que no fuese dirigiendo a siete personas a la vez con su fuerte carácter.</p>
<p>Y Verónica&#8230; un escalofrío me recorrió el espinazo. Pensar en la más joven de las hermanas que ahora estaban más allá de la frontera viviendo tan peligrosamente como en los relatos que le referí acerca de mi vida, eso era lo que menos le deseaba a mi lanzada alumna.</p>
<p>“Mientras no se meta en duelos idiotas, nadie morirá&#8230;” esperaba que hubiese llegado a entender que la violencia no resolvía nada antes de dirigir sus pasos hacia este lado de la frontera.</p>
<p>Mantuve mi mente divagando mientras dirigía distraído y sin rumbo fijo a mi montura hasta que me di cuenta de que hacía largo rato que habíamos salido de la ciudad y que, en lo alto de una colina, podíamos ver los edificios de la bulliciosa urbe mientras el sol lanzaba sus últimos rayos. Frené a Roque de inmediato y me bajé allá para descansar mis piernas tras todo ese movimiento que había ignorado por completo.</p>
<p>Tras atar a Roque a un pequeño árbol, me senté en una roca y esperé a que la ciudad quedara iluminada por los faroles que estaban siendo encendidos en ese momento. Era de las pocas cosas que me relajaban en esos momentos. No me acostumbraba a perder el silencio y, sólo lejos de la ciudad y gracias a Roque, me podía permitir respirar unos minutos antes de volver a las calles vacías para poder dormir esperando que al día siguiente no pudiera percibir ningún ruido más allá del que resonaba en mi cabeza y que me empujaba a despertar como cada mañana.</p>
<p>&#8230;en el fondo, deseaba volver. No cabía duda de que añoraba esa excéntrica aldea como si fuese el antiguo hogar de mi infancia. No por el trato que recibía, no. Tampoco por las numerosas amantes que me había ganado y que, estaba seguro, deseaban mi regreso. No era ni por la sensación de que allí me sentía útil, ni tampoco por esa enmascarada paz. No era por ninguna de estas causas. O quizás era por todo al mismo tiempo, no lo sé. Sólo tenía la certeza de que la tutoría por la que estaba pasando para mí resultaba no ser más que una “pequeña temporada” lejos de lo que ya consideraba mi hogar. Pero, ¿volver para encontrarme sin un lugar para mí allá? En parte, ver cómo el alter ego de Alisa vivía tan cerca de mí, no me agradaba. Me provocaba una nostalgia apremiante que, sabía, no me iba a dejar concentrarme felizmente en mi trabajo.</p>
<p>Noté cómo Roque tiraba de las riendas, en un deseo de soltarse y acercarse a mí. Me apresuré a soltarlo y, a los pocos segundos, tiró de mí. Tenía prisa en volver al establo&#8230; estaba nervioso. Por instinto, me subí a su grupa y seguí sus deseos: Él había notado algo, algo que yo no tardaría en captar también. Después de tanto tiempo sintiendo a demonios debajo de cada piedra, no podía evitar notar cómo al menos seis ojos nos estaban observando en ese momento. Cuando comenzamos a trotar, mis sospechas se tornaron ciertas: Sentí movimiento tras esas miradas. Fuera lo que fuese eso, despertaba en mi una agresividad muy familiar y a la que no deseaba volver a acercarme.</p>
<p>Fue un paseo silencioso y rápido en medio de la oscuridad de la noche sólo rota por las leves luces de la ciudad a lo lejos. Mis leves movimientos de cabeza lograron disuadir a los observadores de que iniciaran el ataque, lo mismo que Roque se mantenía firme y sereno gracias a su carácter y a mi atención. Nos sabíamos en un peligro que no comprendíamos del todo y nuestra única arma era la entereza que nos impedía entrar en pánico, una que disuadía de cualquier envite a quien nos estuviera observando.</p>
<p>Una detonación provocó que el cuerpo de Roque se sacudiera. De inmediato, le detuve y esperé un segundo: La bala del rifle que acababa de sonar no fue dirigida a nosotros. Antes de que pudiera volver a dar un par de toques para que mi caballo se pusiera de nuevo en marcha, otras dos detonaciones sonaron. Esta vez pude captar de dónde venían los disparos y me giré hacia su fuente.</p>
<p>Allí parados, sin ningún movimiento a nuestro alrededor, sin miradas que atravesaran nuestros cuerpos y en mitad de una oscuridad desde la que sólo se veían leves puntos luminosos en la lejanía, esperé a que el francotirador diera la cara. Sabía que alguien estaba allí expresamente para cazar a esas criaturas, que no era un simple cazador que se había encontrado con tres raros lobos. Pero, por la razón que fuera, mi salvador sólo hizo un pequeño amago de acercarse a mí para luego, darse la vuelta y marchar en dirección al monte. Desapareció con la misma prontitud con la que me salvó y, cuando quise darme cuenta, ya estaba completamente solo con Roque.</p>
<p>Mas no precisamente tranquilo: Esas sensaciones, esos olores y, ante todo, lo pensamientos que ahora bullían en mi cabeza, algo me decía que lo que acababa de pasar no era muy diferente a lo que había vivido en la aldea sin nombre: Bestias, monstruos o demonios, eso era lo que había estado acechándome. Gente de fuera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Oh, eso -Albert no parecía demasiado sorprendido de lo que le conté. -Cierto que la aldea hace las veces de paso fronterizo pero ni nosotros somos capaces de contener el paso de un infierno entero. No podemos evitar que alguna vez un diablillo o dos sean capaces de atravesar la frontera -Cada uno de nosotros, ocupándose de sus asuntos en el establo, hablábamos amigablemente. -Si alguien los mató, imagino que sería alguno de los cazadores de la aldea.</p>
<p>-Esto es, aunque pasen, tampoco es que los dejéis ir demasiado lejos.</p>
<p>-Tampoco es eso: No podemos interferir demasiado en este mundo para evitar atraer miradas hacia los nuestros así que tratamos de acabar con ellos discretamente. Aún así, algún demonio hay que es lo bastante listo como para no hacer públicas sus acciones y que llega incluso a llevar una vida aparentemente normal entre la gente de más allá. Los hay que acaban mimetizándose con los seres humanos de tal manera que acaban siendo, literalmente, seres humanos o bestias sin más. Perros que hablan o personas que surgen de ninguna parte tú has oído hablar de ellas, ¿verdad?</p>
<p>-Suele ser una historia recurrente en algunos pueblos, sí&#8230;</p>
<p>-A los que ningún mal causan, los dejamos en paz puesto que se acaban en convertir en algo similar a lo que es mi padre. Luego están los que son demasiado listos y comienzan a usar de sus privilegios demoníacos. A ésos los llamamos “pactadores”.</p>
<p>-Con qué alegría venden algunos su alma -en la aldea alguna vez había escuchado comentarios acerca de los pactadores y, ahora que Albert me hablaba de ello, confirmaba lo que pensaba.</p>
<p>-Su alma o su vida&#8230; mal que nos pese, mi padre fue uno de esos demonios que logró atravesar la frontera y vivió entre vosotros. Se acabó convirtiendo, por suerte, en un pactador vitalista: Nunca reclamará el pago de tu alma a menos que faltes a la hora de pagar con tu vida.</p>
<p>-Imagino que lo de pagar con la vida es una condición <em>sine qua non</em> para poder lograr los deseos que promete, ¿verdad?</p>
<p>-Los deseos son de quien los pide y es de su propia vida de donde surgen las fuerzas que llevan a que logres lo que deseas. Dicho de otra manera, mi padre extrae lo que necesita de la persona y le devuelve lo otorgado con la forma que ha deseado. ¿Que deseas vivir tras una herida mortal? Tu voluntad es más que suficiente para remediar cualquier causa letal. ¿Que deseas tener un hijo a pesar de tener todas las posibilidades en contra? Cuando mi padre use todas las posibilidades que circulan en tu interior, despertarán con un feto en tu interior&#8230; seas hombre o mujer -Albert rió, como recordando un episodio divertido. -También habrás visto en la aldea que hay personas que manejan lo que un ser humano normal no puede, ¿verdad?</p>
<p>-Vi las capacidades de algunos pero preferí no hablar demasiado de ello con sus poseedores.</p>
<p>-Siempre con esa manía de creer que te estás metiendo donde nadie te llama -Albert, tras acabar sus labores habituales, se fue a sentar junto a mí mientras acababa de cepillar y limpiar a Roque. -Estimulas la curiosidad pero es lo que más te falta a ti Pero a su manera está bien: Al menos no abres viejas heridas.</p>
<p>-¿Por ejemplo?</p>
<p>-La única persona en toda la aldea que se habría negado a decirte de dónde vino su deseo es Eve. De hecho, la única persona que me ha llegado a golpear durante mi infancia entre algodones fue ella por ser tan idiota de preguntar sin ningún tacto&#8230;</p>
<p>-Bien recuerdo cuán recia es su mano -no hace falta decir que, por sugestión, los dos nos llevamos la mano a la mejilla en la que Eve una vez estampó su mano con todas sus fuerzas. -Casi prefiero que no me cuentes nada para evitar sacar el tema ante ella si nos volvemos a encontrar.</p>
<p>-Algún día, incluso yo le pediré un deseo a mi padre -Albert se levantó tras ese corto descanso y se dispuso a atender al vecino de Roque. -Aún no sé qué podría pedirle pero es una ventaja tan grande el poder acabar poseyendo lo que más deseas que nunca dejas de lado la posibilidad.</p>
<p>-No puede hacer excepciones ni por sus hijas, veo&#8230;</p>
<p>-Ya lo dije antes: La verdadera fuente del deseo somos nosotros mismos. Mi padre sólo es el catalizador de esa fuerza que transforma nuestra voluntad en lo que hemos pedido.</p>
<p>-Y vosotras, hermanas hijas de Vorgel, ¿no podéis hacer realidad los deseos de los demás tal como hace vuestro padre?</p>
<p>-Por desgracia, esa es una posibilidad muy lejos de nuestro alcance. Mal que nos pese, nuestro legado humano niega casi por completo el poder base de los demonios. Cierto que poseemos alguna ventaja sobre los meros humanos gracias a la sangre de nuestro padre pero no deja de ser eso: Simples ventajas. Nosotros seis tenemos las cartas ganadoras, nuestro padre, el comodín -Albert se asomó más allá del siguiente establo con cara de sorna. -¿No estarás pidiéndome un deseo a mí? Si fuese tan fácil, haría meses que te habría tentado hasta tenerte a mi servicio.</p>
<p>Sólo supe reírme ante la evidencia y me olvidé de vender mi vida a ese hombre que estaba ante mí. La tentación era existente y siempre sopesaba la posibilidad de acabar pactando algo: Poder vivir sin necesidades nimias como el alimento, ser capaz de dominar mi mente hasta alcanzar la santidad mental, tener una vida feliz&#8230; incluso que Roque pudiera hacer realidad todos sus sueños, tal era mi devoción por él. Pero todo ello era alcanzable o, al menos, solucionable. Terminaba por no desear nada porque había aprendido a no necesitar nada secundario, nada que no pudiera lograr por mis propios medios.</p>
<p>Si deseaba silencio, sólo tenía que alejarme del mundanal ruido.</p>
<p>Si deseaba alimento, ya como ser humano, ya como mera bestia bien podría conseguir medios de subsistencia.</p>
<p>Si deseaba mujeres, todas mis amantes no fueron las de esa mansión.</p>
<p>Albert me lo dejó bien claro: Todo estaba dentro de mí. Yo era la llave para las posibilidades más inalcanzables. Sólo era decisión mía lograrlas por mis propios medios mediante ayudas externas.</p>
<p>Y, si por algo me caracterizaba, era por mi innecesidad de pedir ayuda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align:right;"><em>Ya tocaba actualizar esta historia. Por culpa de diversos problemas argumentales a largo plazo, no supe muy bien cómo encarar este capítulo. Puede ser que el siguiente se retrase tanto como éste pero puede ser que tenga un golpe de suerte y sea capaz de escribirlo en menos tiempo del que imagino si logro visualizar bien cómo ordenar las acciones&#8230; en fin, no trataré de escribir una excusa por adelantado.</em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Espero que cuanto hayáis leído haya sido de vuestro agrado.</em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Hasta más leer.</em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Escuchando: <a href="http://www.youtube.com/watch?v=xDRUhhBVrng">Haunted Graveyard</a></em></p>
<p style="text-align:right;"><em>No olvidéis tal cual yo haría que existe un nuevo <a href="http://www.morbitorio.com">Morbitorio</a>&#8230; exactamente igual pero con menos letras que escribir en la barra de direcciones.<br />
</em></p>
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		<title>Iris &#8211; Capítulo 2: La caza</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Nov 2009 17:17:49 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La chica, tras otear su objetivo desde una esquina oscura del tejado de una casa, se asomó un poco y, con eterna paciencia y atención, observó con cuidado que no había nadie a la vista. Una vez verificada la inexistencia de peligro, salió por completo de su escondrijo, saltó dentro del edificio, cogió unas ropas [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=trazosdejeshua.wordpress.com&blog=2469034&post=255&subd=trazosdejeshua&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>La chica, tras otear su objetivo desde una esquina oscura del tejado de una casa, se asomó un poco y, con eterna paciencia y atención, observó con cuidado que no había nadie a la vista. Una vez verificada la inexistencia de peligro, salió por completo de su escondrijo, saltó dentro del edificio, cogió unas ropas que había a la vista y, de la misma manera que entró, salió a toda prisa.</p>
<p>Tras esconderse en otro tejado, se cambió de ropa lo más rápido que supo y, tras pelearse un buen rato con esos extraños cierres que tenían esas telas, se vio vestida con una falda y una especie de rara camisa, ambas pardas. Tuvo suerte de encontrar un par de polainas con los que calentar sus ya heladas piernas aunque, por desgracia sus sandalias ya no daban para mucho más.</p>
<p>Tras terminar de cambiarse, determinó que su aspecto no difería demasiado de la apariencia que lucían los demás viandantes de esa ciudad por lo que no tardó en dejarse ver a nivel de calle: Saltó del tejado y frenó su caída con la ayuda del aire. Nadie pareció darse cuenta de este hecho y ella aprovechó para confundirse con la multitud. Trató de encontrar un camino por ese extraño lugar mientras pasaba desapercibida a ojos de todos.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-254" title="Zenny&amp;Mine" src="http://trazosdejeshua.files.wordpress.com/2009/11/zennymine.jpg?w=500&#038;h=627" alt="Zenny&amp;Mine" width="500" height="627" /></p>
<p><span id="more-255"></span></p>
<p>La verdad es que poco entendía de lo que pasaba: Recordó cómo un gran grupo atacaba a su tribu, cómo ella lograba escapar y, aún así, era herida de gravedad, la cara de un hombre que no había visto nunca y a una mujer de profundos ojos verdes. Cuando se dio cuenta, estaba en la habitación de un gran edificio que no conocía de nada, vestida con un montón de vendas y harapos, aparte de llevar una bolsa llena de monedas. O al menos eso creía: Nunca había llegado a utilizar dinero en toda su vida por lo que era muy poco ducha en estas lides. Porque, al fin de al cabo, toda su vida la había vivido en el bosque. No sabía nada de poblaciones que no fueran su tribu y, menos aún, de ciudades.</p>
<p>Por alguna razón, sabía que debía hallar el camino de salida de ese lugar cuanto antes. Una prisa acuciante le daba la impresión de que aún seguían buscándola por lo que cuanta más tierra pusiera de por medio, mejor.</p>
<p>Se pasó sus buenas horas deambulando, paseando entre callejas y avenidas, yendo de los barrios más desfavorecidos a los más lujosos, sin lograr encontrar la salida de ese laberinto petreo. Aunque, la principal razón para tanta vuelta era tan simple como que se había desorientado. No era de extrañar: Todas las calles le parecían iguales y casi todos los edificios, también. Era capaz de distinguir cuánto trabajo se había invertido en cada uno de ellos pero, aparte de eso, poco más. No era capaz de encontrar ninguna vía que la sacara de allí. Sentía una enorme tentación a elevarse del suelo y así encontrar un camino de salida desde las alturas, pero sabía que eso llamaría demasiado la atención a quien pudiera estar tratando de encontrarla. Además, ese día hacía demasiado viento: Si se elevaba demasiado, quién sabría donde podría acabar.</p>
<p>Así pues, no encontró otra manera de superar este bache que no fuera esperando a que llegara la noche: Cuando todo oscureciera, se elevaría por encima de los tejados y desde allí buscaría un camino sin que nadie pudiera llegar a identificarla como un posible ser humano volador.</p>
<p>Trató de recordar lo poco que sabía acerca de las ciudades que le había sido explicado en su tribu y fue de tienda en tienda buscando algo de comer. Su tío Eric, prácticamente la única persona que salía con asiduidad de la tribu, le había dado alguna pista de lo que debería hacer en el caso de que se viera obligada a quedarse algún tiempo en una ciudad.</p>
<p>Se alegró de haber atendido, agradeció esos consejos así como no pudo encontrar palabras suficientes para expresar el alivio que sintió a quien le hubiera dejado esa bolsa con dinero que llevaba encima: Gracias a ellos se pudo agenciar una comida después de ir de puesto en puesto.</p>
<p>Tras comer un poco de empanada y un par de frutas, se dirigió a un parque que había visto durante sus paseos mas, por el camino, se encontró con caras conocidas. O, mejor dicho, con máscaras conocidas: Seis hombres vestidos con ropas oscuras, corazas, armas en ristre y con extraños cascos con viseras que no permitían verles los ojos, caminaban por las calles mientras iban vigilando o buscando algo.</p>
<p>Lo que buscaban, ella no lo sabía, pero estaba segura que fueron ellos quienes asaltaron su tribu. Por instinto, se dio la vuelta y corrió en otra dirección, en busca de algún refugio. Pero lo único que encontró fue más hombres enmascarados. Por las reacciones que mostraba la gente al ocultarse de esos sujetos pero no negándose a hablar cuando éstos lo exigían, sabía que eran temidos. La chica no podía esperarse ninguna ayuda por parte de nadie en esa ciudad por lo que no le quedaba otra que encontrar un escondite bien oculto hasta que llegara la noche.</p>
<p>Así pues, fue rápidamente hacia una construcción muy alta que había visto durante su paseo matinal y ascendió discretamente por sus muros, torres y tejados cónicos a la vez que altos como el más enorme de los árboles, manteniéndose oculta en las sombras. Una vez en lo alto, oculta entre estatuas, oteó la gran plaza que había frente al altísimo edificio y vio como la cantidad de soldados enmascarados había aumentado sobremanera: Si su buena vista no la engañaba, había al menos treinta circulando como hormigas en todas direcciones sólo en esa plaza. Los habitantes de la ciudad hacía tiempo que se había retirado a sus casas: Allí abajo sólo había enemigos para ella.</p>
<p>Se alegró de haber conservado los harapos con los que había aparecido en esa ciudad: El rojo de sus cabellos era demasiado llamativo como para pasar desapercibida en ese lugar con colores tan fríos. Le servirían de camuflaje así como de abrigo mientras el sol se ponía. Una vez llegaran las tinieblas nocturnas, alzaría el vuelo y, hubiera o no viento, saldría de allí sin causar el menor ruido, volando por encima de las murallas de la ciudad. Y sobre las cabezas ignorantes de sus enemigos.</p>
<p>-¿Sólo setenta pieles? –preguntó el comerciante decepcionado. –Me esperaba más de ti, Senishiro.</p>
<p>-Setenta son, mas de alta calidad –replicó el cazador algo herido en su orgullo. –Quince de oso gris, veinte de lobo de la llanura de Ceres, y el resto, de búfalo de la llanura. Sabes perfectamente que casi nadie es capaz de cazar nada decente en las llanuras de Ceres en esta época: A todos (menos a mí) se les escapan las presas antes de que puedan tenerlas al alcance. Además, recordemos que esto sólo es un trabajito para conseguir comida para un par de días más. No necesito cazar tantos como para hundir un carro por culpa del peso.</p>
<p>El comerciante, aunque molesto por tan escasa captura para tan hábil cazador, acabó por dar por buena la caza y pagó lo estipulado a su proveedor.</p>
<p>-¿Piensas volver hoy mismo al bosque? –preguntó el mercader una vez le hizo entrega de las monedas.</p>
<p>-No, aún no –respondió el cazador sin perder de vista cuánto le había sido entregado, con el cuidado que sólo alguien especialmente tacaño pudiera tener. –Vivir en el bosque me es agradable, pero se me está haciendo aburrido, así que iré a hablar con Fraus. A lo mejor tiene algún trabajito para mí.</p>
<p>-Tú mismo: Sencillamente evita que te maten –dicho esto, se despidieron y Senishiro salió a la calle, con ánimos de tomarse algo dulce antes de atender a más asuntos laborales.</p>
<p>Sin embargo, fue dar dos pasos fuera de la casa del comerciante y darse cuenta de que el ambiente había cambiado mucho desde que entró: Apenas había gente a la vista, sólo algún curioso que se asomaba a alguna ventana para ver cómo la Guardia de Dea iba en busca de algo.</p>
<p>Senishiro sencillamente continuó su camino: Sabía que él no tenía nada que ver con esa gente por lo que no le molestarían salvo, quizá, para hacerle alguna pregunta acerca de lo que rastreaban. Imaginó que sería algún fugitivo o algún osado que se había atrevido a jugar con lo que Dea había establecido que no se podía tocar.</p>
<p>Caminó por las calles del barrio viejo de Naukon sin ser molestado por nadie, en dirección a la casa de Fraus, frente a la catedral de la ciudad. Con suerte pillaría algún trabajo que lo enviara a Gentar o a An-Saró: Se acercaba la época de lluvias y era mejor pasarla en zonas un poco más cálidas que Naukon o Ceres.</p>
<p>Pero, tras un buen rato de paseo, se dio cuenta de que allí estaba pasando algo bien raro: Normalmente la Guardia de Dea movilizaba a pocos efectivos. Y sin embargo, allí se encontraba él, rodeado por más de sesenta que corrían de un lado a otro registrando hasta la última casa.</p>
<p>“¿Un batallón entero?” Senishiro no cabía de su asombro. “¿A qué viene esto? ¿Quién demonios es el monstruo que han venido a abatir todos éstos?”. Fuera cual fuese la razón, la Guardia de Dea no hacía preguntas, sólo registraba meticulosamente cada casa que encontraba con la profesionalidad propia de ese ejército, así como con el silencio que la caracterizaba. Era una enorme tropa silenciosa cuyos movimientos le sonaban en demasía al cazador.</p>
<p>Analizó sus movimientos, más por curiosidad que por otra cosa, y no tardó en deducir dónde estaría su oficial al mando. Se olvidó por un momento de su objetivo de ir a buscar trabajo a casa de Fraus y siguió su instinto hacia las calles que derivaban de la avenida que llevaba a la salida de la ciudad. Como imaginó, allí había menos efectivos, más que nada, porque todos los soldados habían formado un amplio círculo alrededor de esa zona. Quien los estuviera dirigiendo tenía la certeza de que a quien buscaban, estaba en una zona muy cercana. Así pues, Senishiro se retiró a un callejón a la espera de que se aceleraran los acontecimientos: Ver a la guardia de Dea en acción era algo que ocurría muy poco a menudo así que aprovecharía esa noche para ver qué era capaz de hacer un grupo tan grande y disciplinado como ese, como quien ve una noche de rayos: No es algo común pero siempre, espectacular.</p>
<p>Pasó las horas comiendo unos pocos pistachos para hacer tiempo mientras veía como la luz iba disminuyendo de intensidad. Si era cierto que buscaban a alguien, también debería ser cierto que a quien buscaran estaba esperando el mejor momento para huir. ¿Y qué mejor momento que la noche?</p>
<p>Sabía que con tanta gente por ahí, podía esperarse cualquier cosa pero supo que la cosa iba en serio cuando notó como el Sérem le recorría el brazo. Esto era anormal: Generalmente sólo se manifestaba cuando él quería y, ahora, ahí lo tenía dando guerra al moverse sin sentido por todo su cuerpo.</p>
<p>Se agarró los brazos y se encogió ligeramente mientras trataba de tranquilizar al Sérem con toda su voluntad. Por suerte, sólo estaba nervioso, aunque eso no evitó que Senishiro se preocupara de verdad por lo que pudiera ocurrir.</p>
<p>Si el Sérem estaba nervioso era porque Namadur le había imbuido ese miedo al hacerlo aparecer ante él. Entonces, ¿se suponía que ya había llegado el momento de cumplir la promesa?</p>
<p>Justo en ese instante, el sol ya estaba casi puesto. Las sombras dominaban esas callejas, sólo iluminadas por las lámparas de los soldados de la Guardia de Dea. Éstos ignoraban la presencia del cazador, que permanecía quieto encima de esa caja, como desde hacía horas. Probablemente le habían tomado por un sin techo, un pedigüeño más. Por eso no se molestaban en vigilarle.</p>
<p>Pero, para cuando pudieron darse cuenta, él hacía largo rato que había dejado de estar ahí.</p>
<p>Después de tantísimas horas allá arriba, la chica sentía un frío terrible. Los vientos no habían cesado de soplar en todo el día y estaba segura de que, si seguía allí, acabaría pillando un señor resfriado. Pero, como fuera, las cosas se estaban disponiendo a su favor: Los soldados que vigilaban hasta la última esquina de la ciudad ni siquiera habían alzado la cabeza hacia la fachada occidental de ese gran edificio, atestada hasta arriba de estatuas, grabados y gárgolas y, aunque lo hubieran hecho, seguro que no se habrían fijado en esa pequeña figurita que se ocultaba entre las sombras. Y, lo mejor de todo: Apenas se era capaz de ver un leve fulgor en el horizonte occidental, por lo que no costaría nada huir de esas alturas.</p>
<p>Esperó un poco más, hasta que la luminosidad fuese lo menor posible. Tenía suerte de que la luna no estuviera en estado muy avanzado por lo que esa noche sería complicado que la encontraran.</p>
<p>Cuando vio que ya no había luz, no lo dudó y saltó, paró su caída y comenzó a planear en dirección a las afueras de la ciudad. Si allí había más soldados, ya no le importaba: Si era cuestión de esconderse entre árboles, su poder de vuelo le permitiría huir a más velocidad que una turba que no dejaría de chocar contra los árboles.</p>
<p>Mas, su viaje aéreo se complicaba por momentos: Soplaba demasiado viento y, cada dos por tres, las ventoleras sacudían su pequeño cuerpo casi al azar, enviándola de un lugar a otro sin ningún control.</p>
<p>Ya había realizado la mitad de su recorrido cuando vio que había descendido demasiado: Los vientos la habían tirado hacia abajo y, aunque tratara de volver arriba, éstos la volverían a lanzar hacia el suelo. No tuvo más remedio que posarse sobre un tejado y seguir su camino desde ese punto. Al menos, ahora sí tenía una idea concreta de a dónde dirigirse por lo que, supuso, no le costaría salir de la ciudad&#8230;</p>
<p>&#8230;craso error: No pasó ni un minuto antes de que una saeta silbara a pocos centímetros de su cabeza. Dedujo rápidamente de dónde venía el disparo y, tras ver la cantidad de soldados que había apostados en los pisos superiores de los edificios, prefirió descender un poco para volar a través de las calles.</p>
<p>Aceleró cuanto pudo a través de todos esos pasillos entre edificios, apoyándose en las paredes y en las corrientes que circulaban por tan largos pasillos artificiales para lograr más velocidad mientras que, a sus pies, no dejaban de surgir más y más atacantes. ¡Eran como unas malditas hormigas que no dejaban de hostigarla! Cuanto más se esforzaba en escapar, más veces la encontraban y, por mucho que se escondiera en recovecos extraños de los edificios, no pasaba ni medio minuto antes de que un par de soldados advirtieran de su presencia y la obligaran a remontar el vuelo en otra dirección.</p>
<p>Aunque tuviera el viento a favor en medio de esas calles, ellos tenían a su favor que eran demasiados&#8230; tantos como para acabar derribándola sin demasiado esfuerzo con una continua lluvia de flechas.</p>
