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Archive for 23 enero 2010

-Se hace tarde y no tengo tiempo que perder. Vámonos.

Dicho y hecho. Cuando Fran hablaba, todos asentíamos. Sus decisiones eran nuestras decisiones, y cualquier atisbo de crítica se perdía en la vorágine de miedo que nos encadenaba a él. Por supuesto, había excepciones. Una de ellas era Marga, sobre todo si estaba de caballo hasta las cejas.

-No, no, no… No se dice vámonos. Eso no existe.

-¿Ah, no? – replicó indiferente Fran.

-Pues no, ¡nada de eso! Se dice… se dice… ¡se dice vayámonos!

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Un gran estruendo que se reflejó en las espaciadas y rotas paredes de la cúpula interrumpió mi silencioso sueño. Alcé la mirada y conocí la causa: Tormenta.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que un ruido me desvelara? No lo sabía. Mis largos sueños me llevaban tan lejos de mi realidad que siempre perdía el más común hilo de la realidad. Alcé mi mano derecha y la puse ante mis ojos: Una capa de polvo y arena secos como el desierto se desprendió de ella. Por la fuerza de la tormenta, intuí que eran las primeras lluvias del otoño mas, ¿de qué año?

No pensé en ello porque nunca me fijaba en semejantes banalidades y volví a cerrar los ojos a la espera de que mi destino llegara a mí en esa cúpula abandonada.

Ante mí, sabía que las paredes estaban derruidas y recorridas por enredaderas y musgos; el suelo, lleno de escombros y cada vez más horadados por las plantas que también escalaban por mis piernas desnudas; el agua chorreaba por pequeños torrentes que nacían de las aberturas en el techo y que revitalizaban a las plantas en esta época del año y yo, hombre paciente, me encontraba delante de una estatua que resistía los envites del tiempo tanto como yo.

Yo sueño, siempre sueño porque tal es mi decisión. No molesto a nadie, no alzo la voz a ninguna persona más que no sea yo y vivo lejos de todo aquel a quien mi desganado modo de vivir pueda molestar.

Como inmortal que soy, hace tiempo que ya no sé qué hacer con mi inacabable vida. Probé a vivir y me aburrí. Probé a amar y el tiempo me arrebató mis amantes. Probé a odiar y descubrí que el odio es más mutuo de lo que jamás habría deseado. Intenté huir y no logré nada. Al final, sólo me quedaba rendirme; esperar a que algún gran juez decidiera golpear su martillo sobre mi alma, condenándome a algo que ya no poseía: A hacer efectivo mi destino. Que sea seguir viviendo o que signifique morir es algo que no me importa.

Sentí cómo el sueño, ese gran amigo en lo eterno, alcanzaba mi alma y me sumía en su siempre acogedor seno, aquel en el que nunca dudaba en hundirme para sentir el calor de lo virtual e imposible. Yo, cobarde inmortal que no es capaz de apreciar el regalo de vivir, considera mayor presente la existencia del abismo del sueño.

Todo lo bueno, todo lo malo, todo siempre está por llegar.

Heme aquí que me hallo en medio de un mes especialmente aburrido y que, espero, no os dé tantos problemas a vosotros, lectores míos. Por falta de tiempo, sólo puedo escribir estas piezas cortas sin demasiado sentido a causa del sistema utilizado para su escritura. Espero que no me lo tengáis demasiado en cuenta.

Esperando que os haya gustado imaginar una arquitectura del abandono tal cual me suele gustar a mí, me despido hasta más leer.

Escuchando: Love & Joy

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