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Posts Tagged ‘nethka’

Hará varios meses (casi podríamos decir que antes del enero pasado) comencé a realizar en formato de novela visual varias de las crónicas que llevan el nombre de este blog pero que, a causa de varios problemas e impedimentos (principalmente relacionados con el arte gráfico que no domino) lo fui retrasando. Allá quedó como una intención mientras me centraba en otra novela visual.

He aquí, pues, la historia que nos ocupa:

Crónicas de Morbitorio – Versión Windows

Crónicas de Morbitorio – Versión Linux

Nueve historias (ocho más una oculta) os esperan ahí dentro. Los artistas que decoran esta pequeña obra son Nethka, encargada de la portada; Mauricio, creador de la deliciosa imagen de Dijuana, y Paulo Mendoza, artista que no tuvo inconveniente en prestarme una imagen para ilustrar “El Gran Azul”.

En la página de ¡No lo leas! encontraréis las pistas necesarias para encontrar acceso a la última historia.

Hasta más leer.

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-¿Qué me tienes que contar?

-¿Ni un saludo? Te tengo por una persona algo más considerada…

-No me andes con rodeos, pequeña: ¿Podemos empezar o no?

-No, no podéis. Aunque quisieras y pudieras (que quieres y sé que puedes) no ibas a salir de rositas. Son más de quince veces de lo normal que habéis exterminado hasta el momento así que, si no te importa, podrías esperar a que se separasen y pillarlos en diferentes trampas… porque eres experta en trampas, ¿me equivoco?

-Dea me ha metido prisa: tengo que acabar con esto antes de fin de año. El día de la coronación está cerca y está aprovechando hasta el último resquicio de autoridad mientras aún la detente.

-No deja de ser una simple regente. Pero, como he dicho, no es buena idea lanzarse al ataque tan pronto.

-Aunque sean Ocullos, en base son simples seres humanos: Pueden morir como cualquier otro.

-Excluyéndome a mí, por supuesto. Sarcasmos aparte, el problema no está en los Ocullos: si no contamos a Mine ni a Dea, no quedan apenas Ócullos de ojos negros aparte de un par de ancianos seniles.

-¿Cuál es el problema entonces?

-Pide información a Dea acerca de un sujeto que se llama Senishiro, alias “Zenny”. Es un personaje mucho más peligroso de lo que aparenta.

-¿Un Ócullo?

-En teoría es un ser humano normal pero tiene sentidos que podrían competir con los de Dea o los míos. Comprende cualquier cosa que ocurra a su alrededor, es capaz de ver qué hay detrás de cualquier escondite, tiene cierto poder sobre el aire, puede volar…

-Un momento, ¿un hechicero de la tercera vía?

-Ya te dije que era algo diferente: nunca le he visto recitar ningún hechizo ni trazar un circuito. Por lo poco que he deducido acerca suyo, o su poder es racial como el de los Ócullo o es adquirido. Si es adquirido, no es por medio de las vías.

-¿No has logrado encontrar su método?

-No. Y no tengo idea de cuál puede ser el truco. Es evidente que no miente y que tal poder existe. Se ha dado cuenta ya de un par de patrullas que han rondado el campamento y ha dado la alarma. Convendría que en un par de días no te dejaras ver, al menos, hasta que yo te avise.

-.No pensarás en volver a hacer de las tuyas, ¿verdad, cara palo? Estás un poco consentida por la jefa pero eso no es razón para…

-No más que tú, señorita. Yo hago el trabajo que se me ha indicado y lo hago bien. Que no quieras aceptar mis consejos es tu problema. ¿Quieres tener ventaja? Dame tiempo. ¿Quieres vencer? Yo te doy las llaves de cualquier ciudad. Pero no esperes que todo ocurra como tú quieres: si atacas ahora, vas a meterte en medio de un infierno peor de los que monta tu tropa de hechiceros.

-Lo que tú digas, enana. Me retiro de momento. Encárgate de ese tal Zenny si tantos problemas nos puede causar.

-Tú tráeme información acerca de su persona y así lo haré. No quiero que se den cuenta de mi existencia por tu culpa.