<p>Cayó casi sin control, hasta llegar al suelo, lugar donde frenó su caída con todas sus fuerzas, sólo para ver como a su alrededor se arremolinaban más de veinte soldados con las lanzas apuntando a su cabeza.</p>
<p>Con una saeta clavada en el tobillo derecho y una flecha en el antebrazo derecho, no podía siquiera pensar en remontar el vuelo.</p>
<p>-Ha acertado otra vez, general –dijo una voz entre todas esas presencias que se mantenían en perfecto silencio. –¿Cómo sabía que&#8230;?</p>
<p>-Calla –ordenó una segunda voz, mucho más firme y fría. Los soldados dejaron paso al hombre que acababa de hablar, el único que no iba con el uniforme que todos los demás mostraban. Por sus ropajes, más distinguidos y caros, aunque igual de secos que los de sus soldados, cabía pensar que tenía autoridad sobre todo ese grupo.</p>
<p>Se arrodilló ante ella, que apartó la vista, dolorida por las heridas que le habían provocado. Él la obligó a que le mirara a los ojos, cosa que ella no pudo evitar y, tras un rato de análisis, sacó un cuchillo de su cinto.</p>
<p>-La señora Dea desea tu muerte –dijo secamente, como si matarla fuese una labor de rutina. Su vida no le importaba nada a ese hombre. –No nos guardes rencor –y alzó el cuchillo. La chica cerró los ojos, impotente ante la amenaza.</p>
<p>Pero un sonido metálico resonó justo al lado de su cabeza. Antes de que se diera cuenta, una fortísima ventolera sacudió su cuerpo de tal manera que salió rodando. Esto no hizo más que agravar sus heridas pero, al abrir los ojos, vio que el viento había derribado a todos sus enemigos. Trató de levantarse de inmediato,aún a pesar de sus heridas pero, antes de que pudiera sentir ningún dolor, alguien se la subió al hombro sin nada que pudiera hacer para resistirse.</p>
<p>-Has tenido suerte de que pasara por aquí, chiquilla –rió el hombre que la había agarrado. –Dentro de un rato me ocupo de esas flechas. Hasta entonces, aguanta un poco.</p>
<p>Quien habló corría a toda velocidad, atravesando las calles, aparentemente al azar&#8230; pero no lo era tanto: Aunque sus rutas eran caóticas, lo cierto es que no volvieron a tener ningún encuentro con soldado alguno en más de cinco minutos. Retrasaban su salida de la ciudad sólo para evitar tener un encontronazo con esos hombres.</p>
<p>Sin embargo, mientras cruzaba una calleja estrecha, su salvador se detuvo.</p>
<p>-Tch&#8230; buenas, Mostag –dijo el hombre, al tiempo que la dejaba en el suelo. –No te preocupes: Con éste acabo rápido –enarboló la lanza que había estado llevando todo ese tiempo ante el recién llegado, el mismo “general” que estuvo a punto de acuchillarla poco rato antes. Éste blandía una espada alargada y fina que, aunque era más corta que la lanza de su salvador, no era nada despreciable.</p>
<p>-¿Por las buenas o por la malas, Zenny? –dijo Mostag sin manifestar cambio alguno en su seca expresión.</p>
<p>El aludido replicó lanzando un ataque punzante en lugar de una respuesta. El atacado, apartó la lanza con una mano, nada impresionado, y contra-atacó metiéndose en el espacio de la lanza. Como estaban en un pasillo estrecho, Zenny fue incapaz de retirar rápidamente el arma, cosa que le dejaba a merced de la espada de su enemigo, el cual ya la enfilaba hacia su cabeza. Pero ese tal Zenny, en un movimiento que su contrincante no esperó, soltó la lanza, se introdujo dentro del ámbito de la espada y estampó su puño, con todas sus fuerzas al tiempo que gritaba algo que ella no logró comprender.</p>
<p>Lo que fuera: Mostag no sólo recibió un golpe terrible en plena boca sino que una furiosa ventolera le arrojó bien lejos de ese callejón.</p>
<p>-¡Hora de correr! –Zenny volvió a coger a la chica y se puso en marcha de nuevo a toda velocidad poniendo tierra de por medio sin que ningún perseguidor les volviera a dar la vara.</p>
<p>Ignoraba cuánto tiempo había pasado desde que salieran de la ciudad pues, a medio camino, la falta de sangre y el dolor hizo que cayera inconsciente. Sin embargo, cuando despertó, se encontró en una pobre cabaña&#8230; no, una mejor definición sería chabola; postrada sobre un camastro hecho con restos de lana y cubierta con unas cuantas cálidas pieles. No era más que el refugio de un cazador, vistos los restos de animales muertos, así como el penetrante olor que no había sido capaz de limpiar su dueño.</p>
<p>Se levantó pero, cuando se apoyó en el brazo, notó un dolor agudo en el hombro derecho: La herida, aunque bien tratada, seguía ahí.</p>
<p>Se giró a su alrededor pero, aparte de unas cuantas herramientas, una hoguera ya apagada y un arcón bien cerrado, allí había poco que ver. La puerta se encontraba entreabierta y más allá de sus rendijas se podían ver los árboles del bosque. Al lado de su camastro se encontró algo de comida, la cual devoró sin ningún reparo.</p>
<p>-Te veo ávida, pequeña –comentó su salvador desde la puerta mientras ella comía todo cuanto había en esa cesta.</p>
<p>Por primera vez se fijó bien en su aspecto: Relativamente joven, de cabellos rubios, vestía ropa cómoda aunque, por alguna razón, bastante más elegante que esa desarrapada chabola. Su porte denotaba fuerza aunque su esbelto cuerpo pudiera sugerir todo lo contrario.</p>
<p>-Te llamabas Zenny, ¿no? –preguntó ella dejando a un lado la cesta, ya vacía.</p>
<p>-Prefiero Senishiro, gracias –replicó él ligeramente molesto. –¿Y tú, joven dama? Me gustaría conocer el nombre de la persona a la que he salvado.</p>
<p>-Mine –respondió ella más animada.</p>
<p>-No sé yo si es buen momento para sonreír de esa manera –opinó él, extrañado al ver tan larga sonrisa en su cara. –Aún deben estar persiguiéndote.</p>
<p>-Imagino, pero no creo que anden cerca si tú sigues aquí parado –tranquila estaba porque así lo estaba él. Poco podía decir aparte de que confiaba en su buen hacer. –Si lo que estás diciendo es que quieres que me marche, comprendo el mensaje&#8230; –dicho esto, se concentró un poco y elevó su cuerpo lo suficiente como para que su propio peso no incomodara a su tobillo herido.</p>
<p>-Tú, quieta aquí –Zenny agarró a la chica bruscamente y la obligó a sentarse de nuevo en su camastro. –Sólo un par de detalles antes de marchar: Primero, que estás muy tocada y no creo que seas capaz de llegar a ninguna parte tal como estás; y, segundo, no me gusta salvar a la gente sin saber cuál fue su problema primero.</p>
<p>-Eres muy caballeroso –comentó ella agradada. –¿Acaso viste a una dama en apuros y&#8230;?</p>
<p>-Lo que vi fue a una cría ser linchada por más de treinta personas –interrumpió él sin ninguna delicadeza. –Normal que eso me mosquee bastante. Y, como dije, ahora me gustaría saber por qué demonios te atacaban: La guardia de Dea no las monta tan grandes por niñas como tú.</p>
<p>-No era sólo por mí –Mine se sintió molesta. ¿Niña? ¿A dónde estaba mirando ese tipo?. –Atacaron mi aldea y yo logré escapar. Aún no sé cómo estarán los demás.</p>
<p>-¿Tu aldea? ¿Cuál? –preguntó extrañado él. –Creo que controlo todo lo que pasa en los bosques de Naukon pero no recuerdo que Dea tuviera nada contra&#8230;</p>
<p>-Tratamos de mantener nuestra presencia en secreto –interrumpió ella alegremente. –Cuando no estamos quietos, vagamos por el mundo sin demasiado objetivo en mente. Y ahora que nos hemos separado todos, imagino que tendremos que realizar el peregrinaje de costumbre –de nuevo ella se levantó y, de nuevo también, él la obligó a sentarse. –¿Pero no decías que era peligroso que estuviera aquí?</p>
<p>-Eso lo has dicho tú. Más peligroso me parece que salgas tal como estas a buscar a tus vecinos: Aparte de lo que te deben doler esos flechazos, has perdido demasiada sangre. No creo que aguantes mucho allá fuera, así que, de momento, haz el favor de descansar un poco y esperar a que se te cicatricen las heridas.</p>
<p>Ella no supo replicar, aunque él no le dejó tiempo: Salió antes de que pudiera añadir nada.</p>
<p>-Decías que ibas a reunirte con tus compañeros –dijo él desde fuera mientras afilaba algo. –¿Tenéis algún punto de encuentro o similar?</p>
<p>-Así es –respondió ella, ya convencida para quedarse en esa cama. –Mi tribu no es la única que existe pero, para todas las facciones existe un terreno tradicional en una llanura desértica al este. Cuando ocurren cosas como ésta, que más de siete familias se separen completamente, viajamos todo ese largo camino y nos reunimos allá.</p>
<p>-¿El desierto de Gentar?</p>
<p>-En su zona occidental, más allá del río Egera –aclaró ella.</p>
<p>-Ya veo&#8230; -Senishiro reflexionó acerca de las señas que le había dado. -No es un mal lugar para esconderse pero, por el tiempo que ha pasado, no creo que nadie haya llegado allí todavía y, créeme, si Dea te buscaba a ti y a los tuyos, lo más seguro es que ya sepa a dónde te diriges.</p>
<p>-¿Quién es esa tal Dea?</p>
<p>-La actual regente de Niwort –Zenny dejó ver una espada corta ligeramente sucia más allá de la puerta y comenzó a repasarla de nuevo con la piedra de afilar. –Antes era la oráculo del reino pero, por culpa de la guerra civil de hace doce años, acabó ascendiendo a lo más alto del poder. Muchos nobles siguen jugando a la guerra así como no hay señor feudal que aguante a esa “nena salida de ninguna parte” pero parece que ella sabe mantener bien el control.</p>
<p>-Tal como hablas de ella, casi parece que la admires.</p>
<p>-Independientemente de las masacres que pueda llegar a causar, sí que es cierto que ha evitado el resurgimiento de la guerra civil al menos cuatro veces. No puedo negar que hace bien su trabajo. De todas maneras, en algunos asuntos es algo excéntrica y poco dada a las contemplaciones como, por ejemplo, tu caso. La tuya no es la primera aldea que quema hasta los cimientos. ¿Qué crees que tenía tu aldea para que la atacara? ¿Guardabais algún secreto digno de ser ocultado?</p>
<p>-No que yo sepa. Los Ocullo hemos estado por ahí cientos de años sin ocultar nada destacable. Sólo somos nómadas.</p>
<p>-¿Ocullo dices? –el sonido de la piedra sobre el filo cesó. –Creo que leí algo sobre vosotros cuando era pequeño.</p>
<p>-¿Ah, sí? ¿Algo destacable? ¿Algo temible que haga que alguien como Dea nos tema?</p>
<p>-“Samuel Ocullo y los siete colores del arco iris” –respondió Zenny jocoso. –Era un cuento infantil y no creo que a partir de él Dea pueda extraer algo que haga que llegue a temeros realmente. ¿O acaso lo que se contaba en esa historia era cierto?</p>
<p>-¿De qué iba ese cuento? No me suena nada ese nombre.</p>
<p>-Acerca de un hombre que debía conseguir siete tesoros para conseguir la liberación de su amada de las manos de una extraña criatura cuasi-divina. En pocas palabras, la típica historia del guerrero que salva a una princesa del dragón sólo que aquí el dragón es una torre viva. Lo que me llamaba la atención era que usaba poderes poco dados en el común de los mortales. Cada vez que se le cambiaban de color los ojos, era capaz de controlar una fuerza diferente.</p>
<p>-Y según ese cuento, ¿qué poder tendría yo?</p>
<p>Zenny se asomó por la puerta y miró a Mine.</p>
<p>-Poder volar y controlar el viento en cierta medida: Ése es el poder de los Ocullos de ojos azul cielo –respondió casi de inmediato. –Y, tras verte volar por los cielos de Naukon, creo yo que ese cuento algo de verdad tendría.</p>
<p>-Así es –confirmó ella. –Heredé estos ojos de mi madre y, tanto ella como yo, podemos volar libremente.</p>
<p>-Cuando se te veía girar como una peonza por culpa del viento, creo yo que ese “libremente” sobra –rió Zenny sin ningún tacto.</p>
<p>-No es culpa mía que aún no pueda controlar el clima –bufó ella disgustada. –Aún soy muy joven para controlar bien las fuerzas de la presión.</p>
<p>-Tú lo has dicho: Eres joven e inexperta. Y, aparte de para controlar el clima, también lo eres para realizar el viaje que pretendes –Zenny volvió a pasar la piedra sobre la hoja de su espada. –Cuando te hayas recuperado, iremos a Eque y enfilaremos al desierto. Una vez allí, ya veremos lo que se puede hacer contigo.</p>
<p>-¿Por qué me ayudas? –preguntó extrañada ella: Desde luego no parecía que sintiera la más mínima atracción hacia ella y sin embargo se mostraba servicial y caballeroso con ella. –Hasta yo sé que ese viaje es muy largo.</p>
<p>-Está a punto de llegar el invierno –respondió él al instante, sin asomarse. –Prefiero pasarlo en Gentar, que está más cerca de la costa antes que en este lugar: No sabes cómo enfría Naukon en invierno.</p>
<p>Se notaba que hacía un buen rato que tenía la respuesta preparada y Mine supo reconocerlo, logrando que Zenny le arrancara una sincera sonrisa.</p>
<p>Senishiro, tras un par de días cuidando con suma atención a la convaleciente Mine, salió a cazar algo y, tras conseguir un par de capturas decentes, vigiló un poco los linderos del bosque. Mine aún estaba algo débil para iniciar el el camino que se había propuesto así que ella se quedó en su chabola mientras él realizaba alguna captura para sufragarse los gastos que se pudieran ocasionar en el viaje.</p>
<p>De todas maneras, tal como era Mine, Senishiro dudaba que realmente le diera muchos dolores de cabeza: Casi parecía que se alimentaba de aire y, por más que se lo exigió, ella salió fuera de la chabola para dar algún paseo aéreo no muy lejos de del claro en el que tenía instalado su campamento. Sabía que en parte ella se sentía incómoda por estar viviendo allí de gorra sin causar más que molestias a su salvador. Por ello, trataba de ayudar lo más posible llamando lo menos posible la atención; aunque también tenía mucho de verdad que estaba más que impaciente por iniciar su peregrinaje.</p>
<p>Cantidad de veces que ella le habló de sus compañeros de peregrinaje por el mundo, la tribu de los Ocullo, todos con fuerzas extrañas que les permitían controlar desde el fuego que moldeaba sus herramientas hasta el clima, tal como lograba la madre de Mine sin aparente dificultad.</p>
<p>-En la tribu todos somos, de una manera u otra, familia –comentó ella una tarde mientras Zenny preparaba el almuerzo. –Todos heredamos siempre los ojos de uno de nuestros padres y, al igual que nuestro antecesor, controlamos lo mismo que ellos.</p>
<p>-¿Y hay alguna razón para que podáis tener semejantes fuerzas a vuestro servicio? –preguntó él por seguir ese tema de conversación que tanto le gustaba a la jovial Mine.</p>
<p>-¿Razón? Nacemos así, eso es cuanto sé. ¿Hace falta saber cómo funcionan las cosas para saber que realmente funcionan? Si fuese así, yo nunca manejaría un cuchillo porque no tengo la menor idea de por qué corta.</p>
<p>Senishiro se sonrió cuando recordó esa frase y su Sérem se agitó también, como riendo. Sin embargo, las risas acabaron cuando tanto él como el Sérem notaron algo.</p>
<p>Senishiro sabía que no habían dejado de perseguir a Mine, por eso salió de cacería a ver si podía, de paso, controlar los movimientos del enemigo. Y tuvo suerte al deducir que no tardarían en aparecer por el sur del bosque: Tres patrullas de cuatro hombres estaban en la fronteriza aldea de Ter-De-Peilz. Habían rodeado el lago Emerada unos para continuar con su patrulla más allá de la aldea y otros para rastrear algo más allá del lindero del bosque. No le preocupaban demasiado esas patrullas puesto que ya había borrado toda prueba de su paso por allí pero, si seguían buscando por alrededor del lago sin encontrar pistas, lo más seguro sería que acabaran llegando al bosque. Aunque, teniendo en cuenta a quien tenían al mando, lo más seguro es que Mostag se hubiera metido personalmente a buscar dentro de la floresta desde algún otro punto no previsto por el experimentado cazador.</p>
<p>Mientras llevaba a sus abundantes presas a su espalda, vigiló con cuidado el suelo que pisaba y toda señal que dejara traslucir que por allí había pasado alguien antes. No encontró nada durante las más de dos horas que estuvo caminando de vuelta a su casa y, cuando llegó, se encontró su chabola tal cual estaba cuando marchó: Apoyada en una roca, con un pequeño fuego encendido.</p>
<p>Entró sin más y se la encontró vacía. Y habría pensado que Mine había salido a dar otro de sus paseos si no fuera por la marca con forma de equis que había dejado en el suelo de tierra de la chabola. Si le dio tiempo a dibujar eso, imaginó que también le había dado tiempo a escapar, ergo estaría escondida en algún lugar cercano. Sin embargo, el mayor problema residía en que sabía perfectamente que ya estaba rodeado y ni siquiera sabía a cuántos enemigos se enfrentaba.</p>
<p>Así pues, llamó a su Sérem y le ordenó que explorara la zona: Golpeó el suelo con el puño y Sérem salió a toda velocidad mientras Zenny se pertrechaba de flechas y su vieja espada corta. Antes de que terminara de asegurarse el cinto con el carcaj, el Sérem volvió y le informó de la situación de los enemigos más cercanos: Como había intuido, eran al menos siete, de los cuales, tres se encontraban apuntando a la puerta de la chabola mientras que los otros cuatro se mantenían a la espera en los laterales.</p>
<p>Con esta información en mente, llamó al Sérem a su mano y, tras ordenarle su siguiente acción, alzó el puño y lo descargó contra la pared occidental de su casa. Ésta voló por los aires y, antes de que los arqueros de fuera se dieran cuenta, una sombra verde salió a toda velocidad y se ocultó entre los árboles a una velocidad inusitada. Los primeros enemigos en caer fueron los dos arqueros apostados allí: Gracias a su iniciativa, pudo atacarles antes de que pudieran blandir otra arma que no fuera el arco. Los dejó sufriendo por sus heridas, dejando que sus gritos llamaran a sus compañeros. Si era Mostag quien los dirigía, sabía que sólo acudiría uno a ayudar mientras los otros tres se quedarían a la espera, cubriendo al médico. Así pues, no le siguió el juego y dio un rodeo mientras enviaba repetidas veces al Sérem a explorar los alrededores.</p>
<p>En los seis viajes que le hizo dar, el Sérem descubrió que había unos quince más, en los alrededores, de los cuales unos seis reconocían el terreno en busca de algo, imaginaba que Mine. Los demás iban a por él.</p>
<p>Entre los buscadores reconoció a Mostag, que aunque estaba completamente quieto, dirigía mentalmente a sus tropas de manera bastante efectiva. Por lo visto, ni aún con el tiempo que había pasado ni con los poderes que Dea le había otorgado, era capaz de percibir al Sérem. De todas maneras, tras el ataque de Senishiro, había hecho los ajustes necesarios para rodearlo con las tropas de las que disponía. Y lo logró antes de que Senishiro pudiera despistar a sus perseguidores.</p>
<p>No era gran cosa para Zenny: Gracias al Sérem era capaz de predecir mayormente los movimientos de las tropas y, si se diera el caso de batalla, podría rechazarlos con facilidad. El problema estribaba en que, ni con todos esos viajes, Sérem no encontró a Mine por ninguna parte. Podía asegurar que el Sérem tenía muy buena vista pero a Mine parecía que se le había tragado la tierra.</p>
<p>Dejó ese punto para más tarde: Ya tenía a un par de soldados delante. Prefirió esquivarlos y tratar de completar su rodeo para, al menos, tener a todos los enemigos en una sola dirección. Al ir con menos protección y estar en un terreno que conocía bien, lo logró en un instante y ya sólo tuvo que esperar a que llegaran en una cuesta boscosa en el que su ropa, junto un pañuelo pardo en la cabeza, le ayudaban a confundirse con el entorno. Entre ataques directos amparado en su disfraz y pequeñas trampas que había estado colocando a lo largo de los días en los que Mine se había estado recuperando, cuatro soldados de Dea cayeron. Y cuando ya iba por el quinto, Sérem notó como los soldados se retiraban y Mostag se acercaba cubierto por un arquero.</p>
<p>-Igual de osado que siempre, viejo compañero –comentó Mostag mientras se acercaba a Zenny, aún sin verlo directamente. –Tú lo sabes y yo lo sé: Dea quiere a la niña muerta así que, haz el favor y nos ahorramos el problema de matarnos entre nosotros.</p>
<p>-Lo siento pero no –replicó Zenny mientras sacaba el arco y preparaba una flecha. –Mine me cae bien.</p>
<p>-Tengo que acabar mi trabajo y lo sabes. Ella es la última de su pueblo y, como tal, cuando descubra lo que le ha pasado a su pueblo, sólo sufrirá más.</p>
<p>-Mostag alegando al sufrimiento humano, qué emotivo –Zenny llamó al Sérem a su flecha y, antes de seguir su perorata, la disparó hacia el cielo. –Ése no es mi problema ni el suyo: Lo único que importa es que ella siga viva. Si luego se mata ella misma, deja de ser mi problema.</p>
<p>Un quejido sonó a la espalda de Mostag, el del arquero que se suponía que le estaba cubriendo: La flecha dirigida por el Sérem había acertado. Y, a pesar de ello, Mostag no se alteró, es más, aprovechó que Zenny aún tenía el arco en la mano para iniciar su ataque: Había utilizado la conversación para determinar donde estaba gracias al sonido de su voz. Casi acertó con su primera y certera estocada que el cazador esquivó con presteza al tiempo que lanzaba un golpe contra la mano del general con el mismo arco que aún llevaba en sus manos.</p>
<p>Mostag se alteró poco pero no pudo evitar lagrimear un poco por el dolor, cosa que aprovechó Zenny para desenfundar su espada corta: Fintó, Mostag atacó, Zenny se apartó, cogió la ropera de su enemigo con su espada corta, la llevó hasta el suelo, le dio un golpe en la muñeca con el guardamano de la suya y, finalmente, le dejó el filo pegado a su cuello.</p>
<p>-Siempre impaciente, compañero -al cazador no le faltaba confianza en sí mismo.</p>
<p>-Lo dudo –Zenny no tuvo tiempo para reaccionar: Justo cuando Mostag pronunció esas dos palabras, el leve sonido de un arco sonó a su costado y una flecha se le clavó en el hombro izquierdo.</p>
<p>Mostag aprovechó el gesto de dolor de Zenny para recuperar la posición dominante: Tiró a su adversario al suelo y lo mantuvo contra el suelo, colocando la punta de su espada en el cuello.</p>
<p>-Nunca pelees a menos que estés seguro que vas a ganar –comentó Mostag al tiempo que alrededor de ellos dos, los soldados que en teoría se habían retirado, volvían a ese punto. –¿Dónde está la niña?</p>
<p>-Ahí me has pillado –comentó Zenny con u tono más ácido. –No tengo la menor idea&#8230;</p>
<p>-¿Dónde está? –volvió a preguntar al tiempo que aplastaba la flecha de su hombro con un pie, arrancándole un grito de dolor a Zenny.</p>
<p>-¿¡Cómo quieres que lo sepa!? ¡El bosque es bien grande! ¡Imagina!</p>
<p>-Por tercera y última vez –dijo Mostag al tiempo que levantaba la espada, –¿dónde está?</p>
<p>-Me parece que alguien va a tener que limpiar su espada esta noche&#8230; –un sarcasmo más al que Mostag respondió descargando su arma sobre su cuello&#8230;</p>
<p>&#8230;pero no pudiendo acabar su movimiento al tragarse, literalmente, la tierra una de sus piernas. Y no sólo a él: Todos sus soldados, de repente, fueron tragados por la tierra de ese bosque, como si ella les reclamara en su seno. Los que buscaron al enemigo, acabaron plantados; los que trataron de huir, se encontraron en una incomodísima posición al quedarse con sólo una pierna dentro de la tierra mientras que la otra permanecía fuera y los pocos que evitaron el destino de sus compañeros, fueron los dos que lograron subirse a un árbol antes de que el suelo los llamara a su interior.</p>
<p>Pero, aún así, no pudieron escapar: Una mano surgió de debajo del suelo y le arrebató la espada a Mostag sin que éste pudiera hacer nada, para luego hundirla en la tierra. El filo de esa espada fue cortando uno a uno todas las cuerdas de los arcos de los soldados y, al final, un cuerpo saltó fuera de la tierra blandiendo su arma contra los dos únicos que seguían armados fuera de la tierra.</p>
<p>-Hacedme el favor de ir con los demás –pidió amablemente Mine al tiempo que les apuntaba con la espada de Mostag desde su posición más elevada. –Si no os importa, me gustaría que nos lleváramos bien –a lo que añadió una sonrisa sardónica, a la par que agresiva.</p>
<p>Aún por las armaduras de los soldados, éstos sabían perfectamente cuánta potencia podía alcanzar la punta de la ropera de su superior así que, antes de perder la vida de forma estúpida, se lanzaron al suelo donde sufrieron un destino similar al del resto de sus compañeros.</p>
<p>Zenny se levantó y, dolorido, fue a por Mine mientras ella bajaba del árbol con la espada en la mano. Alegremente fue hacia él, hasta que le tiró el arma al suelo de un golpe.</p>
<p>-Las niñas no manejan estas cosas –dijo al tiempo que se dirigía de vuelta a su choza. Mine, sin palabras, no pudo replicar nada pero, igualmente, le siguió con todo su ánimo.</p>
<p>Zenny andaba un poco turbado y, lo único que se le ocurrió para alejar la confusión de su mente, fue actuar así de grosero. Porque ahora los ojos de Mine no tenían ese tono azul claro que tenían cuando se conocieron: Ahora eran de un castaño oscuro muy profundo. Y, fuera como fuera, Mine parecía aceptar como si tal cosa que pudiera navegar en la tierra con suma facilidad.</p>
<p>“Una Ocullo, ¿eh?” pensó Zenny mientras pensaba qué tendría que hacer con la flecha que le atravesaba el brazo. “Si esto es lo que es capaz de hacer una simple niña de esa tribu, no cuesta imaginar por qué Dea los prefiere muertos. Aunque, ¿para qué la querrá Namadur?”</p>
<p>Aún a pesar de su sorpresa por el extraño poder de Mine, Zenny asumió todo con normalidad y calma: Tenía cosas más importantes en las que pensar en ese momento como curarse y preparar su viaje a toda prisa, antes de que Mostag y sus soldados lograran liberar sus piernas de la presa de la tierra.</p>
<p>Sencillamente suspiró a sabiendas de que acompañar a Mine hacia Eque iba a ser un viaje de lo más cansado.</p>
<p style="text-align:right;"><em>Nueva entrega de esta historia de fantasía heróica. Ahora tenemos a un cazador y a una &#8220;princesita&#8221;. Ninguno de los dos es lo que aparenta pero, de momento, todo un poco tópico.</em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Las escenas de acción no son lo mío, tal vez meto demasiados detalles que no vienen a cuento&#8230; pero imagino que es la consecuencia habitual de leer a Masamune Shirow: Pensar que hasta el vuelo de una mosca de es una importancia vital. </em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Ya a partir del siguiente capítulo, Dea ya tendrá más protagonismo y los personajes acaban metidos en harina. Espero que estos capítulos de presentación no os hayan resultado aburridos.</em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Esperando que os haya gustado, me despido hasta más leer.</em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Escuchando: <a href="http://www.youtube.com/watch?v=9vimqO1pl8o">Flight &#8211; Panzer Dragoon</a></em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Ilustración: <a href="http://nethka.deviantart.com/">Nethka</a></em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Y, para los que hayan caído en esta versión de la página, mencionar el nuevo <a href="http://www.morbitorio.com">Morbitorio</a>, exactamente igual, pero con un dominio a la altura de mi nula memoria.<br />
</em></p>
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		<title>Crónicas de Morbitorio &#8211; Lejos de sus brazos</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Nov 2009 15:33:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jeshuamorbus</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónicas de Morbitorio]]></category>
		<category><![CDATA[abandono]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[mascara]]></category>
		<category><![CDATA[morbitorio]]></category>

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		<description><![CDATA[
Quería hundirse, desaparecer. Dominado por la desesperanza, no quería saber nada del futuro y se obsesionaba con vivir el presente en un falsamente placentero hedonismo.
