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Archive for 21 agosto 2008

¿Nación ideal? ¡NACIÓN IDEAL MI CULO!”

(Kazuki Takemura con un ataque de sabiduría… Front Mission 3)

Lou miró fijamente el aparato que tenía en sus manos y después dirigió su vista a los tres niños que estaban a su lado jugueteando con sus queridos daimonions… estaba nervioso y conocía bien el origen de su temor…

-¿No me iras a salir ahora con miedo escénico?

-¡Pues claro que no! –contestó Lou con firmeza. –Usted debería saberlo mejor que nadie: A estas cosas uno no se puede acostumbrar rápido.

-No creas… tengo muchísima más edad que tú. A lo largo de mi vida he aprendido a experimentar con toda clase de cosas y a todas he aprendido a adaptarme a toda velocidad. No creo que con tu intelecto te cueste adaptarte.

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Como de costumbre, Manuel cambió de canal esperando encontrar algo interesante pero, también como de costumbre, no encontró nada que le interesara así que empezó a hacer zapping de un canal a otro.

-De un lado a otro como siempre sin nada que ver, ¿eh, chaval?

Manuel se sobresaltó y miró a su espalda pues se suponía que estaba solo en casa. Al no ver a nadie se sentó de nuevo en su butaca.

-Debe ser cosa de mi imaginación…

-¿Cómo me has llamado?

Esta vez si que se sobresaltó miró espantado a su espalda.

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En una inmensa batalla, yo permanezco junto a mi señor. Yo soy el seglar, el que camina por la senda blanca mientras que mi semejante en este campo de batalla es el doctrinal, el que camina por las negras y secretas sendas negras.

Yo doy consejo a mi señor. Yo ataco con nuevas palabras a mis enemigos.

Él dirige sus palabras a la señora. Negras palabras que tan fuerte mujer no necesita escuchar porque ella es libre de elegir sus sendas.

El caballero que me acompaña se ríe de nuestra posición: No luchamos, sólo hablamos. Mientras que él se infiltra descaradamente entre las filas enemigas, sólo podemos atacar de la manera más indirecta que existe, tan indirecta que hasta los más humildes y rasos soldados nos impiden capturar al enemigo.

Somos poderosos a nuestra manera pero nuestras maneras de pensar sólo nos guían por los mismos caminos.

Cuando la ignorante plebe que sólo sabe avanzar para atacar por sorpresa se aparte, yo podré moverme. Y entonces, hablaré con el enemigo… aunque mi camino acabe truncado en un juego de semejos ingenios…

En fin… maldito verano escaso de tiempo…

He aquí otra entrega de Crónicas, con otro acertijo en él. Esta vez es MUCHO más sencillo que el anterior así que sólo ofrezco un cuento de la temática que elija el primero que acierte quién es quien habla (eso sí, exijo una respuesta PRECISA acerca de quién es quien habla…).

Es algo que muchos conocen y he puesto suficientes pistas como para que se pueda distinguir lo que es.

Buena suerte a los que se lo piensen.

Hasta más leer.

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¡Más te vale que vengas con todo lo que tengas o acabarás dos metros bajo tierra!”

(Kazuki Takemura, Front Mission 3)

Todos los presentes se mantenían en tensión… y no era por el campo de batalla que estaban sobrevolando, no… era por la velocidad endiablada que alcanzaban los bichos sobre los que iban montados: Diez enormes mantas que en vez de surcar el mar volaban por lo cielos llevaban a todos los efectivos encargados de proteger a Lyra. Aparte iban Anerues, María y sus daimonions que iban montados en ramas de nube-pino, Jack montado en Dai y, en algún lugar no muy lejano, David iba pilotando caótica y temerariamente el aparato intencional.

Kaede, a la cabeza del grupo, indico a su manta que descendiera y todas las demás le siguieron, penetrando en una de las muchas nubes de humo apestoso que había por allí.

La escena no podía ser más dantesca: Cadáveres, armas, sangre, plomo y hierro, todo decorado con fuego y lodazales para dar y tomar. Y más lejos de ese punto la imagen no cambiaba, de hecho, empeoraba al poder oírse el sonido de cientos de armas de fuego, gritos agónicos, explosiones, alaridos de bestias que nadie de por ahí conocía… Pero lo que más impresionaba a los componentes de esa expedición no era nada de lo descrito, no eran los temibles enemigos que pudieran encontrarse ni las trampas que podrían tenderles, no… era esa inmensa montaña nublada que podía verse a lo lejos, una especie de monolito que ni siquiera tocaba el suelo, que se movía lenta pero con firmeza, con una apariencia tan confusa como temible.

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