Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Los vecinos del quinto’ Category

¿Y qué puede quedar por contar de la historia de esos dos indeseables?

Yo, bestia aún innominada, pura fuerza salvaje al tiempo que de destreza inhumana, concluí la tortura de mi presa favorita. Era inevitable que ocurriera: Un día mi cuchillo profundizó demasiado y, como si hubiera pulsado un resorte oculto en el interior del cuerpo del idiota al que estaba otorgando el castigo del dolor, éste se apagó. Su rostro reflejaba el dolor que no iba a olvidar ni siquiera tras una eternidad en el Paraíso, un sufrimiento tal que, incluso si caía en el Infierno, no echaría de menos su tiempo en vida.

Como un niño con un juguete roto traté de devolverlo a la vida e incluso le pedí a mi mentora que me ayudara a arrastrarlo de nuevo al mundo de los vivos.

(más…)

Anuncios

Read Full Post »

Yo me centré mucho en mi presa predilecta, tanto que hasta Amele empezó a mirarme raro aunque, no por ello, peor. Bien le gustaba ver que mis ánimos infantiles no disminuían y que llevaba a buen término todo mi largo plan para ese sujeto.

Pero, con Cristal, se deshacía en elogios por su actuación: Ni un sólo golpe y sufrimiento absoluto. Todas las heridas que se había causado esa estúpida encerrada en esa preciosa mansión habían sido provocadas por sí misma y sus constantes ataques de histeria. Después de todos esos días aparentemente abandonada dentro de las paredes de esa elegante mansión, la chica ya no sabía qué hacer para recuperar el calor: Sólo hacía falta mirarla para sentir el punzante frío en su pálida y decolorada piel. Las llagas y sabañones dominaban sus manos y pies cosa que, con su delgadez extrema a causa de la falta de comida, la hacían parecer un deforme cadáver andante.

(más…)

Read Full Post »

 

Cualquiera que hubiera entrado en esa estancia se habría llevado la mano a la nariz. O tal vez no: Quizá, ante ese hediondo olor, sólo hubiera podido vomitar lo que tuviera en el estómago, incapaz de soportar tan terrible tortura olorosa.

La razón de tan podrido ambiente era el aroma metálico, vacío y mareante de la sangre de ese chaval que permanecía clavado de las manos en la pared. Su pierna derecha, aquella con la que me había asestado decenas, si no cientos, de patadas, estaba cortada y pobremente vendada, lo justo y suficiente como para mantenerlo con vida mientras, gota a gota, el líquido rojo de la vida que tanto apreciaba mi compañera de desmanes. Ese pie perdido y esa pantorrilla tan fuerte ahora no dejaban de ser simples alimentos para mí. Sí, ciertamente me resultó de lo más delicioso devorar parte de su cuerpo ante sus horrorizados ojos.

(más…)

Read Full Post »

 

La restauración y reforma de mi mazmorra me resultó mucho más sencilla de lo que había imaginado, aún a pesar de lo difícil que resulta rehabilitar un castillo de verdad. Sin embargo, a pesar de la facilidad, sí que resultó ser un trabajo arduo que me llevó más de seis meses, tiempo más que suficiente como para que pasara de mi tierna edad de ocho años a los nueve.

Lo mismo iba por Cristal que, tras lograr que yo le realizara unos cuantos trabajitos en los que se requería buena cantidad de fuerza bruta, comenzó a montarse una mansión a su gusto.

Mientras que la mía era oscura, desesperantemente laberíntica y tan húmeda y fría como se podría esperar del cubil de una bestia como era yo; Cristal, tal vez influida por la literatura que leía en la época, se dedicó a la decoración y al buen manejo de las trampillas ocultas. No llegaría a ser “la maestra de las trampillas” como ese otro gran monstruo que fue el Fantasma de la Ópera a su tierna edad de nueve años pero bien que seguía sus pasos con gran maestría a la hora de manejar contrapesos que ocultaban mecanismos y pasillos ocultos detrás de las paredes, trampas variadas, un intento de cámara de los horrores e, incluso, ya hacía sus pinitos en el ámbito de la ventriloquia.

(más…)

Read Full Post »

Ese día volví con las manos vacías. Mis heridas mostraban que la batalla había sido dura, terrible y dolorosa. Cristal se ocupó de mí, hacendosa; y Amele hizo alguna de las suyas para que no se me abrieran más las heridas.

Y, mientras reposaba, Cristal relató la brutalidad del combate que acababa de vivir. Yo sólo vi a un hombre pero lo que me encontré fue a otro monstruo, uno que, además, sentía predilección por la carne infantil. Y, como buen monstruo que gusta impresionar de terror a sus víctimas, demostró tener una fuerza semeja a la mía.

(más…)

Read Full Post »

A nadie pareció extrañarle la llegada de Cristal a clase en medio del curso. Todo el mundo parecía mucho más centrado en la monstruosa marca de mordisco que yo tenía en el cuello, grabada con fuerza y aún sin cicatrizar del todo.

Pero, en fin, yo me lo había buscado: Me había ido a encontrar con una chica con ánimos de vampiresa que llevaba semanas sin probar ni una sola gota del escarlata líquido de la vida.

(más…)

Read Full Post »

Mientras golpeaba el martillo fui pensando en toda clase de cosas… aunque la principal era la hedionda peste que emitía la boca de Amele. Pero, tras más de una semana de limpieza dura, ya casi había acabado con todo el sarro tanto de sus dientes inferiores como superiores. Eso sí: La casa, cada vez que sacaba un cubo de ese material similar a la piedra, se parecía por momentos más a una escombrera por la cantidad de material que sacaba de allí dentro. (más…)

Read Full Post »

Older Posts »