No tenía que dirigir su mirada muy atrás para recordar cuán optimista era cuando su realidad era la paz, la miel, la gloria y la ambrosía. ¡Qué ilusiones más manidas! ¡Ahora [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=trazosdejeshua.wordpress.com&blog=2469034&post=252&subd=trazosdejeshua&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } --></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;">Quería hundirse, desaparecer. Dominado por la desesperanza, no quería saber nada del futuro y se obsesionaba con vivir el presente en un falsamente placentero hedonismo.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;">No tenía que dirigir su mirada muy atrás para recordar cuán optimista era cuando su realidad era la paz, la miel, la gloria y la ambrosía. ¡Qué ilusiones más manidas! ¡Ahora que se enfrentaba a auténticos dilemas sólo deseaba rendirse! ¡El que prestaba sus oídos a los problemas ajenos estaba en medio de una debacle similar a la suya!</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;">Y, por desgracia, no consentiría que nadie le ayudara. No iba a alzar la voz para pedir consejo, no se quejaría de nada y, mucho menos, iba a aceptar que nadie se moviera por él puesto que suyo y sólo suyo era el problema.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;">Pero, incluso él sabía que su actitud era estúpida e irracional, incoherente con su forma de ser pero, por su carácter, no deseaba que sus angustias se convirtieran en piedras en el camino de los demás. Tampoco deseaba su lástima, despreciaba su condescendencia y evitaba sus palabras de ánimo.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;">Sólo quería desaparecer. Y, a pesar de todo, sentía que aún era necesario. Esta contradicción eternizaba su problema. No tenía el valor de dar el último paso a causa de la pesada cadena que lo unía con el mundo de la luz. Existir y dejar de ser&#8230; estaría pasando por la tormenta más fuerte que su alma había soportado pero, en medio de la desesperación brillaba la débil luz del futuro.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;">No podía abrazar su máscara. No podía ser un Lobo. Permanecería como un simple humano más hasta que las negras nubes de su desolación borraran el último rastro de su brillante futuro.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;">Nunca antes.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;"><span id="more-252"></span></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;text-align:right;"><em>Nueva entrega de estas cortas Crónicas de Morbitorio. Tal como le decía ayer a un amigo, me ayudan a mantener mi cabeza activa puesto que, no sólo de historias largas puedo extraer experiencia. Además, siempre resulta práctico escribir sobre aspectos menores y ocultos de las vicisitudes del Mundo Cebolla (nombre provisional a la espera de encontrar uno que infunda más respeto).</em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;text-align:right;"><em>Sólo espero que cuanto salga de estos cortos y torpes dedos míos sea de vuestro agrado. Dicho esto, hasta más leer.</em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;text-align:right;"><em>Escuchando: <a href="http://www.youtube.com/watch?v=D5-40QVMUtc">Eternal Steam Engine ~ Mashup</a></em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;text-align:right;"><em>P.D.: No olvidéis la nueva dirección de esta aldea olvidada llamada Morbitorio:<a href="http://www.morbitorio.com"> www.morbitorio.com</a><br />
</em></p>
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			<media:title type="html">jeshuamorbus</media:title>
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		<title>M&amp;R &#8211; Amable retroceso del invierno &#8211; Capítulo 8</title>
		<link>http://trazosdejeshua.wordpress.com/2009/11/03/mr-amable-retroceso-del-invierno-capitulo-8/</link>
		<comments>http://trazosdejeshua.wordpress.com/2009/11/03/mr-amable-retroceso-del-invierno-capitulo-8/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 03 Nov 2009 00:22:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jeshuamorbus</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amable retroceso del invierno]]></category>
		<category><![CDATA[M&R]]></category>
		<category><![CDATA[fan fic]]></category>
		<category><![CDATA[fanfic]]></category>
		<category><![CDATA[misterio]]></category>
		<category><![CDATA[novelas]]></category>
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		<category><![CDATA[secta]]></category>
		<category><![CDATA[Touhou]]></category>
		<category><![CDATA[zun]]></category>

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		<description><![CDATA[Me desperté temprano pero no antes que mi anfitriona a la cual me encontré hablando con el dueño de la casa mientras éste me miraba sin ocultar su desconfianza hacia mí.
-¿En medio de la noche y sin avisar? –preguntó él, tenso, mientras me desperezaba. –¿Estás segura de que no está con Tansa? -agotado a la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=trazosdejeshua.wordpress.com&blog=2469034&post=247&subd=trazosdejeshua&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Me desperté temprano pero no antes que mi anfitriona a la cual me encontré hablando con el dueño de la casa mientras éste me miraba sin ocultar su desconfianza hacia mí.</p>
<p>-¿En medio de la noche y sin avisar? –preguntó él, tenso, mientras me desperezaba. –¿Estás segura de que no está con Tansa? -agotado a la vez que nervioso, no dejaba de lanzarme miradas acusatorias.</p>
<p>-Completamente segura –afirmó la otra. –Aparte de que está siendo perseguida, me ha traído gran cantidad de documentos acerca de los sucesos acaecidos estos días. Sea quien sea, sé que es de fiar y que, seguro, nos resultará ser de utilidad.</p>
<p>-En fin, como digas&#8230; –replicó el otro, renqueante, mientras se giraba de vuelta a su habitación. –Siéntete en casa y todo eso -sin añadir una palabra más, se volvió a su habitación y cerró la puerta con tanta desgana como poca fuerza.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-248" title="Renko dormida" src="http://trazosdejeshua.files.wordpress.com/2009/11/renko-dormida.jpg?w=499&#038;h=407" alt="Renko dormida" width="499" height="407" /></p>
<p><img title="Más..." src="http://www.morbitorio.com/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif" alt="" /><span id="more-247"></span></p>
<p>-Pobre hombre –me comentó Maribel una vez el otro se encerró en su habitación. –El señor Romer apenas ha podido dormir desde que secuestraron a su hijo.</p>
<p>-Si tiene la escopeta en brazos incluso mientras duerme, he de imaginar que le hicieron algo más que llevársele el hijo –comenté distraídamente mientras me dirigía al baño a asearme un poco la mala cara.</p>
<p>-Tiene bastante intuición, ¿sabe? –dijo la otra en parte sorprendida.</p>
<p>-La justa y necesaria para no andar preguntando perogrulladas todo el rato –dije mientras cerraba la puerta del baño. -Lo que está claro, no necesita de preguntas pedantes todo el tiempo -tras refrescarme un poco la cara, sentí como volvía a la vida diurna.</p>
<p>Maribel no dijo nada y me pareció escucharla retirarse hacia la cocina.</p>
<p>Cuando terminé de lavarme, me la encontré sirviendo el desayuno.</p>
<p>-No es mucho, pero es todo lo que hay –se excusó ella al presentarme tan escasa ración. –El señor Romer no está muy animado para salir a comprar y servidora no pudo salir en mucho tiempo. Espero que os resulte de&#8230;</p>
<p>-Maribel decías que te llamabas, ¿no? –interrumpí de golpe.</p>
<p>-&#8230;eh&#8230; sí, ¿por qué? –preguntó ella algo extrañada por la interrupción.</p>
<p>-Si para vos no es demasiada molestia y no os supone un esfuerzo excesivo, os pediría que me tratarais de tú para así no sentirme tan anciana de repente –respondí jocosa a la par que tocada. Esa manera tan rematadamente educada a la hora de expresarse me estaba sacando de mis casillas.</p>
<p>-Perdone&#8230; perdona –se corrigió rápidamente –que no sepa expresarme de otra manera: Así fui educada.</p>
<p>-De familia rica he de suponer, ¿verdad? –pregunté mientras me sentaba en la mesa. –En fin, si has acabado trabajando en esta clase de cosas, no seré yo quien te pregunté cómo ocurrió.</p>
<p>-Cambiando de tema -por su tono, imaginé que no le gustó la mención a su familia. -¿Cómo ha conocido a Theodoros? –me preguntó sin abandonar su tono fino. –No creo que sea médium pero el señor Theodoros dice que le trata como yo a él.</p>
<p>-Quiso echarme de casa –dije después de tragar lo que tenía en la boca. –Aunque creo que eso ya lo sabías.</p>
<p>-Al fin de al cabo, es un quicksilver: Poltergeist de poca entidad pero molesto. Sus asuntos tendrá en este mundo para que no se haya ido todavía y parece que para ello necesita su antigua casa.</p>
<p>-En el fondo no es tan molesto el chaval –dije para acabar de comer lo poco que tenía en el plato. –Si no me hubiese expulsado de casa, los de Tansa me habrían encontrado, lo cual me hace preguntarme una cosa: Theo, ¿entraron también en su casa?</p>
<p>Maribel permaneció un rato callada para luego responder:</p>
<p>-No, en mi casa no entraron –respondió ella por el fantasma. –Parece que aún no saben donde vivo. Es cosa buena que sepa ocultar mis rastros, lo cual es un alivio, si tenemos en cuenta todo lo que guardo allí.</p>
<p>-Ya sé que soy como una mala piedra en el zapato ahora que he venido tan de repente –dije mientras metía el plato en el fregadero –pero me gustaría saber si tienes algún plan para este asunto. Si no sales de esta casa será por algo, ¿no?</p>
<p>-Así es: Estoy esperando a que un par de espíritus de las víctimas de Tansa vuelvan aquí para informarme de sus movimientos. Sin embargo, hace mucho que no recibo ningún mensaje suyo. De todas maneras, gracias a tu ayuda, ya sé donde puede vivir ese bergante.</p>
<p>-Así me gusta, que me tutees&#8230; Pero, aunque sepa donde vive, él está en el barrio de Marylebone y, por la actuación de la policía de la zona, puedo asegurarte que la tiene bien comprada. Encima, teniendo en cuenta la manera que tenían de perseguirme, estoy segura de que no son precisamente pocos los adeptos de Tansa.</p>
<p>-Según la “desfasada y poco fiable información de este pobre jardinero”, dice Theodoros, los adeptos pueden pasar, sin problemas, de los dos centenares. Si lo que cuentas es cierto, actualmente puede que sean más del triple.</p>
<p>-¿Qué sabe Theodoros acerca de Doe?</p>
<p>Maribel permaneció un par de minutos callada, mirando a una pared mientras escuchaba algo que no era capaz de oír, cosa que me hacía sentir incómoda, incluso tonta, al no ser capaz de tener unos sentidos tan afilados como los de mi rubia vecina.</p>
<p>-Trabajó para él, eso ya lo sabes –dijo adoptando, con algo de esfuerzo, un tono más convencional. –En el primer año en el que estuvo a su servicio, su jefe no era especialmente excéntrico, tal vez algo soberbio pero no mala persona. Pero un día, a finales de verano, pareció cambiar de repente y comenzó a exigir cosas extrañas a sus sirvientes como que comenzaran a llamarlo “Tansa” y que se unieran a su causa para llamar al “Señor” a este mundo. A Theodoros le pareció una locura transitoria a causa de su intenso trabajo.</p>
<p>-Pero se equivoco.</p>
<p>-Mucho, según él: Cada cierto tiempo, Doe iba a visitarlo para “convencerle” de que se uniera a la secta. Le vigilaba, le seguía y no escatimaba esfuerzos para presionarle. Incluso le mostró su “Santuario”, una enorme cavidad que había debajo de su casa. Por lo que me ha contado, la mansión de Doe se construyó encima de una enorme caverna. “Una horripilante, profunda, tenebrosa, oscura y, sobretodo, húmeda cueva” según él. Por su descripción, no soy capaz de hacerme una idea de cuál es su auténtica profundidad.</p>
<p>-¿Y allí abajo, se hacía algo más que gritar a los cuatro vientos “traedme las tripas de diecisiete personas”?</p>
<p>-El señor Theodoros presenció uno de los “oficios”. Y, como entendida, de de opinar que una misa negra nunca es tan rematadamente desorganizada, de veras -no pude evitar notar como se sonrojaba un poco. -Allí todo el mundo iba (y, muy probablemente, aún van) a lo mismo.</p>
<p>-¿A qué? –pregunté curiosa aunque sospechando la razón del color en sus mejillas.</p>
<p>-En el auténtico satanismo se siguen unos pasos concretos para guiar las celebraciones y los oficios los cuales se guían por los tres principios del Baphomet: Consuelo, destrucción y, en fin, lascivia&#8230; –esta última palabra la suspiró para darme una imagen bastante clara de lo que se montaba allí abajo. –Como gran sacerdote, Tansa no vale ni dos peniques pero, en según que asuntos sí que sabe como llamar la atención.</p>
<p>-No, si ya dicen que tiran más dos&#8230;</p>
<p>-Ejem&#8230; -algo que incomodaba a Maribel: El tema de la procreación ociosa. -La cuestión es que para cuando se dio cuenta de lo que le pedía el señor Doe, Theodoros prefirió separarse de él y cambiar de jefe.</p>
<p>-¿Le pidió algo en concreto?</p>
<p>-Que buscara un corazón, literalmente. En teoría, lo que Doe pretendía era convertir a Theodoros en su ejecutor personal. Cuando se negó y le amenazó con denunciar las “amoralidades” que se celebraban allí abajo, Doe decidió convertirse él mismo en el ejecutor. El resto es historia. Por lo que pude leer de los borradores de los artículos acerca del señor Theodoros, Doe o tenía muchos buenos abogados o tenía suficiente dinero como para sobornar a medio cuerpo de policía. Él y su ayudante Lilith son los dos sumos sacerdotes de su orden.</p>
<p>-¿Tiene algo que ver el hijo de el señor Romer con ellos? ¿Por qué lo han secuestrado a él precisamente?</p>
<p>-El señor Romer fue uno de los sirvientes de Doe hace ya cuatro años, justo antes de que su señor comenzara a desvariar. Por razones que no vienen al caso, decidió abandonar el trabajo y abrió su propio negocio. Así pues, su mujer, él y su hijo acabaron aquí..</p>
<p>-¿Qué pasa con este lugar?</p>
<p>-Piensa un poco en el camino que has tenido que realizar hasta legar aquí: ¿No parece este lugar un poco apartado de las calles principales? Está como medio aislado en medio de la ciudad.</p>
<p>Bien mirado, llevaba razón. Yo me había metido por allí para despistar a la gente de Tansa entre ese mogollón de callejuelas. El hecho de encontrarme con Maribel justo en ese laberinto fue algo que nunca me habría esperado.</p>
<p>-Tal vez sólo cambiaron su vivienda a causa de su hijo –continuó ella. –Digamos que es un joven bastante especial.</p>
<p>-¿En qué sentido? ¿No será la encarnación de algún amiguete que vive allá abajo?</p>
<p>-No, es más bien alguien parecido a mi persona: Por lo que el señor Romer me ha permitido saber, alrededor de su hijo Aaron ocurren cosas “extrañas”. Cosas como que empiecen a flotar los objetos a su alrededor, que hable con las paredes o que responda incluso antes de que se le haga una pregunta. Según parece es un médium de alto nivel, con un potencial incluso mayor que el mío. Tal vez sea por eso que les parece tan especial.</p>
<p>-¿Sabía Doe algo acerca del chico?</p>
<p>-Eso es lo que me extraña: Doe no debería saber nada del hijo de Romer porque nunca habló de los fenómenos causados por su hijo con nadie aparte de su esposa, además de que ni siquiera debería saber que tenía un hijo. Lo cual me lleva a la segunda sospechosa: Lilith. Según lo que me ha estado contando Theodoros y lo poco que dejó traslucir el adepto que huyó de la secta, es una mujer algo extraña que llegó poco después de que enloqueciera su jefe. Al parecer, es algo parecido a su secretaria o ayudante aunque su cargo nunca ha quedado muy claro. Sólo sé que es una persona muy inteligente y que apoya la habilidad de Doe con los negocios a la perfección. Al menos, en teoría, eso es todo. Sin embargo, nada más llegó, comenzó a ayudar a Doe en los oficios aunque casi nunca llegara a participar realmente en ellos. La única vez que Theodoros vio una de esas misas, percibió claramente que Lilith se mantenía discretamente en una esquina mirándolo todo pero sin hacer el más mínimo viso de entrar en el grupo. A sus ojos, hasta parecía hastiada y aburrida. Cuando tocaba hablar, ella lo hacía sin reparos pero lo que era “disfrutar” de esas celebraciones, no lo hacía.</p>
<p>-Por lo que tengo leído acerca de ella, es una mujer de pocas palabras aparte de muy fría.</p>
<p>-No creo que sea como el resto de la gente. Puesto que es la ayudante más directa de Doe, he de pensar que ha sido ella quien descubrió las rarezas de Aaron y dirigió a sus hombres a por él. Si no intuyo mal, ella también es una médium.</p>
<p>-¿Por qué será que de repente la ciudad de Londres parece que está llena de fantasmas, sectas raras y mediums en cada esquina? –opiné extrañada. –No negaré que Theodoros existe, no negaré tu capacidad para hablar con él y no diré que no cuando digas que Doe es idiota pero&#8230;</p>
<p>-No te extrañe: La mayor parte de los psíquicos y mediums que existen, ocultan su condición por una u otra razón. Y los que no soportan ocultarlo, buscan a sus semejantes con los que compartir sus sufrimientos y padecimientos.</p>
<p>-“Dios los cría, ellos se juntan” -sin duda, el mejor refrán para este caso. -Aún así me extraña que eligieran al hijo de este pobre hombre.</p>
<p>-Si eso, ya le preguntaré yo misma de dónde sacó la información acerca de Aaron. Tal vez lo supo por medios alternativos pero no hay nada seguro.</p>
<p>-De todas maneras, eso no es lo que importa: Aunque sepamos dónde está sigue estando vigilado por más de doscientas personas. No creo que nos dejen entrar en esa mansión por las buenas y en la policía apenas podemos confiar.</p>
<p>-Tengo un par de ideas –comentó ella. –Por lo que me ha contado Theodoros y por las indicaciones de algunos informadores, Doe celebra los oficios cada domingo por la noche, sin falta. Allí se congregan sus adeptos sin falta. Y cuando digo todos, me refiero a absolutamente todos, incluidos los policías que tiene en nómina. Los domingos, entre las ocho de la tarde y las dos de la mañana, es el día en el que puedo pasear sin problemas por esa zona sin peligro a que me detengan.</p>
<p>-Pero aún así no podrás entrar.</p>
<p>-Me servirá para comprobar rutas y planificar estrategias. En este trabajo, toda información siempre es poca.</p>
<p>Y, sin más, se levantó a por la carpeta con la información que había traído para revisarla concienzudamente.</p>
<p>Maribel era muy meticulosa y lo suficientemente sistemática como para apuntar todas las indicaciones que le daba Theodoros acerca de las características de la mansión y de la caverna. En cosa así de unas cuatro horas, no sólo sabía cómo acceder a la mansión sino que, además, tenía un mapa detallado de todo el lugar desde el segundo piso hasta todo el camino de la caverna.</p>
<p>Yo ayudé con mi habilidad natural para interpretar mapas, corrigiendo incoherencias en el plano, cosa que sorprendió gratamente a mi rubia vecina. Al final fui yo la encargada de corregir la cartografía del lugar, logrando dibujar un mapa “fidelísimo” a lo que recordaba Theodoros.</p>
<p>El jardín, según la información permanentemente actualizada de Theodoros, era un lugar donde era muy sencillo ocultarse. El problema residía en la vigilancia de las entradas principales: Doe había contratado a más de treinta guardas jurados que vigilaban el perímetro de la mansión como auténticos perros de caza. Era sencillo acercarse pero ya no tanto entrar, ya no digamos lo que podría ser intentar salir a toda prisa.</p>
<p>El interior era más sencillo: Según mi fantasma particular, había permanecido completamente intacto desde que abandonó este mundo. El servicio del interior de la mansión se había simplificado por lo que la vigilancia interna era sencilla. El problema residía, realmente, en el sótano y la caverna: No había manera humana de entrar sin ser descubierto pues sólo existía una única entrada, no precisamente holgada. Tres personas bien armadas la vigilaban constantemente, dos cubriendo la entrada y una tercera, aislada en una cámara segura, cerca de las alarmas.</p>
<p>-¿Cómo lo ve? ¿Alguna idea? –preguntó Maribel cansada tras idear toda clase de estrategias para acceder pero sin encontrar ninguna solución factible.</p>
<p>Pensé largo rato en cientos de posibilidades, cada cual más absurda que la anterior (hasta pensé en hacerme con alguna arma pesada y entrar a saco matando a todo aquel que me mirara mal pero eso era demasiado exagerado hasta para mi alocada imaginación). Pensé, ideé, imaginé, recapacité, intuí&#8230; pero nada logré inventar para poder entrar y luego salir sin problemas.</p>
<p>-Será horripilante pero sólo por la gente que hay allí –comenté con voz queda mientras meditaba sentada en el sillón, –su profundidad sólo es una molestia; la oscuridad es una ventaja y la humedad&#8230; –de repente, al pensar en ese detallito, se me hizo la luz y fui a preguntar directamente al fantasma. –Theodoros, cuando dices que es húmeda, ¿dices simple sofoco al respirar o hablas de auténticos regueros de agua?</p>
<p>Maribel no tardó en dar una respuesta:</p>
<p>-Tienen que usar hasta bombas de agua para drenar lo que llega a fluir hacia allá abajo.</p>
<p>-Nunca te has introducido demasiado, ¿verdad?</p>
<p>-No le gusta el lugar, le da escalofríos y, cuanto más baja, más terror siente de encontrarse algo indeseable –respondió Maribel.</p>
<p>-La humedad no se da en el sótano de la mansión sino un poco más abajo en la caverna, ¿no?</p>
<p>-¿Por qué lo preguntas?</p>
<p>-¡Intuye un poco, chiquilla! –exclamé con alegría en mi voz. –Estamos en medio de una ciudad: Aunque todo esto esté lleno de edificios, eso no niega que en el subsuelo haya todo un trazado de conducciones de agua, cloacas y túneles de metro. Si mi intuición es correcta, esa humedad que se da en la caverna de Doe se podrá deber a uno o varios escapes de alguna cloaca o conducción de agua. Si hay alguna zona especialmente húmeda se deberá a que en esa parte, la pared es más delgada que en otras y que, con el tiempo, se ha abierto una vía de agua hacia la caverna..</p>
<p>-¿Dices que pretendes entrar haciendo un agujero desde las cloacas? Eso es fácil de decir pero no creo que ninguna de nosotras dos conozcamos lo más mínimo ese terreno&#8230;</p>
<p>-Los mapas de esa clase de lugares no son secreto estatal –afirmé sonriente. –Un paseo al ayuntamiento, reviso los mapas y tendremos la ruta directa para entrar en la caverna de Doe.</p>
<p>-Pero&#8230; si tendrías que comparar los mapas interno y superior, ¿no sabes que&#8230;?</p>
<p>-¿&#8230;es complicado? –interrumpí al tiempo que me ponía la gabardina y el sombrero. –Los mapas los leo mejor que la poesía; los caminos largos me parecen senderos agradables y yo, jamás de los jamases, me he perdido. Nunca he perdido el norte así que déjame esto a mí y, para esta noche, tendrás una ruta perfectamente planificada&#8230; lo cual lleva a preguntarme –dije al acordarme de un detalle que había estado obviando todo el rato: –¿Cuándo pretenden matar al niño ese?</p>
<p>-Si nos guiamos por toda la serie de tópicos que aplica Doe, muy probablemente la noche del 31 de octubre, la Noche de Walpurgiss.</p>
<p>-Dentro de tres días –me dije sopesando cuánto tiempo implicaba ese límite de tiempo. –Muy bien. Espero que la presión me ayude en este trabajo. Volveré por la noche.</p>
<p>Y, sin más dilación, salí de esa casa sin dejar de notar la fría presencia de mi compañero fantasma.</p>
<p>No me costó demasiado lidiar con los funcionarios y, con un par de excusas, una historia convincente y sin demasiados problemas, pude pasarme toda la tarde revisando los mapas. La verdad es que no necesité más de media hora para encontrar todo lo que necesitaba: Encontré los diferentes colectores que se acercaban a la casa, las conducciones de agua importantes, los túneles de metro que había más allá. Lo miré todo a fondo, memoricé todos los caminos que existían en el subsuelo de Marylebone y después planifiqué rutas tanto de entrada como de huida. Supuse que allá abajo no se estaría precisamente a gusto ni que fuese un camino de rosas pero al menos conocería el terreno mucho mejor que mis posibles perseguidores.</p>
<p>Al salir, me di un paseo de vuelta a casa del señor Romer, con discreción, para tomar un poco el aire después de todo ese tiempo en interiores.</p>
<p>Estaba preocupada. No tanto por mí, o por Aaron o por el destino de mi jefe. Me angustiaba pensar en el siguiente paso que tendría que dar. Sí, tenía la ruta, planes, notas acerca de los que estaban allí dentro, detalles acerca de la vigilancia y todo eso&#8230; pero, ¿ahora qué? ¿Es que acaso pretendía entrar allí en plan heroína y salvar a quien fuera? Si Doe tenía tanto poder, supuse que no le costaría demasiado salirse con la suya y, más tarde o más temprano, la sangre de algún otro niño correría. Aunque lograra salvarme de esta locura no me sentía nada cómoda.</p>