Las chicas de Iris
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Cuando ya bordeaban Eque, Keshat y Baki cambiaron de ruta y se dirigieron hacia el río Égera, lugar hacia el que confluían el lago Emerada y todos los ríos, riachuelos, torrentes y corrientes de Eque. Teniendo en cuenta sus medios de transporte, más les valía evitar terrenos tan complejos como el pantano y tratar de encontrar alguna barcaza que les llevara al otro lado del gran río. Tal como estaban las cosas, hasta parecía buena idea llegar hasta el golfo de Sterbo en una barcaza pero, según Keshat, más valía no arriesgarse: Prefería mantenerse a cubierto en la floresta del otro lado del río, el bosque Ro. Según ella, ese lugar era menos complejo y, aunque fuese más confuso que el bosque de Naukon, eso no suponía mucho problema para ella gracias a su buena comunicación con las plantas así como por su experiencia acumulada a lo largo de una vida entera de viajes. A partir de ese punto, cuando llegaran al golfo de Sterbo, no les costaría demasiado encontrar un transporte que les llevara a la capital.

Los ataques de fiebre de Keshat habían cesado a las pocas horas de que comenzaran. Tal como llegó, se fue y ahora la joven estaba perfectamente sana. Respecto a Dea, nada más se supo de ella en dos días. Tuvieron la precaución de mantenerse alejados del Ojo durante las noches y durante el día trataban de vigilarse mutuamente a la espera de que ese maldito boliche diera problemas.

Pero nada ocurrió.

La_regenta_Dea_by_Nethka

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Ya se estaba ocultando el sol tras los montes Envero cuando una carreta llegó a las puertas de la ciudad de Naukon. Su ocupante, encapuchado de pies a cabeza, parecía que llevaba prisa. Llevaba abundante carga y parecía que había tenido problemas con los bandidos a juzgar por el mal estado que acusaba su carreta. Al verlo en esa tesitura, los guardas apenas hicieron medio registro y le dejaron entrar sin muchas cortapisas.

El buhonero agradeció el gesto y entró rápidamente a ocultarse entre las calles y callejas de Naukon. Tan pronto como llegó a los barrios bajos del oeste de la ciudad, pudo respirar un poco. Si bien ese lugar no era lo más seguro, al menos sí que estaba oculto. Poco le importaba en ese momento que le robaran el cargamento: Tenía otras cosas en mente antes que fijarse en las cuatro cuatro fruslerías baratas que llevaba en su carro.

Keshat

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Al día siguiente, o más bien, nada más empezó a clarear, me alcé tras haber pasado más de seis horas sin haber pegado ojo, nerviosa por lo que pudiera ocurrirme durante la noche.

Aún sentía tensión en el hombro desde cuando sentí el golpe que “eso” había dado en la puerta, como si no quisiera olvidar lo que había ocurrido. Entre esto y la oscuridad que aún dominaba el ambiente, no me levanté y me oculté bajo las mantas que olían a polvo, en un fútil intento de sentirme más segura. De todas formas, estaba tan amodorrada tras tanto tiempo sin dormir que incluso de esa manera tan ridícula, prefería pasar la poca noche que quedaba.
Merry - Maribel Hearn de frente

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Renko Usami de frente

-¡Esa maldita niña lo ha vuelto a hacer!

-¿¡Qué tenemos que hacer para que se esté quieta!? ¡Todos los niños no dejan de desaparecer por culpa de esa maldita… de esa estúpida bruja!

-Por favor, basta –pidió una tercera voz. –Sabéis lo mismo que yo: Todo el mundo lo sabe. Esa grieta está tan perdida que es sencillísima de perder.

-¡Pero es que esa maldita la encuentra siempre! ¡Y cada vez que lo hace se lleva con ella cada vez a más y más niños! ¡Todas las desapariciones misteriosas que se han estado dando a lo largo de los siglos en este pueblo han sido culpa de esa maldita grieta! ¡Y ahora, por culpa de vuestra hija todos los niños de este pueblo podrían morir allí! ¡Si Gensokyo está aislado es por alguna razón!

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Recuerdo las historias de mi madre que relataban emocionantes aventuras de cuando alguna vez mi abuela encontró un pequeño tesoro bajo un roble, de cuando mi tío abuelo entró de forma inhóspita a una caverna con increíbles estatuillas talladas en mármol, o incluso aún de cuando una tía cuyo nombre no recuerdo obtuvo en obsequio la peineta plateada de una bella y fantasmagórica mujer. Sea cual fuera la historia, todas ellas me hablaban de personas que poco o nada conocí. Ahora vivíamos en una acogedora área montañosa que con sus bosques peculiares completaban el cuadro de una vida de ensueño. Por generaciones, mi familia había vivido cerca del aire puro de las montañas.

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