<p>De repente, se me vino a la cabeza la nefasta idea de que nada de lo que hacía me iba a servir para nada en absoluto, que no podría huir, que debería ocultarme toda la vida de ese loco imbécil desalmado&#8230;</p>
<p>“Suficiente aire por hoy” me dije deprimida e intranquila y me encaminé a la casa del señor Romer para pasar la tarde que quedaba comentándole mis planes a Maribel. Otra cosa no me quedaba por hacer.</p>
<p>Cuando llegué, me la encontré leyendo al tiempo que, cada pocos segundos, apartaba la mirada hacia la ventana, como si estuviera esperando a que alguien llegara volando para hacerle entrega de un importante mensaje.</p>
<p>Me recibió con su más que típica cortesía y le expliqué mis ideas con voz algo apagada.</p>
<p>-¿Estás cansada?</p>
<p>Su tuteo me pilló algo desprevenida. Yo estaba explicando objetiva y con sequedad mis indagaciones y, de repente, me saltó con eso. No supe qué contestar inmediatamente por eso seguí explicando mientras hacía un gesto de negación al tiempo que sonreía no muy convencida.</p>
<p>-¿No te habrán estado siguiendo?</p>
<p>-No, para nada –dije al fin sin ocultar mi desagrado ante mis expectativas. –Maribel, ¿qué se supone que haremos allá abajo? –suspiré mientras miraba los mapas que había transcrito a partir de mi memoria fotográfica para los mapas. –¿Llegamos y rescatamos a Aaron, luego logramos que detengan a Doe y ale, ya está?</p>
<p>-Es agradable que te lo tomes con tanto humor –dijo ella con una cortés media sonrisa. –No he pensado hasta hace muy poco una incursión allá dentro. De hacerlo, lo más probable es que no salga viva de ese lugar pero la muerte es algo que a mí ya poco me preocupa. No tienes por qué venir: Para mí, esto es algo profesional, no vocacional.</p>
<p>-No me refiero a eso: Aunque lograras tus objetivos, ¿qué harías con Doe?</p>
<p>-Una de dos: O dárselo a autoridades de confianza o matarlo –se me heló la sangre al escucharla pronunciar esa palabra con esa cara tan impasible. Era casi como si matar a sus enemigos fuese para ella algo común. –Desgraciadamente, la segunda opción está cobrando fuerza pues ninguna de esas autoridades es de ninguna zona cercana a Marylebone. Podría contactar con un conocido de la Scotland Yard pero, sabiendo de él, mucho me temo que no lograría ninguna respuesta hasta dentro de una semana por lo menos.</p>
<p>-Si tiene que ver con estos asesinatos, ¿por qué no iba a hacerte caso?</p>
<p>-Ya ha sido degradado una vez por mi culpa –respondió ella incómoda al tiempo que apartaba la mirada. –He hecho muchos trabajos a favor de los de su pueblo pero sus problemas profesionales no se los quita nadie. Cualquiera que se decida a ayudarme tiene que estar muy seguro de querer arriesgar su empleo.</p>
<p>-Aún así, te estarías metiendo en terreno lleno de gente en tu contra. Ellos ya te conocen y no creo que pasaras muy desapercibida por allá.</p>
<p>-Siempre hay que intentarlo todo cuando no sólo se está trabajando –dijo ella seriamente. –De un tiempo a esta parte, mi vida me importa bien poco mientras pueda sentirme realmente útil.</p>
<p>-¡Habló la optimista! –exclamé desagradada.</p>
<p>-Así vivo, por desgracia.</p>
<p>Como todo lo que había que explicar ya estaba explicado, me retiré al sillón para pensar con calma y alejar todos esos fantasmas que dominaban mis pensamientos.</p>
<p>Aún era tarde temprana pero el cielo estaba tan encapotado que invitaba a dormir una siesta. Pero no estaba para siestas aunque mis párpados me pesaran y mi cuerpo estuviera tan tenso.</p>
<p>Me arriesgué a pensar en lo que más nerviosa me ponía y traté de sacar conclusiones no logrando más que inquietarme más aún bajo la sombra de mi sombrero sobre mi cara&#8230;</p>
<p>-Andas azorada, veo –dijo una voz femenina a mi lado de repente.</p>
<p>Me sobresalté y mi sombrero se cayó al suelo, pudiendo así ver la cara de quien me había dicho eso.</p>
<p>-Oh, ¿estabas dormida? –preguntó la otra, una mujer con unos cuantos años más que yo, de largos cabellos rubios y elegante vestimenta de color tal como sus ojos, ojos de un extraño y a la vez intenso color violeta. –No pretendía asustarte.</p>
<p>Miré la sala y vi como Maribel no estaba.</p>
<p>-¿Dónde ha ido Maribel? –pregunté al tiempo que me enderezaba. –¿Y quién es usted?</p>
<p>-La buena de Merry no está aquí, eso es cuanto sé –la otra se encogió levemente de hombros, como si no fuera con ella. –Cuando llegué, aquí dentro sólo estabas tú. Aunque la pregunta debería ser: ¿Quién eres tú? ¿Familia del amigo Romer?</p>
<p>-No, sólo una víctima más de ese tal Tansa.</p>
<p>-Ah, el idiota ese. Entonces estamos en lo mismo –sonriente, se sentó a mi lado. No me resultaba desagradable. –Es un agobio pensar tanto en cómo vencerlo, ¿verdad?</p>
<p>-Tú lo has dicho –dije restregándome los ojos y limpiándome la babilla que se me había escapado por la comisura de los labios. –¿A ti también te ha atacado Tansa?</p>
<p>-Aún no. De hecho, ni me conoce pero, digamos que me resulta “sumamente molesto”. Si bien sé que no me pueden hacer nada porque aún no me conocen, no me siento tranquila cada vez que me despierto cada mañana.</p>
<p>-Así es y así será.</p>
<p>-¿Por qué lo dices? –preguntó ella aparentemente extrañada aunque con una expresión lo bastante falsa como para que pensara que lo que acababa de decir era una tontería.</p>
<p>-Si conoces alguna manera de quitarle todo su dinero a Tansa y que no vuelva a hacer de las suyas por el mundo, a lo mejor me siento más animada.</p>
<p>-Siempre queda la opción de que se mate&#8230;</p>
<p>-El asesinato no es lo mío –interrumpí asqueada al ver que la solución pasaba por el deceso de ese loco.</p>
<p>-Ah, niña mía, nadie ha dicho nada de matarlo: Lo que por mis labios salió es que se matará –afirmó la otra con un abanico que abría y cerraba con habilidad y velocidad. –Probablemente ni Merry lo sepa pero lo que está convocando ese idiota no es a su señor Satanás y, aunque así fuera y lograra traerlo (Lucifer lo quiera), no creo que tolerara la presencia de ese advenedizo.</p>
<p>-Merry&#8230; ¿te refieres a Maribel?</p>
<p>-¿No te resulta así más sencillo decir su nombre? Para ser japonesa, parece que se te da muy bien el inglés.</p>
<p>Me extrañó la familiaridad con la que me trataba pero me gustó mucho que, por una vez, alguien no me tratara de “china”.</p>
<p>-¿A qué te refieres con eso de que no convocará a Satanás? –a pesar del detalle, no abandoné el tema.</p>
<p>-A lo dicho: Merry ha recibido una intensa educación en estas lides pero, aún así, no lo conoce todo ni todas las posibilidades de los ritos humanos.</p>
<p>-¿Cómo voy a saber lo que sabe si nunca me ha contado nada?</p>
<p>-Puedes preguntarle lo que quieras: No es alto secreto –replicó la otra al tiempo que ocultaba su sonrisa tras un abanico. –Fronteras hay en todas partes y la pequeña Merry es capaz de verlas casi todas. La que Tansa pretende abrir es una de las que ella no conoce.</p>
<p>-¿Qué clase de frontera es esa?</p>
<p>-Tansa va a abrir una puerta hacia donde no hay nada –respondió ella seriamente.</p>
<p>-Pues vaya chorrada de frontera.</p>
<p>-No, no&#8230; no es tontería lo que mento –negó ella cerrando de golpe su abanico. –Imagínate ese agujero que lleva a donde no hay nada y piensa en este mundo que esta lleno de cosas: ¿Qué crees que podría pasar si no se cierra bien ese agujero? –no respondí pues me costaba entender lo que decía esa mujer. –Piensa en esto como si fuese un desagüe&#8230;</p>
<p>-¿Pretendes decir que todo lo que hay en este mundo irá a parar al vacío?</p>
<p>-No exactamente pero muy cercano a eso sí. En ese vacío hay toda clase de criaturas no precisamente benignas y si mis sentidos no me engañan, la que quiere venir ha engañado a Tansa. Vamos, lo que suelen hacer los demonios en las leyendas: Engañar a los pobres e inocentones humanos.</p>
<p>-Pues no me animas demasiado contándome eso&#8230; –la otra me miró extrañada, sin hacerme preguntas. Fue un largo rato de silencio bajo su escrutadora mirada hasta que me atrevía a hablar. –¿Qué?</p>
<p>-¿Nosotras nos conocemos de antes? –preguntó sin dejar de mirarme fijamente. –Tú cara no me suena pero me extraña que seas capaz de aceptar lo que cuento con tanta entereza.</p>
<p>-¿Te extraña que una chica normal como yo se haya acostumbrado tan rápido a esta clase de historias?</p>
<p>-Estos ojos&#8230; –musitó. –¿No recuerdas haberte perdido alguna vez? ¿Nunca te has confundido de caminos o te has quedado atrapada en algún lugar del cual no conocías la salida?</p>
<p>Solté una risita irónica y contesté con la cabeza bien alta y realmente segura de mi misma:</p>
<p>-Yo jamás me he perdido en toda mi vida –sin embargo, los ojos violeta de mi interlocutora, más que mostrarse jocosos por no creerme o sorprendidos por hacerlo&#8230; mantuvieron su gesto extrañado.</p>
<p>-No lo recuerdas, ¿verdad? –preguntó ella acercando una mano a mi ojos. –Una vez viste las estrellas en otro lugar&#8230; –me tapó la vista antes de que pudiera replicar. –Una vez, sólo una vez, no lograste encontrar el camino de vuelta a casa.</p>
<p>-¿Pero qué dices? –pregunté apartando su mano de mi cara&#8230; para encontrarme con que ya no estaba ahí.</p>
<p>Ya era de noche y yo seguía echada sobre el sillón. Maribel ya no estaba allí por lo que estaba completamente sola en ese salón. Y lo que creía que era la mano de la otra era el sombrero que había colocado sobre mi cara antes de dormir.</p>
<p>“¿Un sueño&#8230;?” me pregunté mirando en todas direcciones para tratar de encontrar a esa mujer de cálida expresión pero fría presencia. Aún sentía sus dedos sobre mis ojos y hasta creí notar el aroma gélido que desprendía. Pero todo indicaba a que por allí no había pasado nadie en un buen rato.</p>
<p>Me limpié la boca, me ordené el pelo y me levanté para estirar mis agarrotados brazos, ya medio dormidos. Salí de la sala y me encontré con que la casa estaba completamente vacía por lo que volví allí y, en medio de las tinieblas, vi como había una nota sobre la mesa.</p>
<p>Encendí la luz y leí esa misiva de Maribel:</p>
<p>“<em>Gracias por mostrarme el camino hacia la casa de Doe. No hace falta que te preocupes más por el caso. Gracias a tu ayuda y a las indicaciones de Theodoros, ya sé cuál debe de ser mi plan a seguir. El señor Romer ha ido a avisar a las autoridades pertinentes y yo me dispongo a infiltrarme en la mansión de ese mal nacido.</em></p>
<p><em>Mañana, si no surgen problemas, habré liberado a Aaron.</em></p>
<p><em>No te preocupes por esforzarte más de lo que ya has hecho. No se me da bien tratar con la gente pero sé perfectamente cuando alguien ya ha llegado a su límite moral y tú ya hace mucho que ya lo has alcanzado.</em></p>
<p><em>Descansa.</em></p>
<p><em>Antes de una semana podrás volver sin problemas a tu casa.</em></p>
<p><em>Firmado: Maribel Han</em></p>
<p>Cuando acabé de ver esa nota simplemente sentí alivio; un alivio efímero que se transformó en una cerval preocupación por esa mujer.</p>
<p>¿¡Pero qué pretendía hacer!?</p>
<p>¡Meterse de lleno en la boca del lobo! ¡Esa idiota estaba totalmente chiflada!</p>
<p>Antes de darme cuenta, ya me había puesto la gabardina y rebuscaba en una caja de herramientas una palanca que, sin duda, iba a utilizar.</p>
<p>“¡Esa maldita tonta no aprecia su vida lo suficiente!” me dije al tiempo que salía de la casa. “Creo que ya es hora de que alguien le cante las cuarenta&#8230;”</p>
<p>Y no pasó demasiado tiempo antes de que una sombra más se perdiera entre las brumas nocturnas de Londres.</p>
<p style="text-align:right;"><em>He aquí una nueva entrega de esta historia de fantasmas y sectas que interpeta de la manera más libre imaginable a los personajes de Maribel y Renko del nunca suficientemente ponderado Zun.</em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Creo que será a partir de la siguiente entrega que empezaré a usar las palabras necesarias para que os déis cuenta de a qué autor acabé haciendo referencia aún sin haberlo conocido (aunque, ni mucho menos, puedo comparar mi prosa con la suya). Hasta el momento ya he dejado muchas pistas así que, imagino, al menos uno se habrá dado cuenta de a quién me refiero.</em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Sólo esperando que cuanto haya escrito sea de vuestro agrado, me despido hasta más leer.</em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Ilustración: <a href="http://nethka.deviantart.com/">Nethka</a></em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Escuchando: <a href="http://www.youtube.com/watch?v=yYlPTYBhtOI">Eight Melodies</a></em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Postdata: No sé si alguien se habrá dado cuenta pero, actualmente, estoy llevando a cabo las labores de webmaster también en una segunda página con un dominio más acorde a este blog:</em></p>
<p style="text-align:right;"><em><a href="http://www.morbitorio.com">www.morbitorio.com</a></em></p>
<p style="text-align:right;"><em>El contenido es el mismo pero, al tener un nombre más sencillo de escribir, es más fácil de localizar. Espero que os guste lo que allá os encontréis.<br />
</em></p>
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		<title>Iris &#8211; Capítulo 1: Llegada a Naukon</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Oct 2009 22:11:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jeshuamorbus</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ya se estaba ocultando el sol tras los montes Envero cuando una carreta llegó a las puertas de la ciudad de Naukon. Su ocupante, encapuchado de pies a cabeza, parecía que llevaba prisa. Llevaba abundante carga y parecía que había tenido problemas con los bandidos a juzgar por el mal estado que acusaba su carreta. [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=trazosdejeshua.wordpress.com&blog=2469034&post=242&subd=trazosdejeshua&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Ya se estaba ocultando el sol tras los montes Envero cuando una carreta llegó a las puertas de la ciudad de Naukon. Su ocupante, encapuchado de pies a cabeza, parecía que llevaba prisa. Llevaba abundante carga y parecía que había tenido problemas con los bandidos a juzgar por el mal estado que acusaba su carreta. Al verlo en esa tesitura, los guardas apenas hicieron medio registro y le dejaron entrar sin muchas cortapisas.</p>
<p>El buhonero agradeció el gesto y entró rápidamente a ocultarse entre las calles y callejas de Naukon. Tan pronto como llegó a los barrios bajos del oeste de la ciudad, pudo respirar un poco. Si bien ese lugar no era lo más seguro, al menos sí que estaba oculto. Poco le importaba en ese momento que le robaran el cargamento: Tenía otras cosas en mente antes que fijarse en las cuatro cuatro fruslerías baratas que llevaba en su carro.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-243" title="Keshat" src="http://trazosdejeshua.files.wordpress.com/2009/10/keshat.jpg?w=500&#038;h=687" alt="Keshat" width="500" height="687" /></p>
<p><span id="more-242"></span><img title="Más..." src="http://www.morbitorio.com/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif" alt="" /></p>
<p>Mientras avanzaba con discreción por entre edificios y caminos tan estrechos como abandonados de toda presencia honrada, pudo sentir las miradas que se fijaban en el carro. Mas no notó hostilidad alguna por lo que continuó su camino sin incidentes. De todas maneras, le extrañaba que nadie se dignara tan siquiera a preguntar cuál era su cargamento&#8230; tal vez lo estuvieran confundiendo con algún suministrador habitual. O eso o&#8230;</p>
<p>&#8230;o ellos le estaban esperando en una de esas callejas. Tres hombres, vestidos con gualdrapas negras que cubrían sus corazas, armados con lanzas y alabardas y llevando esas extrañas máscaras que les cubrían toda la cara y tapaban los ojos con cristales espejados. Era imposible saber qué estarían mirando aunque, quien iba en ese carro, sabía perfectamente a qué venían.</p>
<p>No lo pensó dos veces: Cogió su más preciado cargamento en brazos y bajó del carro en dirección contraria. Mas, cuando vio que por el camino por el que había venido caminaban más soldados en su dirección, cogió la primera salida que encontró en otra dirección: Un portal. Entró en él, subió las escaleras y llegó a toda velocidad al desván del edificio mientras escuchaba los pasos precipitados de sus perseguidores siguiendo sus pasos. Taponó la entrada del desván con lo primero que encontró y fue hacia la claraboya más cercana. Tras abrirla, cogió el bulto que había estado cuidando todo ese tiempo y salió al techo para continuar su fuga por los tejados.</p>
<p>Pero ni en semejante escenario sus perseguidores cejaron: Las defensas que había montado en la puerta del desván no tardaron en verse vencidas y la guardia de Dea salió al exterior para darle captura.</p>
<p>El encapuchado,a pesar de su avanzada edad, continuó su fuga a toda velocidad, cada vez más cansado por llevar un bulto tan pesado en brazos. Sin embargo, y por suerte, les tenía mucha ventaja a esos soldados por lo que, cuando pudo, bajó por tejados contiguos hasta caer a nivel de la calle y escapar por otras callejas.</p>
<p>Su respiración era entrecortada y pesada. Pero no por ello era menos rápido.</p>
<p>Pero no lo suficiente: No había recuperado el resuello cuando delante de él ya se encontraban dos guardas de Dea y detrás de él, otros dos más cortándole la retirada. Y en esa calle no había ni portales, ni ventanas ni escalera alguna que le permitiera encontrar una vía de escape.</p>
<p>Ya desesperado por la situación, sacó su daga y se dispuso a pelear por su vida y por el bien de lo que trataba de proteger en sus brazos.</p>
<p>Sin mediar palabra, dos soldados, uno de cada lado, se acercaron a él, alabardas en ristre. El asaltado dejó el bulto en el suelo y se lanzó contra el más cercano quien lo derribó sin esfuerzo alguno con un golpe plano de la cuchilla. El encapuchado quiso levantarse pero antes de que pudiera hacer nada, el otro soldado le había puesto la punta de su arma contra el cuello, impidiendo su movimiento.</p>
<p>El otro comprobó lo que había entre las telas que tanto se empeñaba en proteger su víctima y descubrió su contenido: Una chica joven que aparentemente dormía plácidamente pero que, tras descubrir un poco más su cuerpo, se podía ver que tenía gran cantidad de burdos vendajes cubriéndole gran parte de su piel.</p>
<p>Quien la descubrió se giró hacia uno de los que vigilaban y le preguntó con las manos. El aludido sencillamente asintió y continuó vigilando mientras su compañero, sin abrir la boca para nada, sacaba una daga de su cinto y la dirigía contra el cuello de la chica.</p>
<p>Pero tan armonioso movimiento fue interrumpido cuando una estaca se estampó contra su cabeza, derribándole en un instante. El encapuchado atrapado contra el suelo, apenas fue capaz de ver a esa sombra moverse a toda velocidad por la oscuridad de esa calleja mientras, con una larga vara de madera, iba reduciendo, uno a uno, a todos esos poderosos soldados.</p>
<p>-Hay que ver, buen Tamo&#8230; –suspiró la chica que había acabado con todos esos soldados. –Te tenía por un hombre un poco más prudente.</p>
<p>El aludido trató de levantarse pero el dolor en su cara y piernas le costó más esfuerzo del que hubiera deseado. La recién llegada le ofreció amablemente su mano para que se pudiera alzar.</p>
<p>-Y yo por una chica más inteligente&#8230; ¿te has dado cuenta de lo que acabas de hacer, Keshat?</p>
<p>-&#8230;déjame pensar&#8230; patear un par de culos a unos cuatro imbéciles que estaban tratando de matar a un viejo amigo y a&#8230; –la mujer de penetrantes ojos verdes se giró hacia la niña y la miró fijamente un rato antes de continuar su frase –&#8230;¿su hija? ¡Tamo! ¿¡Cuándo se supone que te has casado!?</p>
<p>-¿Crees que este viejo está para atraer a mozas jóvenes? Anda qué&#8230; a ella me la he encontrado mientras venía para acá. Como ves está un poco tocada y me estaba dando prisa para que la curara alguien de por aquí&#8230;</p>
<p>-Pero los de Dea te comenzaron a atacar, ¿no?</p>
<p>-La verdad es que al principio pensaba que eran simples bandidos así que huí de ellos. Pero cuando vi que incluso por aquí no me dejaban en paz, vi que no eran normales&#8230;</p>
<p>-Entonces, no sabes quién es la niña, ¿no?</p>
<p>-¿Lo sabes tú? –preguntó Tamo sorprendido.</p>
<p>-En absoluto –respondió Keshat casi de inmediato, al tiempo que descubría su cuerpo y le quitaba las vendas para poderle ver bien las heridas. –Pero creo que también lo sentiría mucho por ella si se muriera aquí –dicho esto, le arrancó todas las telas y gasas que tenía encima y pudo ver los cortes, las heridas, las contusiones y quemaduras que habían mellado el cuerpo de la pequeña. Tras un análisis más profundo, determinó que todo en ella estaba bastante tocado, tanto por fuera como por dentro. Era un milagro que aún respirara.</p>
<p>Recogió algo de su sangre en sus dedos y se dibujó un punto con ella en la frente tras lo cual impuso sus manos sobre las heridas externas, las cuales se fueron cerrando poco a poco mientras se iba ocupando del resto de desórdenes corporales: Las heridas se cerraron, los morados desaparecieron; la respiración de la chica, ya serena, se tranquilizó más aún al curarle Keshat los pulmones y el estómago y, finalmente, las quemaduras que le alcanzaban hasta el pelo, se curaron completamente, todo ello rematado con una regeneración espontánea de sus cabellos, una larga melena roja como el fuego.</p>
<p>Cuando Keshat acabó, se borró la mancha de su frente y recogió el pelo de la chica en una coleta.</p>
<p>-Ale, curada –comentó ella satisfecha de su trabajo. –¿Sigo contigo, viejo?</p>
<p>-No te molestes –opinó el anciano. –Imagino que incluso, tal como estoy, podré&#8230; –una flecha en su cabeza cortó su frase súbitamente.</p>
<p>Antes de que Keshat pudiera hacer nada por él, el cadáver de su viejo amigo yacía en el suelo y cuatro soldados más, dos arqueros y dos espadachines, se acercaron a ella a toda prisa para recuperar a la chica a la que acababa de salvar.</p>
<p>Keshat pensó de inmediato en tratar de reducirlos para poder curar a su viejo amigo de inmediato pero, siendo ellos cuatro y al escuchar los repiqueteos de muchas armaduras acercándose al lugar, no tuvo más remedio que dejar el cadáver allí. De todas maneras, se esforzaría en ocultar a la chica que tanto esfuerzo había puesto el viejo Tamo en proteger.</p>
<p>Con ella al hombro, aún inconsciente, escapó de esa calleja y corrió a toda velocidad para dejar atrás a toda esa gente que, de repente, parecían estar saliendo como setas de todas partes. Cuando se dio cuenta de la magnitud de esa persecución, estaba corriendo por un tejado siendo perseguida por siete personas allá en las alturas y más de veinte a nivel del suelo.</p>
<p>Cierto que Keshat siempre había tenido problemas con la guardia de Dea pero jamás le habían enviado tantísimos efectivos a reducirla. Ni que decir tiene que pensó de inmediato que la principal razón de ello era la chica que llevaba al hombro. Y Keshat sabía que conocía la razón de ello. Pero en ese momento, tenso y conflictivo, no podía pararse a pensar: Tenía a demasiados enemigos encima.</p>
<p>Entre salto y salto y carreras precipitadas por lugares tanto angostos como abiertos, Keshat vio su principal objetivo para salir de esa situación airosa: Una pequeña clínica. Observó a su alrededor y dedujo de inmediato que los había perdido de vista y que ahora estarían rastreándola. Perfecto para ella: Corrió hacia el discreto edificio, entró por una ventana, encontró una cama libre donde dejó a la chica, le dejó una bolsa a la que quedaban unas cuantas monedas por si se daba el caso de que quisieran que pagara por su estancia y salió de allí a toda velocidad antes de que esa gente se diera cuenta de qué movimiento había jugado.</p>
<p>Ahora que tenía las manos libres, podía atajar esta situación a su manera: Colocó su daga más a mano para acompañar la acción de su bastón, se aseguró las vendas en las manos y fue directamente hacia sus perseguidores.</p>
<p>A la mañana siguiente, más de veinte cadáveres aparecieron muertos con heridas poco agradables.</p>
<p>Y cierta mujer no salió de su habitación en una posada hasta casi el mediodía&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Keshat, ya descansada tras esa larga noche de acción, lo primero que hizo después de salir de la posada fue ir a ver qué tal le fue a la chica que Tamo había defendido con su vida.</p>
<p>Lo sentía mucho por el anciano pero, cuando volvió a por él, ya era completamente insalvable: La guardia de Dea se encargó no sólo de matarlo con esa flecha sino que, encima, le habían atravesado el corazón para rematarlo. Ahora, lo que le interesaba a la mujer era saber por quién había pagado con su muerte.</p>
<p>Pero, cuando llegó a la clínica y preguntó por la chica que había dejado allí, nadie parecía haberse apercibido de que nadie hubiera pasado por allí. Extrañada, Keshat entró a la habitación en la que la había dejado. Pero, aparte de la cama desecha, sólo se encontró la ventana abierta. Parecía que la desconocida había escapado nada más se levantó.</p>
<p>Le molestaba pero, hasta cierto punto, lo comprendía: Imaginó que aún la estaban persiguiendo o que estaba capturada y por eso huyó cuando encontró la primera oportunidad.</p>
<p>Keshat, algo contrariada, salió del lugar pero, en lugar de comenzar a explorar, fue hacia la fachada de la clínica. Allí se encontró con varios brotes de hiedra. Entró en contacto con ellos y transmitió su pregunta:</p>
<p>-¿A dónde ha ido?</p>
<p>Desgraciadamente, la hiedra sólo pudo responderle que a esas horas estaba durmiendo. Ergo, ya no era capaz de rastrear a la chica esa.</p>
<p>Keshat suspiró: Otra vez sería. Imaginó que, si la perseguían con tanto tesón, no tardaría en notar algún tumulto un día de esos. Mientras esperaba a ello, se dispondría a encargarse de lo que había venido a hacer: Buscar a Magus Owahi. Si lo que el padre de Keshat decía era cierto, él sabría que hacer con el boliche que tenía colgado en su cintura.</p>
<p>Esa maldita bola rugosa de color negro la había tenido en jaque todos esos años, ¿y ahora resultaba que podrían haberla dejado en manos de ese tipo? Había veces que no entendía ni para atrás el comportamiento de su ahora difunto padre.</p>
<p>Desgraciadamente, lo único que sabía de ese tal Magus era su nombre: Por mucho que deseara deshacerse de esa maldita bola, antes tendría que encontrarlo. Lo cierto es que se sentía más que tentada por enterrar el ojo en cualquier parte y olvidarse para siempre de la orden de su padre, pero sus advertencias siempre habían sido muy precisas. Nunca debía intentar eso: Si la guardia de Dea descubría el Ojo, ocurrirían cosas terribles. O eso repetía él constantemente. Tremendista o no, al menos ella cumpliría con su última voluntad.</p>
<p>Lo primero que hizo en ese día, fue ir a la posada a buscar todas sus mercaderías y venderlas en el mercado. El dinero le iría bien si deseaba comprar información, aparte de que su ropa ya estaba un poco demasiado ajada, incluso para sus estándares.</p>
<p>Y así pasó el día: Vendiendo pieles, terciopelo, huesos tallados, carne seca, especias de la costa norte, unos cuantos instrumentos musicales arcaicos construidos a base de huesos y restos de madera, frutas extrañas que se daban muy lejos de Naukon, instrumentos de labranza, y alguna que otra piedra preciosa que encontró en sus constantes paseos por los bosques del mundo. No fue la venta de su vida, pero la mayor parte de lo que había traído no tardó en ser comprado por los habitantes de esa ciudad.</p>
<p>Tenía la esperanza de que, si estaba en un lugar muy concurrido, esa chica que había salvado acabaría pasando por ahí. Pero, por mucha gente que pasó por esas calles, a quien buscaba no apareció.</p>
<p>Con los bolsillos llenos tras esa jornada de trabajo, volvió a su hostal a dejar los excedentes y comenzó a buscar a su hombre. Justo cuando el tabernero le sirvió su almuerzo, ella aprovechó para preguntar por Magus. Pero, para su desgracia, la noticia que recibió fue bastante desesperanzadora: Magus Owahi había muerto años atrás.</p>
<p>-&#8230;pero si tenías algún asunto pendiente que tratar con él –añadió el tabernero –podrías hablar con su hijo.</p>
<p>-¿Quién era Magus Owahi? –preguntó ella. –No pensaba que fuese tan conocido.</p>
<p>-Es que era bien conocido en esta ciudad –comentó el tabernero mientras hacía un poco de memoria. –Fue un gran centinela de Naukon hasta el día de su muerte. Como era el jefe de la guardia y el principal responsable de las murallas de la ciudad, es normal que más de uno por aquí haya oído hablar una o dos veces acerca de él.</p>
<p>-Ya veo.</p>
<p>-Su hijo no es centinela, sin embargo, y puede que te cueste un poco encontrarlo: Dicen que es una rata de biblioteca, tan apasionado que cuesta encontrarle entre las montañas de libros que acaba montando en la Biblioteca Central.</p>
<p>-Oh, ¿es un Sapenta?</p>
<p>-Eso es. Si no el mejor, sí uno de los más llaman la atención. Todo esto me lleva a preguntarme, ¿para qué les buscas, chica?</p>
<p>-Magus me debía dinero, nada más –Keshat sonrió: Siempre le hacía gracia responder eso cada vez que le preguntaban por sus razones para buscar gente. –Esperemos que su hijito se porte bien conmigo o perderá todos los dientes –restalló los dedos para acrecentar la broma, cosa que funcionó: El tabernero marchó con una sonrisa en la cara.</p>
<p>Y Keshat, sencillamente, fue cenando. Ya arreglaría sus asuntos con el hijo de Magus al día siguiente.</p>
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<p>-¿El hijo de Magus, dice? –el bibliotecario miró a la chica que le había preguntado por él pero, aparte de las dos bolsas que llevaba al cinto, no le vio nada raro. Por lo demás, era una chica más vestida de manera más extravagante que la media. –Imagino que no le hará nada, ¿verdad?</p>
<p>-Dos apuntes a su pregunta: No llevo armas y, ¿no es un poco estúpido preguntar si voy a hacerle algo cuando evidentemente voy a responder que no?</p>
<p>-Cierto es&#8230; siento la estupidez –el bibliotecario sencillamente se sonrojó de vergüenza y miró sus papeles. –Es que por culpa de no sé qué asunto, Baki nos ha traído algún que otro problema. Por lo demás, es un Sapenta bastante inteligente y culto. Por eso preferimos mantenerlo bien seguro.</p>
<p>-Le tienen en alta estima por aquí –opinó ella.</p>
<p>-Hace su trabajo y las hace bien. Los niños lo adoran como profesor y cuando se pone a investigar encuentra cosas bastante curiosas.</p>
<p>-Como todo buen Sapenta&#8230; pero, en fin, ¿está o no está?</p>
<p>-Está: Si lo que dice el registro es cierto, está en el fondo de la biblioteca siete. Lo que no puedo asegurar es si estará muy lúcido: No parece haber dormido ni comido nada desde ayer por la mañana.</p>
<p>-Gracias por la información. Si se me queda dormido, ya le echaré un jarro de “agua fría” –comentó ella mientras estiraba los dedos.</p>
<p>La biblioteca de Naukon era enorme aunque, por alguna extraña razón, muy poco transitada.</p>
<p>Naukon siempre fue conocida como una de las mayores capitales culturales del país. Siete grandes casas dominaban la ciudad, siete grandes nobles con enormes recursos que permitían el mantenimiento de una enorme cantidad de Sapentas, intelectuales al servicio de mecenas que investigaban tanto por libre como a sus órdenes.</p>
<p>Por lo poco que Keshat pudo descubrir del Sapenta al que estaba buscando durante el desayuno, sólo supo que era hijo de Magus y que estaba al servicio de Lim Qeriam Eteneo, un noble algo excéntrico que tenía a su servicio a tres Sapentas tan raros como él.</p>
<p>Porque raro era ese joven que leía sentado sobre libros y rodeado de dos grandes columnas de tomos apilados. No tendría ni veinte años pero ya tenía las ojeras de un sexagenario. De cabellos largos y claros, ropas demasiado llamativas para ser un simple intelectual y una cara de sueño que llamaba directamente a bostezar, Baki permanecía con la cabeza entornada y los ojos abiertos y perdidos en el libro que tenía apoyado en las rodillas que no podía leer a causa de la escasez de luz de esa esquina de la biblioteca.</p>
<p>Cuando se acercó, Keshat se dio cuenta de que el hombre tenía los brazos relajados y que su cabeza no estaba entornada porque quisiera sino que estaba así por su propio peso.</p>
<p>-Menudo tipo&#8230; –murmuró Keshat. –¡Se ha quedado dormido con los ojos abiertos!</p>
<p>Exactamente eso: Aún a pesar de que pestañeaba con regularidad, sus ojos perdidos daban a entender que no se estaba dando cuenta de lo que ocurría a su alrededor. Confirmó este punto cuando pasó su mano delante de sus ojos, sin percibir ninguna reacción.</p>
<p>Ella suspiró y, simplemente, apartó los libros para poder coger mejor a Baki y ponerlo a dormir sobre una mesa. Parecía que los Grandes estaban poniendo a prueba su paciencia.</p>
<p>Mientras esperaba a que ese impresentable despertara, miró un poco lo que estaba leyendo: Libros de historia antiguos. Un tema interesante, sí, mas no tanto como para dejar a alguien en vela hasta acabar completamente inconsciente. Miró el que tenía él en sus manos en el momento en el que lo encontró y vio que era una relación de la historia de diversos pueblos y tribus anteriores a la creación del estado actual.</p>
<p>-Ya sabía yo que había acertado&#8230; –ese carraspeo pilló por sorpresa a Keshat que se giró de inmediato a su autor: Baki, sobre la mesa, se estaba levantando. –Vamos a ver si mi intuición tiene razón por una vez: ¿Eres alguien que busca a mi padre?</p>
<p>-Correcto –aunque sorprendida, Keshat no manifestó nada.</p>
<p>-¿Cuál es la razón?</p>
<p>-Quiero ir a comer mazorcas –respondió ella.</p>
<p>Esta respuesta, tan aparentemente estúpida no era otra cosa sino una contraseña, frase a la que el aludido reaccionó de inmediato:</p>
<p>-Muy buenas pues, pequeña Keshat.</p>
<p>-Menos cachondeo, ¿vale? -de todos los apelativos que le habían colgado a lo largo de su vida, era “pequeña” el que llevaba peor por lo falso que sonaba en alguien de su tamaño.</p>
<p>-Ya me dijo mi padre que no eras de carácter precisamente paciente –opinó él con la voz en risa, al tiempo que se sentaba en un sillón cercano mientras se limpiaba con torpeza las legañas de los ojos. –Y ya me dijo que ibas a acabar acudiendo a mí para consultarme cierto asunto, ¿no es así?</p>
<p>-Venía a entregarte esto –Keshat cogió el paquetito que llevaba en una de las bolsas de su cinto y se lo lanzó al intelectual. Éste agarró ese objeto envuelto por un pañuelo y lo descubrió. Pero, cuando vio lo que había en su interior, su cara de sueño desapareció de inmediato para mostrar una cara de terror extrema.</p>
<p>-¡Aquí no! –el hombre tapó el Ojo de Ónice a toda velocidad y se levantó a toda prisa. Agarró a Keshat y comenzó a guiarla a la fuerza hasta una sala muy lejana a la biblioteca, una habitación oscura que era más un trastero que un lugar habitable. –¿¡Tienes la menor idea de lo que es esto, chica!?</p>
<p>-Algo que yo no quiero para nada y que te dejo a ti. No hay mayor misterio que ese.</p>
<p>-¡Ni borracho pienso quedarme con esto! –chilló él completamente aterrorizado. –¡Es el Ojo de Dea, maldita sea!</p>
<p>-¿El qué&#8230;?</p>
<p>La cara extrañada de Keshat sólo logró que Baki se exasperara más. Tratando de recuperar un poco la calma, se sentó en la cama.</p>
<p>-A ver, buena ermitaña que no tiene ni repajolera idea de lo que está ocurriendo hoy día en el mundo: ¿Qué sabes tú acerca de una tal Dea? –preguntó él con la voz ligeramente impaciente y ojos ya libres del sueño que lo atenazaba.</p>
<p>-Pues&#8230; que es la gobernante actual y que tiene una guardia con la extraña manía de enviar soldados tras de mí cada dos por tres para conseguir el Ojo de Ónice. ¿Me hace falta saber algo más?</p>
<p>-¿Sólo eso? ¿Nada más?</p>
<p>-¡Sólo sé que me da problemas! –se quejó ella con voz amargada. –¡Mi padre me ha tenido viajando de un lado para otro durante toda mi vida sólo para proteger esa cosa! ¡Y servidora ya está un poco harta de esa bola, así que ahora te toca cargar con ella!</p>
<p>-&#8230;ya veo&#8230; –Baki suspiró y descubrió el Ojo. –Desgraciadamente, no voy a aceptar esto. De todas las cosas que hay sobre la faz de la Tierra, ésta es la que más desea tener Dea: Su ojo perdido.</p>
<p>-A mí eso me da igual: Mi padre dijo que llevara el Ojo a Magus. Ahora que Magus no está, te toca&#8230;</p>
<p>-¿Pero te dijo que me lo entregaras? –interrumpió él. –Dime la verdad: ¿Te dijo o no que me lo dieras?</p>
<p>Era cierto que ella sólo deseaba desde lo más profundo librarse del Ojo de Ónice pero, de la misma manera, era una máquina de lo más racional. Recordó las últimas horas de su padre, sus últimos amagos así como sus palabras al final de su vida. Y, sí, era cierto: Nada dijo acerca de entregar tan peligroso objeto a nadie, sólo llevarlo ante la presencia de Magus Owahi.</p>
<p>-Mas, no pienses que no comprendo lo que te ocurre –dijo Baki mientras observaba esa bola negra, apenas más grande que una pelota que no cubría ni media palma de la mano. –Mi padre me habló muchas veces del tuyo y lo que tuvieron que hacer para conseguir esto. Mi tío perdió la vida para poder conseguir quitarle este ojo a Dea.</p>
<p>-No me vengas con batallitas ahora –se quejó ella, mucho más cansada de repente al saber que aún no había llegado el momento de librarse de ese maldito objeto. –¿Para qué quiere ella un ojo que hace tanto que dejó de servir como tal? No creo que quiera tener un ojo inútil como recuerdo de lo que perdió.</p>
<p>-No es inútil, créeme –dijo él poniendo el Ojo en la mesa. –Aparentemente no pasa de ser una inútil bola negra y seca sin ningún tipo de utilidad, ¿verdad? –Keshat asintió. –Pues lo siento mucho por ti: Aún está vivo. Y puedo apostar todo lo que quieras a que ahora mismo, la gran Dea nos está mirando desde su trono en Sterbo.</p>
<p>-¿Con esto&#8230;? –preguntó ella.</p>
<p>-Créelo: Por eso Dea es capaz de localizarte tan a menudo y por ello envía a sus huestes a por ti. De todas las caras que hay en este mundo, probablemente las que más conoce esa mujer son la tuya y la de tu padre.</p>
<p>Keshat, extrañada, miro el Ojo de Ónice, se acercó a él, lo miró fijamente&#8230; y le sacó la lengua.</p>
<p>-Para molestarte tanto el llevarlo, te lo tomas con mucho humor –opinó Baki sonriente.</p>
<p>-Reír por no llorar, porque me imagino que cargar con esto no va a ser lo único que voy a tener que hacer, ¿verdad?</p>
<p>-Si quieres librarte de este peso, así es –respondió él. –Desgraciadamente, la explicación va a tener que ser en movimiento: Dudo que Dea sepa dónde estás ahora porque nunca ha estado aquí pero, aún así, sigue siendo una mujer lista y no tardará en deducir dónde se encuentra su ojo perdido.</p>
<p>-Pues dame las explicaciones rápido e iré tirando.</p>
<p>-Muy bien pues –Baki tapó de nuevo el Ojo fue hacia la cama, que arrastró lejos de su posición originaria. Allí debajo Keshat pudo ver que una de las baldosas estaba ligeramente movida y, como imaginó, debajo de ella había una pequeña cavidad de la cual el hombre sacó dos libros. –Estos dos tomos son el fruto de las investigaciones de nuestros padres acerca de lo que es el Ojo de Dea. En ellos se explica cuáles son sus características, sus métodos de uso, trucos para evitar la detección y demás historias.</p>
<p>-¿Métodos de uso?</p>
<p>-¿Para qué crees que quiere tanto Dea esta cosa? Es una conexión directa con su propia fuerza. El poder de los hechiceros normalmente no suele ser propio sino un compendio de saberes que nos ayuda a hacer fluir diferentes fuerzas para que nos ayuden en nuestros propósitos. Sin embargo, Dea parece tener un poder propio con todo lo de que ello implica. Este Ojo perdido, aunque ya inútil como órgano, sigue respondiendo como si fuese parte de su propio cuerpo, por lo que con él podemos utilizar su propio poder como deseemos así como anular a Dea casi por completo. Evidentemente, ella no se suele dejar pero en estos libros se explica cómo engañar a sus sentidos para que no se dé cuenta de que le estás robando su poder o que sus ataques ya no surten ningún efecto sobre el portador del Ojo.</p>
<p>-Ya podría haberme dicho el idiota de mi padre que se podía hacer eso&#8230;</p>
<p>-Hace falta tener estado de ánimo y mucha fuerza de voluntad para soportar semejante carga, te lo puedo asegurar: Él no podía hacer uso de este Ojo por culpa de que, después de perder un pie, media boca y sufrir unas quemaduras terribles tras batalla que le dio conseguir esto quedó “un poco” tocado. Además, cuando tú naciste, ya estaba bastante viejo por lo que la carga habría sido el doble de pesada. Tú eres más joven y tu forma física es impecable: De quienes pueden manejar este poder, tú eres la más indicada. –Baki le hizo entrega de los tomos a Keshat y recolocó la cama.</p>
<p>-¿Y tú?</p>
<p>-También sé, por supuesto –replicó sonriente. –Nunca me he manejado con él, pero imagino que no me resultaría complicado. Aparte de Sapenta soy un hechicero ducho en varias de las sendas y conocido por más de tres gremios.</p>
<p>-Muy bien: Lo de seguir llevando el Ojo este ha quedado claro pero, ¿qué se supone que tengo que hacer con él?</p>
<p>Baki le quitó uno de los tomos a Keshat lo abrió por la primera página, la cual mostró a la mujer:</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2><em>Todo sea por acabar con la gran traidora Dea</em></h2>
<p>&nbsp;</p>
<p>-¿Queda bien explicado? –preguntó con una sonrisa torcida, a sabiendas que mi suspiro desesperado había respondido su pregunta antes de que me la hiciera. –Yo te ayudaré en esta gesta, pero no podrá ser hasta que acabe con unos cuantos asuntos que mi mecenas me ha pedido encarecidamente que termine. Tan pronto como termine con todo, tendrás a un compañero que te ayudará en todo lo que nece&#8230;</p>
<p>-Paso –interrumpió ella secamente. –Mato a la tipa esa y a vivir la vida, que son dos días –no dejó añadir nada más al Sapenta y, con los libros en la mano, enfiló a la salida.</p>
<p>-¿¡Pero tienes tú la menor idea de lo que estás diciendo!? –chilló Baki espantado. –¡Dea es capaz de arrasar ejércitos enteros sólo con sus dos manos!</p>
<p>-Mira qué casualidad: Yo también –replicó Keshat agresiva. –No me importa quién sea mi adversario: Si está en mi campo de visión, morirá.</p>
<p>-Muy bien, si eso es lo que piensas, antes de que marches déjame mostrarte lo que significa realmente el nombre de Dea –la mujer se dio la vuelta, algo cansada de ese tipo que tanto se quejaba por banalidades. Baki le quitó el Ojo de Ónice y lo volvió a descubrir. –Dea es una Oculla y, como tal, tiene un poder radical de nacimiento. Al ser ella una Oculla de ojos negros, su poder básico es la precognición –con el Ojo en la mano, cerró los ojos un par de segundos. –Además, con el tiempo, cualquier Oculla de ojos negros puede acabar desarrollando toda una panoplia de poderes psíquicos –antes de Keshat pudiera preguntar de qué estaba hablando, Baki le puso una mano en la frente.</p>
<p>Entonces pudo ver lo que en ese preciso momento estaba mirando Baki: Una habitación. Aunque estuviera parcamente decorada, era notablemente elegante: Una cama con dosel, un armario en el que se podían apreciar bastantes vestidos, una mesita con un espejo frente a él y una ventana que daba hacia una panorámica de una floreciente ciudad costera iluminada por el alto sol que transitaba lentamente hacia el oeste.</p>
<p>La imagen comenzó a moverse, como si esa visión no fuera controlada ni por ella ni por Baki y, quien fuera, se dirigió hacia la mesita mientras su vista se emborronaba, como quien acabara de despertarse. Se sentó con cuidado en el taburete que había frente a la mesita&#8230;</p>
<p>&#8230;y por primera vez, Keshat vio la cara de Dea en primerísima persona reflejada en ese espejo:</p>
<p>No parecía demasiado mayor, para la edad que decía Baki que tenía. Por lo que podía apreciar más allá de su túnica ligera, casi parecía que tenía sólo le llevaba un par de años a ella. Sus cabellos, lacios, caían sobre sus hombros y espalda; una cabellera larga y bella de color casi blanco que sobrepasaba su cintura. Su piel era rosada y tenía una textura aterciopelada. Su cuerpo estaba en forma, sí, pero no tenía un físico demasiado amenazante. Sólo las cicatrices que era capaz de ver más allá del parche de su ojo izquierdo daban a entender que realmente había luchado alguna vez en su vida.</p>
<p>“Parece lo que no es&#8230;” le transmitió Baki gracias al Ojo. “No tienes tú ni idea de cuántos asesinos han muerto mientras trataban de matarla mientras dormía”.</p>
<p>Lo que realmente extrañó a Keshat, fue comprobar que, todo cuanto hacía Dea, lo hacía con su único ojo cerrado. Era como si no necesitara usar ese ojo para nada. Pero, mientras trataba de ver cuantos detalles pudiera de esa mujer, de repente lo abrió, mostrando un ojo de un negro insondable.</p>
<p>“¿¡Quién eres!?” su grito retumbó tanto en su mente que Keshat se separó de inmediato, espantada, de Baki.</p>
<p>-Y eras tú quien decía que podrías acabar ella como si tal cosa –rió él mientras cubría el Ojo de Ónice con su pañuelo de nuevo. –Te veo un poquito asustada para haber estado viendo la cara de una mujer cualquiera.</p>
<p>Baki era petulante pero, a pesar de ello, llevaba razón aunque no por ese gesto amenazante sino porque, por un momento, le dio la horrorosa sensación de que Dea la había estado mirando a ella precisamente.</p>
<p>-Lo quieras o no, te acabaré ayudando en todo esto –advirtió Baki mientras dejaba que Keshat se recuperara del susto. –Fue la última voluntad de mi padre además de que no estoy del todo de acuerdo con lo que hace Dea por estos lares –Baki le devolvió el Ojo a su legítima dueña. –Como dijiste, más vale que vayas huyendo de esta ciudad: No estoy muy seguro pero, lo más probable, es que nos haya leído la mente a cualquiera de nosotros dos mientras usábamos el ojo. Tendré que despachar rápido lo mío y seguirte luego. Espero que la guardia de Dea no me dé muchos problemas hasta que volvamos a encontrarnos.</p>
<p>-Pero&#8230; ¿a dónde quieres que vaya? –preguntó Keshat aún algo confusa. Ese episodio telepático le había hecho olvidar durante unos segundos en qué ciudad se encontraba.</p>
<p>-A cualquier parte menos a esta ciudad –advirtió Baki sin más. –Mientras el Ojo siga tapado, Dea no podrá saber dónde estamos: Al fin de al cabo, puede ver pero no escuchar a menos que alguien lo esté usando. Pero si ya lo sabe, lo único que podemos hacer de momento, es movernos. Tendré que abandonar mi querida biblioteca durante un tiempo y tú tendrás que hacer lo que mejor sabes: Esconderte –el hombre cogió un papel del cajón de la mesa y escribió algunas indicaciones allí: –No dejes que el Ojo vea esto: Será nuestro punto de encuentro. Si no tengo problemas con mis asuntos o con la misma Dea, nos encontraremos en Ter-De-Peilz dentro de un par de días. Luego, ya planificaremos nuestros asunto más a fondo.</p>
<p>Dicho esto, Baki guió a Keshat hasta la salida de la biblioteca sin dar más explicaciones y volvió al interior para rematar los asuntos que le quedaban.</p>
<p>Y la chica, algo mareada por la velocidad con la que habían transcurrido los hechos, miró el papel sin demasiadas ganas. Mas, no se negó a la petición de Baki: Volvió a la posada, recogió sus cosas y, antes de que el sol alcanzara el cénit, ya estaba bien lejos de Naukon.</p>
<p style="text-align:right;"><em>Ya comenzamos a meternos en harina: Primer capítulo de esta historia algo tópica pero con sus cosas que la hacen entretenida al lector que no busca la respuesta del secreto de la vida en las palabras de un escritor aficionado de tercera categoría como lo es un muy humilde servidor sino sólo una serie de palabras sin demasiadas pretensiones que eviten que caiga dormido a las primeras de cambio.</em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Haré todo lo posible para publicar el siguiente capítulo de Amable retroceso del invierno en menos de una semana aunque, si hay suerte, publico antes algún nuevo cuento de Cuatro Colinas (a lo mejor me vuelve la inspiración)</em>,<em> el siguiente capítulo de los Vecinos del quinto (si me entran ganas&#8230; el gore no es lo mío) u otro episodio de Goth (la cosa es encontrar la manera de decir lo que quiero decir).</em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Espero que os haya entretenido este capítulo. </em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Hasta más leer.</em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Escuchando: <a href="http://www.youtube.com/watch?v=yJb5_Qy6CLw">Heian Alien Vocal Arrange</a></em></p>
<p style="text-align:right;"><em>Ilustración: <a href="http://nethka.deviantart.com/">Nethka</a><br />
</em></p>
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			<media:title type="html">jeshuamorbus</media:title>
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			<media:title type="html">Más...</media:title>
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		<title>Cajón de sastre &#8211; Metempsicosis</title>
		<link>http://trazosdejeshua.wordpress.com/2009/10/25/cajon-de-sastre-metempsicosis/</link>
		<comments>http://trazosdejeshua.wordpress.com/2009/10/25/cajon-de-sastre-metempsicosis/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 25 Oct 2009 02:06:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jeshuamorbus</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cajón de sastre]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[cumpleaños]]></category>
		<category><![CDATA[metempsicosis]]></category>

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		<description><![CDATA[
Allí estaba otra vez, como siempre inalcanzable. Esta vez lo que me separaba de ella era una alambrada, una que, por más que tratara de encontrar un camino para rodearla, no me llevaría ante su presencia sin obstáculos.
Nunca pudimos llegar a tocarnos, jamás logramos dirigirnos una sola palabra sin que miles de impedimentos se cruzaran [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=trazosdejeshua.wordpress.com&blog=2469034&post=240&subd=trazosdejeshua&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 		A:link { so-language: zxx } --></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;" align="LEFT">Allí estaba otra vez, como siempre inalcanzable. Esta vez lo que me separaba de ella era una alambrada, una que, por más que tratara de encontrar un camino para rodearla, no me llevaría ante su presencia sin obstáculos.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;" align="LEFT">Nunca pudimos llegar a tocarnos, jamás logramos dirigirnos una sola palabra sin que miles de impedimentos se cruzaran en nuestro camino pero lo que siempre pudimos conocer de la otra parte era su imagen.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;" align="LEFT"><span id="more-240"></span></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;" align="LEFT">¿Sabía ella quién era yo? ¿Y yo, qué podía decir de ella? Sólo podíamos tener una cosa clara: Nuestras presencias eran conocidas por la otra parte. Nos conocimos gracias a miradas distraídas que superaban alguna barrera, la misma barrera que siempre nos separaba. Al principio, fue casual que cruzáramos nuestras miradas, más adelante la otra parte comenzó a resultarnos extrañamente familiar y, con el paso de los años, no pudimos ignorar lo extraño de nuestros encuentros.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;" align="LEFT">No hablé con nadie acerca de esa chica a la que veía y, ocasionalmente, saludaba con la mano. Sólo la tenía presente cada vez que me distraía de mi rutina habitual, una presencia a la que trataba con familiaridad a pesar de lo distante de nuestras posiciones.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;" align="LEFT">Pero ahora la tenía ahí, delante de mí y sólo una alambrada nos separaba. ¿Por qué no me salían las palabras? ¿Por qué ella callaba? ¿Por qué me apartaba la mirada?</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;" align="LEFT">Agarré los alambres con mi mano y me acerqué a ella cuanto más pude en toda mi vida, instándole con mis actos a que ella me imitara. Pero ella no se atrevió siquiera a cruzar su mirada con la mía como siempre habíamos hecho hasta que alguien tendió esta ridícula frontera por la que las palabras y las imágenes podían cruzar libremente.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;" align="LEFT">“¡No soy una fantasía, maldita sea! ¡Me puedes ver ahora! ¡Estoy delante de ti! ¡Háblame!” quise decirle para animar a que su voz sonara hacia mí. Pero ella, desorientada, no alcanzaba a alzar su mirada para posar sus pupilas sobre las mías.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;" align="LEFT">-Olvídala -una voz femenina y una mano familiar se posó en mi hombro. -Recuerda por qué estamos a este lado de la realidad.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;" align="LEFT">Recordar&#8230; sí, recordé lo que nunca me apetecía recordar. A pesar de nuestros eternos cruces sabía que mi voz nunca la alcanzaría por mucho que gritara. Podría oírme pero nunca escucharme, no con todas estas barreras separándonos.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;" align="LEFT">-Aún así, has llegado al borde mismo -aseveró quien se encontraba a mi espalda. -¿Quieres dejar de ser una mera fantasía para convertirte en un sueño?</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;" align="LEFT">Qué gracia. Yo criticando mentalmente a la dama que encontraba en todas mis miradas perdidas y resultaba que el digno de ser criticado era yo. Ella jamás podría alcanzarme más allá de esa alambrada: No disponía de los medios. Pero yo era todo lo que ella deseaba. Mientras ella siguiera dirigiéndome pensamientos, podría seguir avanzando por ese mundo de realidades parciales.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;" align="LEFT">Sí, sólo era una fantasía que deseaba un lugar donde descansar, una mente en la que convertirse en un sueño. Había saltado muros, atravesado barricadas, destruido puertas y, a cada paso que daba, estaba alcanzando lo que toda fantasía siempre había deseado: Convertirse en el sueño de alguien.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;" align="LEFT">Una vez dejé de sentir el contacto de mi otrora compañera de vida en la fantasía, agarré los alambres y comencé a escalar. Digno y a la vez simplón. No había nada desdeñable en mi búsqueda. Sólo era la realización de la aspiración de toda fantasía que nadaba en el mar de las ideas.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;" align="LEFT">-Ya te alcanzaré un día de estos -quien se había despedido de mí me dio la espalda, con una sonrisa satisfecha en los labios y se dio la vuelta mientras yo la observaba desde lo alto de esa última barrera.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;" align="LEFT">Y, una vez bajé, me acerqué a la chica que siempre me dirigía pensamientos, la mujer que deseaba que no fuese una mera fantasía sino que fuese su sueño. Alzó la mirada, la abracé y entonces, los dos fuimos uno.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;" align="LEFT">
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;text-align:right;"><em>Tanto tiempo sin escribir en esta sección clamaba al cielo un nuevo post. Y me importa poco que la excusa para ello no sea una reflexión escrita en cinco minutos sino un cuento que dedicar a una amiga que acaba de cumplir años. </em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;text-align:right;"><em>Así pues, feliz cumpleaños, buena <a href="http://utopia-nana.blogspot.com/">Gaby</a>.</em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;text-align:right;"><em>Dicho esto, espero que a todos os guste esta escritura confusa y poco dada a las explicaciones en la que todo cuanto digo tiene  un sentido, esperemos que no del todo vacuo.</em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;text-align:right;"><em>Escuchando: <a href="http://www.youtube.com/watch?v=0Ox5-fEH4Ww">Meltdown</a><br />
</em></p>
  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/trazosdejeshua.wordpress.com/240/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/trazosdejeshua.wordpress.com/240/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/trazosdejeshua.wordpress.com/240/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/trazosdejeshua.wordpress.com/240/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/trazosdejeshua.wordpress.com/240/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/trazosdejeshua.wordpress.com/240/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/trazosdejeshua.wordpress.com/240/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/trazosdejeshua.wordpress.com/240/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/trazosdejeshua.wordpress.com/240/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/trazosdejeshua.wordpress.com/240/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=trazosdejeshua.wordpress.com&blog=2469034&post=240&subd=trazosdejeshua&ref=&feed=1" /></div>]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">jeshuamorbus</media:title>
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		<title>M&amp;R &#8211; Amable retroceso del invierno &#8211; Capítulo 7</title>
		<link>http://trazosdejeshua.wordpress.com/2009/10/19/mr-amable-retroceso-del-invierno-capitulo-7/</link>
		<comments>http://trazosdejeshua.wordpress.com/2009/10/19/mr-amable-retroceso-del-invierno-capitulo-7/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 19 Oct 2009 23:02:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jeshuamorbus</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amable retroceso del invierno]]></category>
		<category><![CDATA[M&R]]></category>
		<category><![CDATA[fan fic]]></category>
		<category><![CDATA[fantasmas]]></category>
		<category><![CDATA[misterio]]></category>
		<category><![CDATA[novelas]]></category>
		<category><![CDATA[secta]]></category>
		<category><![CDATA[Touhou]]></category>

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		<description><![CDATA[
Tras más de seis horas de documentación intensa, Hansen y yo nos retiramos a descansar un poco a nuestras habitaciones para tratar de asimilar lo leído.
Él se había dedicado a comparar lo leído en la carpeta con cualquier otra información que marcara algún parecido con alguna religión extraña para nosotros, mientras yo revisaba los detalles [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=trazosdejeshua.wordpress.com&blog=2469034&post=236&subd=trazosdejeshua&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		H1 { text-indent: 1.27cm; margin-top: 0cm; margin-bottom: 0cm; text-align: center } 		H1.western { font-family: "Times New Roman", serif; font-size: 12pt; font-weight: normal } 		H1.cjk { font-family: "Lucida Sans Unicode"; font-size: 12pt; font-weight: normal } 		H1.ctl { font-family: "Tahoma"; font-size: 12pt; font-weight: normal } 		P { margin-bottom: 0.21cm } --></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Tras más de seis horas de documentación intensa, Hansen y yo nos retiramos a descansar un poco a nuestras habitaciones para tratar de asimilar lo leído.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Él se había dedicado a comparar lo leído en la carpeta con cualquier otra información que marcara algún parecido con alguna religión extraña para nosotros, mientras yo revisaba los detalles más materiales de cada muerte. Por suerte, mis compañeros caídos habían apuntado muchos detalles que se fueron completando unos a otros. El trabajo de mis seis antecesores había servido para mucho y ahora podía ver más claramente la extensión de las redes de esos locos. Se limitaban a ejecutar a sus víctimas en la zona circundante al centro oeste de Londres, alrededor del barrio de Marylebone, lugar en el que trabajaba Theodoros. Todos los caídos describían su preocupación al verse vigilados y perseguidos cuanto más se introducían en sus casos. Todos ellos escribieron sus propios diarios, cuyas experiencias me sonaban más cercanas a una frenética pesadilla que a la normal y acelerada vida de un periodista.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;"><span id="more-236"></span></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">La limitación a esa zona me hizo pensar que sólo la policía de ese lugar estaría comprada, cosa que mi compañero no supo negar: Al fin de al cabo sólo había acudido a una comisaría cercana a esa zona y no quiso probar con ninguna otra más alejada. Mi casa no se encontraba demasiado lejos de ese lugar tampoco por lo cual la limitación a esa zona me parecía factible.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Pero no me quedé sólo con eso: También revisé a fondo los artículos acerca de Theodoros y vi que, aunque no eran los más completos, sí que tenían información de interés: Hubo dos detenidos por ese asesinato. Sin embargo, tal como señalaba una nota de Robinson, muchos periódicos habían sido compelidos a no publicar los nombres. Mas, eso no pudo borrar los nombres escritos en el borrador por el reportero encargado de seguir de cerca el caso: Edward Doe y una tal Lilith.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">De Doe no decía nada que no me hubiera descrito ya la señora Louis: Narcisista, soberbio, remilgado y siempre seguido de cerca por una nutrida cuadrilla de sirvientes que más que jefe, lo trataban de amo y señor del suelo que pisaba. Según quien escribió el borrador, era, sin remilgos, un soberano idiota. Por lo comentado por los policías que lo arrestaron, no sólo se comportaba como un niño sino que encima su manera de hablar tenía incongruencias, tartamudeos y que parecía que no sabía de qué estaba hablando. De todas maneras, tal como comentó el redactor “tenía dinero a espuertas”.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">De Lilith no se decía mucho pues, según sus captores, era casi hermética y no dijo nada hasta que los abogados de su compañero llegaron allí y los sacaron con la ley en la mano.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Por la investigación que desplegó entonces, el redactor supo que Doe era un idiota pero sin negar su notable talento para los negocios, tarea en la que esa tal Lilith ofrecía un apoyo increíble a la hora de hacer rendir el dinero ganado por el hombre.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Lo malo de ese artículo es que se cortó de repente. No estaba completo pues, según una anotación de Robinson, su escritor desapareció sin dejar rastro al cabo de un par de semanas. Según él, había desaparecido tras seguir un chivatazo de alguien cercano a Doe pero, aunque se denunció su desaparición, la policía no movió un dedo como con el caso de Theodoros.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Los demás también acabaron por rondar a Doe pero esos paseos cerca de su propiedad les habría supuesto la muerte pues, según los artículos de los seis, nada más se acercaron a su mansión, comenzaron a sentirse perseguidos.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Según los tres últimos, vieron que cada cierto tiempo se celebraban grandes y fastuosas reuniones a puerta muy cerrada. Fuese lo que fuera lo que ocurría dentro de esa gran casa, apenas había luces encendidas en ella y no se notaba ningún movimiento en todo el edificio. “¿Habrá un gran sótano?” teorizaba el redactor Albert cosa que se correspondía con lo dicho por el policía que fue a registrar mi casa: Si mi memoria no me fallaba, habló de un “Templo”.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Oye, Theo&#8230; –le susurré a mi permanente compañía mientras reposaba la cabeza sobre la almohada. –¿Hay algo grande bajo la mansión de Doe? –Sonó un golpecillo contra la cómoda que estaba a mi lado, señal afirmativa por parte del fantasma. –¿Muy grande? –el golpe sonó más fuerte. –¿Realmente inmenso? –por tercera vez, el golpe sonó firme y seguro. –¿Un Templo?</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Un golpecillo sonó encima del armario de esa habitación. Resignadamente, a Theodoros se le estaban acabando los lugares con polvo&#8230;</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Cogí una silla y me elevé por encima de él y vi su respuesta:</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;text-align:center;"><strong>It’s Like the Hell</strong></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;" lang="en-GB" align="CENTER">
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Te veo nerviosa –dijo Hansen esa noche tras cenar. –No has dejado de observar el teléfono desde después de comer.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Es que hay alguien que me está preocupando –comenté nerviosa. –Le dije al jefe que me informara si había nuevas víctimas y sé que podrían caer al menos dos más: La del compañero que me trajo la carpeta y la de una vecina mía, una detective privada que rondaba el caso.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-No creo que haya que preocuparse por ninguno de los dos –comentó el otro encogiéndose los hombros despreocupado. –Si, como dices, ese compañero tuyo detectó la presencia de esos patanes antes que tú, no ha debido tener problemas para escapar y algo me dice que esa vecina tuya, creo que estará bien acostumbrada a esa clase de historias. Tal vez es que soy demasiado optimista pero es mi manera de ver las cosas.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Viendo lo que ha estado pasando hasta ahora, no estaría tan tranquila&#8230; –repliqué. –Quién sabe en qué se estará metiendo –de repente sentí como si mi pecho se helara ligeramente. No sé cómo lo deduje pero creo que Theodoros me estaba diciendo que me tranquilizara.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Sin más, me dirigí a mi habitación para dormir. Pero justo cuando alargué la mano hacia mi camisón, sonó el teléfono. Dejé de inmediato esos quehaceres y me dirigí a la cocina, lugar donde Frances ya había descolgado.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Vaya, vaya, amigo Robinson –saludó ella jocosa. –Debes sentirte muy solo para&#8230; –la mujer calló y luego me indicó que cogiera el auricular. –Es tu jefe. Dice que quiere decirte algo rápido –me dijo para luego marchar  a lo suyo.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿No me diga que han pillado a Collin? –pregunté nerviosa nada más tuve el aparato en la mano mas no en la boca.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-No, tranquila –me dijo desde el otro lado. Sin embargo, su voz no me resultaba tan tranquila; aunque claro, tampoco es que fuese la hora más adecuada para llamar. –Es por otra cosa: Tengo información muy fiable acerca de tu caso y sería conveniente que vinieras a verla cuanto antes.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿Ahora? –pregunté al tiempo que miraba la ventana. –Un poco tarde pero supongo que no habrá problema. ¿Dónde será? ¿En su casa o en la redacción?</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-En la redacción, por la puerta de atrás, como ayer. Ven rápido y, ya que estamos, tráete a ese amigo grandullón tuyo&#8230;</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">De inmediato me puse en guardia.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-No sabía que Collin le hubiera hablado de él –dije con voz calmada.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Es que hasta a él le pareció llamativo. Dijo que para llegarle hasta la frente tendría que apoyarse sobre sus pies y ponerse de puntillas.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-La gente de Tansa me espera en la redacción, ¿no? –pregunté calmada.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Por supuesto que mi mujer anda bien –añadió con la voz en risa, confirmando mi sospecha. –Venga, date prisa y ve marchando para acá.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿Le han tratado de “sacrificio”? –pregunté preocupada.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-No, para nada&#8230; mira, lo que tengas que preguntarme, hazlo aquí. Nos vemos –dicho lo cual, colgó.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Señora Frances –le dije a mi anfitriona, –coja sus cosas: Tenemos que marcharnos. ¡Ya mismo!</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿Qué ocurre? –preguntó la mujer extrañada.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¡Hansen! ¡Vístete! –le grité al hombre, tornando mis miedos en decisión. –¡La gente de Doe viene para acá!</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿¡Pero qué pasa!? –preguntó algo alterada la mujer.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Si nos quedamos en esta casa, en menos de una hora vendrá un gran grupo de gente que nos atrapará tanto a  Hansen como a mí y no creo que a usted la dejen marchar así como así, por lo que, lo siento por usted, se vendrá con nosotros.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Sin añadir más, fui a mi habitación, reorganicé mi escaso equipaje dentro de mi mochila y luego ayudé a la señora Frances a preparar el suyo. En menos de quince minutos, las maletas estaban hechas y pudimos salir a toda prisa del edificio.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Preferí no atravesar Hyde Park: La señora Frances no estaba para esos trotes así que nos encaminamos por las callejas en dirección sur, bordeando el parque. Pero, justo antes de meternos en el barullo urbano, vi a seis presencias entre la niebla, a lo lejos.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Hansen, sigue por ahí –le ordené a mi compañero mientras pensaba en el trazado de las calles de ese lugar. –Acabo de ver a mi vecina, cuida de Frances mientras trato con ella.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Muy bien aunque, de todas maneras, no nos conviene ir todos juntos –dijo él mientras llevaba a la anciana de la mano en dirección a lugar seguro, hacia los barrios del sur del Támesis.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Era simple y llanamente una mentira aunque creí notar en la frase de Hansen cierta sospecha. Lo que fuera: Debíamos alejar a quien nada tenía que ver con el asunto cuanto antes, para que ni siquiera llegaran a verle la cara. Él era el más adecuado para protegerla en caso de encuentro y yo la más capacitada para perder a un enemigo que ya sabía que iba a por mí. Un grupo de tres llamaría demasiado la atención así que era mejor dividirse.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Los recién llegados no tardaron en darse cuenta de mi presencia por lo que comencé mi juego metiéndome por otra calle paralela a aquella por la que se fueron mis compañeros. Tras un breve mirada a mi espalda, vi que otras tres personas ya habían llegado a la librería así que me di prisa.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Sin embargo, estos perseguidores eran bastante más duchos que aquellos que fueron a por mí por la mañana: Corrían más, casi no hacían ruido y, tras un par de minutos de carrera, vi como se habían dividido. Por suerte para mí, ese lugar tenía bastantes callejones y mi memoria y lógica me eran muy útiles a la hora de encontrar caminos alternativos y escondrijos. Caminé por calles, atravesé callejones, salté alguna que otra valla, corrí en medio de zonas oscuras y oculté mi presencia lo mejor que pude.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Pero ni por esas dejé de sentir sus presencias. No se conocían el terreno tanto como yo pero andaban cerca todo el rato, cerrándome el paso como bien podían, adelantándose a mis rutas casi como si yo misma estuviera dirigiéndolos. De todas maneras, aún les faltaba mucho para que lograran ponerme la mano encima: Yo era más rápida y cientos de veces más escurridiza de lo que ellos querrían. Además, con la ayuda de Theodoros, los pobres se iban tropezando con cajas y cristales rotos que “alguien” había colocado allí justo después de pasar yo, lo cual, aparte de pararles el los pies, me ayudaba a encontrar un escondite más rápido.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Pero, de repente, escuché dos pitidos.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">“Maldita sea&#8230; la policía&#8230;” me dije mientras seguía corriendo hacia el sur, esperando que, si me encontraba con policías de verdad, al menos podría encontrar un buen refugio.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Sin embargo, tras una precipitada carrera por las calles más oscuras que encontré, Theodoros me llamó la atención hacia un callejón sin salida.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿Quieres que vaya por ahí? –pregunté, a lo que el fantasma respondió dando un par de golpes a una puerta que apenas se veía en el fondo.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Yo ya empezaba a estar cansada y, viendo lo que sonaba allá atrás, prefería arriesgarme a seguir la indicación de Theodoros que, seguro, me iba a ser útil.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Sin mirar atrás, me dirigí a esa puerta justo cuando alguien la abría. Y cuando vi a la inquilina de esa casa ni me dio tiempo a saludar a esa cara conocida.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿¡Pero qué demonios haces aquí!? –exclamó Maribel por lo bajo al tiempo que me agarraba. Me introdujo dentro de esa casa, cerró la puerta con cuidado de no hacer ruido y se giró hacia mí.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-En serio&#8230; lo último que esperaba sería encontrarme contigo –respondí extrañada.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Theodoros dice que te están siguiendo los idiotas esos amigos de Doe. ¿Quién es Doe?</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Y, de nuevo, me chocó la frase de esa mujer.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿&#8230;eres capaz de escuchar a Theodoros? –tras un largo silencio, inquirí extrañada tras asimilar lo que me había preguntado.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Ya veo&#8230; Tansa es Doe –musitó mientras caminaba hacia el interior, como si ignorara completamente mi pregunta. –En fin, pasa: No hay mucho sitio pero al menos aquí estaremos seguras.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿Me&#8230; me lo dices a mí? –pregunté extrañada.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Claro. Y disculpe mis desvaríos: Hay días que no me doy cuenta de si mis interlocutores están vivos o no.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Sin más, avanzamos por ese pasillo hasta llegar a unas escaleras para ascender a un segundo piso. Allí había una pequeña vivienda, no tan grande como la casa de Frances pero suficiente para las tres personas que estábamos allí: Maribel, yo y un hombre de mediana edad que dormitaba incómodo abrazando una escopeta de caza en una de las habitaciones.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Maribel me guió hasta la sala de estar, cuya puerta cerró nada más entré.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Disculpe mi rudeza de antes –se excusó ella amablemente. –Como me ha estado contando el señor Theodoros, los hombres de Tansa la han estado persiguiendo al menos tres veces hasta el momento.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Perdona que te lo vuelva a repetir pero&#8230; ¿eres capaz de escuchar a Theodoros?</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Oír, ver, oler, tocar y, si me esfuerzo, hasta podría saborearlo –comentó sin mucha pasión. –Así soy desde que nací: Puedo ver fantasmas sin ninguna dificultad.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Ahora entiendo que conocieras el nombre de este buen fantasmilla –comenté extrañada.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-La verdad es que más que fantasma es un quicksilver&#8230; pero dejémonos de tecnicismos y pasemos a lo que realmente nos preocupa: A usted ya han tratado de atacarle al menos cuatro veces, ¿cierto?</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Cuatro exactamente si no contamos la vez que me robaron la cámara con la que saqué fotos de la escena del crimen en la que nos encontramos.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Me arrepiento de no haberla puesto bajo aviso entonces –se excusó ella educadamente. –Es una suerte que sepa escabullirse de sus enemigos.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿A ti también te persiguen?</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-En mi caso es por elección propia. Como ya le comenté en el caso del asesinato de Thomas Law, he sido contratada por particulares para investigar algo relacionado con esta serie de asesinatos. El hijo del señor Romer, el hombre que duerme en la habitación contigua, ha sido secuestrado por los hombres de Tansa&#8230; o Edward Doe como usted ha llegado a deducir gracias a la ayuda del señor Theodoros. ¿Ha investigado algo más aparte de eso? Desde que tengo que esconderme en esta casa no he podido informarme demasiado de los asesinatos perpetrados por ese loco.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Si tomamos como referencia el momento en el que nos encontramos por última vez, Doe ha matado a un compañero de redacción mío y luego nos atacó a mí y a un amigo que me defendió de ellos, llevan ya catorce asesinatos y parece que se hayan obsesionado con nosotros dos.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Es que sólo les faltan tres sacrificios para completar la gran ofrenda a su señor&#8230; o al menos eso dicen: Lo que hacen tiene muy poco sentido para mí y eso que soy una entendida.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿Tres sacrificios?</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Por lo que pude sonsacarle a un adepto huido de la secta de Tansa, pretenden reunir diecisiete partes de diecisiete personas diferentes para llamar a su señor Lucifer a la tierra: Dos brazos, dos piernas, dos pulmones, el espinazo, el hígado, los dientes, los ojos, una cabellera femenina, dos riñones, un estómago, un corazón, un pene y una vagina aparte de la sangre de un “ser inocente”.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿Me estás diciendo que lo que quieren de mí es&#8230;? –dije llevándome las manos entre mis piernas sugestionada.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Exactamente eso –contestó ella seriamente. –Y mucho me temo que, por lo que me cuentas, lo que quieren de ese amigo tuyo es quitarle el riñón que les falta.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿Y con eso pretenden llamar a un demonio? ¿Están chalados?</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Mucho –sonrió ella. –Lo que hacen no tiene ningún sentido pues no conozco religión ni estilo de magia que sea capaz de romper las barreras entre nuestro mundo y el Infierno con semejantes ofrendas&#8230; si es que existe el Infierno, claro.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Pareces una entendida.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-No lo parezco: Lo soy –declaró ella orgullosa. –Lo que pretende Tansa es una soberana estupidez, aunque, según mis fuentes de información, no debería andarme con chiquitas con él. Como sea: Debo detenerle porque su plan es matar al hijo de mi cliente. Por suerte, gracias a Theodoros he encontrado a alguien que ha estado investigando por su cuenta.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Por mi cuenta no: Por la cuenta que me trae&#8230; –bufé disgustada. –A nadie le gusta estar vigilando sus espaldas a todas horas.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-“Tienes la espalda bien cubierta”&#8230; eso dice Theodoros –parafraseó ella. –Por lo que veo, parece que le hayas caído bien o eso, o quiere que hagas algo por él.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-No creo que haga falta pensarlo mucho, la verdad –comenté encogiéndome de hombros. –A él le quitaron el corazón.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Lo hace por venganza, ya veo&#8230; –musitó ella. –En fin, lo que sea, podremos hablarlo mejor mañana. Usted ya va con sueño atrasado y servidora no puede pasar sin sus correspondientes ocho horas.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Sin añadir más (me costaba responder a alguien que hablaba de esa manera tan profusa y soberanamente educada), me llevó a la habitación que estaba frente a esa sala de estar y, tras decirme la frase “ámate el último”, me ofreció la cama para ser ella la que durmiera en un sillón que estaba en la misma sala. Antes de que pudiera responder, ya se había acomodado en el sillón con una manta. Tan inmóvil estaba que casi me pareció estar delante de un cadáver.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Algo me decía que me sería inútil discutir con ella acerca de lo que me había ofrecido así que preferí no mirarle el diente a este caballo y me metí en la cama tal cual estaba.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;text-align:right;"><em>Uno piensa, tras tales retrasos, si merece la pena eso de nunca publicar dos capítulos seguidos de la misma historia. En fin, cuanto menos, deseo cumplir, aunque siempre sea con retraso.</em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;text-align:right;"><em>Espero que este capítulo sea de vuestro agrado y blah, blah, blah&#8230; me da la impresión de que siempre digo lo mismo. Quien me siga, ya conoce de sobra mis deseos para con mis historias.</em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;text-align:right;"><em>Por lo demás, me despido hasta más leer.</em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;text-align:right;"><em>Escuchando: <a href="http://www.youtube.com/watch?v=i-ENfsPBaG0">Test in Touhou Autumn</a><br />
</em></p>
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		<title>Iris &#8211; Prólogo</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Oct 2009 20:19:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jeshuamorbus</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iris]]></category>
		<category><![CDATA[asesinato]]></category>
		<category><![CDATA[aventuras]]></category>
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		<description><![CDATA[
Alguien atravesaba el bosque en silencio. Apenas dos mulos, un carro, abundantes mercancías de lo más dispar y un conductor encapuchado que llevaba su carga con parsimonia y suma tranquilidad.
La niebla impedía ver más allá de veinte metros del carro lo cual no era precisamente una alegría para el quien lo llevaba. No era una [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=trazosdejeshua.wordpress.com&blog=2469034&post=233&subd=trazosdejeshua&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } --></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Alguien atravesaba el bosque en silencio. Apenas dos mulos, un carro, abundantes mercancías de lo más dispar y un conductor encapuchado que llevaba su carga con parsimonia y suma tranquilidad.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">La niebla impedía ver más allá de veinte metros del carro lo cual no era precisamente una alegría para el quien lo llevaba. No era una alegría, mas tampoco una molestia. Sencillamente le daba pereza si alguien se atrevía a atacarle aprovechando la escasa visibilidad.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Y, como imaginó, una flecha fue a clavarse a pocos centímetros de sus piernas. Al verla, sencillamente suspiró y oteó sus alrededores para ver si era capaz de percibir la presencia de sus atacantes mientras frenaba el avance de los mulos que arrastraban el carro para que, al menos esta vez, no se los mataran.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;"><span id="more-233"></span></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Fue sencillamente frenar y sentir como otra flecha le atravesaba el cuello. Su cuerpo cayó inerte, sin más. Cuando dejó de moverse, los dos asaltantes no tardaron en dejarse ver.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Dinero fácil, chico –comentó uno de ellos mientras se colgaba el arco, recién usado, a la espalda.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Pero&#8230; si se había parado –se quejó el otro mientras se acercaba. –No tenías por qué matarlo.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Menos quejas, chico, y ponte a cavar un agujero: Enterraremos a éste&#8230; ésta –corrigió una vez le quitó la capucha. –Una buhonera. Debía tener muchas agallas para meterse ella sola en nuestro territorio.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">El aludido, sabiendo que nada iba a poder arreglar quejándose de la situación, comenzó a cavar la tumba de la mujer en el borde del camino mientras el otro buscaba alguna herramienta en el carro que le permitiera ayudarle con el trabajo. Sin embargo, tras un par de paladas, notó algo raro.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Oye, ¿no se acaba de mover? –preguntó el que cavaba sin dejar de hacerlo.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Ignórala –el asesino arrancó una tabla del carro y fue a ayudar en el pequeño agujero. –Serán estertores así que no te preocupes –comenzó a dar paladas con la tabla que llevaba y con lo que el trabajo avanzó más rápidamente.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Sin embargo, el de la pala seguía sin sentirse del todo cómodo con la mirada de esa mujer fija en él. Sus ojos verdes le estaban inquietando, casi como si estuviera mirando a través de él.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¡Bueno! Esto ya está –dijo el hombre del arco triunfante al ver el agujero. Sin más, se dirigió al cadáver del carro y lo asió sin fijarse. Cuando lo arrastró un poco fuera del carro, dos leves golpes sonaron contra las maderas del carro.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Un palito se había caído del asiento. O, más bien, una flecha&#8230;</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Antes de que pudiera hacer nada, el aparentemente cadáver, se volvió a mover como si la herida que tenía en el cuello no existiera y agarró a su atacante para estampar su cabeza contra las maderas de su carro, dejándolo inconsciente de inmediato. Antes de que su compañero pudiera hacer absolutamente nada, ella ya le había roto el cuello.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿Tú también quieres matarme o prefieres que aún quede alguien para enterrarlo? –preguntó ella atravesando cuerpo, alma y voluntad del que se suponía, era cómplice de su muerte con sus dos penetrantes ojos verdes..</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">El hombre de la pala no pudo responder: Esa mirada, antes inerte pero ahora furibunda, le instaba a arrepentirse de algo más que ayudar a matarla. Y antes de que pudiera pensar nada, ya se encontraba bien lejos, corriendo a toda velocidad, alejándose de esa poderosa mujer.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Au&#8230; –se quejó ella mientras trataba de mover bien el cuello que presentaba una llamativa y sugestiva marca escarlata, la herida de la flecha que debería haberla matado.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">No se entretuvo con eso: Prefirió registrar las pertenencias del cadáver para ver si tenía algo de interés antes de enterrarlo definitivamente. Se sorprendió al ver que, entre la calderilla que llevaba en su bolsa, también había una placa de metal, probablemente bronce, con la marca de un ojo sin pupila ni iris. Parecía haber sido bruñido hacía poco, por lo que supuso que sería parte del botín del que había sido su anterior víctima.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Después de buscar un poco más, no encontró nada más de interés por lo que tiró al bandido a la zanja que había cavado antes y la tapó mientras escuchaba cuanto decían los árboles del bosque.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿Están cerca? –preguntó en voz alta.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Un rumor leve recorrió el bosque, como si una corriente de viento sacudiera las ramas de los árboles. Sería un sonido incomprensible para la mayoría de los mortales pero no para ella: La mujer comprendió el mensaje de inmediato por lo que, nada más taponar la tumba, volvió a su carro y partió de nuevo. Azuzó más fuerte a sus mulos y éstos se pusieron en marcha a toda velocidad.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">“Maldito ojo&#8230;” pensó ella asqueada: Si lo que decían los árboles era cierto, estaba donde no debería.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Prefirió no pensar en ello y sencillamente azuzó a sus animales para que aceleraran y llegaran a la ciudad de Naukon cuanto antes. Cuanto antes le entregara el Ojo de ónice a Magus, antes podría descansar de toda esa vida de infortunios constantes. Pero eso sólo sería después de entregar el Ojo. Nunca antes&#8230;</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;text-align:right;"><em>De nuevo, me retraso ampliamente en una nueva entrega deste, mi querido pero solitario blog. Comienzo nueva historia, una que ando cocinando desde hace un par de años a instancia de la buena de Nethka que tuvo la idea original y que me pidió que escribiera la historia.</em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;text-align:right;"><em>No es el argumento más original, pero se me hacía harto entretenido discutir acerca de toda clase de aspectos del argumento con ella a lo largo de horas y horas. Sólo por el buen recuerdo de cuán compleja puede ser, en base, una historia, merece un sitio esta historia en este abandonado pueblo de Morbitorio.</em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;text-align:right;"><em>Espero que os guste esta corta introducción y, con ansia deseo, que mis dedos recuperen sus fuerzas para lograr escribir más y más capítulos de mis demás sagas.</em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;text-align:right;"><em>Hasta entonces, hasta más leer.</em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;text-align:right;"><em>Escuchando: <a href="http://www.youtube.com/watch?v=QoId_SGKb0g">Forze del male</a><br />
</em></p>
  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/trazosdejeshua.wordpress.com/233/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/trazosdejeshua.wordpress.com/233/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/trazosdejeshua.wordpress.com/233/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/trazosdejeshua.wordpress.com/233/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/trazosdejeshua.wordpress.com/233/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/trazosdejeshua.wordpress.com/233/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/trazosdejeshua.wordpress.com/233/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/trazosdejeshua.wordpress.com/233/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/trazosdejeshua.wordpress.com/233/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/trazosdejeshua.wordpress.com/233/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=trazosdejeshua.wordpress.com&blog=2469034&post=233&subd=trazosdejeshua&ref=&feed=1" /></div>]]></content:encoded>
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		<title>M&amp;R &#8211; Amable retroceso del invierno &#8211; Capítulo 6</title>
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		<comments>http://trazosdejeshua.wordpress.com/2009/08/31/mr-amable-retroceso-del-invierno-capitulo-6/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 31 Aug 2009 13:37:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jeshuamorbus</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amable retroceso del invierno]]></category>
		<category><![CDATA[M&R]]></category>
		<category><![CDATA[fan fic]]></category>
		<category><![CDATA[fanfic]]></category>
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		<category><![CDATA[Touhou]]></category>

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Cuando llegó la noche, vigilé por última vez la calle y preparé mi pequeña mochila. Iba a salir ligera de equipaje a ocultarme a algún lugar seguro. Aparte de la casa de Robinson, éste me había dado alguna dirección de casas seguras desde las que poder continuar mis investigaciones de una manera menos arriesgada, así [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=trazosdejeshua.wordpress.com&blog=2469034&post=228&subd=trazosdejeshua&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } --></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Cuando llegó la noche, vigilé por última vez la calle y preparé mi pequeña mochila. Iba a salir ligera de equipaje a ocultarme a algún lugar seguro. Aparte de la casa de Robinson, éste me había dado alguna dirección de casas seguras desde las que poder continuar mis investigaciones de una manera menos arriesgada, así como me había dado permiso para no presentarme por el trabajo hasta que acabara todo ese asunto.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Evidentemente no creía que eso fuesen unas agradables vacaciones pues no iba a dejar de investigar por la ciudad a ese hombre que había matado a Theodoros.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Una vez abajo, delante de la puerta, escuché un golpecillo por parte de Theodoros que me avisó de que la calle estaba despejada así que, sin dudar, salí y corrí en dirección contraria a la del policía que patrullaba por allí. No tardé en perderme entre las callejas de la zona comercial y caminé rápidamente hacia mi destino: Una pequeña librería cercana a Hyde Park.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;"><img class="aligncenter size-full wp-image-230" title="escanear0008" src="http://trazosdejeshua.files.wordpress.com/2009/08/escanear0008.jpg?w=500&#038;h=687" alt="escanear0008" width="500" height="687" /></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;"><span id="more-228"></span></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">No es que el lugar fuese el más cómodo pero para mí era el lugar perfecto para escapar en caso de encerrona: Aparte de que era un edificio con múltiples salidas y caminos alternativos tanto hacia el sótano que según Robinson, contactaba con las cloacas, como hacia el techo desde el cual podría acceder sin problemas a los edificios colindantes; Hyde Park era un lugar ideal para ocultarme.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Mi habilidad para no perderme nunca me había capacitado ampliamente para conocer hasta la última calleja muerta y pasillo perdido de Londres. Pero sabía que no era la única urbanita familiarizada con ese terreno así que usaría un espacio menos acostumbrado para la gran mayoría de los habitantes de esa ciudad: Campo abierto.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Tenía buenas piernas y me mantenía en bastante buena forma gracias a que la gran mayoría de mis desplazamientos eran a pie. Mi agilidad me permitía adaptarme a cualquier clase de suelo en un instante y esa zona tenía miles de escondrijos que cualquier profano no hallaría en horas. El parque estaba rodeado de cuatro bocas de metro así que me aprendí sus horarios lo más fielmente posible en el tiempo que me pasé preparando mi huida de la casa de Louis. Y ya tenía planificadas toda clase de sendas alternativas en caso de encontronazo sorpresa en medio de la noche. Tendrían que pillarme muy de sorpresa si quisieran atraparme, cosa casi imposible por la constante vigilancia de Theodoros.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Fue un camino largo. Londres es enorme; siempre lo fue, de hecho. Y entre eso y el hecho de que tomaba los caminos más enrevesados para evitar ser capturada ya fuese por adeptos normales como por policías vendidos, mi camino ya comenzaba a cansarme.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Cada vez que oía algún ruido, me alejaba del lugar en silencio; cada vez que veía una luz encendida, pasaba por debajo de esa ventana discretamente; casi podría decirse que mi manera de actuar rozaba la esquizofrenia pero sabía que sólo sería hasta que llegara a esa librería.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Pero, cuando casi ya había llegado a Hyde Park, un gran revuelo me llamó la atención y me distrajo de mi misión principal: Había cinco personas peleando contra una que se defendía como una auténtica bestia y, por poca visibilidad que hubiera, la silueta de ese gigantón que se “defendía” me era particularmente familiar.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Y como imaginaba, Hansen acabó con todos sus oponentes de un plumazo sin casi despeinarse, tras destruirles algún que otro hueso con sus manos desnudas.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿De veras no sueles ser tan violento? –pregunté tras acercarme a ese hombre que registraba a los casi cadáveres.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿Hum? –el hombretón, que no se había dado cuenta de mi presencia se giró hacia mí. –¿Renko? ¿Qué haces tú aquí a estas horas?</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Me imagino que lo mismo que tú –dije tras ver algunas de las armas que portaban esos hombres: Cuchillos ornamentados con los mismos símbolos que los de aquel loco del metro. –¿Con cuántos has tenido que lidiar hasta llegar aquí?</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Éste ya es el tercer grupo que me envían&#8230; –contestó él sin ocultar sus nervios. –Cuando llegué hoy a mi hostal, me encontré con tres que, sin más, se lanzaron a por mí. Cuando fui a la policía, uno de ellos dijo que yo era el culpable de no sé qué cosa y trató de encarcelarme. Y ahora esto.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Como para preguntarse si realmente hiciste bien salvándome&#8230; –comenté algo avergonzada por los problemas que le había causado a ese hombre.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Si arrepentir, no me arrepiento. Aunque resulta molesto andar sin rumbo y sin lugar donde alojarme o dormir. De hecho, creo que tendré que empezar a cazar ratas para poder comer sin peligro de que me claven un puñal por la espalda.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿No tienes familia por la ciudad? Podrías&#8230;</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Soy un recién llegado –contestó antes de que completara mi sugerencia. –Y supongo que, aunque la tuviera, no iría con ella: No me gustaría ponerla en peligro. Imagino que esa es la razón por la que tú también estás vagabundeando por ahí.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Casi, casi: Iba a refugiarme a la casa de un amigo de mi jefe –dije mirando a mi espalda. Y tras observar la cansada figura de mi compañero de desgracias, no dudé en sugerirle algo: –¿Quieres venirte conmigo? Ya que estas metido en esto por mi culpa, lo mejor que puedo hacer es asegurarte un techo.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Eso ni se pregunta –respondió el otro. –Demasiado cansado estoy como para empezar a rechazar ofertas de gente de fiar –y antes de que nos pusiéramos de nuevo en marcha, Hansen recogió los cuchillos y puñales de sus asaltantes. –Mejor dejarles desarmados –comentó cuando le pregunté con la mirada.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">“¿Desarmados? ¡Pero si ya no tienen brazos con que usar esas armas!” me dije espantada tras ver más claramente las heridas de los caídos.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">Así, nos dirigimos en completo silencio hacia la librería que era mi destino. Una mujer. Un hombre. Y un fantasma.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">La mañana siguiente, me desperté temprano. Aunque hubiera pasado sólo tres horas dormida, no me sentía cansada. No tanto como mi compañero que, probablemente agotado tras todo un día de huidas (y combates) sin cesar, dormía a pierna suelta en el desván que le había tocado habitar.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿No vas a dormir más? –preguntó Frances, la dueña del local que había abajo, mientras preparaba algo para desayunar. –Si lo que me contó el viejo Robinson es cierto, deberías estar agotada.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-No tengo tiempo para pensar en dormir –dije mientras me servía una taza de café. –Irse a dormir pronto y marchar antes de que me vean en este lugar. Eso es lo que debo hacer si quiero mantener este refugio.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Tú misma&#8230; –comentó la madura mujer mientras me pasaba algo de comer. –Esperemos que lo que digas, lo digas en serio. A mi edad, lo último que quiero son problemas. Y si encima ese allí arriba también mete problemas&#8230;</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Tal como lo veo, si llega a tenerlos, él le sacará de cualquier problema que tenga –afirmé sonriente. –Ya ha dejado a más de veinte perseguidores totalmente fuera de combate y casi de circulación&#8230;</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-No me van esas cosas, no señor&#8230; –suspiró la mujer mientras se servía su desayuno. –Ese maldito Robinson sólo sabe crearme problemas&#8230;</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Preferí no contestar a sus continuas quejas y acabé rápido con lo mío. Tenía que salir para recibir toda la información que la gente del Royal había reunido acerca de esos asesinatos en serie. Un contacto me esperaba en el centro de Hyde Park, en Reformer’s Tree. Prefería recoger la información rápido pues en ese parque, para mi desgracia, también había un puesto de policía.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Nada más terminé, me levanté y un golpe en una sartén sobresaltó a mi protectora. Theodoros señalaba su presencia.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Bajé las escaleras hasta llegar abajo, lugar donde Theodoros me indicó que no había peligro explícito y pude salir sin problemas. La iluminación pública aún estaba encendida y las brumas otoñales apenas dejaban ver nada. Bien: Más a mi favor. Sólo me molestaba la extraña silueta desdibujada que se paseaba a toda velocidad a mi alrededor. Como fuera: Sólo tuve que cruzar un par de calles, alcanzar el parque por Bayswater Road y, a partir de ahí, seguir el camino que llevaba directamente al cruce de caminos de ese lugar.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">No había nadie a esas horas por allí. Salvo un par de siluetas difusas que caminaban por caminos cercanos y la presencia de algún perro callejero perdido por allí, no me encontré con nadie más que mi contacto.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Saludos, saludos, pequeña Renko –saludó ese descarado fotógrafo nuevo que conocí dos días atrás. –Veo que has podido llegar a tiempo con una enormísima precisión&#8230; aunque llegas un par de minutos tarde.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Mi reloj funciona mal los días de niebla –comenté medio sinceramente medio en broma (al fin de al cabo, mi reloj era el cielo, ahora encapotado). –Mejor dame lo que tengas rápido y yo me vuelvo a esconderme. Dios sabrá lo que hay por ahí escondido.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Muy fría te muestras con este pobre chaval –comentó él en broma mientras me alargaba la carpeta que le había solicitado al jefe. –De todas maneras, en el paseo que me he dado por el parque antes de venir no me he encontrado con nadie sospechoso ni digno de temer. Lo que es este lugar, es seguro de momento.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Lo que tú digas –comenté ignorando su aparentemente fanfarrón comentario. –En fin, saludos al jefe. Espero volver al trabajo pronto.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Mejor espera que no te corten en pedacitos –comentó el otro con la voz más seria que le percibí hasta el momento. –Se te nota en la cara que arrastras bastante miedo aunque, por alguna razón que se me escapa, te sientes bien protegida. Debes ser una mujer de recursos para sentirte así.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿Qué creías que era yo? ¿Una ama de casa? –respondí algo airada. –En fin, hasta luego&#8230; esto&#8230; ¿cómo decías que te llamabas?</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Collin Rabbit –dijo levantándose un poco su sombrero en señal de saludo. –Oh, y ya que estamos, no vuelvas por donde has venido –dijo señalando a lo lejos un par de siluetas que parecían agazaparse tras unos cuantos árboles. –Esas presencias me llevan dando mala espina desde que llegaras.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Si elegí este lugar para reunirnos no era sólo por las vistas –comenté mientras me dirigía en dirección a Grosvendr Gate. –Sean dos o siete, los perderé en un santiamén. Tú vete de aquí cuanto antes. Dios sabrá lo que querrán hacer contigo sólo por haberte parado a hablar conmigo.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Descuida: Sé a qué gente acudir cuando tengo problemas. Ya nos veremos –y, sin más desapareció en dirección contraria mientras yo caminaba con la carpeta bajo el brazo. Ésta me pesaba bastante más que aquella que me había llevado al primer lugar del crimen que visité lo cual señalaba una información mucho más detallada que la otra.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Pero su peso no era lo que me preocupaba: Me molestaban mucho más las seis presencias que percibía a mi espalda. Supuse que ya se habían dado cuenta de que ya sabía que estaban ahí por lo que preferí no sentirme demasiado alterada. Si aceleraba el paso de repente, echarían a correr para cerrarme el paso y entonces sí que lo tendría crudo.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Pero eso no era problema para mí: La discreción de esos seis (ahora tres pues se habían dividido) era nula por lo que, con una simple caminata hasta la laguna The Dell los tuve localizados a todos en el mismo lado y, un segundo después, los perdí por una arboleda que yo atravesé con mucha más gracia que ellos.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Mientras me alejaba de Hyde Park, miré a mis espaldas y vi a través de la niebla como mis perseguidores salían andando de entre los árboles, derrotados y sin ganas de seguir persiguiéndome.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">Y sin más, aunque preocupada por Collin al cual seguro habían perseguido los otros tres del grupo, me volví a mi querido refugio con toda la información que necesitaba.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Nada más entré en la librería, fui saludada por la voz impasible de Frances mientras leía uno de sus muchos libros, sin mucho interés tanto por la hora como por la poca clientela que tenía.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Ascendí a mi habitación y en la cocina me encontré con Hansen revisando uno de los cuchillos incautados a sus víctimas y leyendo un libro.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Buenos días, gigante –saludé animada.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Saludos, dama de eterno sombrero –me correspondió él sin casi apartar la mirada del libro que le tenía atrapado. –¿A dónde has ido? Con la que nos ha caído no creo que sea prudente salir.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-A por información de interés –dije dándole una palmada a la carpeta. –Tú parece que, aparte de dormir bien, te has adaptado bien a esta casa.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Para nada. Sencillamente me llamaron la atención algunas cosas acerca de esos desgraciados que me atacaron y me estoy documentando. Y lo único que encuentro es que los que nos están persiguiendo son unos idiotas de cuidado.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿Por su religión? –pregunté curiosa.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Los satanistas no son como ellos –dijo mientras me alargaba el libro. –Los auténticos no llevan tatuajes, no llevan cuchillos de diseño a todas partes, no hablan de ningún amo Satán&#8230; ni idioteces de ésas. Por lo que he leído hasta ahora, están aplicando todos los tópicos más manidos y estúpidos que he visto nunca en nadie.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Pues yo no entiendo mucho de eso entonces. No he notado ningún tópico&#8230; –contesté algo cohibida.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Yo algo vi cuando era pequeño (cosa de mis padres, que querían darme una buena educación) –añadió sonriente. –Leí que el satanismo no es más que una “religión materialista e individualista”. No recuerdo mucho más pero por eso estoy leyendo esto.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Miré el libro pero no le encontré título alguno.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Me lo encontró Frances –continuó. –En él se describe la simbología e instrumentos de liturgia del satanismo. No figura nada acerca de cuchillos, ni sacrificios de cabras o gallinas; ni sacrificios humanos, persecuciones, ni nada de lo que nos está ocurriendo&#8230; encima, lo poco que podrían poner bien, lo complican mucho y encima lo hacen al revés.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Instrúyame, maestro –comenté graciosa mientras me sentaba.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Mira los adornos de este cuchillo –me lo alargó. –¿Ves que tiene un adorno con forma de pentagrama en el filo y una cabeza de cabra al final del pomo?</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Sí –dije tras ver esos detalles.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Suponiendo que el pentagrama sea un pentagrama inverso representante de la religión de la que hablamos, la cabeza de cabra, la cual representa con sus cuernos las dos puntas superiores; con sus orejas los dos puntos laterales y con la barba el punto inferior; debería estar en el mismo sentido. Y sin embargo, muestra una posición contraria. Es casi como si hubiesen puesto un símbolo satanista junto a uno cristiano.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-¿Los estás llamando ignorantes?</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Les estoy llamando estúpidos: Esos idiotas no han planeado nada. Sólo siguen las órdenes de alguien que sabe manipularlos bien, alguien que tampoco sabe demasiado acerca de la simbología que debería saber manejar.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Y eso lo has descubierto en menos de hora y media –comenté agradada. –Chico, de veras: Hazte policía. Con suerte podrías llegar a ser un buen detective.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Sólo soy bueno documentándome –dijo sonrojándose ante el cumplido.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-Pues esa habilidad me servirá muy bien para que me ayudes a leer todo esto –dije abriendo la carpeta sobre la mesa. –Aquí hay información acerca de los quince asesinatos anteriores. Es todo lo que los de la redacción han podido reunir para mí. Creo yo que sería conveniente ir revisando hasta el último borrador.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">Dicho y hecho, Hansen agarró las primeras cuartillas y comenzó a leer diligentemente mientras yo veía sorprendida su porte. Ciertamente, era algo más que una mole de músculos más letal que una manada de lobos. La expresión de su cara era casi siempre serena pero adolecía de cierta infantilismo. Pero, incluso cuando golpeaba, su expresión no cambiaba lo más mínimo. Por alguna razón me era algo familiar&#8230;</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-weight:normal;">-No me habré manchado la cara de mermelada, ¿verdad? –me preguntó después de que se diera cuenta de que llevaba mirándole un buen rato.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Sí, en la mejilla –le señalé sinceramente&#8230; aunque preguntándome por qué papas me había pasado tanto tiempo mirándole.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;text-align:right;">
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;text-align:right;"><em>Ale, ale&#8230; otro episodio de este fan fic. Si no fuese porque me da cosa publicar dos capítulos seguidos de la misma historia en este blog, ya haría tiempo que conoceríais el resto del periplo de la dama del eterno sombrero y ya habría empezado a contar la segunda de sus historias.</em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;text-align:right;"><em>Como sea, helo aquí. Así como ahí están los exámenes de septiembre. Mi negativa a tomar café me pasa factura y me quedo dormido por nada&#8230;</em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;text-align:right;"><em>En fin, como sea, aquí está el capítulo y espero que sea de vuestro agrado.</em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;text-align:right;"><em>Hasta más leer, Jeshua_Morbus</em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;text-align:right;">
<em>Escuchando: <a href="http://www.youtube.com/watch?v=Gupr-wKfIhA">Deaf all but the song</a></em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;text-align:right;"><em>Ilustración: <a href="http://nethka.deviantart.com/">Nethka</a><br />
</em></p>
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		<title>Goth &#8211; Capítulo 7</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Aug 2009 01:45:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jeshuamorbus</dc:creator>
				<category><![CDATA[Goth]]></category>
		<category><![CDATA[demonios]]></category>
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¿Qué es la verdad? 
Sólo lo que tú quieres entender como tal

-Este lugar es algo que no debiera preocuparle hasta este punto, señor Dickinson -desde el ataque, no pasaron ni dos días hasta que el amo de la casa, Marken Vorgel, volviera a toda prisa para comprobar en qué estado estaban sus hijas, su bienamada [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=trazosdejeshua.wordpress.com&blog=2469034&post=226&subd=trazosdejeshua&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><!-- 		@page { margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } --></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;" align="center"><em>¿Qué es la verdad? </em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;" align="center"><em>Sólo lo que tú quieres entender como tal</em></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;" align="center">
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Este lugar es algo que no debiera preocuparle hasta este punto, señor Dickinson -desde el ataque, no pasaron ni dos días hasta que el amo de la casa, Marken Vorgel, volviera a toda prisa para comprobar en qué estado estaban sus hijas, su bienamada aldea y sus posesiones (en este orden). Una vez terminó con las comprobaciones pertinentes, de preocuparse hasta lo indecible por la salud de sus hijas así como hasta del último miembro del servicio, acudió a mí para felicitarme tras todas las buenas palabras que las gentes del lugar me habían dirigido. Sin embargo, se encontró con mi pregunta.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left"><span id="more-226"></span></p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">Y se puso a la defensiva.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-¿He de entender que todo esto implica que existe la ley no escrita de no mencionar nada en absoluto de lo que ocurra en este pueblo? -no quería presionar pero mis palabras fluían por sí solas.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-No es exacto -recalcó él, sentándose en el sillón de mi habitación. -Dígame, señor Dickinson: ¿Sería capaz de hacer creer a alguien de la capital de lo que ha ocurrido aquí hace dos noches? ¿Podría convencer a nadie de que en este lugar hay monstruos que atacan a los viajeros poco precavidos y a los habitantes de esta aldea?</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-No le hacía la pregunta en ese sentido, si es eso lo que piensa. Hay cosas que me llevan dando vueltas en la cabeza desde que marchara, que me molestan y que me hacen pensar más de lo que quisiera. No hace demasiado he llegado a conclusiones y ahora usted me las acaba de confirmar más.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-¿Conclusiones? ¿Y qué puede concluir sobre este pueblo? -me preguntó con una sonrisa.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Es más una impresión personal basada en lo que yo he ido entendiendo tras muchas lecturas -comencé a explicar desde mi silla, sin apartar los ojos de quien tenía delante de mí. -Por delante, dejar claro que, por lo que he visto, se ha ganado mi respeto.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Es mutuo -ya, con el ambiente más distendido, continué:</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-He visto que por aquí se rige la ley de la causalidad hasta sus últimas consecuencias. Aquí, desde el más viejo o hasta el más crío tiene en cuenta que puede hacer cuanto quiera pero con la limitación de que los demás podrán hacerle exactamente lo mismo.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-”No dañes y no serás dañado” y  “ayuda y serás auxiliado”&#8230; nunca pretendí instaurar esta frase como ley: Llegó por si sola y, si se mantuvo, fue por el mero hecho de que esta es una comunidad relativamente pequeña&#8230;</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Aparte del hecho de esos “pactos” de los que dejo de oír por todas partes -interrumpí. -”Otórgale tu vida y el señor Marken te concederá cualquier deseo”. Cuando me mencionaban “vida“ yo pasaba por alto la palabra “pacto”. Siempre. Porque, de haber otra palabra en lugar de vida, me habría dado cuenta antes.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-”Alma”, ¿verdad? -asentí al tiempo que él reía con cara simpática.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Usted es un demonio, ¿verdad? Un demonio que te dice “haz lo que quieras”, “no te rijas por otra moral que no sea la tuya propia”, “usa el sentido común”, “pacta conmigo y págame con tu vida”&#8230; todo ello tiene ese tono inmoral que casi nunca he encontrado fuera de esta pequeña aldea.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Y lo ha deducido sin mencionar lo del ataque de hace dos días.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Asalto, según Ada -recalqué con una leve sonrisa.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Por lo que me contó esa fiera por la que suspiraba antes de marchar, no le importa mucho este detalle, así como que mis hijas sean de mi estirpe.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-No me habéis pedido que haga nada extraño y he comprobado que se ha hecho todo lo posible para mantenerme al margen de lo negativo de este lugar y eso, sean ángeles o demonios, es algo que aprecio. Sin embargo, no puedo pasar sin preguntar, ¿qué clase de monstruos nos atacaron?</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-En fin -el señor Marken lanzó un largo suspiro al aire, como si lo último que deseara fuese hablar de ello. Se levantó y me señaló que lo siguiera hasta un pequeño mapa del país que estaba colgado en la biblioteca. -¿Podría, por favor, indicarme en qué lugar nos encontramos?</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">Me extrañó su pregunta pero, al mismo tiempo, no supe cómo responderle con exactitud. Era cierto que había llegado hasta esa aldea por mis propios medios pero, en ningún momento, se me dio un mapa, únicamente indicaciones de cómo llegar. Aún tenía tales notas en mi cabeza así que traté de deducir el lugar solicitado. Pero&#8230;</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Perdone si tardo un poco en responder -o eso o ya me estaba respondiendo a mí mismo: Las indicaciones, si mis cálculos y mi memoria no fallaban, me habrían llevado justo al centro de una de las más grandes ciudades de la región pero, estaba claro, yo no estaba en ningún floreciente centro de comercio e industria. Realicé el trazado en mi mente decenas de veces y, cuando quise usar los dedos para seguir las rutas que me habían indicado, el señor Marken saltó:</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-No estamos en ese mapa, señor Dickinson -lo que ya me temía desde mi tercera comprobación. -Si nunca se le indicó otra cosa más que el camino que debía seguir era porque queríamos que tomara ese concreto camino. Cualquier otra ruta le habría llevado a algún lugar indicado en este mapa pero, como usted siguió a rajatabla nuestras indicaciones, ha logrado llegar a esta, digamos, “zona fronteriza”.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-¿Fronteriza con qué? -ya me temía la respuesta.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-El infierno -precisamente el lugar del que se suponía que había surgido tan extraño hombre.</p>
<p style="text-indent:.5cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Entonces, ¿todo lo que no atacó hace dos días era una legión de las huestes infernales?</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Sólo era un grupo de demonios menores comandando una avanzadilla. Aunque mis hijas y yo nos bastemos para contenerlos y ellos sepan perfectamente que son incapaces de superar nuestro bloqueo, siguen atacando, algunas veces por mera diversión y otras para realizar ejercicios de entrenamiento. Mi función, lo mismo que la de mis hijas cuando crezcan, es ser la de guardas fronterizos. Los demonios, la gente de fuera de la que tanto ha oído hablar, tiene la mala costumbre de querer acceder al mundo del que provienen las madres de mis hijas. Somos lo más cercano al mítico Cerbero que jamás vaya a conocer.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Interesante tarea -me mantenía impasible pero no era capaz de dejar de sentir sorpresa ante lo que me contaba mi actual patrón. -¿Quién le ha ordenado cumplir esta tarea?</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-¿Me está preguntando si algún dios de lo más alto ha cogido a un demonio mayor y le ha convertido en una especie de Cerbero que evita que la maldad se escape de su lugar de origen?</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Le estoy preguntando si es por imposición moral propia o por alguna obligación contraída cual las que tienen sus protegidos con usted.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Fue decisión de motu propio, se lo aseguro -el señor Marken tomó asiento de nuevo. -Es cansado pero, si hay algo de lo que distinga a un ser humano de un demonio es que un demonio nunca se arrepentirá de sus decisiones y siempre las llevará hasta el final. Puede que mis varios matrimonios con mujeres humanas influyeran en mi decisión pero yo, al contrario que mis congéneres diabólicos, no me siento por encima de los simples mortales. Al fin de al cabo, muchos demonios fueron, antes de ser carne infernal, animales de más allá de la frontera.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Le da muchas vueltas a su discurso para tratar de convencerme de algo de lo que ya estoy convencido -suspiré por la perorata que me había dedicado. -No pensaba hablar del lugar una vez acabara nuestra relación; no voy a mirar mal a sus hijas sólo por ser usted su padre; no voy a considerarle malvado a usted porque me ha demostrado, claramente, que los demonios no tienen que ser necesariamente maléficos y no tengo nada en contra del pueblo que tanto se ha centrado en proteger. Aquí tiene a un muy humilde profesor y bibliotecario que sólo quiere vivir una vida lo más tranquila posible.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-En lo posible, eso será lo que se le dará. Nunca me ha gustado hacer que los externos a esta frontera tuvieran que cargar con las vicisitudes del lugar.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Pues, ya que ha dejado claro este punto, ¿podría llamar de nuevo a Anna? No tiene usted la menor idea del caos que rige en esta biblioteca&#8230;</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">Clases, libros, sesiones de apoyo a Llim y algún que otro sueño compartido con la joven Verónica. Así fue la tónica de los días siguientes a la vuelta del señor Marken. Era todo igual pero no había que estar muy avezado para sentir un ambiente algo diferente, más marcial y disciplinado que cuando el señor estaba fuera. No había cambiado el trato, sólo habían intensificado el trabajo ahora que el señor de la casa volvía a dirigir el pueblo. Ahora, más que antes, se notaba a para quién vivían las gentes de la aldea y el servicio de la casa. Incluso sus hijas parecían someterse más a él que antes: Verónica ya no se escapaba de clase antes de tiempo o Llim no osaba llegar a dormirse en medio de mis explicaciones.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">Por lo demás, todo era el mismo pueblo tranquilo que siempre.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">Aunque, ahora, al estar yo advertido de lo que rondaba hacia el sur de la aldea, la entrada al infierno, hogar de “los de fuera”, era capaz de intuir movimientos de criaturas en las sombras del bosque que precedía a la llanura. Volví a pasear por allí en mi siguiente día libre junto a la siempre dispuesta Alisa pero, aunque notaba sus presencias, nunca llegué a captarlos del todo.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Es alguien muy atento -me comentó Alisa durante el paseo, una vez se dio cuenta de hacia donde dirigía mis sentidos. -La mayor parte de los de más allá nunca llegan a darse cuenta de cuántas miradas se centran sobre nosotros.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-¿No resulta peligroso salir de la aldea? ¿No podrían atacarnos?</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Lo dudo a horrores -Alisa le quitó importancia de inmediato. -En toda mi vida, sólo me atacaron dos veces. La primera, fue un demonio mayor y una de sus legiones. Una entera -el gesto que hizo no casaba para nada con la sonrisa que esbozaba. -Salí de allí sin problemas gracias a Emed -le dio un par de palmadas a su caballo. -Aunque entonces no fuera más que una niña de once años, ya había peleado en uno de los dos grandes ataques a la aldea y en más de una de las escaramuzas. Gracias a mi sangre, sé como enfrentarme a la mayor parte de los demonios de allá fuera.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-¿Siempre va prevenida?</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Siempre voy con algún medio que me ayude, al menos, a huir de cualquier ataque. No sabe usted ni por asomo de las velocidades que es capaz de alcanzar Emed. De todas formas, aunque tuviera que pelear, saldría ganado aunque fuese sin lanza ni armadura y contra la legión que le mencioné antes.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-¿Y cuando nos conocimos?</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Ahí me ha dado -con voz en risa, Alisa se reclinó hacia atrás en su caballo. -Ese día no iba montado en Emed sino en Hakim, un caballo mucho más joven y menos domado que éste. Al contrario que éste, Hakim no domina las transformaciones en bestia que casi todos los demás caballos del establo sí conocen. Juventud, inexperiencia, falta de entrenamiento físico y, además, que me atacaron en un lugar inimaginable para mí, aparte de que iba desarmada por completo.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Lo está diciendo como si ahora mismo llevara un arma encima.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-No suelo recogerme el pelo, ¿sabe usted? -Alisa se levantó levemente el pelo y mostró las varillas de metal que sujetaban sus cabellos. -Esto me habría bastado para acabar con todos esos lobos. Podría haberlos matado con las manos desnudas pero eso, me temo, no era demasiado sencillo en un lugar como ese camino.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">Una cosa que acabé descubriendo el día del ataque era cuántas cosas no eran lo que parecían en esa aldea. A nivel social, todo era como cabría imaginar, esto es, tal como lo he estado describiendo hasta ahora. Pero a nivel físico, me di cuenta de cosas que ni me había planteado imaginar por su extravagancia, desde el hecho de encontrarme a un sirviente en seis lugares de la mansión a la vez; una doncella que era capaz no de predecir el clima sino de causar cambios en él; un jardinero que poseía fuerza tal que era capaz de arrancar un roble con un solo brazo&#8230; no comprendía por qué clase de procesos habían pasado tales sujetos pero no me molesté en indagar en ello. Sabía cuál era la causa y, de momento, eso era lo único que necesitaba saber. No le tenía miedo a mi actual señor, de hecho, parecía importarle poco que satisficiera mi curiosidad sin importarle el método que utilizara. Tras haber conocido a bastantes personas de ese entorno, sabía que muchos habían procedido de ambientes tanto o más penosos que el de Anna y su hermano. Sus deseos fueron la vía de escape a sus problemas y habitar ese pueblo, el precio a pagar por ello. Indagar en viejas heridas, descubrir problemas traumáticos, encontrar pecados pasados&#8230; yo tampoco era un santo y bien que odiaba que me preguntaran acerca de cuántas personas había matado en ese estúpido rito del duelo. No sería yo quien rebuscara en sus vidas manchadas cuando mis manos estaban tanto o más mugrientas que la más horrible de las almas.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">Aún así, por mucho que odiara el caos que había traído con mis manos, a Verónica no me importaba contárselo por dos razones: Porque sabía llegar al tema sin parecer una obsesa por las peleas y los detalles morbosos; y porque sabía que intentaba entender mi comedimiento.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">Dejando a un lado algún sueño en el que daba rienda suelta a su gusto por las masacres sin sentido en un ambiente controlado y seguro, ya no se le veía tan ofensiva, así como se paraba a escuchar un poco más lo que tenían que decirle. Todo ello sin perder ese aire de rebeldía que siempre flotaba a su alrededor: Su actitud pasó a ser algo más refinada y, en lugar de responder con golpes o interrupciones, replicaba mediante la palabra, detalle que parecía dominar bastante mejor que sus duros brazos y piernas.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Actualmente, me cuesta reconocer a mi hermana -María seguía pasando sus tiempos muertos dibujando y pintando cuadros uno tras otro, pinturas que, según ella misma, eran capaces de “alterar la continuidad de la realidad tal como usted la entiende”. -Echo un poco de menos a esa bestia que siempre me hacía quedar tan bien -añadió con una risita inocente.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-A eso se le llama madurar, creo recordar -la pintora no se alteró y siguió trazando líneas de color sobre el lienzo. Esperaba que, tal como había hecho la noche del ataque, no volviera a cambiar toda la configuración de la mansión para convertirla en el laberinto del que pude escapar por la ventana de mi habitación. -¿Le molesta?</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-La verdad, me hace perder un poco de vista lo que era -María se sentó dejando sus útiles a un lado. -Ella y yo somos hermanas de la misma madre, por eso imaginaba que algún día acabaría siendo algo muy similar a ella. ¿Puede imaginar que alguien como yo veía a esa bestia como un ejemplo a seguir?</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Gentes inseguras sois vosotras, la verdad -la pequeña me interrogó con la mirada, sin entender mi frase. -Dejando a un lado a Ada, que parece tener las ideas muy claras, las demás estáis tan inseguras de las respuestas que le habéis dado a vuestra vida que buscáis urgentemente un maestro, una guía que seguir para saber cómo hay que comportarse en el mundo. Alisa imita a Eve, Meredith imita a Alisa, Verónica me ha acabado por seguir a mí y usted insiste en seguir los pasos de su agresiva hermana.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Todo el mundo teme equivocarse en la vida&#8230;</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-¿Y qué pasa si se confunde tu maestro? -me levante, voz en risa, para salir de la sala. -Hay que saber cuándo tomar decisiones por uno mismo, señorita María, sobre todo cuando vuestra referencia deja claro que es tan humana como usted.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">“Humana”.Últimamente ese término se había vuelto algo ambiguo para mí. Seguía tratando a las hermanas Vorgel de la misma manera que antes, quizá con algo más de familiaridad pero, en el fondo, tenía mis dudas. ¿Me daban miedo? Tras un par de tardes de pasión con Alisa y algún sueño en el que, al fin, Verónica se dejó algo más que abrazar, sabía que la respuesta era no. ¿Acaso tenía prejuicios? Los únicos prejuicios que tenía hacia ellas eran los que había aceptado desde que las conocí: María, infantil y tímida pintora; Verónica, chica bruta aficionada a la poesía; Meredith, delicada violinista; Llim, adulta y dedicada astrónoma; Alisa, femenina y serena amante de sus caballos y, por último, Ada, dama dominante y responsable. Los prejuicios que conservaba no eran un problema porque las aludidas los aceptaban como propios.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">Entonces, ¿cuál era el problema? La respuesta era simple: Sencillamente le daba vueltas a algo que creía inamovible, muchas cosas que había creído ciertas durante mi vida.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-¿Necesitará alguna respuesta más? -Llim continuaba ocupando sus noches en el desván oteando las estrellas, salvo los días en los que el clima la obligaba a ordenar su biblioteca, tarea para la que me solía arrastrar fuera de la cama. No había dejado de tentarme con contarme más verdades acerca de esa realidad tan nueva para mí a cambio de capital para costearse su observatorio particular. Lástima que su odio por los insectos le hiciera perder los papeles, llegando a destrozar parte de su mobiliario.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Nunca me he dado prisa en cosas que se acabarán por saber por sí solas -infierno de día, infierno de noche: Esa casa era un infierno para un bibliófilo como yo. No sólo por el desorden sino también por el estado en el que habían quedado los libros tras decenas de ataques, tanto mayores como menores. Las alteraciones del espacio interior de la mansión que causaba María, por lo general, provocaban la caída de las estanterías y el servicio sólo sabía recoger deprisa y corriendo todo lo que se había desparramado por el suelo. Y eso pasaba hasta en la última habitación de esa gran casa. Podía considerarme afortunado de sólo tener que ordenar dos salas. -Por ejemplo, me he estado dando cuenta de que no sólo mira el cielo cuando está en este desván.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-No me interesa conocer las intimidades de los aldeanos, si eso es lo que andas insinuando -replicó ella molesta.- Soy yo, normalmente, la que da la voz de alarma cuando esos indeseables se lanzan contra nosotros. Estos telescopios y, ante todo, mis ojos, ven más allá de cualquier engaño que puedan hacernos.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-¿Eres la vigía del pueblo pues?</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Sólo una de tantas, pero la que tiene mejor vista de noche. Gracias a mí, pudimos rechazar el segundo ataque a esta mansión hace ya dos años porque me di cuenta, más de cuatro horas antes de que llegaran al primer límite del pueblo de la que se acercaba por el sur.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-¡Cuatro horas! -lancé una mirada por la ventana y me encontré con una insondable oscuridad a pesar de la luz de la luna. Con razón sonaba sorprendido: Era imposible ver nada en las tierras del sur a esa distancia, así como con la luz que proporcionaban sus escasas y débiles fuentes. Al menos para unos ojos humanos como los míos.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">Unos ojos humanos&#8230;</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Señorita Llim&#8230; -me encontré con una duda que, por mucho que esperara, nunca se respondería con la mera espera.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-¿Sí?</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Tal vez si haya algo que sí desee saber y que, es posible, que usted me pueda ayudar a conocer.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-&#8230;y eso que hace un segundo decías que no me necesitabas para nada&#8230;</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Es que lo que no sé es qué es capaz de percibir con sus ojos. Por mucho que espere, nunca, jamás, sabré cómo se ve el mundo a partir de sus propios ojos&#8230;</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-&#8230;a menos que servidora le ayude con los privilegios de su sangre, ¿es así? -asentí, cosa a la que ella me respondió apartando levemente la mirada, como si no las tuviera todas consigo. No parecía indecisa aunque sí que daba a entender que lo que le acababa de pedir le resultaba o incómodo o complicado.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Si le resulta demasiado difícil, siempre puede negarse.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-No es eso -cortó ella. -Sí, me resulta posible, incluso sencillo, otorgarte el conocimiento que me estás pidiendo. El problema estriba en que, si te lo enseño, es muy probable que te acabe mostrando mucho más de lo que realmente querría enseñarte.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-¿Está intentando conservar todo lo posible su negocio? -el que creía que era un chiste agudo por mi parte no pareció resultarle tan gracioso a mi interlocutora que me miró con una mezcla de enfado y confusión.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-¿Estás de acuerdo en entregarme la vigésima parte de tu sueldo de este mes? -Llim acudió de inmediato al precio del servicio para tornar su mirada insegura en una objetiva y confiada.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Me parece justo -de hecho, hasta barato. No sabía si ella realmente estaba al tanto de por cuánto me habían contratado para trabajar en esa mansión&#8230;</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Muy bien -Llim se levantó y me llevó de la mano hacia la ventana. Una vez a su lado, se puso a mi espalda y colocó sus manos sobre mi nuca y cogote. -Ten presente que los primeros segundos serán muy confusos: Muy probablemente no tendrás la menor idea de qué estás mirando. Sólo dale un poco de tiempo y tu cabeza asimilará lo que observas. ¿Me has entendido?</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-No lo comprenderé hasta que lo vea.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Otra cosa más: Mientras estemos haciendo esto, hágame el favor de no moverse en absoluto.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Así sea -me apoyé en el alfeizar de la ventana y me relajé lo suficiente como para que, en el caso de asustarme por mi visión, no tensarme demasiado.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">En seguida, sentí un leve chispazo en mi oreja izquierda. De inmediato, mi visión pasó de la leve luminosidad de la lámpara en ese desván a la oscuridad más absoluta, un negro tan profundo que no podía compararlo con el de la llanura del sur, ni con la de una sala a oscuras, ni siquiera con la de mis ojos completamente cerrados: No veía ni la más mínima mota de luz en mis ojos. Incluso mi mente, que hasta hacía pocos segundos estaba mostrando imágenes a mi conciencia, ahora era completamente incapaz de recrear una imagen de nada.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Eres rápido, desde luego -Llim parecía sorprendida. -Muchos no se dan cuenta del bloqueo total a la mente hasta al menos dos minutos después de empezar.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">No contesté a esa afirmación y halago y me concentré en lo que estaba por venir. De nuevo, un chispazo, esta vez en mi ojo izquierdo, me hizo parpadear inconscientemente para, de nuevo, poder volver a sentir la luz. Pero ésta era tan poderosa que a punto estuve de romper mi inmovilismo. Por suerte, era alguien de cuerpo disciplinado y no tardé en darme cuenta de que la luz sólo la percibía mi ojo izquierdo.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Ahora cierra el ojo derecho, por favor. Las cosas podrían resultar demasiado confusas si insistieras en observar con ambos ojos.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">No discutí la petición y continué con el ojo iluminado abierto. Mas, la luz, poco a poco, se fue disolviendo. De nuevo pude volver a crear imágenes con mi mente y pude observar sin problemas lo que había ante mis ojos. Sin embargo, fue tal como ella me había advertido: No era capaz de entender qué demonios estaba mirando. Fueron unos cuantos segundos en los que mi ojo abierto recorría todos esos elementos nuevos para mi vista. Pero, antes de que Llim pudiera aclararme nada, mi mente me entregó una respuesta rápida:</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;" align="left"><span style="font-style:normal;">-Esto es el esquema del mundo, ¿verdad?</span></p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;" align="left"><span style="font-style:normal;">-Y yo que pensaba que podría sacarte algún dinerillo más -Llim, a pesar de lo tensa que estaba antes, ahora resultaba extrañamente relajada. -Ya que lo has intuido tú mismo, no puedo negarlo. Sin embargo, permíteme aclarar que lo que observas no es más que una parte ínfima de ese esquema que dices. He limitado tu visión a unas pocas capas de la realidad. Dependiendo de cuánto desees profundizar en la visión del mundo, más lejos deberías observar. De momento sólo te dejo ver las capas más cercanas al mundo de la luz, las que me permiten, sin demasiados problemas, anticipar ataques enemigos: Las capas de “vida” y “inclinación”.</span></p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">Con calma, dirigí mis ojos hacia las líneas de la aldea, un pueblo en el que miles de finas líneas negras sobre un infinito fondo blanco me daban a entender que eso eran edificios, piedras, suelo, obstáculos&#8230; Los pocos puntos de color que era capaz de apreciar, sabía que eran los seres vivos que allá moraban: Pequeños puntos rojizos los identifiqué sin problemas como los animales de granja que a esas horas dormían apacibles. Los árboles, por su parte, eran como columnas de humo luminoso, tan rojo como el de los perros o las vacas pero bullendo con una actividad que los demás no mostraban. Más allá de las paredes de las casas me encontré con luces de otros colores, más variadas, desde las escarlata de la familia del molinero, a las amarillas o azules de la casa del panadero. Los seres humanos mostraban muchos más tipos de colores que los demás animales. De hecho, algunos hasta variaban de color&#8230; ¿o tal vez eran parejas juntas?</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-¿Por qué centras tu mirada en ellos? -Llim me preguntó jocosa. -Y eso que hace unos minutos me estabas llamando mirona&#8230;</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">Aparté la mirada de inmediato y la dirigí hacia el bosque, más allá de las casas del pueblo. Lo que allí me llamó la atención allí fue que, entre las miles de columnas de rojo oscuro que se levantaban hacia el cielo, me encontré con una muchísimo más alta y poderosa que cualquier otra luz.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Te presento la verdadera faceta de Eremes, el bueno del guardabosques -Llim se adelantó a mi pregunta&#8230; había perdido la oportunidad de hacer negocio. -Todos en este pueblo son humanos menos mis hermanas, mi padre, yo y Eremes. Ese viejo diablo es un buen amigo de mi padre de toda la vida y parece que le gusta ayudarle cuanto puede. Como sea, no suele querer acercarse demasiado por estos lares así que siempre está allá, vigilando incansablemente lo que yo no soy capaz de observar.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">No tardé demasiado en dirigir mi mirada al lugar del que procedían todos los horrores que sufría esa aldea: La llanura del sur.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-&#8230;ahora comprendo por qué a ese lugar lo llaman infierno&#8230; -comenté.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">No tanto por sorpresa sino por impacto estético, lo que vi más allá de los puntos luminosos sobre el blanco y negro de la realidad de la aldea y el mar rojo del bosque, me encontré con una enorme superficie llameante, una llanura incandescente en la que cientos de puntos de luz, ya grandes como montañas, ya pequeños como luciérnagas, llenaba todo el horizonte como si fuese mediodía.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Si observaras capas más allá de éstas, comprenderías mejor las intenciones que tienen esas huestes -Llim, apartó sus manos de mí y, poco a poco, la luz de mi ojo izquierdo comenzó a apagarse.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">Yo me di la vuelta de inmediato y, antes de que Llim pudiera decir nada, abrí mi ojo derecho. Y la vi abrazada a mí en actitud algo más que cariñosa. Sólo fue un segundo, el tiempo que tardé en recuperar mi visión humana. Pero fue más que suficiente como para enrojecer las facciones de Llim hasta el punto de hacerla parecer una cereza con gafas.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-&#8230;ya lo has visto&#8230; -Llim, avergonzada como nunca antes la había visto, quiso darse la vuelta, huir de allí. Pero su movimiento se vio detenido por un simple roce de mi mano sobre su hombro.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">-Lo que he visto es algo que acepto -le dije con voz calmada. -Cuando tú digas, donde tú quieras y como tú desees, creo que podré pagarte por tan deliciosa visión.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">Llim, sin osar devolverme la mirada, tardó un tiempo en responder.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">Asió mi mano, posada suavemente sobre ella y, sin más palabras, dirigió mis pasos a un lugar más cómodo.</p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;" align="left">
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;text-align:right;"><em>En fin, si hay alguien que siga leyendo mis tontunas literarias, he aquí un nuevo capítulo de Goth.</em></p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;text-align:right;"><em>Pregúntome yo: ¿Alguien ha tratado de intuir cuál es el verdadero sentido del título de esta novela? Ya os puedo adelantar que poco tiene que ver con la moda gótica&#8230; dejaré esta pregunta en el aire a ver si algún alma aburrida le interesa indagar en ello.</em></p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;text-align:right;"><em>Espero que todo este retraso en mis historias no os suponga demasiada molestia. En breve, aviso, subiré una nueva entrega de <a href="http://trazosdejeshua.wordpress.com/category/mr/amable-retroceso-del-invierno/">Amable retroceso del invierno</a> (ventajas de que sea una novela completamente acabada, aunque sin corregir del todo). Sólo espero que cuanto haya escrito os haya gustado y espero que lo que escriba en el futuro os atraiga igualmente.</em></p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;text-align:right;"><em>El proyecto de novela visual del que ya he hablado en la anterior entrada sigue en marcha, algo más lento de lo que desearía pero ahí está: Editado el texto en su mayoría, con casi todas las canciones ya seleccionadas (bendito sea <a href="http://www.jamendo.org/">Jamendo</a>), con el menú siendo editado para albergar cantidad de historias derivadas y con ilustraciones que llegan poquito a poco&#8230; tiempo al tiempo.</em></p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;text-align:right;"><em>Esto dicho, me despido hasta más leer.</em></p>
<p style="text-indent:.48cm;margin-bottom:0;font-style:normal;text-align:right;"><em>Escuchando:<a href="http://www.youtube.com/watch?v=jAD6bZBaV7k"> A Tiny Tiny Clever Commander</a><br />
</em></p>
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